El Reinado Del Dragón (Suhyuck|Yoonhyuck) by @Nctzen3012 at Inkitt
Customize readability
Aa

El reinado del dragón (Suhyuck|Yoonhyuck)

Summary

Basado en el mundo de Game of thrones Algunos eventos no serán precisamente iguales que a los de la serie o libro, y la cronología también sera modificada. Se incluirá tanto miembros de nct dream como de bts. No se remplazara a ningun personaje por otro, solo se añadira a los miembros en alguna Casa. Es un fanfic por lo que no seguirá al pie de la letra la serie ni el libro. Se añade a la Familia Velaryon, pero los personajes de House of dragon, aunque estos no tienen rasgos Targaryen por el bien de la trama. ⚠️Contenido sensible

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Ecos de Sal, Hielo y Oro

Driftmark, la isla ancestral de la Casa Velaryon, era mucho más que un bastión marítimo: era el corazón palpitante del comercio naval del Reino. Desde sus puertos partían los navíos cargados de especias exóticas, sedas orientales y metales preciosos, surcando las rutas que conectaban los confines del mundo conocido. Los Velaryon, señores de la marea y el viento, comandaban una de las flotas más vastas y temidas de los Siete Reinos. Al frente de esta poderosa casa se encontraba Lord Corlys Velaryon, el legendario Serpiente Marina, un hombre cuya reputación se extendía más allá de los mares, respetado por nobles y plebeyos por igual.

Corlys tenía dos hijos, su mayor orgullo y legado: Laenor y Laena Velaryon. Laena, su delicada y encantadora hija, era como una joya marina, brillante y serena. Laenor, su primogénito, era un niño vivaz, de mirada inquisitiva y espíritu indomable, destinado a heredar no solo el apellido, sino también el océano mismo.

Durante una de sus travesías comerciales, Corlys hizo escala en un grupo de islas olvidado, al oeste de Essos. Eran islas sin nombre, donde el comercio de esclavos aún florecía en la sombra de la ley, pero donde las especias se vendían a precios irresistibles. A pesar de su desprecio por esa práctica, Corlys sabía que el deber hacia su casa a veces exigía cerrar los ojos ante ciertas realidades.

Mientras sus hombres cargaban los navíos con sacos de canela, clavo y azafrán, Corlys lo vio. Un niño, no mayor de cinco años. Apenas una sombra entre los marineros, delgado, de piel ligeramente bronceada, con el cabello castaño enmarañado y los ojos cafés. Su rostro tenía algunos lunares que resaltaban incluso bajo la suciedad. Vestía harapos que apenas cubrían su cuerpo sucio, y sus pies descalzos pisaban la tierra caliente sin queja. Con esfuerzo, cargaba una bolsa de especias que parecía pesar más que él mismo.

Fue en ese instante, al cruzar miradas con aquel pequeño, que Corlys sintió algo que jamás había experimentado: un amor puro, instintivo, sin palabras ni razones. No era amor romántico, sino algo más profundo, más visceral. Una conexión inmediata, como si el destino le hubiese tendido la mano en forma de niño. Su corazón, endurecido por años de mar y política, se abrió sin resistencia.

Corlys sonrió al acercarse con paso lento, procurando no espantar al pequeño. Su voz, grave pero amable, rompió el murmullo del puerto.

—Vaya, parece que tenemos a un pequeño marinero entre nosotros —dijo con una chispa de calidez en los ojos.

El niño alzó la mirada y le devolvería una sonrisa tan luminosa, tan pura, que algo en el pecho de Corlys se contrajo con una ternura inesperada. Era, sin duda, la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida.

—Me llamo Haechan, señor —dijo el niño con voz clara, aunque algo tímida. Sus ojos, grandes y castaños, brillaban con una mezcla de inocencia y asombro—. ¿Ese gran barco es suyo?

Corlys siguió la dirección de su mirada, hacia el imponente casco de su navío anclado en la bahía. Sin pensarlo, se agachó y alzó al niño en brazos. Era liviano, casi etéreo, como si el viento pudiera llevárselo. Pero en sus brazos, Corlys sintió que el pequeño estaba exactamente donde debía estar.

—Así es —respondió con una sonrisa—. ¿Te gusta?

