Peter Pan: Juventud Perpetua

Summary

Peter Pan se sintió estancado durante mucho tiempo. Los niños perdidos eran su mayor consuelo, pero siempre terminaban regresando con sus familias dejándolo atrás. Todo empeoró cuando James Hook, su archienemigo, abandonó las costas de Nerveland para vivir su propio cuento de hadas en la Isla Tortuga. Peter comienza a ver imágenes borrosas en su cabeza, como recuerdos fragmentados que lo obligan a ir a Londres en busca de respuestas.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Juventud Perpetua

La vida de Peter se había vuelto algo monótona desde que el Capitán Garfio había abandonado las costas de Neverland junto con su Jolly Roger, sólo que no lo quería reconocer. Lo único que mantenía llevadera su estancia en la isla era la leal compañía de Tinkerbell. Aunque se divertía jugando con los niños perdidos estaba consiente de que ellos iban y venían, por eso no se encariñaba demasiado.

En eso le vino una crisis existencial mientras pescaba. Trataba de recordar su vieja vida, antes de vivir en Neverland, pero el hecho de que le era difícil le hacía sentir una sensación de vacío. Ni siquiera recordaba su apellido, el cuál obvio no era "Pan", sólo se le conocía así por el tipo de flauta que por lo general lleva consigo. A veces pensaba que si no fuera por Tinkerbell terminaría olvidando su propio nombre.

—Esto está mal —susurró para sí mismo.

—¿Qué sucede Peter? —le cuestionó Tinkerbell con preocupación ya que había notado que estuvo callado la mayor parte del día.

—Nada... Es sólo que he estado tratando de recordar de donde vengo pero no lo consigo —apretó sus cienes con las yemas de sus dedos—

Eso no está bien.

Peter Pan había pasado tanto tiempo en Neverland, que inicluso ya dominaba a la perfección el idioma de las hadas. Tinkerbell sintió una opresión que se concentró en su pecho, ya que eso sólo podía significar que Peter ya estaba listo para crecer.

Lo correcto era que el volviera a donde pertenece en verdad; el mundo de los humanos. Después de todo, consideraba que sería egoísta de su parte mantenerlo en Neverland con la esperanza de que algún día correspondiera su amor. Pero ella sabía que era imposible, sólo era una pequeña hada y él un niño humano. Simplemente no podía ser.

—Yo puedo encontrar a tu familia, es cerca de los Jardines Kensington, en donde te conocí. ¿Recuerdas? Puedo guiarte si quieres ir —ofreció ella, sentada sobre su hombro.

Si Peter decidía quedarse en Londres tenía que aceptarlo y continuar con su vida. Sabía que eventualmente el día en que quisiera madurar llegaría, a todos les llega, sólo que a unos les toma más tiempo que a otros.

—¡¿Lo harías?! —preguntó el rubio cambiando su semblante de inmediato— ¡Eres la mejor amiga que alguien podría tener en el mundo!

De repente un poderoso estruendo resonó en toda la playa, las aves de al redeor huyeron volando despavoridas.

—¡Mierda! —se quejó Jane Hook dándose cuenta de que reveló su posición— ¡Fallé!.

—Hola Señorita, ¿A qué debo el gusto de que la mismísima hija del Bacalao me venga a visitar? —preguntó burlonamente, le divertía hacer enojar a esa niña.

El tiempo no perdona, ni siquiera en Neverland donde la gente no envejece. Se decía que el Capitán Garfio se asentó en la Isla Tortuga. Ahora, estaba esa jovencita quien era su viva imagen para consumar la venganza que su parte nunca pudo concretar.

Ella guardó el arma en la fornitura pero desenvainó su sable y se avalanzó en contra de Pan.

—Te enseñaré a respetar a los Hook, mocoso.

Él sacó su daga y bloqueó su hoja con suma agilidad. Tinkerbell se alejó aleteando tan rápido como pudo ya que Peter siempre le pedía que evitara el peligro a toda costa.

Peter y Jane mantuvieron una batalla campal en la playa. Él la reconocía como una espadachín excelsa y que había mejorado tras su último duelo. Lograba hacerlo retroceder algunas veces. Entre tanto terminaron adentrándose en la jungla. Peter lograba evadirla habilmente debido a su capacidad de volar cosa que solo la hacía enfadar, había heredado esa misma mirada de psicópata con sed de sangre; su sangre específicamente, que tanto caracterzaba a su padre. En parte estaba un tanto acostumbrado por eso no le causaba miedo, ni nada parecido.

