‎ꫂ᭪݁ 𝑇ℎ𝑒 𝐵𝑢𝑟𝑑𝑒𝑛 𝑜𝑓 𝐵𝑒𝑖𝑛𝑔 𝐽𝑒𝑜𝑛 ꗃ · 𝑘𝑚

All Rights Reserved ©

Summary

국민 ִֶָ 𓂃⊹ ִֶָ En un mundo donde los Omegas nacen destinados a obedecer y desaparecer, Park Jimin creció sabiendo que, sin importar cuánto se esforzara, nunca sería suficiente para ser visto. Brillante, persistente y constantemente relegado a la sombra de su propio apellido, su talento fue ignorado una y otra vez en una sociedad que no perdona lo que no entiende. Pero todo cambia cuando Jeon Jungkook, un Alfa de poder incuestionable y nombre imponente, decide mirarlo como nadie más lo ha hecho y le ofrece algo más que un matrimonio. Le ofrece un lugar, una voz y la oportunidad de dejar de existir en silencio. ╭ ┆ ╰ ⓘ 𝙽𝚘 𝚜𝚎 𝚊𝚌𝚎𝚙𝚝𝚊𝚗 𝚌𝚘𝚙𝚒𝚊𝚜, 𝚗𝚒 𝚊𝚍𝚊𝚙𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜.. ⤷ . 𝚂𝙸 𝙽𝙾 𝙻𝙴𝚂 𝙶𝚄𝚂𝚃𝙰 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚂𝙷𝙸𝙿 𝙾 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚃𝙸𝙿𝙾 𝙳𝙴 𝙲𝙾𝙽𝚃𝙴𝙽𝙸𝙳𝙾 𝙽𝙾 𝙴𝚂 𝙳𝙴 𝚂𝚄 𝙰𝙶𝚁𝙰𝙳𝙾, 𝙻𝙴𝚂 𝚁𝙴𝙲𝙾𝙼𝙸𝙴𝙽𝙳𝙾 𝚀𝚄𝙴 𝙽𝙾 𝙻𝙾 𝙻𝙴𝙰𝙽 .

Genre
Drama/Erotica
Author
𖠌
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ℑ𝔫𝔱𝔯𝔬𝔡𝔲𝔠𝔠𝔦𝔬𝔫

A Jimin nunca le dijeron directamente que no podía aspirar a más; no hubo una voz firme que le prohibiera soñar ni un castigo explícito que marcara el límite de lo que le estaba permitido ser. En lugar de eso, creció rodeado de una estructura mucho más precisa y silenciosa, una que no necesitaba imponerse con violencia porque estaba incrustada en cada gesto cotidiano, en cada mirada esquiva, en cada palabra que no se decía pero que se entendía de todas formas.


Desde muy pequeño aprendió que había espacios que no le pertenecían, conversaciones en las que su opinión no era requerida y expectativas que jamás serían colocadas sobre sus hombros, no por falta de capacidad, sino por algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más imposible de cambiar que era su naturaleza.


Ser un Omega no era solo una condición en ese mundo, era una definición completa, una etiqueta que anulaba cualquier otra cualidad antes siquiera de que pudiera ser considerada, una verdad incuestionable que lo precedía y lo reducía a algo más pequeño de lo que realmente era.


Esa comprensión no llegó como una revelación repentina, sino como una acumulación constante de momentos que, por sí solos, podrían haber parecido insignificantes, pero que juntos construyeron una realidad imposible de ignorar.


Fue la forma en que su nombre se pronunciaba sin el mismo peso que el de su hermano, la diferencia sutil pero innegable en la atención que recibían, la facilidad con la que Taehyung ocupaba el centro de cualquier habitación mientras Jimin quedaba relegado a sus bordes, como si su presencia fuera opcional, prescindible, algo que podía estar o no sin alterar realmente el curso de las cosas.


Mientras su hermano crecía rodeado de expectativas y orgullo, Jimin aprendía a medir cada uno de sus movimientos, a controlar el volumen de su voz, a observar antes de actuar, a existir con cuidado dentro de un espacio que nunca terminaba de pertenecerle.


Sin embargo, si algo jamás logró extinguirse dentro de él fue esa incomodidad persistente, casi dolorosa, ante la idea de aceptar ese lugar sin cuestionarlo.


Había algo en Jimin, una terquedad silenciosa, una resistencia que no sabía de dónde venía pero que se negaba a desaparecer, que lo empujaba constantemente hacia adelante, incluso cuando todo a su alrededor parecía diseñado para mantenerlo quieto.