Haechan asintió con entusiasmo, sus pies colgando en el aire mientras aplaudía con alegría.

—¡Apuesto a que ha vivido muchas aventuras! —exclamó, los ojos muy abiertos, como si ya pudiera ver monstruos marinos acechando bajo las olas.

Corlys soltó una risa baja, profunda, y por un instante olvidó el hedor del puerto, el peso de sus responsabilidades, y el mundo entero. Solo estaban él y ese niño de sonrisa luminosa, en una isla sin nombre, bajo un sol que parecía más cálido de lo habitual.

—¿Ese saco era para mi barco? —preguntó Corlys, señalando con la barbilla el bulto de especias abandonado en el suelo, aún cubierto de polvo.

Haechan asintió con una sonrisa tímida, como si no supiera si había hecho algo mal.

—Un marinero me dijo que si lo ayudaba, me daría dos monedas de plata —explicó con naturalidad—. Quiero comprar un poco de pan... tengo mucha hambre.

La sinceridad en su voz no tenía rastro de lástima, solo una simple verdad dicha con la inocencia de quien no espera nada más que cumplir su parte del trato.

—¿Qué te parece si dejamos que los adultos trabajen un rato… y tú y yo vamos a buscar algo de comer? —propuso Corlys con una sonrisa traviesa, inclinándose un poco como si compartiera un secreto.

—Estoy muriéndome de hambre —añadió, llevándose una mano al estómago con fingido dramatismo.

Haechan soltó una risita, tapándose la boca con los dedos sucios, divertido por la exageración del noble.

—Me encantaría tener tu compañía para el almuerzo. ¿Qué dices? —insistió Corlys, con una calidez que no necesitaba adornos.

El niño abrió los ojos, sorprendido por la invitación. Un leve rubor tiñó sus mejillas bronceadas y polvorientas, y su estómago, como si respondiera por él, rugió con fuerza. Ambos estallaron en una risa compartida, ligera y sincera.

Sin pensarlo más, Corlys dejó el saco olvidado a mitad del muelle. El sol brillaba alto sobre las velas de los barcos, pero en ese momento, el mundo parecía detenerse solo para ellos dos. Con el niño en brazos, se alejó del bullicio del puerto rumbo a un festín preparado solo para un capitán y su inesperado invitado.

En el Norte, donde el frío era una constante y la nieve no conocía estaciones, la tierra dormía bajo un manto blanco que jamás se retiraba del todo. Allí, entre colinas heladas y bosques cubiertos de escarcha, se alzaba Winterfell, el ancestral hogar de la Casa Stark. Su señor, Eddard Stark —llamado Nedd por los suyos— era un hombre de honor inquebrantable, tan firme como las piedras que sostenían sus murallas.

Aquel día, los hijos de Nedd se habían aventurado al bosque cercano, aprovechando una rara tregua del viento. Robb, el mayor con diez años, caminaba junto a su padre, escuchando con atención mientras este le hablaba en voz baja sobre deberes, liderazgo y el peso de un apellido.

Más adelante, Arya correteaba entre los árboles, descalza sobre la nieve endurecida, con una rama en la mano que blandía como si fuera una espada de acero valyrio. Golpeaba los troncos con entusiasmo, imaginando enemigos invisibles y duelos gloriosos.

Sansa, caminaba con pasos más medidos junto a su hermano Yoongi, un muchacho de nueve inviernos cuya piel pálida no mostraba señal alguna del frío. Ni una mejilla sonrosada, ni un estremecimiento. Parecía hecho del mismo hielo que cubría el Norte.

Bran y Rickon, los más pequeños, trepaban a los árboles con la agilidad de ardillas, riendo entre las ramas como si el mundo entero fuera un juego. Lo hacían desde que apenas sabían caminar, y cada rama conquistada era una victoria más en su reino imaginario.

Unos pasos más atrás, casi como una sombra, caminaba Jon Snow. El hijo bastardo de Nedd Stark. No llevaba el apellido de su padre, pero vivía bajo su techo, compartía su sangre… y su silencio. Jon observaba a sus hermanos con una mezcla de anhelo y resignación, acostumbrado a ocupar el margen de cada escena familiar.

