Usurpador de recuerdos

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Summary

Una mujer que despierta de un coma de dos años y no reconoce a su esposo ni a su propio hijo. Ella está convencida de que su verdadera vida está con otro hombre que la busca en las sombras, pero pronto descubre que sus recuerdos podrían ser su peor enemigo y que alguien manipuló su mente mientras ella dormía.

Genre
Thriller
Author
Yoc
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1 "El engaño"

VICTOR

Se dice que la felicidad es silenciosa, pero para mí tenían otros planes, aquella tarde mi felicidad tenía el sonido rítmico de un monitor cardiaco y la respiración suave de un recién nacido.

Estaba sentado en el sofá de nuestra habitación, observando la cuna. Tres semanas. Habían sido 3 largas semanas de mera angustia en la unidad de cuidados neonatales, de cables y de cristales que me separaban de mi hijo. Pero finalmente eso había quedado atrás pues ya estábamos ahí los tres juntos como debía de ser. Mañana al fin todo esto se acabaría, mañana cruzaríamos el umbral de nuestra casa y esta pesadilla hospitalaria seria solo un mal recuerdo en nuestro álbum familiar.

- Se quedó dormido- susurro Emily desde la esquina de la cama.

- Sí, es muy hermoso nuestro hijo- contesto Víctor.

- Podrías cuidarlo, necesito ir al baño- aspecto Emily, dirigiéndose al baño.

Me gire para mirarla. Estaba pálida demasiado sí, pero aun la veía hermosa como siempre, aun vistiendo esa bata color azul pálido, con el cabello recogido en una trenza desecha.

Me regalo una sonrisa cansada, de esas sonrisas que te dicen “Todo está bien”, dirigiéndose al baño para terminar de arreglarse.

- Te amo Emily- le dije, aunque ella no podía oírme por el ruido del agua corriendo.

Me incline en la silla, cerrando los ojos por un segundo, saboreando el silencio. Pero esta paz duro apenas un suspiro.

Lo primero que rompería esta calma no fue un grito. Fue un golpe

Un sonido seco, sordo y pesado que vibró en el suelo bajo mis pies. Como si un bulto de arena hubiera caído desde una gran altura. Me puse de pie de un salto, con el corazón golpeando en mi pecho, clocando al bebe con cuidado en la cuna.

- ¿Emily? - llamé. El silencio que siguió fue más aterrador que el golpe

- ¿Amor? ¿Estás bien? -

Caminé hacia la puerta del baño. Estaba abierta, pero algo la bloqueaba desde adentro. Empujé con suavidad, luego con fuerza, hasta que el peso del otro lado cedió con un gemido de madera.

Lo que vi en ese pequeño espacio de azulejos blancos me marcaria para siempre.

Emily mi amada estaba tendida en el suelo, su teléfono estaba roto aun sonando con una última notificación silenciosa antes de que la pantalla se apagara, en ese entonces no lo sabía, pero esa notificación sería el primer clavo de la desgracia.

Un hilo de sangre, rojo y brillante, comenzaba a dibujar un camino desde su nuca hacia la coladera de la ducha. Sus ojos estaban abiertos, pero no me miraban, estaban fijos a un punto invisible en el techo mientras el agua del lavabo, que ella nunca cerró, seguía corriendo, ajena a la tragedia.

- ¡Emily! ¡No, no, no! - caí de rodillas, sin importarme que mis pantalones se empaparan de sangre.

La tomé con delicadeza en mis brazos, sintiendo su piel aún cálida, mientras el mundo exterior desaparecía. En ese instante, bajo las luces fluorescentes del hospital, todo se iba derrumbando, todo mi mundo se acababa.

- ¡Ayuda! - gritaba hacia al pasillo en busca de un médico.

Emily movió los labios. Su mirada estaba desenfocada, perdiendo el brillo a cada segundo. Levanto una mano temblorosa, buscando la camisa de Víctor. Él se inclinó de inmediato, pegando su frente con la de ella, llorando sin consuelo.

- Víctor… – susurro ella, con una voz que apenas lograba salir de su garganta.

- Estoy aquí mi amor, estoy aquí. Ya vienen, aguanta un poco más, por favor… -

- Prométemelo… - sus ojos buscaron ciegamente la puerta que daba a la habitación hacia donde se encontraba él bebe en su cuna

- Cuida de mi bebé… cuídalo por mi

- Lo cuidaremos juntos. No te despidas, Emily, ¿Me oyes? ¡No te atrevas a dejarme! – le suplicó, apretando su mano contra su pecho como si pudiera transferirle sus propios latidos.

Ella le regaló una última, minúscula y triste sonrisa.

- Te amo.

Sus ojos se cerraron. El peso de su cuerpo se volvió muerto entre los brazos de Víctor, y su mano resbaló, cayendo inerte contra el suelo.

- ¡Emily! – el grito de Víctor no fue humano; fue el aullido de un animal herido.

La rabia y la impotencia lo consumieron. No iba a esperar a que esos malditos médicos llegaran cuando ya fuera tarde. Movido por la pura adrenalina de la desesperación, Víctor pasó un brazo debajo de sus rodillas y el otro por su espalda. La levanto en brazos, sintiéndola ligera.

Salió del baño a trompicones, pasando por alto la cuna de su hijo, con la ropa manchada de sangre y lágrimas en el rostro. Pateó la puerta de la habitación para abrirla y salió al pasillo corriendo con su esposa inconsciente apretada contra el pecho. En su cabeza cruzaban miles de recuerdos felices con ella, el terror de perderlo todo lo derrumbaba.

- ¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude, mi esposa se está muriendo!

El eco de su voz por fin rompió la inercia del hospital. De pronto, el pasillo se llenó de ruido. Dos enfermeras doblaron la esquina corriendo, seguidas por un médico residente que empujaba una camilla de emergencias.

- ¡Póngala aquí, señor, rápido! – ordeno el médico

Víctor coloco a Emily sobre la camilla con manos temblorosas. En cuestión de segundos, la rodearon. Alguien le puso una mascarilla de oxígeno; otro le rasga la manga de la bata para buscar una vena.

- Traumatismo craneoencefálico severo, ésta perdiendo mucha sangre, preparen el quirófano tres – gritaba el médico mientras empujaban la camilla a toda velocidad por el corredor -. ¡Código azul!

Víctor intento correr tras ellos, agarrando la mano de Emily que colgaba por el borde de la camilla, pero unos brazos firmes lo detuvieron. Era un enfermero de seguridad.

- Señor, no puede pasar de estas puertas. Tiene que quedarse aquí.

Las puertas dobles de la sala de urgencias se cerraron de golpe en su cara, cortando de tajo la imagen de su esposa. Víctor se quedó solo en medio del pasillo brillante. Miro sus manos, manchadas de rojo, y sintió que el aire le faltaba.

Camino de regreso arrastrando los pies, como si fuera un fantasma. Entró a la habitación y tomó al bebé en brazos, manchando la suave manta blanca con sus huellas ensangrentadas. Lo meció contra su pecho, llorando en silencio mientras miraba el charco oscuro que manchaba el suelo del baño.