Enredaderas cruzadas

All Rights Reserved ©

Summary

Las leyendas hablan de dragones, pactos antiguos y maldiciones que jamás fueron rotas. Pero algunas historias deberían permanecer enterradas. Entre dos reinos enemigos, donde la traición corre por la sangre y las antiguas maldiciones aún susurran entre las piedras, cada decisión tiene un precio. Cuando caminos prohibidos se cruzan y enemigos destinados a odiarse comienzan a cuestionarlo todo, la línea entre la verdad y la mentira se vuelve peligrosa. No es una historia de héroes. No es un cuento de hadas. Aquí el amor no siempre salva... a veces condena. Porque en estos reinos hay una pregunta inevitable: Si descubrieras que todo tu mundo es una mentira... ¿seguirías sabiendo en quién confiar?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

1 - ¿Quién eres?

Año 250

Reino de Iskandria

—No… no, no, no… dime que es mentira —dijo él con la voz temblorosa.

La miró fijamente, como si necesitara confirmar que lo que acababa de escuchar era real. De pronto se acercó y la sujetó por los brazos, sacudiéndola con desesperación.

—¡Dime que es mentira! —exclamó.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por el rostro de Larissa.

—No sé qué decirte… no sé qué hacer —suplicó—. Por favor… ayúdame… di algo.

Él la soltó y se dio la vuelta, pensativo.

—¿Qué quieres que diga? —respondió con frialdad, observándola unos segundos—. Ya sabes lo que tienes que hacer. La solución es fácil.

—¿De qué hablas? —preguntó Larissa, confundida.

Intentó comprender sus palabras, hasta que una idea terrible cruzó su mente.

—No… no me estarás pidiendo eso, ¿verdad?

La rabia comenzó a crecer dentro de su pecho.

—¡¡¿CREES QUE ES ASÍ DE FÁCIL?!! —gritó—. ¿Cómo puedes pedirme algo así?

Él comenzó a caminar en círculos alrededor de ella, con las manos entrelazadas detrás de la espalda, como si estuviera evaluando una situación estratégica para accionar.

—Entonces dime tú qué otra solución tienes —replicó con tono autoritario.

—Podríamos… huir —dijo Larissa nerviosa—. Sí… eso… podríamos escapar. Tenemos todo a nuestro favor. Podríamos hablar con Certerus. Mi mayordomo es de confianza, él podría—

—¡Basta! —la interrumpió.

Se acercó lentamente, mirándola con desprecio.

—¿Estás loca? —dijo con frialdad—. Mírate. ¿No te das cuenta de lo que estás diciendo?

Hizo una pausa y soltó una risa amarga.

—¿Certerus? A ti quizás te protegería… ¿pero a mí? —dijo con sarcasmo—. Él sería capaz de arruinar todos mis planes. Y créeme… no estoy dispuesto a ceder en esto.

De repente su expresión cambió.

—Maldita sea, Larissa…

Tomó un jarrón cercano y lo lanzó contra el suelo.

El vidrio estalló en cientos de pedazos. El agua se derramó formando un pequeño río sobre el suelo, mientras las flores flotaban entre los fragmentos blancos.

Retrocedo torpemente unos pasos.

En sus ojos había algo que nunca había visto antes.

Odio.

¿Estoy… sintiendo miedo?

No.

¿Cómo podría temerle al hombre que amo?

Al hombre que conozco desde hace más de una década…

Al que atravesó aquel largo pasillo detrás de los reyes el día que fue presentado ante la corte.

Desde ese momento lo amé más que a nadie.

Más que a mí misma.

De pronto vuelvo a la realidad.

—No voy a abandonar todo lo que he construido por ti —dijo él mirándome directamente a los ojos, con un tono áspero.

Fue como si mil dagas atravesaran mi pecho.

No.

No podía haber dicho eso.

Debí haber escuchado mal.