—¡Yoongi, vamos a bailar! ¿Sí? —rogó Sansa, tirando del brazo de su hermano con una sonrisa ilusionada—. Juguemos a que tú eres el príncipe… y yo, la princesa.

Yoongi frunció el ceño. Sus ojos, de un rojo profundo como rubíes encendidos, se clavaron en los de su hermana. Rodó la mirada con fastidio.

—¿Por qué no le pides al chico Nieve que juegue contigo? —espetó, señalando con la cabeza a Jon sin mirarlo directamente—. Yo no quiero jugar cosas estúpidas.

El comentario cayó como un copo de hielo en medio del claro. Sansa bajó la mirada, herida, mientras Jon fingía no haber escuchado. Pero sus manos se cerraron en puños dentro de los guantes, y por un instante, el frío pareció morderle más fuerte que nunca.

La sonrisa de Sansa se desvaneció por completo, como si el frío del Norte la hubiera congelado en el aire. A su lado, Yoongi no pareció notarlo —o simplemente no le importó—, aunque su brazo seguía anclado al de su hermana, como si el gesto fuera más costumbre que afecto.

Unos pasos más atrás, Jon Snow caminaba en silencio, con la mirada baja y las manos en los bolsillos de su abrigo. De pronto, sintió un brazo rodear sus hombros. Alzó la vista y se encontró con la sonrisa ladeada de Theon Greyjoy, el pupilo de Lord Stark.

—Mira eso —dijo Jon, señalando algo entre los árboles—. Hay un lobo muerto.

Ambos se acercaron al cuerpo tendido en la nieve. Era una loba huargo, enorme incluso en la muerte, con el pelaje gris manchado de sangre seca. Al oír la palabra “lobo”, los demás niños corrieron hacia ellos, dejando atrás juegos y rencores.

Ned Stark llegó poco después, caminando con Robb a su lado, ambos con el ceño fruncido.

Jon se agachó junto al cadáver y, con cuidado, apartó el cuerpo. Debajo, acurrucados contra el vientre frío de su madre, seis pequeños cachorros temblaban, aún con los ojos cerrados.

—¡¿Podemos quedárnoslos, papá?! —exclamó Arya, ya con uno en brazos, su rostro iluminado por una mezcla de ternura y emoción.

Ned la miró con seriedad, luego a los demás niños, que ya sostenían a los pequeños lobos con manos temblorosas y ojos suplicantes.

—No creo que a su madre le agrade que regresemos a casa con una camada de huargos —dijo con tono indeciso, aunque su voz no tenía verdadera dureza.

—Si un día regresaste con Jon en brazos y ella lo aceptó —intervino Yoongi con frialdad, sosteniendo uno de los cachorros como si fuera un trofeo—, unos lobos no deberían ser problema.

El comentario cayó como una piedra en un lago helado. Ned giró el rostro hacia su hijo con una mirada severa, los labios apretados. No dijo nada, pero el silencio fue más elocuente que cualquier reprimenda.

Jon, que había permanecido en cuclillas, sintió un nudo en la garganta. No quería dejar a los lobos a su suerte, pero tampoco quería suplicar. Aun así, las palabras escaparon de sus labios, temblorosas.

—Por favor, señor Stark… son seis cachorros. Uno para cada uno de sus hijos.

El “sus” le dolió más de lo que quiso admitir.

Ned lo observó en silencio. Luego suspiró, largo y hondo, como si el viento del Norte se le hubiera metido en los huesos.

—Está bien —dijo al fin—. Pero serán su responsabilidad. Si mueren, será culpa suya… y cargaran con ello.

Los niños asintieron con entusiasmo, sin notar el esfuerzo que le había costado a su padre ceder.

Mientras todos se agolpaban alrededor de los cachorros, Theon se apartó un poco, frunciendo el ceño. Algo se movía entre la nieve, casi imperceptible. Se agachó y, con cuidado, alzó un pequeño bulto blanco como la escarcha misma.

—Eran siete —anunció, sonriendo mientras se lo tendía a Jon.

El cachorro tenía el pelaje completamente blanco, salvo por unos ojos rojos como brasas encendidas. Era distinto a los demás. Como Jon.

