Primera Entrada
En la suma calidez de un enorme brazo sobre el que reposo, despierto consciente y perezoso como en una mañana primaveral. Me encuentro tumbado boca abajo sobre un brazo de una criatura de fuego con una sonrisa plácida y tranquila de la que emergen decenas de brazos que se alargan como un río, subiendo y bajando a mi alrededor. Esta calidez a mi alrededor, como tomar el Sol desde abajo, como dormir a gusto envuelto en varias nórdicas en un frío glacial, sin la menor preocupación, sin tener que pensar en ninguna tarea a realizar, me hace pensar que es verano, me hace pensar que nada podría ir mejor ahora que me despierto perezosamente y me vuelvo a ver que es todo lo que me rodea.
Me encuentro estirado encima de uno de los brazos de aquel ser de fuego con sonrisa plácida y tranquila, navegando encima de sus brazos completamente desnudo, largos como el cauce de un gran río navegable, gruesos como para poder ponerse de pie, pero no quiero ni me hace falta, los brazos se atraviesan entre ellos y rozando mi cuerpo y en especial la entrepierna siento una calidad maternal incomparable, son mis vacaciones. Los brazos se mueven arriba y abajo formando el cauce de esos brazos que emergen de la distante y plácidamente sonriente mirada de aquel ser de fuego, dejándome vislumbrar lo que hay a lado y lado de ese río cada vez más claramente, como si me zumbueyse en aguas termales lentamente.
Cada vez que subo, el bosque a lado y lado se hace visible a mis ojos tranquilos. No se trata de un bosque de pesadilla pero tampoco es un bosque común, aun así es un bosque, como cabría pensar de todos los bosques y sus elementos clave como los árboles la fauna y la flora, se podría decir de él que es un bosque ordinario pero de animales ajardinados y flora alegre y bien cuidada. Un acogedor grupo de ciervos cubiertos de pequeñas hojas y flores disfrutan del colorido pasto de manera apacible. A sus pies, varios roedores como cobayas, jerbos, ardillas y conejos saltan despreocupados por la ajardinada zona mientras caballos blancos, con patas de león y una sola cornamenta de ciervo que aflora por la también dorada crin, se pasean majestuosamente por la arboleda. Es perfecto… todo es paz, todo es calma.
El río de brazos empieza a descender, inclinándose ligeramente no noto nada salvo una bajada más entre otras que ha habido, pero no sube, llegando al punto más bajo, sigue descendiendo. No sucede rápidamente, pero los árboles agrupan sus ramas para enhebrarlas en la creación de un nuevo animal y formar alas gigantescas alas de murciélago con sus hojas, de la tierra emerge el rostro de una araña. Los pacíficos animales salen corriendo. Son una raza alienígena de hambrientas arañas de muchas patas con una membrana de hojas de un verde nuclear. La caza es impiadosa y brutal: vuelan por encima del bosque y agarran con las patas a los animales para devorarlos directamente por el abdomen, pues no tenían boca, solo colmillos venenosos con los que muerden y parten a trozos a los animales más grandes para luego comerlos por el abdomen. Le grito a la criatura de fuego que debe ayudarles, que es su deber y que su honor está en juego, que no puede abandonar aquellos bosques a tan funesto destino. Sigo dirigiendo improperios y maldiciones a aquella criatura y es cuando finalmente, al decirle “Eres frío y frío es tu corazón”, que me descuelga hacia el abismo absorbiendo el calor de sus brazos que suben rápidamente quemando y reduciendo el bosque ajardinado y todas las criaturas, incluidas las que habían surgido de los árboles… a ceniza. La caída se alarga por horas, el frío viento azota mi espalda mientras la luz del fuego se hace más y más lejana, de nuevo, aunque solo momentáneamente existe la paz en mi.
Estoy escuchando un ruido que no es el viento, no lo identifico pero el viento se hace incrementalmente frío, frío como el invierno noruego, frío como el polo norte. El sonido no es humano, lo sigo escuchando más fuerte ahora, y tampoco es el viento, es la boca de la oscuridad, la garganta abisal de un colosal animal marino. Intento darme la vuelta pero el frío ha entumecido mi espalda y los músculos no contestan a mis angustiosas súplicas, siento ese gutural rugir cada vez más cerca. Me engulle una boca cerrándose delante de mí.