La hija de Garfio esgrimió su sable de izquierda a derecha con la intención de cortarle el cuello a su adversario pero este se inclinó hacia atrás para que no lo alcanzara. Sintió como la punta del arma emitía una ráfaga de aire muy cerca de su nariz y le movía los cabellos de su frente.

Casi se cae de sentón al hacer eso pero se pudo enderezar, aprovechó que la hoja enemiga estaba fuera de su alcance y le dio una patada para hacerla caer al suelo. Ella rodó para alejarse y evitar que él la pateara estando derribada. Se levantó tan rápido como pudo. Ambos se miraron a los ojos desafiándose, esperaban a ver quien hacía el primer movimiento.

—¿Qué esperas? —preguntó esbozando una sonrisa ladeada— Si no vienes, iré por ti.

—Te estoy esperando —contestó muy seguro de sí mismo pero al mismo tiempo sin bajar la guardia en lo absoluto, pues sabía lo que ella de lo podría ser capaz.

Entonces Jane dirigió su hoja una vez más sobre él quien la pudo desviar. Así se desencandenó una serie de choques entre los filos de sus hojas durante un buen rato sin lograr alcanzarse.

Jane no solía sacar su pistola a no ser que las circunstancias la obligaran a ello debido a la escasés de las municiones y a la dificultad de conseguirlas. Sin embargo, su sable había quedado en el tronco de un árbol, ya que trató de partir a Peter en dos pero este salió volando antes de que pudiera tocarlo. Intentó sacarla sin éxito, quizá exageró un poquito en la fuerza que había ejercido en ello.

—¡Ven acá, maldito! ¡Baja tu infantil trasero y pelea como hombre!.

—¡Oblígame! —se burlaba triunfante haciéndole muecas.

La pirata sacó su pistola una vez más de la fornitura y sin dudarlo abrió fuego.

Mientras tanto Tinkerbell había ido volando desesperadamente hacia la tribu de los indios para pedir ayuda. Entró pánico al escuchar tres disparos en el sentido contrario al que estaba yendo. Por lo fuertes que se escucharom supo que no estaban muy lejos. Lo cual hizo que se forzara a ir más rápido, ya casi llegaba.

De no ser porque se encasquilló la pistola habría vaciado el cartucho entero ya que no logró darle en ningún tiro porque Peter era muy escurridizo, apenas un tiro pudo rosarlo. Al ver como Jane batallaba con su propia arma se echó a reir. En eso alcanzó a escuchar que algo grande se aproximaba corriendo velozmente hacia ellos. Eso le era posible ya que poseía unos sentidos más agudos que el promedio. El ruido se hacía tan fuerte y constante que la joven pirata también fue capaz de percibirlo.

De entre la abundante vegetación se abrió paso un caballo que transportaba en su lomo a una joven piel roja de abudante cabellera negra peinada en dos trenzas, llevaba una diadema adornada con plumas. Usaba un vestido decorado con bordados de patrones hechos a mano. Era la Princesa Tiger Lily, quien venía acompañada de Tinkerbell respondiendo a su petición de ayuda. Ella jaló la rienda de su caballo deteniéndolo en el acto. Con suma eficacia empuñó su arco y flecha. Aún desde la distancia Peter pudo decifrar en sus ojos las intenciones que tenía.

Neverland era el país más caótico de las tres grandes naciones, o quizá el más caótico del Mundo Fantástico en sí mismo. La mayor parte de su población consistía en piratas, hadas, sirenas, indios, Niños Perdidos. Y era común que las costas y las tierras de la isla sirvieran de campos de batalla.

Los piratas y las sirenas son enemigos mortales. A su vez que éstos igual se llevaban muy mal con los indios y los niños perdidos. Los demás podían coexistir entre ellos si las otras partes no invadían sus territorios.

Tiger Lily disparó la primera flecha sin ninguna pizca de duda. Consideraba a los piratas viles rufianes que se creían los dueños de todo y le haría un favor al Neverland si eliminaba a una de ellos. Además como se trataba de la hija de uno de los peores piratas sería como un premio doble.

Jane logró quitarse antes de que la flecha llegara hasta ella, tuvo suerte. Pero supo que la balanza no estaba de su lado al escuchar los aullidos y cánticos del resto de los miembros de clase guerrera de su tribu. Pronto seis pieles rojas formaron una alineación de defensa detrás de su princesa, algunos empuñando lanzas y otros portando arcos.

