Apuesto al Amor

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Summary

Samantha no imaginaba que su vida daría un giro inesperado con tan solo cambiar sus planes de viaje. Dos vidas se entrelazan de forma inesperada, comparten sus días sin darse cuenta de que sus corazones latían al unísono. A pesar de cruzarse en varias ocasiones y de compartir momentos llenos de una conexión inexplicable, ninguno se da cuenta de que están enamorados. Todo cambia cuando en un momento ambos descubren la profundidad de sus sentimientos hacia el otro. Pero justo cuando descubren que han encontrado el camino hacia la felicidad juntos, el destino les juega de forma cruel. Un accidente inesperado arrebata a Samantha sus recuerdos, dejándola en un mundo donde Tyler es un completo desconocido para ella. Lo que lleva a Tyer a tomar la decisión de alejarse por completo o luchar para ayudar a Sam a recuperar su memoria. Ambos deberán descubrir si su amor es lo suficientemente fuerte como para superar los obstáculos del destino, sus familias y la sombras del olvido.

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
13+

1. Cambio de Planes

Samantha Parker

“Sin saberlo, compartimos el mismo aire, los mismos sueños y un destino que pronto pondría a prueba la fuerza de nuestros corazones”.

—Vaya, eso suena profundo— escucho una voz a mis espaldas y doy un pequeño salto, sobresaltada.

—¡Mamá! ¿Qué haces aquí?— Pregunto, algo avergonzada de saber que me ha pillado leyendo.

—Amor, ya es pasada la media noche y mañana tienes que madrugar. ¿Terminaste de hacer las maletas?

—Tam dijo que me ayudaría en la mañana. Ya sabes que le encanta encargarse de todo— respondo, rodando los ojos con una sonrisa cómplice.

—Bueno, igual ya deberías ir a descansar— dice con ese tono maternal que siempre me hace hacer pucheros —Te espera un largo viaje a Hawái...

La sola idea me hace brincar en el sofá, rebosante de emoción. Mis vacaciones de verano están a punto de comenzar.

—Te agradezco mucho este voto de confianza, mamá.

—Solo no vayas a arruinarlo —dice, medio en serio, medio en broma, mientras yo sonrío con picaría.

Oímos pasos acercarse y, de repente, la luz de la sala se enciende.

—¿Qué hacen aquí? —Pregunta papá, algo confundido al vernos despiertas.

—Sam está tan emocionada que apenas puede dormir —responde mamá con una mirada tierna hacia mí.

—Vamos, es hora de dormir— dice papá con dulzura —. Cariño, deberías descansar —añade, dirigiéndose a mi. Asiento obediente.

Él se acerca y me da un beso en la frente, luego besa suavemente los labios de mamá antes de dirigirse a la cocina, susurrándole un “no te tardes”. Suspiro, y mamá sonríe.

—Algún día tendré un amor como el tuyo... —murmuro con anhelo. Mamá me acaricia la mejilla y deposita un beso en mi frente.

—Tal vez lo conozcas en Hawái —dice, lanzándome una mirada cargada de intención.

Sonrío con incomodidad. Tal vez ya lo conozco, mamá... Pero, por supuesto, solo lo pienso.

Asiento, me despido con un beso y subo a mi habitación. Me dejo caer sobre la cama y me quedo dormida al instante. La verdad es que cuatro horas de sueño no serán suficientes, pero ya es tarde para lamentarlo. No puedo creer que me haya desvelado tanto leyendo.

A la mañana siguiente, cuando el despertador suena, lo último que quiero es levantarme. Pero es imposible ignorarlo sabiendo el gran día que me espera.

Y seguro se preguntarán: ¿por qué estoy tan emocionada por un viaje a Hawái? Bueno, se los explico mientras me ducho y me arreglo para salir.

Soy hija de un matrimonio feliz. Sí, realmente feliz. Mis padres tienen sus diferencias, como todos, pero siempre buscan la forma de resolverlas. Lo malo es que son bastante sobreprotectores, tanto con mi hermano mayor como conmigo. Nunca hemos hecho nada importante sin que lo aprueben primero. Quizás por eso somos un poco rebeldes...

Pero ese no es el punto.

Desde que cumplí 15 años, Tam y yo tratamos de convencer a nuestros padres para que nos dejaran ir, o al menos que nos llevaran con ellos, pero nunca se pudo. Este año es especial: estamos por terminar nuestro penúltimo curso antes de graduarnos, y como ambas cumplimos 18 en un par de semanas —Sí, el mismo día ¿no es increíble?—, nos han dado este viaje como regalo de cumpleaños. Y lo mejor: ¡iremos solas!

Salgo del baño y me topo con una escena bastante familiar. Una montaña con curvas, envuelta en un vestido corto de vuelo y con su larga cabellera castaña cayéndole hasta la cintura, está hurgando en mis maletas.

—Tam, ya estas aquí —la saludo. Ella me lanza una sonrisa radiante.

—Sí, llegue hace un rato —responde mientras revisa los últimos puntos de su lista.

Tam es la más organizada de las dos. Ama el orden y el control.

—¿Sabías que tu casa ahora mismo parece un caos total? —dice mientras cierra la última maleta.

La miro, algo confundida.

—¿A qué te refieres?

—Casi todo el equipo de fútbol está en la sala.

Mi pulso se acelera y el aire me falta por un momento.

—Excepto Tyler y Dylan, ellos no están. Pero esta Amy, tal vez podamos preguntarle por ellos.

