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El Noveno Círculo

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Summary

Tengo la oportunidad de volver a mi mundo, pero esa voz siempre quiere hacerme caer en la oscuridad. Perdí años de mi vida por culpa suya, pero ahora solo parece querer darme una advertencia.

Genre
Drama
Author
Naity
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

¿Es un milagro cuando Dios te habla, o es simplemente la forma en que el cerebro te avisa que el alma se está terminando de romper?

Mi cabeza repetía una  y otra vez esa interrogante, sonaba como un efímero susurro que pronto era reemplazado por el rechinar de las viejas puertas de metal, abriéndose y cerrándose casi en simultáneo. El amargo y silencioso clamor de las habitaciones se sentía cada vez más pesado a medida que el olor a cloro viejo llenaba mis fosas nasales, haciendo que perdiera la noción de lo que estaba por pasar.

— Arriba, niña. Es hora de la medicina.

El dueño de aquella voz rasposa y lisonjera hablaba en tono altivo;  tomándome del brazo con firmeza y sin miramientos, me sacó con violencia de mi catre para conducirme rumbo al sendero de la aflicción, ese que he estado visitando cada mañana, sin falta, desde hace once años, cuatro meses y tres días.

“La medicina”, así le llamaban ellos a aquella píldora que desde hace años oculto bajo mi lengua para evitar tragarla cada día. Así le llamaban ellos a ese diminuto gramaje de confusión y manipulación, a aquello que te hacía sentir ligero y hecho de algodón para luego dejarte caer sobre un lecho de espinas que traspasaban tu carne sin piedad, dejando flagelos en tu alma.

A regañadientes entré en aquella lúgubre habitación a la que el guardia me empujaba. Olía a óxido, quizás por lo viejas que eran las rejas, tal vez a causa de alguna medicina que se había fragmentado o, sí, posiblemente era por el rastro de sangre que no habían ocultado bien bajo el tapete. Fuera del olor y los residuos de algún paciente que no fue obediente durante la sesión, aquella oficina se mantenía impecable; los muebles y el escritorio de caoba contrastaban con el marfil que coloreaba los muros, la tenue luz que se filtraba a través de la ventana junto al archivero no daba mas que una sensación de vacío y aburrimiento, sin duda algo que ver todos los días te haría perder la cordura. Aunque yo estoy aquí precisamente por esa razón.

La puerta se abrió, un hombre entró tal cual una sombra en la noche, su bata blanca era una burla a la paz e inocencias robadas dentro de este lugar. El mundo los conocía como “doctores” que lideraban un “hospital”, no eran más que captores que mantenían presas las voces de cientos de inocentes, amortiguadas en habitaciones acolchonadas.

— ¡Ah, querida Amara! Puntual como siempre, mi niña — Aquel hombre, cuyo nombre nunca me molesté en aprender, se sentó frente al escritorio de caoba mientras pronunciaba cada palabra con sorna  — ¡Deberías cambiar esa cara, querida! Nadie aquí va a hacerte daño, ¿O sí?

La burla se reflejaba en sus ojos y en aquella malvada risilla que nacía en la comisura de sus labios y se elevaba con malicia. Yo seguía sin reaccionar, mis ojos se movieron hacia una carpeta que descansaba bajo una lámpara de lectura, encima del escritorio. El hombre la tomó y la abrió, sin quitarme los ojos de encima empezó a leer:

— “Amara Sterling, 21 años,  ingresada por delirios psicóticos y conducta errática. Catalogada como peligro inminente y con necesidad urgente de intervención.” ¡Vaya! Me sorprende que con un expediente así el director haya decidido liberarte.

Esas palabras tardan unos segundos de más en llegar a mi cerebro y ser completamente procesadas, mi boca se abrió un instante y se cerró igual de rápido, sin encontrar palabras y sin poder articular sonido alguno. ¿”Liberarme”? ¿Qué significaba eso?

La libertad solo era un romántico delirio que tenía cada noche en medio de mis desvaríos, no se sentía como algo real. El haber pasado tanto tiempo a merced de esos muros que callaban secretos inquietantes, había dejado en mí una huella de miedo e incertidumbre.

— Bah, qué chica tan rara. Cualquier otro en tu lugar se pondría feliz — el doctor cerró la carpeta y con burda delicadeza se levantó de su silla y caminó hasta quedar frente a mí, el guardia aún sujetaba mi brazo, ya con un poco menos de fuerza — Tus padres están viniendo por ti. Pronto alguien te escoltará a por tus efectos personales y podrás irte.

La mención de mis padres me cayó como neblina al juicio, habían pasado años desde la última vez que supe de ellos. No los había visto desde que decidieron dejarme aquí, padeciendo precariedades y siendo objeto de burlas de todo el personal del psiquiátrico. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Cómo se saluda a las personas que te lanzaron al agujero de tu perdición para que pasaras años pudriéndote?

¿Por qué Dios me pone esta prueba a mí?

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Great Character

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Strong Dialog

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