—Preparen —ordenó Tiger Lily, los arqueros se prepararon colocando las flechas en pocisión de con una perfecta sincronía—. ¡Apunten!

Sus guerreros tensaron las cuerdas de sus armas. El pulso de Jane se aceleró, aunque logró destrabarla, pero su ligero peso le hizo ver que ya había gastado más de la mitad de sus municiones

—¡FUEGO! —exclamó Tiger Lily en un grito desgarrado de ira incontenible.

Las flechas surcaron el aire e iban directo hacia ella. Peter rápidamente voló hacia Jane y la agarró de su gabardina azul levantándola en por los aires para salvarla de una muerte segura. Ni él mismo supo por qué lo hizo, tan sólo su cuerpo actuó antes de que pudiera razonarlo.

Tinkerbell, Tiger Lily y sus guerreos observaron sorprendidos lo que ocurrió sin poderselo creer. La Princesa era la que más frustración sentía, le habría encantado personalmente deshacerse de la hija del Capitán Garfio pero lo que más le enojaba es que no se explicaba por qué Peter la había salvado si hace unos momentos ella estaba dispuesta a asesinarlo.

—¡¿Qué carajos estás haciendo, Pan?! —le gritaba zarandeándose para safarse.

—Se dice gracias, cerda mal agradecida —se limitó a responder reforzando su agarre para que no se le cayera en pleno vuelo. Iba a llevarla a un lugar seguro antes de soltarla.

—¡Maldita sea! ¿Me ves cara de una damisela que necesite ser rescatada?. Yo pude haberme salvado sola. ¡Bájame! —exclamó con autoridad.

—Bueno, como usted ordene —Peter respondió complaciente descendiendo con delicadeza cuando pasó por encima del río soltó a la joven pirata y ella terminó empapandose de pies a cabeza. Al verla así no se aguantó la risa, Jane le dirigió una mirada asesina.

—A mí no me veas así, hice lo que me pediste, te bajé.

—Ríe mientras puedas, Pan. Nos volveremos a ver y cuando eso pase ¡Te voy a joder! —Jane lo miraba con el ceño fruncido. Azotó sus manos haciendo que saltaran gotas de agua por todas partes.

Ella no estaba dispuesta a permitir que le cortara la mano como lo hizo con su padre, prefería matarlo al igual que al cocodrilo que se tragó su mano junto con su reloj y sus anillos de oro.

—Vale, te me cuidas —dijo restándole importancia a su amenaza. Se despidió haciendo el signo de paz y alejándose.

Más tarde Peter se encontró con su querida Tinkerbell y Tiger Lily Ambas parecían muy molestas con él pero, Peter no entendía el motivo. La verdad es que pensaba que las niñas eran la cosa más rara y bella a la vez.

—¡¿En que rayos estabas pensando?! —exclamó Tiger Lily molesta entre respiraciones agitadas ya que fue corriendo tras Tinkerbell cuando ella voló tras Peter— ¡Ella trató de matarte! —le dio un golpecito en el brazo de lo enojada que estaba en ese momento.

Lamentablemente ni siquiera Peter supo cómo responder a esa pregunta. Sólo actuó de repente, quizá fue un acto de caballerocidad porque aunque fuera una pirata seguía siendo una niña y su credo desde que podía recordar era: "Una niña vale más que veinte niños juntos".

—Mamá... —murmuró tras ver una imágen borrosa de una hermosa mujer rubia que tarareando canciones de cuna. Su rostro era difuso así que no lo pudo distinguir más alla de sus envolventes ojos azules.

—¿Qué? —dijeron Tinkerbell y Tiger Lily al unísono. Aunque sólo el hada podía suponer lo que estaba pasando.

—Gracias por venir a ayudar —le dijo sonriente plantandole un beso en la mejilla.

La princesa estaba muy sonrojada. Ella estaba enamorada de Peter. Casi todos en la tribu se habían dado cuenta pero hacían como si nada porque él tenía su respeto y cariño por sus valientes azañas en contra de los piratas.

Peter no lo había notado porque él sólo pensaba divertirse y vivir el momento. Lo hacía a propósito ya que temía que si pensaba en as más complejas eso provocaría que empezara a crecer, cosa que le provocaba mucha aversión.

Tinkerbell jalaba del cuello de su camisa, estaba toda enrojecida de la cara como suele hacerlo cuando algo le molestaba. Las emociones en ella podían ser muy intensas ya que el tamaño de su pequeño cuerpo sólo le permite tener una a la vez.

