Capítulo 1
Cuando atravesó la puerta, la música se aclaró. Las siluetas de la muchedumbre fueron borrosas. Giró la mirada una y otra vez buscando. No lo encontró en el lugar de siempre. ¿Hoy llegará tarde?
Avanzando a su lugar junto al de Alastor, la voz chillona conocida le hizo voltear. No lo había visto antes. El día de hoy el lugar estaba más lleno que de costumbre. Minzi se encontraba bailando; su vestido rosa fue lo primero que notó, para después ser desplazado a una nimiedad al mirar a su pareja de baile. Alastor se encontraba bailando con su amiga. ¿Qué sentir? Alastor parecía fastidiado… No, no parecía. Vincent lo sabía: Alastor estaba irritado.
¿Minzi nuevamente le habría obligado a ser su compañero de baile? ¿O es que, al intentar pasos atrevidos, su compañera no pudo seguirlo, haciendo que este mantuviera atados sus pasos a unos lentos y monótonos? Era probable.
¿Debería acercarse y salvarlo? ¿Alastor se molestaría o internamente le estaría agradecido?
Primero tendría que preparar sus cartas. La radio y el gramófono que emitían tan aclamado ritmo le dieron una idea.
Sus dedos se juntaron formando una chispa azulada, mandando las señales a los aparatos.
La música cambió de ritmo, trayendo consigo la molestia de la pequeña acompañante de Alastor.
—Hey —se detuvo de su baile—. ¿Quién cambió el ritmo? Estaba llegando al mejor momento.
Abriéndose paso rápidamente entre la multitud, Vincent se acercó a la pareja. Con una sonrisa hecha para las masas saludó:
—Buenas noches, Minzi. Espero que una dama tan distinguida como tú me permita…
No logró terminar sus palabras. La animada Minzi soltó a Alastor de inmediato para tomar su mano.
—Claro que sí, lindura. Un baile no se le puede negar a un caballero de gran estatus, ¿verdad?
Alastor se alivió, pero no lo demostró; solo siguió observando a dónde iba la conversación, buscando un momento para retirarse.
Vincent salió de su desconcierto.
—Oh, no, señorita. Veo que confundió mis palabras.
La melodía empezó a tomar forma. Los primeros ritmos llamaron la atención de Alastor, quien solo limitó a mover las orejas.
Carajo, está a punto de empezar. Miró a Alastor, quien aún estaba distinguiendo el ritmo, y se abalanzó dejando la mano de Minzi suspendida en el aire.
—En realidad decía si podría prestarme a su acompañante. Y como la música está comenzando, será mejor si se apresura a buscar un nuevo compañero, ¿no cree? —Ahora delante de Alastor, su mano se estiró.
—¿Qué? —La indignación fue rápida, siendo desplazada a mirada entre los dos hombres. Minzi hizo un puchero sin querer hacer escándalo—. Bien, te lo pierdes, cariño. —Se retiró.
No volteó a averiguar si ella ya se había ido; su vista desde el comienzo persiguió el color rojo delante suyo.
—Al parecer tus trucos están mejorando, Vincent —Alastor no tomó la mano de Vincent; levantó la ceja esperando una respuesta.
Las letras de la música empezaron a llenar el bar. Las parejas se emparejaron tratando de no perderse el ritmo.
—¿Me permites tener esta pieza? Y podré contarte de mis trucos.
—¿Crees que unos trucos baratos valen mi tiempo, querido? ¿Te sobreestimas o me subestimas?
La música empezaba a tomar forma.
—Sé que te gusta esta música. Recuerdo que me lo comentaste hace unos días. ¿Cómo podría olvidar información más valiosa?
Las palabras parecieron divertir a Alastor. Sus hombros bajaron mientras una de sus manos se posó en sus labios.
—Tu lengua mejora cada día más, querido Vincent. Aunque me temo que tengo que informarte que la miel solo funciona para atraer moscas.
La mano de Vincent que aún seguía suspendida fue tomada. El peso le agradó; el calor y el brillo de diversión en Alastor fueron respuesta a un sí.
