Crónicas del Oráculo de Veyra: libro 1

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Summary

En un mundo gobernado por el linaje, el destino de cada persona está escrito antes incluso de nacer. Las grandes casas controlan el poder, la historia y la tecnología que mantiene en funcionamiento la civilización. En el corazón de ese sistema se alza la Academia de Veyra, donde los herederos de las familias más influyentes del mundo son entrenados para ocupar su lugar. Allí se encuentra el Oráculo de Veyra. Una antigua creación arcanomecánica capaz de revelar la verdadera naturaleza de quienes se presentan ante él. Durante generaciones, el oráculo solo ha confirmado lo que todos ya sabían: que el orden del mundo está escrito en la sangre. Hasta que una estudiante dice algo que nadie había dicho antes. Seren Valen no pide un destino. No reclama un linaje. Solo susurra cuatro palabras. Y los engranajes del oráculo comienzan a moverse.

Genre
Fantasy
Author
Adriana
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo: El día en que el oráculo despertó

Antes del Pacto de Linajes, el mundo era mucho menos predecible.

Las ciudades crecían a un ritmo vertiginoso, impulsadas por una nueva era de ingeniería que mezclaba engranajes, energía arcana y cálculos imposibles. Estructuras de hierro atravesaban barrios enteros, puentes mecánicos unían distritos distantes y enormes mecanismos alimentaban redes de transporte que parecían desafiar las leyes de la naturaleza.



Pero la mayor preocupación de aquella época no era la tecnología.



Era la naturaleza humana.



Las guerras nacían de la ambición.



Las crisis del orgullo.



Las traiciones de secretos que nadie había sabido ver a tiempo.



Los pensadores más influyentes de la era llegaron a una conclusión inquietante: el caos del mundo no provenía de las herramientas que construían, sino de las decisiones de quienes las utilizaban.



Si pudieran comprender verdaderamente a una persona —sus deseos, sus temores, sus intenciones más profundas— tal vez podrían anticipar el futuro.



De esa idea nació un proyecto que cambiaría el rumbo del mundo.



No sería un simple instrumento de cálculo.



Sería algo diferente.



Algo capaz de escuchar la verdad.



Durante años reunieron a los mejores ingenieros arcanomecánicos, cronistas, estrategas y filósofos. Lo que surgió de aquel trabajo no podía clasificarse fácilmente.



No era solo una estatua.



No era únicamente un mecanismo.



Era una creación híbrida, un constructo diseñado para interpretar palabras, emociones y silencios. Un artefacto capaz de detectar aquello que las personas ocultaban incluso de sí mismas.



La llamaron el Oráculo de Veyra.



Su forma fue deliberadamente ambigua.



Ni hombre ni mujer.



Ni humano ni divino.



Una figura oscura cubierta por alas que combinaban piedra antigua con delicados engranajes de metal. Entre las plumas mecánicas se ocultaban ruedas dentadas y pequeñas articulaciones que permanecían inmóviles hasta que alguien hablaba frente a ella.



El rostro quedaba oculto bajo una capucha profunda.



Porque el oráculo no necesitaba mirar.



Solo escuchar.



La primera activación tuvo lugar en una cámara subterránea iluminada por lámparas de cobre.



Los fundadores del nuevo orden estaban presentes.



Cinco figuras que representaban los pilares del sistema que deseaban construir.



Política.



Ingeniería.



Historia.



Defensa.



Influencia.



El experimento era sencillo.



Hablar frente al oráculo.



Decir la verdad.



Observar la respuesta.



El primero en acercarse fue un estratega célebre por su ambición.



Se detuvo frente a la figura silenciosa.



—Mi mayor deseo es gobernar este mundo —declaró con seguridad.



Durante unos segundos no ocurrió nada.



Luego, algo cambió.



En el interior de las alas metálicas comenzó a escucharse un movimiento suave. Las ruedas dentadas giraron lentamente y una vibración profunda recorrió la estructura.



Entonces el oráculo habló.



La voz que emergió de su interior era extraña.



Calma.



Antigua.



Con una resonancia metálica apenas perceptible.



—No.



El hombre frunció el ceño.



—¿No?



—No deseas gobernar —respondió la voz—. Deseas ser recordado.



El silencio que siguió fue incómodo.



Los presentes intercambiaron miradas.



La creación no respondía a lo que las personas decían.



Respondía a lo que realmente eran.



Las pruebas continuaron durante semanas.



El oráculo detectaba mentiras con una precisión inquietante. Revelaba motivaciones ocultas. Descubría talentos que ni siquiera los propios sujetos comprendían.



Era extraordinario.



Demasiado extraordinario.



Porque pronto los fundadores comprendieron algo peligroso.



Si el artefacto podía revelar la verdad de cualquiera…



también podría revelar la suya.



La decisión fue inevitable.



El oráculo no sería destruido.



Sería redefinido.



En lugar de buscar la verdad absoluta, serviría para confirmar el orden que estaban a punto de instaurar.



Así nació el Pacto de Linajes.



Un sistema en el que el destino de cada persona quedaría determinado por su herencia.



Más estable.



Más predecible.



Más fácil de controlar.



El Oráculo de Veyra fue trasladado al patio central de la nueva academia.



Los estudiantes vendrían ante él, repetirían las predicciones de sus profesores… y la estructura respondería.



Durante generaciones, el sistema funcionó sin problemas.



Las alas permanecieron cerradas.



Los engranajes apenas se movían.



La voz surgía solo cuando era necesario.



Con el tiempo, el oráculo dejó de ser un descubrimiento extraordinario y se convirtió en una simple tradición.



Un ritual.



Una formalidad.



Hasta que un día, siglos después, alguien dijo algo distinto.



No pidió un destino.



No repitió una predicción.



Solo pronunció unas palabras inesperadas.



—Te revelo mis secretos.



Y por primera vez en mucho tiempo…



los engranajes del Oráculo de Veyra comenzaron a girar con verdadero interés.