El chico se despidió de Tiger Lily pues estaba decidido a emprender el viaje una vez cayera el ocaso sobre la tierra de Neverland.

Desde que Tinkerbell vivía en Pixie Hollow sentía una gran facinación por los seres humanos y su mundo debido a la complejidad de las cosas que ellos fabricaban. Consideraba que si aprendía lo suficiente de ellos podría usarlo a favor del beneficio y desarrollo de las hadas aunque estas la tomaban por loca o bicho raro, trataba de no darle importancia. En su afán de búsqueda de conocimiento hacía sus viajes en secreto. Quería que saber más sobre las cosas perdidas que por lo general terminaban en la playa. Recordaba que había sido así en primer lugar que conoció a Peter. Lo encontró durmiendo solo en una banca del parque y decidió llevarselo consigo. Ese fue el inicio de una gran aventura y una hermosa amistad.

La ciudad se veía radiante desde las alturas. Hace algún tiempo que ya no venía al mundo de donde provenía. No sentía necesidad alguna de hacerlo ya que en Neverland tenía toda la libertad que quería y al no crecer nunca tendría responsabilidades ni preocupaciones de adultos. Él era feliz así.

Sin embargo, aquella nostalgia que lo había empezado a aquejar, las imágenes borrosas que veía en su mente y una preocupante sensación de vacío; lo hacían sentir un repentino deseo de viajar a su natal Londres, que pese a todo aún no había olvidado. Era como si se tratara de una corazonada, un llamado que sólo él podía escuchar.

La luz natural que emitía Tinkerbell resaltaba en el velo de la noche, como un pequeño faro que dejaba un rastro de chispas doradas detrás suyo. Ella sentía una fuerte intriga de lo que fuera a suceder, Peter era dueño de su propio destino y si decidía regresar con su familia y tener una vida normal, cualquiera que fuera su elección ella lo atesoraría en su pequeño corazón para siempre. Aunque otro terminara ocupando su lugar en su cuento para ella Peter era único e irrepetible. Después de todo era el ciclo natural de las cosas y no se consideraba nadie superior para intervenir.

—¿Está muy lejos aún Tink? —preguntó al sobrevolar el Big Ben.

Se empezaba a sentir ansioso de descubrir que era lo que le deparaba. Ella no sabía con exactitud pero era capaz de encontrarlo porque ella fue el hada que se lo llevó a Neverland y por ello tenía un vinculo especial con él. Lo que le permitiría identificar a cualquier miembro directo de su familia.

—No falta mucho, confía en mí.

Y así durante un buen rato estuvieron asomándose en las ventanas de varios hogares. Peter se sentía raro al ver la armoniosa relación entre padres e hijos cuando los arropaban o les contaban cuentos antes de dormir. Tenía la vaga sensación de haber estado de ese lado. Cuando pasaron por otra ventana Tinkerbell irradió un brillo intenso de forma espontánea.

—Lo encontré —afirmó regresando a la ventana que apenas acababa de pasar. Entre más se acercaba más brillante se ponía, ese era el lugar.

La luz de aquella habitación se encontraba encendida y se escuchaban ruidos en el interior. Ambos se acercaron con recelo. Se asomaron cuidándose de no ser vistos. Dentro había una anciana balanceándose en una silla mecedora mientras tejía un suéter, tarareaba una canción de cuna que le resultó familiar.

—♪Why've you lost your way, I'm searching for a child who's gone afar. He can't be found though I searched all day♪ —cantaba entre susurros ya que había sido capaz de reconocer la estrofa exacta.

Sintió una fuerte punzada en el pecho y los ojos se le humedecieron. Aquella anciana era la que había visto en esa imágen borrosa, lo que en ese momento se percató que se trataba más bien de un recuerdo.

—Tink —dijo con su voz entre cortada rompiendo el silencio—. Ha pasado demasiado tiempo.

Peter llegó a la conclusión de que ya no tenía a donde volver. Había pasado la suficiente cantidad de años como para que su madre envejeciera de ese modo. Fueron tantos los años en que estuvo inmerso en Neverland que lo olvidó todo, pero el tiempo siguió avanzando para los demás mientras él se quedó estancado.

No le quedaba más que abrazar ese recuerdo de su madre en tanto pudiera pues comprobó de primera mano que los rumores de que la magia de Neverland causaban estragos en la memoria de los niños perdidos.

Apartir de ahí se juró a sí mismo no volver a mirar atrás y vivir en una juventud perpetua hasta donde le fuera posible.

Fin :3