Who is she? | 01
Tropiezo con el abrigo, pero logro estabilizarme antes de caer al suelo.
Me cuesta mucho trabajo cerrar con llave por tremenda oscuridad que me rodea, pero lo he logrado. Sonrío cuando el seguro se escucha tras girar la llave. Llevo mi mano a mi frente para retirar los mechones que se atraviensan en mi visión, además un poco del sudor que también llega a empapar mis pupilas. No lo entiendo, no hace tanto calor como para estar bañado de sudor, así que lo atribuyo al alcohol que hay en mi cuerpo en estos momentos. Esa cosa consume mucho de mi energía, y también me hace temblar de todo menos de frío. Una sensación bastante desagradable a decir verdad; me acuerdo del abuelo, ¿estará dormido tan temprano o por qué la sala está a oscuras?
—¡Abuelo! —grito con mis nulas fuerzas a mitad del pasillo—. Abuelo, llegó MinHo.
Nada. No recibo respuesta.
Sigo caminando hasta llegar a mi habitación. Entrando no cierro la puerta, mis pasos se guían hasta llegar al baño. Dejo caer mis llaves al lavabo y luego de mojarme el rostro regreso a mi recámara y me tumbo de panza. Lo que sí es que el sueño hace de las suyas, desde que venía manejando. Mis ojos pesan, mis piernas duelen por algún motivo. Es como si mi cuerpo de pronto quiere dejar de reaccionar en cuanto siento la comodidad de la cama.
Pero... hay algo raro.
Me remuevo un poco entre las sábanas arrugadas. ¿Qué no había dejado todo limpio cuando salí de casa?; Mis manos tocan alrededor del bulto en donde mi mejilla está descansando, luego lo toco directamente. Se siente suave pero tenso al mismo tiempo, de momento, como que se sacude repentinamente. Me reincorporo con ayuda de mis brazos para tratar de ver con más claridad, sin embargo, no puedo por lo oscuro del cuarto.
—¿Qué es...? —susurro para mí. Algo me da por arrastrar mis ojos hasta las almohadas, pero me detengo en seco cuando veo unos ojos.
¿Ojos?
—¡Abuelo! —pego un grito mientras retrocedo—. ¡¡Abuelo!!
La cosa se esconde debajo de las sábanas, pero yo logro quitárselas de un jalón, dejándola al descubierto. A ella y a su pijama blanca.
—¡¿Tú quién eres?! ¡¿Tú qué haces en mi habitación?! —pregunto entre mi histeria, hasta casi arrastrar las palabras por lo poco estable de mi voz—. ¡¡¡Quién eres, mierda, dilo!!!
—¡MinHo! —exclama Nani detrás mío. Reparo en ella cuando prende la luz, me deja perplejo que corre hacia muchacha que está entre las sábanas en vez de socorrerme a mí.
Quiero hablar, pero Seok llega a sacarme de la habitación. Me arrastra hasta la sala mientras parlotea sabrá que cosas, un montón de cosas, pero lo único que circula por mi cabeza es qué rayos hacía en la casa de Nani.
¿Cómo era que había llegado aquí? ¿Cómo pude haberme confundido?
—¡¿Entendiste?! —Sale esa pregunta de su boca con muchísima furia. A los pocos segundos de verle la mueca de susto que porta, asiento rápido. ¿A qué le he dicho que sí con exactitud?—. Vamos, te llevaré a casa. Tu abuelo está muy preocupado por ti y quiero suponer porque no tienes tu celular a la mano.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas conmigo? —espeta, irritado—. Ahorrate tu perdón para con tu abuelo, ¿Yo qué?
—Me refiero a esto —dije, de nuevo siendo empujado por Seok, pero ahora a la calle. De todas formas me detengo en seco para dirigirme a él—. Seok, escúchame. Creí que era mi casa.
—Pues claro, si te la vives aquí, pero nunca creí verte en este estado y llegando a esta hora —vuelve a empujarme hasta que mi caminar es continuo.
Llevo una mano sobre mi cabeza, tratando de enfocarme en mis alrededores y en mi torpe caminar.
—¿Qué hora es? —pregunto en voz baja.
—Pasan de las dos. —responde de mala gana. Noto que intenta taparse los brazos con su bata de dormir.
—No puedo creerlo —estampo la misma mano en mi frente, regresando de inmediato a la realidad—. El abuelo. Lo olvidé por completo.
—Ay, MinHo.
—Hablo en serio —miro asustado al susodicho.
—Te lo dijo Nani y te lo diré yo. Tu abuelo no está en condiciones de seguir soportando tus salidas a estas horas. Debes de entenderlo de una buena vez.
—Solo fue un descuido —chillo en mi inocencia—. Te juro que fue un descuido.
—¿Un descuido? —exclama burlón, bufando después—, llegas borracho a casas ajenas, ¿es solo un descuido?
—Seok, ayúdame con el abuelo —pido, y ya como respuesta me va negando con la cabeza— No querrá escucharme decirle ni pío.
—Niño…
—¡Te lo pido!, juro que-
—¡No sigas! —interrumpe, al colmo de perder la paciencia—. Te ayudaré solo porque te la debo, pero es la primera y última vez que harás algo así.
—Lo prometo.
—No me gusta que me prometan —añade. Se le nota lo furioso de nuevo en su tono de voz—. Hace mucho frío y tú con esa camisa delgada. Te vas a terminar enfermando.
Cuando me detuve en sus ojos me acordé de aquellos ojos brillantes de la niña esa en la cama. Esos ojos, esa chica... ¿Qué rayos hacía en la casa de Nani? ¿En su habitación?
Me acuerdo perfectamente de lo que vi. Y tal parece que Seok no piensa abordar nada referente a ese tema, porque si fuera relevante o importante lo haría, pero sigue callado.
Por más que busco una oportunidad no me animo a preguntarle nada a Seok. Quiero llegar a casa y solo preocuparme por lidiar con el abuelo, pero pasa todo lo contrario a lo que pensé.
... nada.
Al día siguiente me levanto temprano para hacerle de almorzar sus huevos estrellados y su café de olla. Se lo coloco en la mesa y me siento a esperar un muy buen rato hasta que se levanta y entra a la cocina. Le señalo su almuerzo, pero no articula palabra alguna sobre aquello. La sonrisa que le he dedicado comienza a desvanecerse cuando da media vuelta y se retira de la cocina. Más bien, de la casa. Desde acá pude escuchar que arrancó la camioneta y me dejó solo. Yo tuve que acabar con la comida para no tirarla.
Ahora bien, si con el abuelo aún no puedo hablar me falta tratar de arreglar otro asunto, y tiene que ver con lo que pasó ayer. Me visto luego de ducharme porque voy a salir. No a la casa de Nani porque sé que ella no está allí, sino en la cafetería. Le debo una disculpa.