—¿A qué te refieres? —preguntó Larissa con incredulidad—. No te comprendo.

Él soltó una carcajada grotesca.

—Exactamente a lo que escuchaste, mi querida Laris. Esto se termina aquí. Has ido demasiado lejos.

La miró con desprecio.

—Aunque debo admitir algo… nunca pensé que tu estúpida cabecita sería capaz de planear algo así.

Siento como si mi mundo se derrumbara. Como si todo lo que conocía se estuviera destruyendo frente a mí.

—Solo fuiste un juguete más para mí —añadió él.

Mi cuerpo pierde el equilibrio.

Intento apoyarme en la mesa donde estaba el jarrón, pero sin darme cuenta apoyo la mano sobre un fragmento de vidrio.

El vidrio rasga mi palma.

El dolor es inmediato.

Intento no hacer ruido mientras presiono la herida para evitar que la sangre manche mi vestido lila.

Pero ese dolor no es nada comparado con lo que siento en el pecho.

—T… tú… dime que es mentira… —balbuceo con la voz quebrada—. No puedes estar hablando en serio…

Me acerco a él y sujeto su uniforme rojo, donde brilla la insignia de un dragón dorado.

—¡Dime que es mentira! —suplico—. ¿Cómo puedes hacerme esto? Yo… yo te amo…

De pronto…

Un golpe seco.

Cuando reacciono estoy en el suelo.

Me duele… pero… ¿Dónde?

De repente siento un ardor.

Mi mejilla arde.

Levanto la mirada hacia el espejo.

Tengo la cara roja, con pequeñas gotas de sangre. Mi piel es demasiado sensible.

Mi vestido está arrugado y mojado por el agua del jarrón.

Mi cabello, adornado con una tiara con el símbolo de mi reino —un oso con dos garras y ojos feroces—, está completamente desordenado.

Él vuelve a acercarse.

Me toma de la mandíbula con fuerza.

—No es mi responsabilidad ayudarte —dice con frialdad—. Tú sola caíste en esto.

Su mirada es cruel.

—Y para ser sincero… odio todo de ti. Tu voz de niña ingenua, tu soberbia… como si este maldito reino fuera superior a todos.

Se inclina hacia mí.

—Solo te necesité para acercarme a la corona. Ya no me sirves de nada.

“Solo te necesité para acercarme a la corona.”

“Solo te necesité para acercarme a la corona.”

Esas palabras se repiten una y otra vez en mi mente.

Todos esos años. Todas esas sonrisas. Esas tardes juntos. Los cumpleaños. Los besos. Las caricias.

¿Todo fue una vil mentira?

Me suelta como si fuera basura.

—¿Cómo puedes decir algo así…? —murmuro apenas—. Si piensas que esto es por él… te juro que no…

—No me interesa —responde con una sonrisa burlona—. Ya no tengo que fingir.

Vuelve a reír.

—Nunca me importaste. Solo quería aumentar mi poder… contactos, prestigio…

Sus ojos brillan con ambición.

—Y gracias a ti encontré a mi futura soberana.

Intenta acercarse nuevamente, pero aparto su mano.

—¡Aléjate! —grito—. ¡No quiero que te acerques!

Él vuelve a sujetarme del mentón y me obliga a mirar el espejo.

—Mira bien —dice con crueldad—. Princesa… estás acabada.

Mi tiara está en el suelo.

Mi maquillaje corrido.

Mi habitación hecha un desastre.

Estoy completamente a su merced.

Si quisiera matarme ahora mismo… podría hacerlo.

Él saca una espada y apoya el filo en mi cuello.

El frío del metal me hiela la sangre.

Mis manos no paran de temblar.

¿Por qué me está pasando esto?

—Pero si te deshaces de eso… todo se solucionará —continúa.

La punta de la espada desciende lentamente hacia mi pecho.

—Pero aun así… no quiero volver a verte cerca de mí.

Trago saliva. Apenas puedo respirar.

