Capítulo 1
Renjiro estaba profundamente dormido, atrapado en un sueño ardiente. Fuego danzaba sobre figuras borrosas, y una voz desconocida lo llamaba con urgencia. Por primera vez, sintió miedo de sí mismo, como si algo dentro de él despertara y no pudiera controlarlo.
De repente, Yuuto irrumpió en la habitación, todavía con el pijama y medio dormido, lanzando un grito:
—¡Renjiro, despertate! ¡Llegamos tarde a la prueba de grados!
Renjiro se incorporó rápidamente, frotándose los ojos, y al ver la hora exclamó:
—¡9:31! ¡¿Cómo se hizo tan tarde?!
Mientras se vestía apresuradamente, no podía quitarse de la cabeza la sensación de que algo no iba bien, y que después de la prueba de grados, su vida cambiaría para siempre. Un leve escalofrío le recorrió la espalda: aquel sueño no era solo un sueño… algo lo estaba esperando.
Renjiro y Yuuto bajaron las escaleras apurados y fueron a buscar el desayuno que Meiko les había preparado.
—¡Rápido, chicos, que se hace tarde! —dijo Meiko, colocando los platos sobre la mesa.
—Gracias, ma —dijo Yuuto mientras tomaba rápidamente el té.
Ambos agarraron sus sánguches con prisa y se dirigieron hacia la puerta.
—Chau, Meiko —dijo Renjiro al pasar.
—Suerte, chicos. No importa qué grado saquen, estén tranquilos —les gritó Meiko.
Renjiro y Yuuto salieron casi corriendo de la casa y llegaron a la parada justo cuando el colectivo 95 frenaba.
—¡Corré! —dijo Yuuto.
Subieron de milagro. Las puertas se cerraron y el colectivo arrancó.
Yuuto se dejó caer en el asiento, respirando hondo.
—Ojalá nos salga grado 4 o 5 —dijo—. —Así entramos en la clase 3 y entrenamos con los mejores—.
Renjiro asintió, pero su expresión no cambió.
—Tengo una mala sensación sobre lo que viene.
Yuuto lo miró y sonrió, intentando tranquilizarlo.
—Dale. Pase lo que pase, vamos a seguir juntos. Va a estar todo bien.
Renjiro no respondió enseguida. Miró por la ventana mientras el colectivo avanzaba.
Una vez llegaron al lugar Renjiro y Yuuto se bajaron del colectivo. Renjiro levantó la mirada hacia la Institución Central.
El edificio se encuentra en el centro de la ciudad, enorme y silencioso, rodeado de personas vestidas de manera formal que entraban y salían sin detenerse. El lugar imponía respeto incluso antes de cruzar la entrada.
Renjiro sintió una presión extraña en el pecho.
Así que este es el centro de todo.
A lo lejos, una voz familiar rompió el silencio.
—¡Dale, chicos, que es tarde! —gritó Sayaka, agitando el brazo.
Yuuto le dio un golpe suave en la espalda a Renjiro.
—Apurate—.
Los chicos cruzaron la entrada de la Institución Central junto a decenas de aspirantes más. El interior era aún más imponente que desde afuera: techos altos, paredes claras y un silencio pesado que parecía observarlos.
Un instructor vestido de negro, con expresión severa, alzó la voz:
—Todos los que vienen a rendir la prueba de grados avancen por ese pasillo y esperen en la sala asignada. Cuando escuchen su nombre, acérquense. Allí se les explicará qué hacer. Hasta entonces, esperen.
Renjiro tragó saliva.
*Así que ya empezó*.
Fueron guiados hasta una sala amplia. Algunos aspirantes se sentaron en silencio; otros hablaban en voz baja, intentando disimular los nervios. Nadie parecía realmente tranquilo.
Estaban los chicos nerviosos esperando, cuando apareció Tatu diciendo:
—Mirá a quién me vengo a encontrar, espero que me acompañen en la clase 3 —.
Renjiro soltó una leve sonrisa y exclamó:
—No te confíes. Acá no podés hacer nada para ver si quedás, solo depende de tu espíritu interior —.
Tatu lo miró y respondió:
—Confío en que lo voy a lograr —acercándose.
—Chicos, dejen de pelear —dijo Sayaka.
Tatu se encogió de hombros y dio un paso atrás.
—Después veremos quién queda en la clase 3 —dijo, dejando el aire tenso entre ellos.
Renjiro cruzó los brazos, manteniendo la calma.
—Sí, veremos —dijo, con la mirada fija y firme.
Sayaka suspiró y se apoyó contra la pared.
Yuuto le dio un empujón suave a Renjiro y murmuró:
—Dale, que ya empieza —.
Minutos más tarde empezaron a llamar a los aspirantes. Cuando nombraron a Yuuto, este suspiró, y Renjiro lo animó:
—Tranquilo, te va a salir bien —.
Pasó el tiempo y fueron llamando a los aspirantes uno por uno. Los amigos de Renjiro ya habían pasado, y quedaban muy pocos. Renjiro estaba solo, con el corazón latiéndole rápido y la mente llena de dudas. Mis padres… esto es por ellos. No puedo fallar ahora, pensó, apretando los puños con fuerza.
Entonces escuchó su nombre:
—Yurei Renjiro—.
Renjiro tragó saliva, sintiendo el peso de todo lo que había pasado. Papá, mamá… todo lo que me enseñaron… no puedo fallar ahora. Debo proteger a los que amo y hacer que sus sacrificios valgan la pena, pensó, apretando los puños mientras se levantaba.
Renjiro avanzó hacia la sala, todavía con el corazón acelerado. Un instructor de túnica oscura lo esperaba junto a la silla del centro.
—Bien, Yurei —dijo con voz firme—. Esta es la prueba de grados. Primero escucharás mis instrucciones: te sentarás en esa silla, tu espíritu se manifestará y hará un “escaneo” de tu energía. No se trata de fuerza física, sino de la conexión que tengas con tu espíritu y tu capacidad de controlarlo. ¿Entendido?
Renjiro asintió, tratando de calmar los nervios.
—No te apresures —continuó el instructor—. Permite que tu espíritu se muestre de manera natural. Todo lo que sientas, pienses o recuerdes será parte de la evaluación. Ahora siéntate.
Renjiro obedeció y se acomodó en la silla. Cerró los ojos y respiró profundo. Papá, mamá… voy a hacer que se sientan orgullosos, pensó.
Entonces, frente a él un espíritu celeste, imponente y sereno, flotaba ante Renjiro, sus ojos penetrantes como si pudieran ver cada rincón de su alma.
—Hola, Renjiro —dijo la voz del espíritu—. Estoy aquí para evaluar tu vínculo y tu capacidad de armonizar con tu energía. Relájate y deja que fluya.
Una corriente de energía suave pero intensa comenzó a recorrer su cuerpo. Renjiro sintió cómo recuerdos, emociones y todo su deseo de proteger a quienes ama se reflejaban en aquella energía. Cada respiración, cada pensamiento, cada miedo se volvía visible para el espíritu.
Una vez el espíritu avanzaba con el escaneo, Renjiro se dejaba llevar por la corriente de energía del espíritu, cada recuerdo y emoción se mezclaban en un torbellino de paz y calidez. Todo parecía perfecto… hasta que una voz grave, conocida y fría, irrumpió en su mente:
—Renjiro—.