Capítulo 1
Habían pasado cinco días desde la ruptura más humillante de la vida de Melina. Cinco días de mirar su teléfono, solo para recordar que su ex había decidido desaparecer y que su mejor amigo, James, seguía intentando contactarla.
“Solo cinco minutos, por favor.”
“No ignores esto, Mel.”
“Necesito hablarte.”
Ella los había ignorado todos. No quería hablar con nadie. Menos con él.
Pero allí estaba, apareciendo frente a la cafetería, como si nada hubiera pasado. Y, por supuesto, era imposible no notarlo: alto, musculoso, hombros anchos, brazos fuertes que se marcaban incluso bajo la sudadera, y ojos profundos que parecían leerla. Su sonrisa combinaba confianza, travesura y algo que siempre la desarmaba.
—Vaya… cinco días y todavía sobreviviendo al escándalo —dijo James, arqueando una ceja, apoyándose en el marco de la puerta.
Mel cruzó los brazos, intentando ignorar el rubor que subía a sus mejillas. Su cabello rubio en tonos miel brillaba bajo el sol, y sus ojos claros reflejaban cansancio y orgullo.
—Sobreviviendo mejor que tú, seguro —respondió, tratando de sonar indiferente.
James suspiró con frustración.
—Te he mandado mensajes, Mel. No es justo que me ignores.
—No quería hablar con nadie —dijo ella—. Especialmente contigo.
Él dio un paso más cerca, y el aroma masculino que desprendía hizo que Mel sintiera un escalofrío.
—Entonces vamos a hablar ahora, aunque sea cinco minutos.
Por un instante, Mel recordó… habían sido “novios de niños”. Tomarse de la mano en el parque, prometer ser siempre amigos, pequeñas travesuras. Luego crecieron, las peleas tontas, la vergüenza y la etapa en que “tener novios no era cool” los separaron. Pero siempre estuvieron cerca, sin decirlo. Esa historia hacía que la cercanía de James ahora se sintiera extrañamente familiar.
—De acuerdo… —dijo Mel—. Háblame. Pero que quede claro: esto no significa nada.
James se sentó frente a ella, lo suficientemente cerca como para que sus piernas se rozaran accidentalmente, y apoyó los codos sobre la mesa.
—Escucha, Mel. No voy a andar con rodeos. Tengo un trato que proponerte, y creo que ambos nos beneficiamos.
Mel arqueó una ceja.
—¿Un trato?
—Necesitamos fingir ser novios, por unas semanas. Nada más. Nadie sabrá que esto es un acuerdo.
—¿Y por qué yo? —preguntó, incrédula.
—Porque tú eres la única que puede hacerlo bien —dijo James—. Y además, esto te conviene: tu ruptura te dejó fuera de ciertos círculos a los que quieres, debes o necesitas pertenecer. Fingir que estamos juntos te devuelve acceso a esos espacios, y mientras lo hacemos nadie cuestionará tu vida amorosa.
Mel lo miró, procesando. Tenía sentido. Podía mantener cierto control sobre su vida y reputación, además de recuperar acceso social perdido.
James sonrió, y un destello en sus ojos dejó entrever que había algo más detrás de su insistencia, algo personal, que no estaba listo para explicar aún.
—Digamos que hay cosas… personales, familiares, que hacen que este acuerdo sea más importante de lo que parece —dijo, con un tono serio que la hizo fruncir el ceño—. Ya verás.
Suspirando, Mel extendió lentamente la mano.
—De acuerdo —dijo—. Pero si rompes alguna regla…
James la tomó con firmeza, sosteniéndola mientras su sonrisa se volvía peligrosa.
—…entonces me vas a besar.
Mel parpadeó, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Esa chispa que él siempre provocaba estaba viva y más intensa que nunca. Entre viejos recuerdos, reglas complicadas y tensión imposible, comenzaba su acuerdo: fingir ser novios, mientras lidiaban con miradas indiscretas, roces accidentales y la certeza de que ninguno de los dos estaba preparado para lo que realmente sentirían.








