Aceptación

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Summary

Está bien estar mal.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

PARA TÍ, PEQUEÑA QUE LE GUSTA LLORAR EN SILENCIO: NO ES TU CULPA SER ASÍ, NI ES MALO SER TÚ.

«ESTÁ BIEN ESTAR MAL» —BRUSES.

Prólogo

Nuestras creencias son capaces de hundirse en nuestra mente y reprimir lo que somos, por temor a un ser celestial. A veces no es malo ser nosotros, elegirnos y amarnos.

Eso me sucedió: me negué a mi misma, porque según mi fe y religión estaba mal. Era pecaminoso, inmoral, desagradable.

Había que volver algunos años al pasado. A la edad de ocho o nueve años. Había invitado a mi vecina a jugar a mi casa. Todo había transcurrido normal de forma inocente hasta que ocurrió algo que jamás se borraría de mi cabeza.

Veíamos algo en la televisión. No sé, algo que no era para nuestras edades.

Los niños siempre replican lo que ven.

Un secreto. Mi respiración se había dificultado y cuando estábamos por unir nuestros labios… hui, corrí como si hubiera hecho algo imperdonable y los siguientes días dudé de salir de mi casa. Yo creí que ella se lo contaría a sus padres y ellos a los míos, cosa que iba a hacer que me pusieran un castigo o que me dieran una golpiza.

Vamos, año 2013, que nostalgia.

Hubo otros momentos en mi vida que reflejaban mi preferencia y mis gustos hacia las mujeres, pero los ignoré. Quise convencerme de que mi tardía reacción hacia los hombres era solo porque no estaba interesada en el sexo. Así que durante un buen tiempo me convencí con la mentira de que era asexual… recordar eso ahora da mucha risa.

A los doce años me interesé en las parejas del mismo sexo. Pero solo centrado en la parte homosexual. Evitaba con fuerza lo relacionado a las mujeres.

Y entendí que no habían sido manipulados por el diablo, ni tentados por Satanás. Solamente era amor. No como lo había conocido, pero lo era.

El año 2017 me pegó fuerte, no solo por sus ataques directos hacia mis ideas y a lo que yo creí ser, sino porque ese año fue mi bautizo.

Tal vez no debí escuchar a mi mamá en aquel momento, ya que, eso se convirtió en mi atadura. Una que no me dejaba ir, por más que quisiera, del camino de mi fe y religión. Y entonces empezó la depresión, una de las etapas más horribles de mi vida.

Varios intentos de matarme por sentirme fuera de lugar. Era diferente para el mundo y para la congregación a la que iba; claro, delante de ellos, yo era una sierva ejemplar… virgen, amable y siempre dispuesta a trabajar para Dios.

Pero dentro de mi cabeza había un lio, el deseo de probar las cosas prohibidas, lo que antes no había experimentado por temor a Dios.

Al final, tantas emociones llegaron a un punto tan alto que tuvieron que explotar. A los quince años me masturbé por primera vez… y con ello llegaron las ganas de cortarme la piel en un intento de redimir mi pecado.