—Tam, no quiero que nadie se entere de lo que siento por Tyler. Mejor no digamos nada –le advierto, mientras tomo una maleta y me preparo para salir.

—Sería más fácil si le gritaras al mundo que te gusta — responde ella con una risita burlona.

—No tengo que gritarle nada a nadie. Ahora vamos, se nos hace tarde.

—¿Y estas? —pregunta, señalando las demás maletas.

—Josh las bajará. Vamos, muero de hambre.

Al bajar las escaleras, confirmo que Tam no exageraba: el equipo de fútbol está casi completo en la sala. Seis chicos a lo justo esparcidos por todas partes en compañía de “sus amigas”. Creo que es más que obvio que esto más que un viaje escolar es un viaje de citas.

Mi hermano Josh forma parte del equipo, lo que lo hace muy popular, y por consiguiente, su casa —nuestra casa —suele estar llena de sus amigos. Ellos también se van de viaje hoy, a una casa en la playa que no sé ni de quién es. Honestamente, no entiendo cómo sus padres les dieron permiso para estar un mes completo fuera de la ciudad, sin supervisión adulta.

Pero no me conviene decir nada. Yo me voy a otro país, después de todo.

Saludo a los chicos con una sonrisa cortés y me dirijo a la cocina, donde el ambiente cambia de inmediato. El aire es denso, cargado de tensión, y la frase de mamá lo confirma:

—Va a ser un desastre...

—¿Qué va a ser un desastre, mamá? —pregunto, preocupada. Su mirada pasa de mí a papá, que tampoco tiene buena cara.

—Amor, no tenemos buenas noticias... —empieza papá, y lo miro, ansiosa.

—Se avecina una tormenta —dice con voz grave.

Frunzo el ceño. No entiendo el drama.

—¿Y qué con eso? Aquí siempre llueve. ¿Por qué tendría que cambiar algo? —pregunto, soltando una risa nerviosa.

—Cariño... es una tormenta fuerte. Los aeropuertos estarán cerrados hasta nuevo aviso.

Mis ojos se abren como platos. Me quedo paralizada.

Sentí cómo el entusiasmo se desmoronaba dentro de mí, como si alguien hubiera apagado la chispa del verano antes de que empezara.

—Parece que alguien tuvo un cortocircuito. No sabía que la tormenta ya había llegado a la casa —se burla Josh al entrar a la cocina.

—No es gracioso, imbécil —espeto, apretando los dientes.

—Sam, sin groserías, por favor —interviene mamá, con tono reprobatorio.

—Entonces dile a tu hijo que deje de burlarse de mi desgracia.

—¿Qué pasa? —pregunta Tamara, entrando sin tener idea del caos. Se sienta a la mesa lista para desayunar.

—No iremos a Hawái —respondo con frialdad.

Tam deja la cuchara de waffles suspendida en el aire y nos mira a todos, buscando una explicación.

Papá le explica lo de la tormenta y ella reacciona con indignación.

—¡No es justo! ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Pueden venir con nosotros —dice Josh como si fuera lo más obvio del mundo.

Tam y yo lo miramos como si se hubiera vuelto loco.

—¡Estas loco! —exclamamos al unísono.

—Piénsenlo. Es mejor que quedarse aquí todo el verano —insiste él, encogiéndose de hombros.

—La tormenta pasará. Iremos a Hawái en unos días —digo, aún esperanzada.

—Cariño... no estaría tan segura —interviene mamá.

—Podemos esperar. Todo estará bien.

—Sam... el gobierno no ha dicho mucho, pero...

—La agencia nos devolvió el dinero de los boletos —interrumpe papá—. No habrá vuelos en al menos tres o cuatro semanas.

—¡¿Qué?! —grita Támara, indignada—. ¡No pienso quedarme aquí sin hacer nada!

—Pero Tam, es nuestro sueño...

—Lo sé, Sam, pero hay un desastre natural de por medio. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Podemos ir a la playa, disfrutar lo que queda del verano.

—Es igual de peligroso ir a la playa con una tormenta —protesto, intentando que entre en razón.

—Adonde vamos no está en alerta — quiero asesinar a Josh.

—Vamos Sam...

—No hemos dicho que puedan irse con los chicos —salta mamá, alarmada.

Todos la miramos sorprendidos.

—Mamá, ibas a dejarlas viajar solas a otro país. ¿Y ahora te preocupas porque vayan con nosotros? —reclama Josh.

—Amor... nuestro hijo tiene razón —dice papá, intentando calmarla—. Ellas estarán mejor con ellos. ¿Qué podría salir mal?

—¿Sabes que es de mala suerte decir eso? —dice mamá, frunciendo el ceño.

Papá solo sonríe, se acerca a ella, le da un beso en la frente, y ella finalmente se relaja.

Tam y Josh ponen cara de asco y se preparan para salir. Yo, mientras tanto, miro a mis padres con ternura.

—¡Ya paren con eso! —suelta Josh al salir.

Tam se acerca a mí y me abraza con entusiasmo.

—¡Cambio de planes!—susurra, emocionada—. Tal vez no es Hawái... pero estarán los chicos. Tal vez esta sea tu oportunidad de acercarte más a Tyler —añade con una sonrisa traviesa.

Lo pienso por un momento, sonrío, me encojo de hombros y digo:

—¿Qué podría salir mal?

Y ¿saben que? No usen nunca esa frase. Porque cuando la dices... algo siempre, siempre sale mal.