—Si dices algo… terminarás bajo tierra.

—¿Entendido? —pregunta.

Intento hablar, pero el miedo me paraliza.

Él guarda la espada.

—Vamos, querida. No es para tanto.

Se dirige hacia la puerta.

Antes de salir se detiene.

—Haz como si nunca me hubieras conocido.

Su voz se vuelve helada.

—O haré que jamás lleves esa corona en tu vida.

Sale de la habitación y cierra la puerta con violencia.

El silencio llena todo el lugar.

Quedo inmóvil.

Me llevo la mano al pecho por inercia, asegurándome de que sigo respirando.

¿Cómo es posible que tantos años terminen así?

Muchos me habían advertido que no confiara en alguien de sangre mestiza.

Pero yo no quise escuchar.

Aprieto los puños.

Un torbellino de odio comienza a crecer dentro de mí.

—Me vengaré… —susurro.

Mis ojos arden.

—Aunque tenga que quemar todo un imperio y volverlo cenizas.

FIN DE FLASHBACK ,PRESENTE

Año 268 Reino de Ardalion

Madeline

—¡Magnus! ¡No te acerques tanto al puente, te vas a caer! —gritó Madeline, intentando acercarse a la barandilla del viejo puente de madera. La estructura se alzaba a una altura vertiginosa, y unos largos fierros de metal incrustados en la madera eran lo único que separaba a cualquiera del interminable acantilado que se abría debajo.

El viento soplaba con fuerza entre las rocas del valle, haciendo que el puente crujiera con cada paso.

—Sabes que esto es una mala idea… —añadió nerviosa—. Deberíamos irnos ya.

—Ya, ya, hermanita —respondió Magnus con tranquilidad—. Recuerda que soy mayor que tú y sé lo que hago.

De pronto tropezó con su pie izquierdo. Magnus estaba escalando por una abertura en la roca que conducía hacia una cueva. A un costado de la entrada caía una cascada que descendía directamente hacia el acantilado, empapando toda la zona y volviendo resbaladizas las piedras.

Aquel lugar estaba estrictamente prohibido.

No solo porque era peligroso, sino porque aquella cascada era la única fuente de agua del reino. Ardalion era un territorio rocoso, seco y cubierto de piedras calientes. Además, ese punto se encontraba casi en el límite con el reino enemigo.

Por esa razón… y por antiguas supersticiones, nadie debía acercarse allí.

Algunas rocas se desprendieron bajo los pies de Magnus y cayeron por el abismo, perdiéndose en la profundidad del acantilado.

Se raspó la mano, pero logró estabilizarse y terminó de escalar hasta asomarse a la entrada de la Cueva Prohibida.

—¡MAGNUS! —gritó Madeline con el corazón acelerado.

—Shhh —susurró Magnus—. Nos van a escuchar. Estoy bien. Ahora pásame el farol con la rama, como acordamos

Madeline apretó los labios

—Insisto en que esto es una muy mala idea —dijo—. Si los guardias llegan a vernos… no… ¡MUCHO PEOR SI TU MAMÁ SE LLEGARA A ENTERAR!

—Ya, Madeline —me interrumpe Magnus—. No perdamos tiempo. Pásame el farol, todo estará bien. Además, ya hemos ideado este plan hace muchos días. Ten más confianza en este hermano… me ofendes, querida ratoncita

Madeline suspiró con cansancio

—De verdad… eres imposible. Y ya te dije que no me digas así

Me pongo de puntitas y estiro el brazo lo más que puedo mientras me sujeto al puente. La baranda se mueve ligeramente

La verdad… odio las alturas. En especial esta

Cada paso que doy hace que la madera cruja bajo mis pies. El puente se balancea suavemente y tengo la sensación de que podría caer en cualquier momento.