El bastardo lo sostuvo con cuidado, sintiendo el calor del pequeño cuerpo contra su pecho. Por un instante, el mundo pareció detenerse. El viento soplaba entre los árboles, pero no lo sentía. Era como si los dioses antiguos le susurraran al oído: Tú también perteneces. Eres uno de ellos.

Mientras tanto, en las entrañas doradas de Roca Casterly, la fortaleza tallada en la montaña que se alzaba como símbolo del poderío y la riqueza de Occidente, la Casa Lannister mantenía su dominio con puño de hierro y sonrisa de león. Nadie en los Siete Reinos hablaba de oro sin mencionar a los Lannister, y nadie hablaba de los Lannister sin pensar en Tywin, su señor.

Lord Tywin tenía cuatro hijos. Los mayores, los mellizos Jaime y Cersei, eran su reflejo en belleza y ambición. Luego venía Taehyung, de diecinueve años, su orgullo silencioso. Feroz en el campo de batalla, disciplinado hasta la médula, Taehyung era el hijo que más se parecía a lo que Tywin deseaba: un león que no rugía en vano. Y por último, estaba Tyrion, el enano. La vergüenza de la familia. Una criatura que, a ojos de su padre y de Cersei, no merecía ni el apellido que llevaba.

Cersei, por mandato de su padre, vivía en Bastión de Tormentas junto a su esposo, Robert Baratheon, y sus hijos. Pero rara vez se quedaba allí más de lo necesario. Siempre encontraba excusas para regresar a Lannisport, donde el vino era más dulce y las miradas menos inquisitivas.

Esa mañana, Taehyung había pasado horas entrenando en el patio de armas. Su cuerpo, curtido por años de disciplina, se movía con precisión letal. Soñaba con convertirse en el guerrero más temido del reino, tal vez incluso en Lord Comandante de la Guardia Real algún día. No por gloria, sino por perfección.

Tras el entrenamiento, se retiró a sus aposentos. Se despojó de la ropa empapada en sudor y se sumergió en la bañera de mármol, donde el agua tibia le envolvió los músculos tensos como un bálsamo. Una bella doncella, joven y silenciosa, se acercó con un paño húmedo y comenzó a limpiar su piel con movimientos suaves, casi reverentes.

El chirrido de la puerta interrumpió la calma. Cersei entró sin anunciarse, envuelta en un vestido rojo de mangas acampanadas, tan provocativo como su andar. Su sola presencia llenó la estancia de una tensión densa, como si el aire se hubiera vuelto más pesado.

—Largo —ordenó con voz cortante, sin molestarse en mirar a la sirvienta.

La joven se levantó de inmediato, nerviosa, y pasó junto a ella con la cabeza gacha. Pero antes de que pudiera cruzar la puerta, Cersei la sujetó del cabello con un tirón seco.

—El trapo, inepta —espetó, frunciendo el ceño con desdén.

Taehyung no dijo una palabra. Cerró los ojos, dejando que el calor del agua lo envolviera de nuevo, como si la escena no le concerniera. La doncella, temblando, le entregó el paño a la rubia y salió corriendo, como si huyera de un castigo inminente.

Cersei se acercó sin prisa, colocándose detrás de su hermano. Mojó el trapo en el agua y lo pasó con lentitud por sus hombros, como si fuera un ritual íntimo y antiguo.

—¿No vas a saludar a tu hermana? —preguntó Cersei con una sonrisa que no tocaba sus ojos, apenas una curva en los labios cargada de veneno. Su voz era baja, sedosa, como una daga envuelta en terciopelo.

—¿Debería? —replicó Taehyung sin abrir los ojos, recostado en la bañera como un león satisfecho tras la caza—. Últimamente te veo casi a diario por aquí… aunque dudo que vengas precisamente por mí. ¿O me equivoco?

Cersei no respondió de inmediato. En su lugar, se acercó con la gracia de una gata, apoyando el mentón en el hombro desnudo de su hermano. Luego ladeó la cabeza hasta que su mejilla rozó la suya, cerrando los ojos como si compartieran un secreto antiguo.

—Cuida esa lengua afilada, Taehyung —murmuró, dejando que el trapo húmedo resbalara por su pecho con una lentitud calculada—. Antes eras más cálido… más dulce. Temo que tanto tiempo bajo la sombra de nuestro padre te esté volviendo… igual de cruel.