Heaven, I’m in heaven
And my heart beats so that
I can hardly speak
When we’re out together dancing cheek to cheek
La mano de Vincent siempre fue más grande que la de Alastor. Tal vez es por eso que en cada baile que el otro le permitía, le resultaba tan gratificante ver cómo su mano encajaba perfectamente en la cintura de Alastor, mientras que la otra casi cubría por completo la mano del contrario.
La suave melodía acompañada de las letras al parecer relajó a su compañero, ya que las cejas arrugadas del comienzo disminuyeron en gran medida. No logró ver el rojo de sus ojos, ya que se mantuvieron cerrados disfrutando. Los pasos de ambos eran lentos.
When we’re out together dancing
Cheek to cheek
—Veo que ahora eres capaz de mover mejor tus dos pies, Vincent. Aunque cualquier persona con dos pies y un mínimo de cerebro podría lograrlo.
El calor del aliento fue lo primero que le llegó a la mejilla, seguido del calor de sus mejillas.
—Pero eres consciente de que no cualquiera puede seguirte el ritmo, ¿verdad, Al? ¿Acaso eso no me hace uno de los pocos?
La pequeña cintura fue soltada para seguir con el baile, aunque esto duraría poco; la canción seguía su mejor ritmo.
Dance with me
I want my arms about you
Nuevamente la cercanía fue inevitable.
—Temo informarte, Vincent, que si bien tus pies parecen más coordinados, el baile no requiere la fuerza con la que atraes a tu pareja.
Los hombros de Vincent, debajo de una de las manos de Alastor, se pusieron rígidos al notar que era cierto. Mas sus pies siguieron manteniendo el ritmo, perdiendo un poco la velocidad.
—Ahora no es momento de perderse, querido. Viene la mejor parte.
When we’re out together dancing
Cheek to cheek
La música suave junto con los movimientos de Alastor pasaron a ser feroces por unos instantes, trayendo consigo la conciencia de Vincent nuevamente, dejando la vergüenza de lado del error antes cometido.
Alastor soltó su agarre del cuerpo de Vincent siguiendo la melodía. Su rostro estaba relajado; sus pasos eran tan limpios que Vincent casi no pudo apartar la mirada, queriendo nuevamente juntar sus cuerpos y sentir la calidez del otro. Y cuando la música dio paso al momento en que se tenían que unir, no la desaprovechó, siguiendo exactamente los pasos de su compañero.
Las vueltas juntos fueron esos momentos que quería guardar siempre en su memoria. Solo en esos momentos podía observar esa sonrisa relajada y cálida de Alastor hacia él, sus rostros casi juntos, seguidos por la melodía rítmica que fascinaba a su compañero de baile.
Sus pupilas se encontraron. Alastor sonrió. Oh mierda. Vincent se volvería loco con esa sonrisa traviesa de su compañero, al saber que estaba a punto de venir.
—¿Asustado?
—Nunca.
Los últimos pasos relajados dieron la bienvenida nuevamente a una parte de la melodía agresiva que se escuchó en todo el bar. La pareja no se perdió y, siguiendo los movimientos de su compañero, continuaron. Fueron segundos rápidos e inolvidables en la mente de uno.
Cuando volvió la calma nuevamente, se acercaron; no duró. La fuerte melodía volvió a sonar. Los pasos eran fuertes y decididos. La última escena trajo consigo ambos cuerpos juntos, sujetándose fuertemente, dando vueltas agresivas y cometidas sin miedo alguno… y la calma volvió. Un viaje de emociones y pasos agresivos y pasivos, extasiantes y agradables. Exactamente el tipo de emociones que Alastor gustaba sentir y que Vincent no podía evitar sentir también.
El baile culminó. La última vuelta dictaba que Vincent soltara a su pareja y volviera frente a él para encontrar miradas, y así lo hizo. Encontrándose con la sonrisa y leve rubor de Alastor delante suyo, respirando un poco más discordante que su habitual estilo.
Esos eran los momentos que atesoraré siempre.