Capítulo 1
El Deseo de Jorge
Jorge entró a la sala corriendo, con el rostro iluminado y una brillante copa dorada entre las manos. Había ganado el torneo de fútbol de la escuela y no podía esperar para ver la cara de orgullo de sus padres.
—¡Papá, mamá! ¡Miren! —exclamó Jorge levantando el trofeo—. ¡Metí el gol de la victoria y somos campeones!
Pero sus padres ni siquiera levantaron la vista. Ambos estaban inclinados sobre la alfombra, haciendo ruidos graciosos y aplaudiendo mientras su hermanito de un año intentaba dar sus primeros pasos tambaleantes.
—¡Eso es, bebé! ¡Muy bien! —decía su madre con adoración. —Eres el campeón de la casa, pequeñín —añadió su padre, ignorando por completo la copa de Jorge.
Jorge bajó el trofeo, sintiendo un nudo en la garganta. Dejó la copa sobre la mesa y corrió al baño, cerrando la puerta con fuerza. Se miró al espejo con los ojos llorosos y gritó con frustración:
—¡No es justo! ¡Ojalá me prestaran la misma atención que a él!
El Genio del Inodoro
De repente, el agua del inodoro empezó a brillar con una luz azul intensa y un pequeño genio con forma de burbuja salió flotando.
—Tus deseos son órdenes, Jorge —dijo el genio con una voz chillona—. A partir de ahora, tú ocuparás ese lugar. ¡Disfruta de tu nueva vida!
Antes de que Jorge pudiera protestar, una ráfaga de viento lo envolvió y todo se volvió negro.
Un Despertar Diferente
Cuando Jorge abrió los ojos, se sintió extraño. El techo se veía mucho más alto y estaba rodeado por barrotes de madera blanca. Intentó sentarse, pero su cuerpo se sentía pesado y torpe.
Al mirarse, el corazón le dio un vuelco de vergüenza:
Seguía teniendo su cara de diez años, pero vestía un polito blanco de algodón y un gorrito blanco con orejitas.
En su boca sentía algo de plástico; al tocarlo, se dio cuenta de que tenía un chupón azul sujeto con una cadena a su ropa.
Lo más impactante era la parte inferior: llevaba puesto un enorme pañal Pampers, tan grueso y abultado que hacía que sus piernas quedaran abiertas hacia los lados.
—¿Qué... qué me pasó? —intentó decir, pero de su boca solo salió un “¡Agūūú!” y el sonido de la succión del chupón.
Los Nuevos Padres
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Sus padres entraron con sonrisas radiantes, pero no buscaban al bebé de un año... lo buscaban a él. Su hermanito ya no estaba; en las fotos de las paredes, ahora solo aparecía Jorge como el único bebé de la familia.
—¡Buenos días, nuestro bebé hermoso! —dijo su mamá, acercándose a la cuna y acariciándole la mejilla—. ¿Cómo amaneció el rey de la casa?
Jorge agitó las manos con desesperación, tratando de señalarse a sí mismo y decirles que él era el Jorge grande, el que ganó la copa. Pero su padre solo se rió y le hizo cosquillas en la barriga, sobre el plástico ruidoso del pañal.
—¡Mira qué inquieto está hoy! —dijo su padre—. Seguro tiene hambre. Vamos, campeón,