El trapo cayó al agua con un leve chapoteo. Cersei deslizó la mano por el torso de Taehyung, bajando con descaro por su abdomen. Pero antes de que pudiera ir más allá, él la detuvo con firmeza. Su mano atrapó la de ella, sin violencia, pero con una claridad que no dejaba espacio a dudas.

Cersei se quedó inmóvil un instante. Luego se apartó bruscamente, y el rubor que subió a sus mejillas no era de pudor, sino de furia contenida.

—¡Bien! Como quieras —espetó, dándose la vuelta con un giro de su vestido carmesí—. Por eso siempre preferí a Jaime.

Taehyung abrió los ojos y se quedó mirando el techo abovedado, los brazos cruzados detrás de la cabeza. Su voz fue baja, sin emoción, como si hablara del clima.

—No me interesa.

Cersei apretó los puños con fuerza, sus uñas marcando la carne de sus palmas. La rabia le ardía bajo la piel, pero respiró hondo, obligándose a recobrar la compostura. No era una mujer que se permitiera perder el control. Con pasos suaves, volvió a acercarse a su hermano, como una sombra perfumada de vino y ambición.

—¿Por qué no te interesa? —susurró, con una dulzura fingida que apenas ocultaba la punzada de despecho—. ¿Mmm?

Recuperó su lugar a su lado, apoyando el mentón en su hombro desnudo. Sus labios rozaron su mejilla, luego descendieron por la línea de su mandíbula, dejando un rastro de besos tibios.

Taehyung cerró los ojos, no por placer, sino por costumbre. Permitía el contacto, pero no lo correspondía. No de la forma en que Cersei deseaba. Para él, era una caricia sin alma, un eco de algo que nunca existió.

—¿Cómo están las cosas en Bastión de Tormentas? —preguntó con indiferencia, como si hablara del estado de las murallas o del clima en el Tridente.

—Nada que valga la pena contar… —murmuró ella, mordisqueando el lóbulo de su oreja—. Robert viajará al norte en unos días. Dice que debe hablar con Eddard Stark sobre un asunto urgente. No quiso dar detalles, pero sospecho que tiene que ver con el Rey Loco.

Mientras hablaba, sus manos se deslizaron por el pecho de Taehyung, presionando sus músculos con una mezcla de deseo y dominio.

Taehyung rodó los ojos y se apartó ligeramente, incómodo, aunque no pudo evitar que una chispa de interés se encendiera en su mirada.

—¿Aerys? —preguntó, ahora con tono más serio.

Cersei asintió lentamente, desatando los lazos de su vestido. La tela carmesí se deslizó por su cuerpo como una cascada de sangre, cayendo al suelo sin hacer ruido.

—Sí. Según Jaime, el rey hizo ejecutar a Rickard y Brandon Stark. Los quemó vivos, como si fueran antorchas humanas. Jaime lo presenció todo. Le envió un cuervo a Robert desde la Fortaleza Roja. Y si Robert, y ese tal Ned Stark van a reunirse… algo me dice que Desembarco del Rey está a punto de convertirse en un campo de cenizas.

Sin esperar respuesta, se metió en la bañera, el agua ondulando a su alrededor mientras se acomodaba a horcajadas sobre Taehyung, como si pudiera retenerlo con su cuerpo.

Taehyung se quedó inmóvil, procesando la información. Su rostro, antes relajado, se endureció con una mezcla de incredulidad y cálculo.

—¿Robert y Ned Stark? —repitió en voz baja, como si saboreara los nombres. Luego, con un gesto brusco, sujetó las caderas de Cersei, no por deseo, sino por énfasis—. Así que por eso Tywin quiere partir hoy mismo a la capital…

Sin más, se incorporó de golpe, el agua escurriéndose por su cuerpo desnudo. Caminó hacia su ropa con paso decidido, sin molestarse en cubrirse. Cersei lo observó con el ceño fruncido, la mandíbula tensa.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó con frialdad.

Taehyung se volvió hacia ella mientras se vestía, una sonrisa ladeada en los labios, pero los ojos ya puestos en el horizonte.

—No pienso perderme una guerra… si es que está por comenzar.

