Una tarde normal
Capítulo 1
La tarde caía lenta sobre la ciudad.
Desde el ventanal del pequeño departamento se veía un paisaje bastante peculiar: edificios viejos mezclados con torres modernas, cables eléctricos cruzando entre azoteas, un dragón joven dormitando en lo alto de una antena de telecomunicaciones y, más abajo, un autobús autónomo que discutía con un policía robótico porque alguien había estacionado un carrito de tacos en medio del carril.
Nada fuera de lo normal.
Dentro del departamento, en cambio, la situación era mucho más seria.
—¡NO ES POSIBLE! —gruñó Cryx.
El control golpeó el sofá con un plaf seco.
En la televisión, la pantalla mostraba algo devastador.
2° lugar.
El personaje de Cryx, una versión pixelada y ligeramente ridícula de un fantasma con gorra, cruzaba la meta apenas unos segundos después del primero.
Helx levantó los brazos como si acabara de ganar una carrera olímpica.
—¡JA! ¡JAJA! ¡TE DIJE! ¡TE DIJE QUE NO ME ALCANZABAS!
Cryx no respondió.
Se quedó mirando la pantalla.
Inmóvil.
Helx lo observó con la experiencia de alguien que ya había visto ese momento muchas veces.
—…Oh no —murmuró.
Cryx giró lentamente la cabeza.
Sus cuatro ojos brillantes lo miraron con una calma que solo podía significar una cosa.
Violencia emocional.
—Esa… —dijo Cryx con voz suave— …esa carrera estaba arreglada.
Helx casi se atragantó de la risa.
—¿Arreglada? ¡Es Mario Kart!
—La concha azul estaba programada.
—No estaba programada.
—Estaba programada.
—Cryx…
—Helx.
—ES UN JUEGO.
Cryx señaló la pantalla como si estuviera presentando evidencia en un juicio.
—Tres plátanos.
Un caparazón rojo.
Una concha azul.
¿Sabes qué significa eso?
Helx cruzó los brazos, divertido.
—Que manejas horrible.
Hubo silencio.
Un silencio muy largo.
La sombra de Cryx se movió ligeramente en el suelo.
No como sombra.
Como algo vivo.
—…Te voy a lanzar por la ventana —dijo Cryx con absoluta calma.
Helx levantó las manos.
—¡EH! ¡EH! ¡TRANQUILO!
Cryx se recostó contra el sofá, exhalando.
Las sombras que rodeaban su cuerpo se agitaron un momento… y luego se calmaron.
—Odio este juego.
—Siempre dices eso cuando pierdes.
—Porque siempre pierdo por cosas injustas.
Helx agarró una bolsa de papas del suelo y se la lanzó.
Cryx la atrapó sin mirar.
—Toma —dijo Helx—. Come. Así se te pasa el berrinche.
Cryx lo miró.
—No es berrinche.
—Es berrinche.
—Es indignación justificada.
Helx volvió a reír.
Y ahí estaba la diferencia entre ellos.
Helx era luz.
No literalmente —aunque podía manipularla si quería—, pero su forma de ser era así: ligera, directa, impulsiva.
Creía en la gente.
Creía que las cosas podían arreglarse.
Y tenía esa costumbre peligrosa de lanzarse primero y pensar después.
Cryx, en cambio…
Cryx era otra cosa.
Su cuerpo parecía humano solo por cortesía con la realidad.
Su piel negra como vacío cambiaba de forma cuando se movía demasiado rápido, y su sombra nunca estaba exactamente donde debería.
Era el tipo de criatura que la gente miraba dos veces en la calle.
Primero por curiosidad.
Luego por instinto.
Porque algo en él decía claramente:
Esto no es del todo humano.
Y aun así, ahí estaba.
Sentado en un sofá viejo.
Comiendo papas.
Perdiendo en Mario Kart.
—Otra carrera —dijo Helx.
—No.
—Vamos.
—No.
—¿Tienes miedo?
Cryx lo miró.
—Helx.
—Cryx.
—Voy a elegir el mapa más injusto del juego.
—Hazlo.
—Voy a usar al personaje más roto.
—Hazlo.
—Voy a hacer atajos ilegales.
Helx sonrió.
—Hazlo.
Cryx tomó el control lentamente.
—Perfecto.
Helx seleccionó su personaje.
—Perfecto.
La cuenta regresiva apareció en pantalla.
3…
Cryx se inclinó hacia adelante.
2…
Helx sonrió confiado.
1…
La carrera comenzó.
Cinco segundos después—
—¡NO, NO, NO, NO, NO! —gritó Cryx.
Helx casi se cayó del sofá de la risa.
—¡JAJAJAJA! ¡YA TE PASÉ!
—¡ESO ES ILEGAL!
—¡ES UNA CURVA!
—¡ESA CURVA NO EXISTÍA!
—¡SIEMPRE HA EXISTIDO!
Cryx apretó el control como si quisiera romperlo.
Y durante unos segundos…
Todo fue normal.
Solo dos hermanos discutiendo por un videojuego.
Nada importante.
Nada extraño.
Nada que indicara que, muy pronto, algo iba a aparecer en sus vidas.
Algo que no pertenecía a su ciudad.
Ni a su mundo.
Ni siquiera… a su realidad.
Pero por ahora—
—HELX.
—¿Qué?
—Te juro que si ganas otra vez voy a invocar algo.
—¿Como qué?
Cryx sonrió.
Una sonrisa peligrosa.
—Todavía no lo decido.
Helx volvió a reír.
—Entonces apúrate.
Porque ya voy en primer lugar.
Cryx miró la pantalla.
Silencio.
Y luego murmuró:
—…Esto se volvió personal.