Ep 1 Comienzos
Nero es nuestro protagonista no se olviden de eso hehe
EP 1 – Comienzos
Todo comienza con Nero, nuestro protagonista, saliendo de un hospital.
Ya era tarde.
El cielo se teñía de rojo y los negocios empezaban a cerrar uno tras otro.
Mientras caminaba, su estómago rugía.
Tenía mucha hambre.
A lo lejos vio a un niño flaco, cubierto con trapos, pidiendo monedas a la gente que pasaba.
Al principio lo ignoró.
Siguió caminando.
Pero después se detuvo.
Suspirá apenas… y regresó.
Nero
—Hola, amiguito.
¿Tienes hambre?
El niño lo miró con desconfianza.
Niño
—¿Quién eres tú?
¿Y qué quieres?
Nero
—No seas tan seco.
Solo vine a ayudar.
El niño apretó los dientes.
Niño
—No mientas.
La gente no se acerca así… y menos a hablar.
Nero alzó un poco los hombros.
Nero
—Pues yo sí.
El niño dudó.
Niño
—Entonces… ¿me darás algunas monedas?
Por favor… te lo agradecería.
Nero metió la mano en su bolsillo.
Sacó casi todo lo que tenía.
Nero
—Sí, por eso vine.
Toma… no es mucho, pero si ahorras bien te sirve para dos días.
Tal vez hasta cuatro.
El niño abrió los ojos.
Niño
—Gracias… de verdad.
Nero sonrió, tranquilo.
Nero
—No es nada.
Pero antes de irme… te aconsejo cambiarte de calle.
La gente de por aquí no suele ser muy amable.
Niño
—Okey… gracias.
Nero se dio la vuelta y siguió caminando.
Pero apenas avanzó unos metros…
«¿Por qué le di todo el dinero?»
«¿Y ahora qué voy a comer yo?»
Su cabeza se llenó de pensamientos.
Y su estómago, de hambre.
Nero no estaba bien económicamente.
De hecho, estaba muy mal.
No tenía casa.
Su madre murió en el parto.
Su padre nunca quiso hacerse responsable.
Y no llegó solo al mundo.
Tenía un hermano mayor, casi diez años más grande que él.
Su hermano quedó inválido.
No podía usar las piernas.
Ahora estaba internado en el hospital… en coma inducido.
Nero pagaba para que no sufriera.
Era lo único que podía hacer por él.
Dejó esos pensamientos atrás.
Tenía que comer.
Entonces lo recordó.
Una fuente de los deseos.
La gente solía lanzar monedas ahí.
Nero empezó a correr.
Ya se estaba haciendo de noche.
Llegó a la fuente y, sin pensarlo, metió la mano.
Buscó monedas con desesperación.
De pronto…
Sintió una presencia.
Se sobresaltó.
Sacó la mano de golpe.
Si alguien lo veía, podían acusarlo.
Eso serían, mínimo, dos semanas de cárcel.
Miró con cuidado.
Solo era un vagabundo.
Estaba tirado al lado de la fuente.
Nero frunció el ceño.
No quería que estuviera ahí.
Si hablaba con la policía, estaba acabado.
Se acercó.
Nero
—Oye… amigo.
¿Podrías irte a otro lado?
No hubo respuesta.
Nero
—Oye, viejo… ¿puedes irte?
Silencio.
Nero suspiró.
Genial… de todos los vagabundos, me tenía que tocar uno sordo.
Miró al suelo.
Agarró dos piedras.
Solo para asustarlo.
Lanzó una.
Falló.
Lanzó la otra.
Esta vez le dio.
Pero la piedra cayó al suelo con una marca extraña…
Como si se hubiera quemado.
El vagabundo se incorporó lentamente.
Molesto.
Pero no agresivo.
Vagabundo
—Oye, amigo…
¿puedes dejar de molestar?
Solo quiero dormir.
Nero bajó un poco la voz.
Nero
—No quiero molestarte.
Solo… quería saber si podrías dormir en otro lado.
El vagabundo bostezó.
Vagabundo
—No sabes lo cansado que estoy como para irme caminando.
Oye… ¿cómo te llamas?
¿Eres de por aquí?
Se rascó la cabeza.
