El eco de un "nosotros"
La luz del atardecer se filtraba por los ventanales del estudio, tiñendo el suelo de un naranja quemado que hacía que todo pareciera más nostálgico de lo que ya era. Hyunjin observaba a Félix desde el otro extremo de la sala. El rubio estaba concentrado, ajustándose los cordones de sus zapatillas con esa parsimonia que tanto lo caracterizaba.
Para cualquier espectador, eran simplemente dos mejores amigos compartiendo un momento de descanso tras una jornada de práctica. Pero para Hyunjin, cada segundo de silencio era una batalla interna.
—Lixie —pronunció Hyunjin, y el nombre se sintió pesado en su lengua, cargado de todo lo que no se atrevía a decir.
Félix levantó la vista y le regaló una de esas sonrisas que iluminaban hasta los rincones más oscuros de la habitación. Era una sonrisa pura, carente de segundas intenciones, y eso era precisamente lo que más le dolía a Hyunjin. Era la sonrisa de alguien que te quiere, pero que no te ama.
—¿Dime, Jinnie? ¿Estás muy cansado? Si quieres podemos ir a buscar algo de comer ahora —dijo Félix, acercándose y apoyando una mano en el hombro de Hyunjin.
El contacto quemaba. Hyunjin sintió la calidez de los dedos de Félix a través de la tela de su camiseta y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no apartarse... o para no atraerlo hacia él. En el mundo de Félix, ese gesto era un símbolo de fraternidad, de apoyo entre "hermanos". Para Hyunjin, era el recordatorio constante de que estaba atrapado en una jaula de cristal: podía verlo todo, pero no podía tocar la realidad que deseaba.
—No es el cansancio, es solo que... —Hyunjin se detuvo. Buscó en los ojos de Félix alguna chispa, algún rastro de duda, algo que le indicara que tal vez, solo tal vez, sus sentimientos eran correspondidos. Pero no encontró nada más que una honestidad devastadora—. Es solo que a veces me pregunto qué haríamos si las cosas cambiaran entre nosotros.
Félix ladeó la cabeza, confundido, y soltó una pequeña risa suave que resonó en el estudio vacío.
—¿Cambiar? ¿Por qué querrías eso? —Félix apretó un poco más su hombro en un gesto de consuelo—. Somos mejores amigos, Jinnie. Pase lo que pase, siempre vamos a ser tú y yo contra el mundo. No hay nada más seguro que nuestra amistad.
Seguridad. Esa era la palabra que Hyunjin odiaba. La amistad era segura porque no implicaba el riesgo de romperse el corazón, pero también era el muro que le impedía avanzar. Félix lo miraba con una devoción platónica, una lealtad inquebrantable que no dejaba espacio para el romance.
—Sí, claro... mejores amigos —repitió Hyunjin con una voz que apenas era un susurro, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Félix se levantó y comenzó a recoger sus cosas, tarareando una melodía distraída, ajeno al terremoto que acababa de provocar en el pecho de la persona que tenía al lado. Hyunjin se quedó sentado un momento más, observando la silueta de Félix recortada contra el sol poniente.
Había una distancia invisible entre ellos, una que no se medía en metros, sino en intenciones. Y mientras Félix caminaba hacia la puerta esperando que su "mejor amigo" lo siguiera, Hyunjin se dio cuenta de que el título de su historia juntos ya estaba escrito, aunque solo uno de los dos se negara a aceptarlo.
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