Prólogo
«El control es poder, un poder que en manos equivocadas puede ser letal»
Hace un largo tiempo...existió una mujer llamada Hesteria, quien cansada de ser ignorada por su pueblo, camino en el umbral de la noche hasta el mas extenso y cristalino lago, acudió a la divinidad mayor...Luna, suplicando por el respeto de su pueblo.
La luna accedió, entregándole el «cáliz Panspérmico» un artefacto hecho del polvo de las estrellas más viejas e importantes del espacio, claro, a cambio de algo.
— El Cáliz Panspérmico no te dará lo buscas — musitó el eco la luna a Hesteria —— Pero será necesario para lo que quiero a cambio, quiero que seas mi portavoz de carne — exclamó en su tono susurrante el gigante brillante—— Con los dones que te daré, quiero que le enseñes a tu pueblo, Hesteria, a ser a mi semejanza. Gente serena, tranquila y que no se precipite por ir demasiado a la prisa, que deje que el frío viento nocturno los lleve a donde esté decida — la luna brilló de forma más intensa —— Pero antes de que eso suceda...da un paso al frente, hija mía.
A Hesteria le pareció algo imposible, porque, lo que seguía después de donde se encontraba era...el lago
Confiando en las palabras de la Luna, Hesperia dio el primer paso, esperando sentir el estado líquido del agua cubrir su pierna, sin embargo...su pie seguía en la superficie.
Dio un paso más, y luego otro. Hesperia no se hundía, al contrario, se mantenía a flote, mientras que cada movimiento, por más mínimo que fuera hacía que se formaran ondas bajo sus pies, que, se perdían en la oscuridad del lago. Caminó hacia el centro del cuerpo de agua que se mantenía pacíficamente silencioso.
Hesteria observó el reflejo de la luna en el agua, que no le hacía justicia al verdadero e imponente tamaño de la Luna. De esta distante representación de la divinidad, una figura emergió desde las profundidades del lago.
En un deslumbrante destello blanco se fue formando la esbelta y nívea figura de una mujer, una mujer albina de larga cabellera hasta los tobillos y ojos igualmente blanquecinos que la observaban fijamente.
— Baila conmigo, Hesteria — habló la voz de la luna que iba dejando un eco suave y distante, a su vez que ofrecía su mano a la humana con delicadeza—.
Así, en un elegante y silencioso baile, Hesteria y la Luna compartieron un momento de introspección y sinceridad, donde cada movimiento, cada ondulación de los cabellos de ambas figuras hacían que las algas en lo profundo del lago brillarán como luces parpadeantes hasta volverse un espectáculo a la vista que las dos no tuvieron la oportunidad de ver.
En un momento dado, del cáliz en la mano de Hesteria un misterioso brillo celeste se formó en el objeto, que pronto se volvería una niebla aromática que lograba transmitir los olores más deliciosos posibles, una combinación que traspasaba lo humanamente posible.
Cuando la niebla comenzó a salir, creo una pared al rededor de las dos, donde en el paso final de su danza se dispersaría en una capa de polvos amarillos y celestes que se perdieron en el fondo del lago.
— Todo depende de ti ahora, Hesteria — habló la voz de la Luna, quien antes de marcharse acompañó de la mano a la humana hasta la orilla del lago.
Eso es a lo que hoy le llamamos Hesperia, el continente de la calma y la tranquilidad, un sitio donde la gente, en honor a la portavoz honra su legado, y preserva el Cáliz Panspérmico en las entrañas del reino.
Todo es paz ahora mismo....
Cierto?