Estoy sumergiéndome en un abismo marino, el aire forma un hilo de burbujas al escapar por mi boca, semiconsciente, me noto pesado y frío, hasta que un enorme grupo de brazos palmean mi torso agarran mis extremidades y tapan mi cara con sus manos, el frío da paso al calor. Lo estoy aceptando cuando las manos se empiezan a calentar. “Basta” pero no detienen la abrasión, estoy intentando liberarme pero nada que pueda ordenar a mis agarrotados y bien sujetos músculos funciona y las manos tiran de mí por la garganta marina. Tiran tan fuerte que me oprimen el pecho y comprimen cada parte de mi piel, pegandola al tejido y apretando tanto que se funde con el hueso. No puedo luchar, ni siquiera puedo intentarlo, pues mis nervios también han sido comprimidos hasta el hueso junto con órganos y vasos sanguíneos, no sirve de nada porque todo mi apretado tejido arde y el dolor me paraliza por completo. Finalmente, acepto mi destino.
Los brazos se hunden en mi piel, las manos entran y se fusionan con mi cuerpo y lo llenan con su volumen. Siento como la penetran, como rellenan mi ser y me expanden mi interior metiéndose dentro de cada órgano hueso y tejido; músculos y vísceras; ojos, cráneo y cerebro; brazos y manos. Hacen que todo ello se expanda hasta el punto de no poder ni respirar.
En ese momento, sin poder aguantar mas de lo ocurrido mi esencia es expulsada de mi cuerpo. En ese momento de escasa existencia me miro a mi mismo absorbiendo brazos sin parar hasta que empiezo a ver mi cuerpo y me veo tirado hacia mi mismo. Justo cuando mi disociación termina y vuelvo completamente a mi cuerpo siento que los brazos forman una vestimenta. Siento como los que entran por mi cabeza vuelven sus dedos rígidos y espinosos. Si estoy en lo cierto, forman una corona en mi cabeza. El resto de brazos que aun tiran de mi son cada vez menos y forman un trono de huesos negros. A mi alrededor solo hay un humo repirable que ceremonialmente se disipa como si se estuviera solidificando. Las solidas formas que se forman me dejan ver una enorme sala de trono, como si esta fuera un estadio formado por tinieblas piedra de antiguas liturgias y tenues luces de fuego lila.
Los asistentes entonan letanías prohibidas y glorificantes, sus voces resuenan como un canto de guerra y adoración. Al posarme sobre el trono y sentarme, los cánticos se vuelven imponentes y divinos, yo soy su rey..
En mi frente, se abre de repente un tercer ojo cortando piel y hueso y derramando sangre por mi rostro, con el percibo y profetizo mi futuro: “He aquí la voluntad del Hombre Silencioso: Solo el Rey de la oscuridad puede nombrar a la Reina. Lo hará pues, ungiéndola con su mismo poder. Reconociéndola como su igual. Su antagonista, su negativo, pues si uno muere, el otro morirá también. Pues solo el uno puede dañar al otro, y cuando uno es dañado, el otro lo es también en la misma proporción. Mas será y es cierto, que si llegaran a blandir juntos el fuego de los dioses, nada, nadie ningún poder celestial, terrenal místico ni divino tendrá oportunidad alguna de siquiera presentar batalla. Así será pues, la alianza imposible y la conquista suprema de toda existencia. Y el inicio de su inexistente reinado.”
Esa profecía me ha costado mi conciencia. He tenido que sentir demasiado dolor para poder pronunciarla. El coste ha sido tremendamente elevado. Me he metido en la mente, en el alma de una entidad cósmica. Solo eso me ha provocado tanto dolor que ni siquiera puedo gritar, ni siquiera puedo seguir sintiendo dolor. El ojo sigue abriéndose y abriéndose en mi cara, pelandome la piel. Piel ardiente, cortada, quemada y presurizada. Mis pulmones no responden. Voy a morir, pelado por mi propia voluntad… por lo menos todo ha acabado. Lejos de ser así, los brazos que antes se habían metido en mi, ahora se abren camino rasgando aún más mi piel. Salen a presión, como un millar de cerdos escapando de un matadero. Los brazos revientan cada misero órgano que en mi queda. Expandiéndome hacia afuera. Demasiado dolor. Demasiado. Quiero morir ya. ¡Quiero desaparecer! ¡Quiero despertar! Estoy gritando y mis gritos son huecos. ¡Quiero morir! ¡Por favor! ¡Que alguien me dé el golpe final! ¡Quiero que acabe! ¡Quiero despertar!
Estoy en mi cuarto, ni siquiera ha amanecido. Al parecer llevo tiempo gritando, veo el rostro de mi madre. Está preocupada, es de noche pero toda la familia se agrupa a mi alrededor. ¿Qué ha pasado?¿Quién es el Hombre Silencioso?
- Ya está, ya está Lars, tranquilo, tu madre está aquí…
Parece afectada. No se aun exactamente si esto es parte del sueño. Me acabo de despertar de algo horrible que jamás voy a olvidar, y aun así… me recompongo casi al instante. No quiero el contacto de mi madre… quiero volver. Volver a ver la mente de aquel ser: El Hombre Silencioso.