Entonces miro hacia abajo

El acantilado se abre bajo mis pies como una boca infinita

Un hormigueo recorre mis piernas

Mi corazón empieza a latir con fuerza, de forma desquiciada

No estoy segura de poder dar otro paso

—Madeline… ¿qué ocurre? —preguntó Magnus, mirándome con duda, sin comprender lo que sucede mientras observa el acantilado.

Su voz me saca del trance

Lanzo la rama con el farol hacia arriba.

—¡Aquí va! ¡Sujétala!

Magnus la atrapa sin dificultad

—Recuerda que en diez minutos tienes que estar bajando —añado—. El descanso de los guardias terminará pronto.

—De acuerdo —respondió Magnus—. No tardaré

Y sin decir más, Magnus se adentró en la oscuridad de la cueva


Magnus

Empiezo a avanzar por las profundidades de la Cueva Prohibida.

Existen innumerables historias sobre este lugar. Se dice que alguna vez fue la guarida de un dragón dormido que fundó el reino junto con el primer rey de Ardalion

Según la leyenda, ambos estaban unidos por una especie de pacto que permitió ganar muchas guerras y consolidar el reino

Sin embargo, nadie sabe qué ocurrió después… ni por qué el dragón terminó aislado en esta cueva

En fin…

Probablemente no sea más que un mito

Observo los costados de la cueva. Las paredes son extremadamente rocosas y el aire tiene un olor desagradable, casi podrido

A medida que avanzo unos pasos más, noto algo inquietante

Hay esqueletos

Muchos esqueletos

Llevan vestimentas antiguas, desgastadas por el tiempo. Me quedo unos segundos observando todo el perímetro. El lugar es extraño… demasiado extraño

Y ese horrible hedor a muerte y putrefacción hace que me lleve la mano a la nariz

Frunzo el ceño y sigo caminando mientras levanto el farol para iluminar mejor las paredes.

Entonces veo algo más,

Mensajes

Alguien los escribió hace mucho tiempo. Parecen estar tallados con rocas o quizá con la punta de una espada. Las paredes son duras, pero en algunos sectores la roca es más blanda, casi blanca cuando se rasga.

Levanto el farol hacia uno de esos sectores,alzanco intento leer algunas frases,pues las demas estan irreconocibles de tantas rasgaduras:

“Huye. No hay escapatoria.”

“La maldición continuará.”

“Ella no descansa jamás. Corre, porque la tempestad te atrapará y maldito serás.”

Me quedo quieto

Un escalofrío baja desde mi nuca hasta mi espalda… y llega hasta mis piernas

De repente siento que alguien me observa

Intento iluminar más adelante con el farol

Pero no encuentro nada

No hay nada

Un extraño hormigueo recorre mis manos. La izquierda comienza a picarme, como si algún insecto me hubiera mordido

Entonces el farol se me resbala de los dedos, produciendo un sonido chispeante al golpear el suelo

Por suerte no se apaga

Me agacho y lo recojo

Ilumino mi mano

No hay nada

—Qué extraño… —susurro—. Debe ser este lugar y sus supersticiones.

De pronto escucho algo

Una piedra cae cerca de mí

Una rama cruje en la distancia

—¿Hay alguien ahí? —pregunto con firmeza mientras me pongo de pie—. ¡Muéstrate!

Entonces ocurre algo extraño

Un viento comienza a soplar dentro de la cueva

Pero no es un viento normal

Es como un tornado atrapado en ese lugar

El suelo tiembla violentamente

El aire me empuja con tanta fuerza que me estrello contra una de las paredes y tengo que sujetarme para no salir volando

—Maldita sea… ¿qué carajos es este lugar? —murmuro

El viento se vuelve aún más violento y me golpea el rostro

Pierdo el equilibrio y caigo al suelo

Y entonces…

Escucho una voz a la lejanía

—¿Cómo osas entrar en este lugar, carne podrida?

La voz femenina tiene un tono antiguo y amargo. El eco de sus palabras se expande por toda la cueva.

—Vete de aquí. No eres bienvenido.

