Capítulo 1 → reencuentro
INDI
El calor de Ibiza me golpeó en la cara apenas bajé del coche frente al instituto. Tres inviernos en Londres habían sido suficientes. Tres inviernos intentando reconstruir una vida que se rompió el día que mi padre murió.
Y ahora estaba de regreso.
No podía creer cuánto me había hecho falta este lugar... ni cuánto miedo me daba volver.
—¡Indi! —ese grito solo podía ser de Madison.
Apareció de la nada y me abrazó con fuerza, dejándome sin aire. Igual de loca que siempre.
—¡No me lo creo, tía! —dijo emocionada—. ¿Qué hacemos primero, clase o café?
—Café primero —respondí mientras caminábamos—. Después veremos cómo sobrevivir a la clase.
—Prioridades —rió—. Ven, que te presento al grupo.
Antes de avanzar, Gael apareció corriendo hacia mí con su sonrisa despreocupada de siempre.
—¡Dime que no es un sueño! —chocó las palmas conmigo—. ¡Qué bueno que volviste!
—No es un sueño —dije riendo—. Solo soy yo... de vuelta.
—¡Te extrañé, Indi! Demasiado tiempo sin vos.
—Yo también.
Madison me tomó del brazo y me llevó hacia el césped donde estaban los demás. Entre risas, abrazos y bromas, sentí cómo el calor de la amistad me rodeaba. Era extraño y reconfortante al mismo tiempo... como volver a una vida que había quedado en pausa.
Y entonces lo vi.
Lion.
Apoyado con aire despreocupado, abrazando a una chica de pelo oscuro que no paraba de reírse. Mi estómago se encogió al instante.
Justo lo que necesitaba ver.
—¿Quién es ella? —le pregunté a Madison intentando sonar casual.
—Es solo Chloe —respondió con un encogimiento de hombros—. Nada importante.
No tuve tiempo de pensar demasiado.
Sus ojos se clavaron en los míos.
Chloe dejó de hablar cuando notó que él ya no la estaba escuchando. Lion la soltó con un gesto distraído, como si se hubiera olvidado de que estaba ahí, y empezó a caminar hacia mí.
Cada paso suyo parecía cargado de tensión.
Sus ojos verdes me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en cada detalle que había cambiado durante mi ausencia.
—No me lo puedo creer... —susurró.
Había una chispa de felicidad en su voz que no pudo ocultar.
Me rodeó con un abrazo firme, acercándome a él. Cerró los ojos un instante, como si necesitara asegurarse de que yo realmente estaba ahí.
Sus dedos rozaron los míos por accidente.
Fue un gesto mínimo... pero mi cuerpo reaccionó al instante, como si todavía recordara demasiado bien lo que era estar cerca de él.
—Te extrañé —susurró contra mi oído.
Sentí cómo mi pecho se tensaba.
Tres años fuera y, aun así, él seguía teniendo la extraña capacidad de desarmarme con solo acercarse.
—Volviste —añadió con su voz profunda, recorriendo mi rostro con la mirada.
—Sí —logré responder con un nudo en la garganta—. Volví.
—¿Tan rápido me olvidaste, eh? —le lancé, cruzando los brazos y arqueando una ceja, usando la ironía que siempre nos había servido de escudo.
Él no respondió.
Solo ladeó la cabeza, dejando que la esquina de su labio se curvara en esa sonrisa pícara que tanto odiaba amar.
Por un segundo, sus ojos bajaron a mis labios antes de volver a encontrar mi mirada.
Ese simple gesto hizo que un escalofrío me recorriera.
En ese silencio cargado de electricidad entendí algo.
Tres inviernos no habían servido de nada.
Yo ya no era la misma chica.
Pero el efecto que él tenía sobre mí seguía exactamente igual.
Yo seguía siendo su debilidad.
Y él seguía siendo mi perdición.