Capítulo 1: Tu dulce carpintero, Pierre
3 de agosto de 1914 - Longwy.
Mi amada Marie, recibí tu carta con ilusión, estoy bien, aunque debo admitir que tengo miedo, estoy aquí junto a nuestros amigos del pueblo, dicen que, dentro de pocos días, las tropas enemigas entrarán en nuestra querida Francia.
Una pena que el mundo se haya vuelto loco, mi amor, cuida del pequeño Hugo y de la granja, pide ayuda a nuestros vecinos, son buenas personas y seguro que te echarán una mano.
Ojalá fuésemos visitado esta hermosa ciudad en otras circunstancias, sus muros y su arquitectura es increíble, deberías venir a verla una vez termine todo, en familia.
Siempre tuyo, tu dulce carpintero, Pierre.
11 de agosto de 1914 - Longwy.
Mi amada Marie, por primera vez en mi vida he podido ver el infierno, el ataque del enemigo ha causado daños por toda la ciudad, hace dos días bromeaba con los vecinos que me acompañaron al frente, hoy el panadero entierra lo poco que queda del joven Marcel.
Espero que todo vaya bien en la granja, y espero que la razón haga que dentro de poco acabe esta locura. Miro a mi alrededor y solo veo humo y temor.
Siempre tuyo, tu dulce carpintero, Pierre.
16 de agosto de 1914 - Longwy.
Mi Marie, este infierno parece no cesar, el hambre y la sed sacuden como una ventisca nuestro interior, el enemigo nos ataca incesantemente con esos malditos obuses, la hermosa ciudad que conocí está prácticamente aniquilada.
Nos han pedido aguantar la posición mientras el ejército envía refuerzos, me he apostado con los del pueblo en la parte alta de la ciudad, el panadero sigue devastado por lo que le pasó a su pequeño, y ciertamente debo admitir que eso nos da fuerzas, pues sabemos que, si nos rendimos, su sufrimiento será ciertamente nuestro si el enemigo entra en el corazón de Francia.
Siempre tuyo, tu dulce carpintero, Pierre.
23 de agosto de 1914 - Longwy.
Mi amada Marie... ardo en deseos de huir de aquí, ¿Pero acaso tengo opción? Aquellos que huyen de la ciudad son abatidos en el barro por el enemigo, y aquellos que se niegan a obedecer órdenes, son condenados por traición. Pues parece ser que de una forma u otra la muerte se ha convertido en nuestra única justicia.
Hoy el enemigo no ataca, pero no sé si eso es una buena señal, casi todos nuestros amigos yacen muertos cerca de los muros, y la ciudad no es más que un polvorín, hoy oí hablar a los superiores de que si esto sigue así la rendición es nuestra única salida.
¿Pero acaso el enemigo nos dejará marchar? ¿Después de todo? Lo dudo, mi amada... Pues creo que esto es la calma antes de la caída de la tormenta, hoy el cielo vuelve a teñirse de azul, aunque por desgracia es acompañado por el humo que carga con el tormento de los inocentes.
Siempre tuyo, tu dulce carpintero, Pierre.
23 de agosto de 1914 - Longwy.
Hoy el cielo ha rugido y nos han enseñado que muchas veces la vida no es siempre como uno quiere, mi amada Marie dudo que podamos volver a vernos, la ciudad alta ha caído, y la ciudad baja ondea la bandera de rendición, pero...
Yo soy incapaz de moverme, estaba junto al panadero, estábamos a cubierto en una de las pocas estructuras que aún quedaban en pie, pero ahora esa estructura yace encima de mí. El fuego enemigo nos alcanzó, y parece ser que este agujero será mi tumba.
Mis amigos han muerto aquí, y no podía abandonarlos, espero que me perdones, mi amor... Utilizo las pocas fuerzas que me quedan para escribir esta carta entre las llamas, sé que parece imposible, pero sé que de un modo u otro esto acabará llegando a tus manos.
Y quiero que mis últimas palabras sean aquello que jamás apagó mi corazón: os amo a los dos, mi querida Marie, mi amado pequeño Hugo.
Siempre vuestro, tu dulce carpintero, Pierre.