Fue esa misma fuerza la que lo llevó a buscar conocimiento donde no debía, a apropiarse de libros que no estaban destinados a sus manos, a sumergirse en estudios que no se esperaba que comprendiera y mucho menos que dominara.


Otros asumían que su futuro estaba limitado a roles ya establecidos, Jimin construía en silencio una versión de sí mismo que desafiaba cada una de esas expectativas, aferrándose a la idea, quizás ingenua pero profundamente necesaria, de que su valor no podía estar determinado únicamente por lo que era, sino también por lo que era capaz de hacer.


El camino no fue amable ni justo, y mucho menos recompensado como debería haber sido. Cada avance venía acompañado de una nueva barrera, cada logro parecía diluirse frente a la mirada crítica de una sociedad que no estaba dispuesta a concederle legitimidad, sin importar cuán evidente fuera su talento.


Incluso cuando logró alcanzar aquello que muchos consideraban imposible para alguien como él, cuando su esfuerzo finalmente se tradujo en títulos y conocimientos que deberían haberle abierto puertas, lo único que encontró fue una nueva forma de ser contenido, de ser reducido, de ser colocado exactamente donde siempre habían esperado que permaneciera en la sombra.


Y esa sombra tenía nombre.

Taehyung.


No era odio lo que sentía por su hermano, ni siquiera resentimiento en su forma más simple. Era algo más complejo, más difícil de nombrar, una mezcla de admiración, frustración y una herida constante que se abría cada vez que veía cómo aquello que él había construido en silencio era utilizado, moldeado y presentado al mundo por alguien que sí tenía permitido brillar.


Taehyung no necesitaba esforzarse de la misma manera para ser reconocido, no necesitaba demostrar el doble para recibir la mitad, no necesitaba justificar su presencia en espacios que, para Jimin, siempre estaban condicionados. Y lo más doloroso de todo no era que eso ocurriera, sino que nadie más parecía encontrarlo extraño.


Ni siquiera su padre.

Especialmente su padre.


Durante años, Jimin había perseguido ese reconocimiento con una insistencia casi desesperada, convencido de que, si lograba ser lo suficientemente bueno, lo suficientemente brillante, lo suficientemente impecable, eventualmente sería visto, eventualmente su nombre sería pronunciado con el mismo orgullo, eventualmente dejaría de ser una figura secundaria en su propia vida.


Pero esa esperanza, como muchas otras cosas, fue desgastándose con el tiempo, erosionada por una realidad que se repetía con una consistencia cruel; no importaba cuánto hiciera, nunca iba a ser suficiente en un mundo donde su valor ya había sido decidido de antemano.


Y aun así, no se detuvo, porque detenerse habría significado aceptar que tenían razón.


Habría significado rendirse ante una narrativa que nunca eligió, pero que constantemente intentaban imponerle.


Así que siguió avanzando, no por reconocimiento, no por aprobación, sino por algo mucho más íntimo y silencioso, la necesidad de demostrarse a sí mismo que no era lo que decían que era. Que podía ser más. Que, de alguna forma, su existencia podía expandirse más allá de los límites que le habían impuesto desde el momento en que nació.


Pero incluso la determinación más firme comienza a desgastarse cuando no encuentra respuesta, cuando cada esfuerzo parece caer en un vacío donde nada regresa, donde el silencio pesa más que cualquier rechazo explícito. Jimin había aprendido a vivir con ese vacío, a moverse dentro de él, a construir una rutina donde sus logros no eran celebrados, pero tampoco completamente negados, simplemente ignorados.


Hasta que alguien decidió no ignorarlo.


No fue un cambio ruidoso ni evidente, no hubo un instante dramático que anunciara que algo estaba a punto de transformarse. Fue, como muchas de las cosas importantes en su vida, algo sutil al principio, casi imperceptible, pero con un peso que creció de manera inevitable.


Una mirada.

Pero no cualquier mirada.


No era una cargada de juicio, ni de condescendencia, ni de esa curiosidad superficial que muchos Alfas dirigían hacia los Omegas como si fueran algo que debía ser observado, pero nunca comprendido. Fue diferente, profunda, directa, incómodamente honesta.


Una mirada que no se detuvo en lo que era, sino en lo que podía ser.


Y en ese instante, sin necesidad de palabras, algo dentro de Jimin se quebró, o quizás, por primera vez, empezó a reconstruirse.


Porque hay muchas formas de condenar a una persona a la insignificancia, pero hay una que es infinitamente más peligrosa para el mundo que la creó así.


Hacerlo creer que puede ser visto, y aún más, que puede ser elegido.






( ∩´͈ ᐜ `͈∩)