Principios

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Summary

Un relato íntimo sobre el cansancio, los principios y las decisiones que a veces duelen más de lo que imaginamos.

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Chapters
1
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n/a
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16+

Principios

Llegó a casa tarde, cuando la ciudad empezaba a apagarse y las luces de las ventanas se convertían en pequeños faros solitarios en mitad de la noche. Cerró la puerta despacio, sin encender ninguna luz. Le gustaba ese momento de silencio, cuando el mundo parecía quedar fuera.

Dejó las llaves sobre la mesa y caminó directamente hacia el baño.

Abrió el grifo de la ducha y esperó a que el agua se calentara. Se quitó la ropa con movimientos lentos, como si cada gesto pesara más de lo normal. La camiseta primero. Luego el pantalón. Los calcetines. La ropa interior.

Cuando el agua empezó a caer caliente, entró sin pensarlo.

Dejó que le golpeara la cabeza, los hombros, la espalda. Cerró los ojos. No intentaba relajarse. Solo quedarse quieto. Durante unos minutos no pensó en nada. El agua cayendo era lo único que existía.

Pero los pensamientos siempre regresan.

Y regresaron.

Los principios.

Siempre había pensado que los principios eran algo hermoso. Algo poderoso. Ese momento exacto en el que descubres quién eres, qué valores te atraviesan, qué cosas son innegociables para ti. Como una señal interior que te dice por dónde caminar.

Y cuando esa señal aparece, todo parece claro.

Levantas la voz.

Discutes.

Te posicionas.

Sales a la calle.

Te plantas delante del mundo y dices: esto no está bien.

Defender la libertad.

Los derechos humanos.

La diversidad.

Las personas que no tienen voz.

Durante mucho tiempo aquello había sido incluso gratificante. Había algo profundamente vivo en no callarse, en no ser cómplice, en señalar lo injusto aunque incomodara.

Pero también era agotador.

Porque cada vez que hablaba, alguien respondía. Y muchas veces no con argumentos, sino con golpes invisibles. Desprecio. Burlas. Amenazas veladas. Silencios incómodos. Miradas que pesan.

Cada batalla deja una marca.

Y con el tiempo el cuerpo empieza a notarlo.

Cerró el grifo.

Salió de la ducha sin secarse. Ni siquiera cogió la toalla. Caminó desnudo hasta la habitación mientras el agua resbalaba por su piel y caía al suelo.

Se dejó caer sobre la cama.

Ni siquiera pensó en las sábanas. En el edredón. En que estaba empapándolo todo. Sentía el frío de la tela mojándose bajo su espalda, pero no le importaba.

Miró al techo.

Y entonces volvió esa pregunta que llevaba días, quizá semanas, dando vueltas en su cabeza.

¿Y si aparcaba los principios?

El pensamiento seguía pareciéndole extraño. Casi obsceno. Como traicionarse a sí mismo.

¿Y si se callaba?

¿Y si se convertía en una de esas personas que siempre había criticado?

De las que bajan la mirada.

De las que sonríen cuando deberían incomodarse.

De las que prefieren no meterse en problemas.

Pensarlo le hacía sentir mal.

Culpable.

Derrotado.

Había algo dentro de él que se retorcía solo de imaginarlo. Como si estuviera renunciando a una parte esencial de sí mismo. Como si estuviera cerrando una puerta que siempre había mantenido abierta.

Y aun así, en el fondo, también sabía otra cosa.

Que quizá estaba haciendo lo correcto.

Que tal vez había llegado el momento de priorizarse.

Era horrible ceder.

Horrible volver al armario, esconderse, disimular, agachar la cabeza cuando antes la había levantado con orgullo. Horrible dejar de ser esa persona que siempre estaba dispuesta a hablar, a discutir, a defender lo que creía justo.

Pero quizá era lo que necesitaba para sobrevivir.

Para aguantar.

No sabía si aquello sería temporal. Si algún día volvería a levantarse con más fuerza, con más rabia, con más energía para pelear.

O si terminaría quedándose allí, viviendo para siempre en esa normalidad silenciosa.

Cómoda.

También era consciente de otra cosa.

Iba a defraudar a mucha gente.

A todas esas personas que le pedían que hablara, que gritara, que señalara lo que estaba mal. Personas que sí lo valoraban, que sí lo querían precisamente por eso. Por no callarse.

Personas que probablemente se sentirían engañadas.

Defraudadas.

Pensarlo le dolía.

Pero en ese momento… le daba igual.

Tal vez era el cansancio.

Tal vez todo lo vivido.

Tal vez la sensación constante de estar luchando contra una pared.

Necesitaba ganar algo.

Aunque para hacerlo tuviera que perder algo por dentro.

Cerró los ojos.

Sentía la humedad fría de las sábanas pegándose a su espalda. El silencio de la casa. El peso de la decisión flotando en el aire.

Y lo más extraño de todo era que, a pesar de la tristeza, a pesar de la culpa, a pesar de ese pequeño odio que sentía hacia sí mismo…

También se comprendía.

Porque tal vez muchas de esas personas que se callan, que miran hacia otro lado, que parecen cómplices… no son malas personas.

Tal vez simplemente están cansadas.

Tal vez un día gritaron mucho.

Tal vez un día también tuvieron principios que defendieron con todo lo que tenían.

Y ahora solo están intentando seguir adelante.

Respirar.

Aunque eso signifique, por un tiempo, guardar silencio.