Intento mirar alrededor

—¿Quién es usted? —pregunto—. ¿Por qué está en una cueva como esta? ¿Sabe algo sobre este lugar?

Trago saliva

—¿Necesita ayuda?

Silencio

Silencio absoluto

Los minutos pasan y me quedo petrificado. No sé por qué, pero mi cuerpo me dice que no me mueva ni un solo milímetro

A lo lejos aparece una figura

Apenas visible

Está de pie, completamente inmóvil,tiene un largo cabello y viste de blanco. No logro reconocer su rostro ni el color de su cabello, pues la oscuridad lo cubre todo. Solo puedo ver el contraste de su silueta bajo una tenue luz que cae desde lo alto de la cueva.

Y eso me provoca escalofríos

Me observa fijamente

Tan quieta… que resulta inquietante

Siento que podría matarme en cualquier momento

O peor aún…

Que esta misma cueva podría devorarme y convertirme en otro esqueleto más

La figura se da la vuelta lentamente

Y desaparece

Pero antes dice algo

—Qué curioso… —murmura—. Estás dormido. Pero si despiertas, morirás. Así está sellado tu destino.

Hace una pequeña pausa

—Qué lástima… tenía algo de hambre. Pero comer tu carne solo traería dolor a mis entrañas.

El ambiente se vuelve más frío

El frío me recorre la espalda

—De origen traidor… tu sangre está contaminada. De la ira y la deshonra nacerá tu fracaso. Tu muerte no será en vano, pues solo así podrás dejar atrás el pasado.

Intento hablar

Pero no puedo

Mi cuerpo no responde

Entonces escucho voces dentro de mi mente

“Traidor naces… y traidor serás. El amor te cegará.”

“TRAIDOR NACES Y TRAIDOR SERÁS. EL AMOR TE CEGARÁ.”

—¡No… ya basta! —grito—. ¡PARA YA… BASTAAA!

Me llevo ambas manos a la cabeza intentando detener esas voces.

De repente todo se detiene.

Silencio absoluto.

Pasan unos segundos.

Y entonces…

Se escucha una risa.

Un sonido cada vez más cercano.

Más cerca.

Más cerca.

De repente un viento brutal me golpea y me lanza hacia atrás con una fuerza impresionante.

Cuando recupero el equilibrio, me doy cuenta de algo.

Estoy casi en la entrada de la cueva.

Un paso más…

Y habría caído al abismo.


Madeline

A lo lejos escucho un pequeño sonido.

Cuando me giro hacia la entrada del puente… veo a los guardias.

Maldita sea.

Se están reuniendo en filas y avanzan escoltados, moviéndose al unísono. Cada paso resuena con fuerza sobre la piedra.

Me giro desesperada.

—¡MAGNUS! ¡SEÑAL ROJA! —grito.

Miro hacia arriba.

Magnus está mirando el suelo, como si no pudiera escucharme.

¿Qué le pasa?

—¡MAGNUS! —vuelvo a gritar.

Pero sigue sin reaccionar.

Es como si estuviera en otro mundo.

Si seguimos así nos arrestarán a ambos.

Y lo peor…

NO HAY TIEMPO.

Agarro una roca del suelo y la lanzo con fuerza cerca de él.

La piedra golpea el suelo con un fuerte eco.

Eso parece despertarlo.

Magnus me mira completamente desorientado.

—¿Madeline…?

—¡Sí! ¡APRESÚRATE! ¡MIRA, SE ESTÁN ACERCANDO!

Magnus mira hacia los guardias.

Error.

Los guardias también nos ven.

—¡INTRUSOS! ¡ARRESTENLOS! —grita uno de ellos mientras comienzan a correr.

—¡Magnus, apresúrate! ¡Baja ya!

Pero antes de terminar la frase él ya está bajando del puente.

Toma mi mano.

Y comenzamos a correr.

