PROLOGO
Era una hermosa tarde de abril, incomparable en su perfección. Todo parecía ideal en el mundo, salvo por lo que ocurría aquel día en el Hospital St. Mary 's de Seúl, donde la familias Lee la más acaudaladas de Corea del Sur dio la bienvenida a sus primogénitos: los gemelos Ai-jak y Jeim-seu.
Su madre, Ha-rin, los amaba por igual a decir verdad, más de lo que cualquiera podría esperar. En cambio, su padre, Ji-hoon, el CEO de una de las firmas de abogados más prestigiosas e influyentes del país, albergaba un plan ambicioso: hacer que sus hijos compitieran ferozmente por el puesto de sucesor al frente de la empresa.
Ai-jak era Alto (aproximadamente 1,85 m), con hombros anchos y una postura rígida y erguida. Su porte transmite un dominio natural y una clara resistencia al control externo.
Era de Cabello negro azabache, siempre impecablemente arreglado. Sus ojos marrones profundos poseen una mirada vigilante, como si evaluara todo en silencio antes de reaccionar.
Tenía una mandíbula marcada, labios firmes y cejas que rara vez se relajan, como si cada expresión estuviera bajo su propio control estricto, proyectando una seriedad innata.
Sus movimientos precisos y contenidos, sin lugar para la espontaneidad. Su voz es grave y pausada; mide cada palabra, calculando el peso de cada sílaba antes de pronunciarla.
Vestía con una sobriedad impecable: trajes oscuros hechos a medida, camisas perfectamente planchadas y corbatas ajustadas al milímetro. Evita accesorios innecesarios; solo lleva un reloj delgado y elegante, más una herramienta discreta que un adorno.
Aunque su personalidad era obstinado y seguro de sí mismo, Ai-jak encarna a la perfección el perfil del "obstinado" en términos psicológicos: alguien que insiste en tener la razón, con ideas fijas, intolerante a opiniones contrarias y extremadamente difícil de convencer. Esta rigidez no solo obstaculiza la comunicación, sino que puede generar aislamiento emocional, incluso dentro de la familia.
Se guía por hechos, habilidades y actitudes, no por sentimientos. Prefiere el razonamiento lógico y analítico, minimizando el papel de los impulsos emocionales.
Sus rasgos sugieren una personalidad obsesiva como el perfeccionismo marcado, necesidad de control, atención extrema al detalle y dificultad para relajarse o delegar. Esto le permite separar lo personal de lo profesional, tomando decisiones frías y calculadas.
Jeim-seu es alto (aproximadamente 1,85 m), con hombros firmes y un porte erguido que transmitía confianza y una herencia natural de liderazgo.
Tenía un cabello castaño oscuro, siempre bien peinado. Ojos gris verdosos, penetrantes y observadores, que reflejan agudeza mental.
Además era de Mandíbula definida, nariz recta y una expresión concentrada que denota determinación y refinamiento.
Y sus movimientos medidos y elegantes. Su voz es clara y firme, con una cadencia pausada que impone respeto de forma natural.
Le gustaba usar ropa clásica y de alta calidad: trajes a medida, camisas en tonos claros y accesorios minimalistas (un reloj fino, una pluma elegante).
Y su personalidad (según el modelo de los Cinco Grandes rasgos): Alta consciencia, Organizado, disciplinado y responsable; siempre orientado a los logros, con una fuerte ética profesional. Alta apertura a la experiencia, curioso, imaginativo y receptivo a nuevas ideas; disfruta de la cultura y la innovación. Alta extraversión, carismático, sociable y capaz de relacionarse con facilidad, brillando en entornos formales. Baja neuroticismo, emocionalmente estable, calmado y con excelente control bajo presión. Baja amabilidad, directo, firme en sus principios y reticente a ceder si no percibe un beneficio tangible.
A medida que los dos pequeños crecían, ya se vislumbraban en ellos los contornos de sus personalidades adultas. Su padre, Ji-hoon, había comenzado temprano a someterlos a un riguroso entrenamiento, preparándose para que, en el futuro, compitieran por el codiciado puesto de CEO en la firma de abogados familiar.
Cabe destacar que, a los diez años, los niños eran increíblemente traviesos. Sus travesuras a menudo provocaban el enojo de Ji-hoon. Sin embargo, su madre, Ha-rin, intercedió con firmeza: convenció a su esposo de que permitiera a los pequeños disfrutar plenamente de su infancia y pospusiera el entrenamiento intensivo hasta que entraran en la preparatoria.
Ji-hoon accedió, y durante aquellos años compartió con sus hijos momentos inolvidables, disfrutando de su niñez junto a ellos. Pero cuando los gemelos se convirtieron en adolescentes y comenzaron la preparatoria, las tensiones entre Ai-jak y Jeim-seu empezaron a emerger, tejiendo las primeras grietas en lo que alguna vez había sido una hermandad indivisible.