Vagabundo
—Yo me llamo Mars.
En ese momento, Mars miró dentro de la fuente.
Vio las monedas.
Sus ojos se encendieron.
Mars
—Con que… eso era, ¿no?
Nero apretó los labios.
Nero
—Sí.
Por eso.
¿Ahora puedes irte?
Mars se llevó una mano al estómago.
Mars
—Yo también tengo hambre.
No he comido en todo el día.
Nero lo miró serio.
Nero
—Eso no me importa.
Lárgate… o tendré que sacarte.
Mars lo observó con calma.
Mars
—De verdad… ¿no te dicen que hablas demasiado?
Nero ladeó la cabeza.
Nero
—De vez en cuando.
Oye… no sé, pero tal vez podríamos compartir el dinero.
Mars negó.
Mars
—No lo creo.
Solo hay para uno.
Nero suspiró.
Nero
—Mmm… qué problema.
Mars dio un paso al frente.
Su tono ya no era tan relajado.
Mars
—No te odio, en serio.
Pero tengo hambre.
Y si te interpones… tendré que darte una paliza.
Nero lo miró fijamente.
Y sonrió.
Nero
—Antes de eso…
¿quieres que te diga algo sobre ti?
Mars frunció el ceño.
Mars
—¿Qué?
Nero
—Tu Resonancia te permite controlar el fuego, ¿no?
Mars abrió los ojos.
Mars
—¿Qué?
¿Cómo sabes eso?
Nero señaló el suelo.
Nero
—La piedra que te lancé dejó una marca… como si se hubiera quemado.
Y desde hace rato siento que la temperatura sube, aunque ya es de noche.
Mars soltó una pequeña risa.
Mars
—Guau… eres más listo de lo que pareces.
¿Y qué piensas hacer con eso?
¿Crees que puedes pelear conmigo solo por saberlo?
Nero dio un pequeño paso al frente.
Nero
—¿Quieres verlo?
La pelea estalló.
Mars fue el primero.
Lanzó una patada directa al pecho de Nero.
Quería dejarlo inconsciente y llevarse el dinero.
Nero salió despedido y chocó contra un poste.
Mars
—¿Eso fue todo?
Fuiste más charla que pelea.
Nero se levantó con dificultad.
De su pecho cayó una placa de chatarra que usaba como protección.
La pieza cayó al suelo… quemada.
Nero la miró.
Y sonrió.
Nero
—Vaya… eso estuvo cerca.
Así que sí… no me equivoqué con tu Resonancia.
Su voz sonaba tranquila.
Pero por dentro…
Tenía miedo.
No esperaba pelear ese día.
No tenía armas.
Solo llevaba tres plantas.
Plubos negros.
Esporas alucinógenas.
Y savia corrosiva.
Y, además…
No podía activar su Resonancia.
Así que sería un combate cuerpo a cuerpo.
Mars levantó la pierna.
El fuego recorrió su piel.
Mars
—Con la patada que te di se rompió tu chatarra.
¿Qué crees que le pasará a tu piel cuando la toque?
Nero bajó la mirada… y señaló su pierna.
Nero
—No lo sé.
Pero… ¿no has visto tu pierna?
Mars miró.
Unas pequeñas bolas negras estaban pegadas.
Mars
—¿Qué… qué es esto?
Nero sacó una pequeña sonrisa.
Nero
—Los llamo plubos negros.
Mira… se pegaron por completo.
Mars chasqueó la lengua.
Mars
—¿Y qué piensas hacer con esas cosas?
Nero lanzó una botella con agua.
Se rompió contra la pierna de Mars.
El agua empapó los plubos.
De inmediato comenzaron a crecer.
Se expandieron.
Se pegaron al suelo.
Inmovilizándolo.
Mars
—¿¡Qué carajos!?
Nero no lo pensó.
Corrió y le dio una patada en la cara.
Mars salió despedido contra un poste.
Mars
—Eso fue por lo de hace rato… ¿no?
Nero asintió.
Nero
—Exacto.
¿Te dolió?
Mars se limpió la sangre del labio.
Sonrió.
Mars
—No.
Pero dime algo, Nero…
¿por qué no usas tu Resonancia?
¿Crees que soy tan débil como para que no la necesites?