—¿Por qué tardaste tanto? —pregunto mientras corremos por el puente. Cada pisada retumba en la madera astillada—. ¿Qué ocurrió ahí dentro?

El viento golpea mi rostro.

Mi vestido sencillo se agita con rapidez y mi cabello castaño claro vuela con el aire.

El sol golpea mi piel pálida y el sudor corre por mi frente.

Entonces escucho un ruido fuerte.

Nos giramos.

Un guardia acaba de disparar muy cerca de nosotros.

La bala impacta contra uno de los metales del puente.

—¡DETÉNGANSE! —grita—. ¡TENEMOS ORDEN DE EJECUTARLOS SI NO PARAN!

Magnus acelera.

—¡Vamos al bosque! ¡Solo faltan unos pasos!

Corremos con todas nuestras fuerzas.

Entonces…

Un disparo.

Muy cerca.

Magnus se detiene bruscamente y caemos rodando.

Cuando levanto la mirada lo veo.

Magnus está sangrando.

La sangre brota de su hombro.

—¡MAGNUS! —grito horrorizada.

Ambos caemos al suelo rodando.

Termino a varios metros de él, sobre el pasto, cerca de la entrada del bosque.

—¡DETÉNGANSE O LOS MATAREMOS A LOS DOS! —grita uno de los guardias apuntándonos.

Magnus se sostiene el hombro herido.

—Corre… y vete.

—¿DE QUÉ HABLAS? ¡NO VOY A HACER ESO!

—¡VETE, MADELINE! ¡AHORA!

Los guardias se acercan cada vez más.

Mi mente se paraliza.

No sé qué hacer.

No puedo abandonarlo.

No en ese estado.

¿Qué clase de hermana sería?

Además…

¿Qué le diría a Madam Scarletina?

Seguramente me estrangularía furiosa.

Nadie sabe que ella me golpea cuando Magnus no está.

Dice que solo soy una adoptada.

Que debería agradecer vivir con su familia.

Ante los demás finge ser la madre perfecta.

Pero en realidad…

Me desprecia.

Regreso a la realidad.

Estoy paralizada.

No sé qué hacer.

—¡CARAJOOO! —grita Magnus de dolor—. ¡VETE, MADELINE!

Miro hacia el bosque.

Los árboles altos lo cubren todo. La zona está oscura porque la cueva bloquea la luz del sol.

Nadie suele pasar por allí.

Y entonces ocurre algo extraño.

Como en cámara lenta…

Un jinete emerge entre los árboles.

Su caballo galopa a toda velocidad.

El jinete lleva una armadura que cubre su rostro, pero puedo ver sus ojos.

Verdes.

Brillantes.

Feroces.

Su mirada es dominante.

Casi asesina.

El caballo avanza con una elegancia imponente.

Comprendo algo inmediatamente.

Ese hombre no es un simple guardia.

Es como si fuera el dueño de todo este lugar.

Galopa hacia nosotros con una presencia abrumadora.

Su largo cabello blanco, como copos de nieve, se mueve con el viento.

Cuando llega, detiene el caballo de golpe.

Desciende con un movimiento elegante.

Camina unos pasos hacia mí.

Luego desenvaina su espada.

Una espada roja con un dragón dorado grabado en el mango.

Y la coloca directamente en mi cuello.


Fin del Capítulo 1

Hola a todos. Esta es la primera historia que escribo y publico, así que espero que les guste tanto como a mí escribirla.

Me ayudarían muchísimo comentando y apoyando esta trama tan… ¿misteriosa? ¿rara?

Cabe recalcar que cualquier parecido con otra historia es mera coincidencia.

Además, esta obra cuenta con derechos de autor. No está permitido el plagio ni la reproducción en otros medios sin autorización. De lo contrario, habrá consecuencias.

Se permite compartir y promocionar la historia siempre que se dé el crédito correspondiente a la autora.

Sin más que decir… gracias por darle una oportunidad a esta historia. 💙