Cersei se acercó por detrás, sin prisa, y lo rodeó con los brazos, presionando su cuerpo contra el de él. Su aliento cálido rozó su nuca mientras sus dedos recorrían su abdomen con una mezcla de ternura y posesión.

—Quédate esta noche —susurró—. Solo esta. Mañana puedes correr tras tus espadas y tus estandartes. Pero esta noche… esta noche es mía.

Taehyung se giró lentamente, la miró a los ojos. Había belleza en ella, sí, pero también un vacío que no podía llenar. Acarició su mejilla con el dorso de la mano, un gesto más compasivo que íntimo.

—No puedo quedarme, Cersei. No esta vez.

—¡Claro! ¡Porque eso es lo único que te importa! —espetó, deteniéndose frente a él—. Espadas, batallas, gloria. Siempre huyendo hacia el ruido de los tambores, como si eso te hiciera más hombre.

Taehyung la miró, impasible. Pero no dijo nada.

—¿Y yo? —continuó ella, su voz quebrándose por un instante—. ¿Alguna vez pensaste en mí? ¿En lo que sentía cada vez que te ibas sin mirar atrás?

Él bajó la mirada, pero no respondió. Y eso fue lo que la quebró.

—¡Maldito seas, Taehyung! —gritó, y le dio un golpe en el pecho con la palma abierta. No fue fuerte, pero sí lo bastante para que resonara—. ¡Siempre fuiste tú! ¡Incluso cuando me casaron con Robert, incluso cuando fui a los brazos de Jaime… siempre eras tú!

Taehyung cerró los ojos un instante, como si el golpe no hubiera sido físico, sino algo más hondo.

—Tuve a mis hijos pensando en ti —dijo ella, ahora con la voz rota, pero aún cargada de rabia—. Cada uno. Cada maldito uno. Y tú… tú ni siquiera puedes quedarte una noche.

Taehyung la miró, y por un momento pareció que iba a decir algo. Pero no lo hizo. Solo la observó, con una tristeza muda que no supo cómo expresar.

Cersei retrocedió un paso, temblando, pero no de frío. Se cubrió con la bata de seda, como si de pronto se sintiera expuesta, vulnerable.

—Eres un bruto, Taehyung. Un estúpido bruto que solo sabe blandir una espada y correr hacia la muerte. No sabes lo que es amar. No sabes lo que es quedarse.

Taehyung se acercó a la puerta, su mano en el picaporte. Se detuvo, sin girarse.

—Y tú… no sabes lo que es dejar ir.

Abrió la puerta y se marchó, dejando tras de sí el eco de su partida y el olor a incienso y agua caliente.

Cersei se quedó sola, con los puños apretados, el pecho agitado y los ojos llenos de lágrimas que se negó a dejar caer.

—Bruto testarudo… —murmuró, entre dientes—. Y aún así… siempre serás mío.













....




:v

Let @Nctzen3012 know what you thought about this chapter!
Love this

1

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Silver's Second Chance

Clare: Loved the second chance mate story line. But loved even more the strong female lead. Would love to a mini fic of this couple a few years down the line.

Read Now
Buried Alive

Saraa: Your story has become one of my favorites. I love how you developed the characters over time. Are you already working on another story, or do you have any ideas for future projects?

Read Now
Graves Lost Daughter

Gillian: Truly loved this story. It had me smiling, crying and smiling again. I love how each of the characters grew stronger, emotionally. And I definitely fell in love with Gabe.

Read Now
Ruthless Lord

Liya: Really impressive book The thing I liked the most is your amazing and articulate use of wide grammar unlike so many e-book authors The plot arranged marriage highly common yet your plot stands out I'd recommend it to readers that aren't exactly fans of slow burn 😂 I liked how fast they feel for eac...

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Saraa: I really admire how unique your plot is. It didn't feel predictable at all. Did you always know how the story would end, or did the ending change while you were writing?

Read Now
Bear Roberts

BlueMountain: I love this story! It's just so amazing! Daniella's strong persona and Bear's grunting and growling. And the Roberts family, the best! This story has some of the best characters I've ever met, and their dynamic is amazing. It's both funny and emotional. And the plot... just brilliant. Bear's careful...

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

walkerdebbie42: The book is amazingly interesting ,I absolutely love it, ready to see what happens next

Read Now