Nero bajó un poco la voz.
Por primera vez.
Nero
—No, Mars… no eres débil.
Algo interfiere con el equilibrio de mi Resonancia.
No sé qué es.
Pero si pudiera usarla… ya lo habría hecho desde el primer segundo.
Mars lo miró con seriedad.
Mars
—Ya veo…
La Resonancia surge cuando el alma se estabiliza con la energía vital y física.
Al lograrlo, aparecen dos grados:
Creación y Potenciación.
Cada alma es distinta.
Hay personas que nacen con el mismo tipo de Resonancia, incluso dentro de una misma familia.
Si no logras estabilizar tu alma… no puedes usarla.
Eso es lo que le está ocurriendo a Nero.
Hay personas que destacan más en un grado que en otro.
Nero es muy bueno en Creación.
Mars es muy bueno en Potenciación.
Mars quemó los plubos de su pierna.
Mars
—Qué truco tan raro…
¿piensas pelear conmigo usando plantas?
Nero lo miró fijo.
Nero
—¿No lo estás viendo?
Mars se lanzó al ataque.
Pelea directa.
Cuerpo a cuerpo.
Nero se defendía bien.
Pero la explosividad y el fuego de Mars le daban ventaja.
Nero
—¿Estás enojado?
Mars
—No.
Solo tengo hambre.
Y acabaré con esto rápido.
Mars logró acertar un golpe directo al rostro de Nero.
El fuego le quemó las costillas.
Mars
—Como te decía… rápido.
Mars se distrajo un segundo.
Nero rompió en su cara un frasco.
Las esporas se esparcieron.
Nero
—Jajaja…
¿qué tal?
¿Crees que ese golpe no me dolió?
Luego te lo devuelvo.
Nero se alejó.
Mars empezó a marearse.
Nero ya no tenía más armas.
Solo le quedaba la savia corrosiva.
Cayó al suelo.
No inconsciente.
Pero con un dolor insoportable.
Nero
—No pensé que tu fuego doliera tanto…
Siento como quema mi piel.
Mars se llevó una mano a la cabeza.
Mars
—Eso que me tiraste…
¿qué era?
Me duele la cabeza.
Nero
—Esporas.
Tardan un poco… pero tarde o temprano te dejarán inconsciente.
Mars apretó los dientes.
Mars
—Entonces todavía tengo tiempo para vencerte.
Lanzó una ráfaga de fuego.
Nero salió volando y cayó contra la fuente.
Las monedas saltaron.
Su camisa se quemó por completo.
Nero
—Genial… era la única que tenía.
Ahora sí te ganaste otro golpe en la cara.
Mars rió, mareado.
Mars
—Hablas demasiado para alguien con el cuerpo quemado por mis llamas.
Nero aprovechó.
Lanzó la savia corrosiva.
Mars reaccionó al último segundo y la quemó.
Pero unas gotas le cayeron en los ojos.
Quedó cegado por un instante.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Nero agarró las monedas.
Y salió corriendo.
Mars logró verlo a lo lejos.
Y fue tras él.
No por orgullo.
Por hambre.
Si perdía ese dinero… no comería.
Pero Nero no corría por pánico.
Ni por desesperación.
Se dirigía a su verdadera base.
En el bosque.
Una pequeña casa del árbol hecha con madera y chatarra.
Allí guardaba su comida, su equipo y sus trampas.
Toda la zona estaba rodeada de mecanismos para alejar personas y animales.
Nero sonrió mientras corría.
Nero
—Perfecto…
me está siguiendo justo como lo planeé.
Lo llevaré a mi base…
y ahí terminará todo.
Mars gritaba desde atrás.
—¡Ven acá, cobarde!
—¡Deja de correr, esto no es una maratón!
Pero al llegar…
Nero se detuvo.
Sus trampas estaban destrozadas.
Su base… casi destruida.
Y en medio del lugar…
Había una forma extraña.
No era aliada de Mars.
Tampoco de Nero.
Había entrado solo… buscando comida.
Y lo había arrasado todo.
¿Qué es esa cosa?
¿Por qué está en la base de Nero?
¿Qué va a pasar ahora?
Todo eso…
se resolverá en el próximo capítulo de Reszonace