Único
Goo tamborileaba los dedos contra el volante del auto mientras miraba de reojo la prisión.
Cinco años. Tres desde que Gun, tras un año de silencio, finalmente pude verlo. Tres años de visitas llenas de ese mismo maldito silencio.
Goo exhaló profundamente por la nariz, recostando su cuerpo en el asiento con los ojos cerrados.
Se acordaba de la primera vez, en un cuarto frío y esterilizado. Gun estaba allí, imperturbable.
-Pensé que ibas a seguir ignorándome -dijo Goo, sentándose frente a él.
Gun no dijo nada. El silencio lo llenó todo, una tortura peor que los gritos.
-¿Por qué te dejaste arrestar? -insistió Goo, su paciencia desgastándose-. No me digas que no tenías salida... no tú.
Nada.
Eso le molestó más de lo que quería admitir.
Sus dedos golpearon la mesa una vez.
-Y ni siquiera aceptabas mis visitas -añadió, más bajo-. ¿O es que simplemente me odias?
Gun lo miró entonces, directo a los ojos.
-No.
Una sola palabra que lo derrumbó todo. Y en ese momento, Goo supo que seguiría regresando, sin importar nada.
Un golpetazo en la ventana lo sacó del recuerdo. Abrio los ojos. Allí estaba, fuera de la jaula.
Ya no era el chico de uniforme de hace cinco años, sino un hombre más afilado, más maduro, vestido con vaqueros y una camisa que era pura y esencialmente Gun. Abró la puerta del copiloto y se desplomó en el asiento, y el olor a jabón ya encierro llenó el coche.
Goo no dijo nada. Solo metió primera y el coche se movió suavemente hacia la salida, dejando atrás las luces de la prisión. Esperaba nunca volver a ese lugar. El silencio en el coche era denso, pero no incómodo como las primeras veces. Lleno de palabras no dichas y acciones inconclusas.
Fue el primero en romper el silencio, sin apartar la vista de la carretera.
-¿Te acuerdas de la última vez? -preguntó Goo, su voz más ronca de lo que esperaba-. En esa sala de visitas. Antes de que todo se fuera al carajo.
El otro hombre no respondió de inmediato. Goo lo vio por el rabillo del ojo, cómo su mano se apretaba sobre su propio muslo, un gesto casi inconsciente.
-Recuerdo que dijiste que cuando salieras... -hizo una pausa, tragando saliva- ...que íbamos a terminar lo que empezamos.
Y una vez más, el silencio volvió como era costumbre en ellos cuando no sabían qué hacer a continuación. Estaba cargado, pero... raro.
Gun se recostó en el asiento, girando despacio su cabeza para mirar a Goo. Sus ojos, oscuros y penetrantes, encontraron su perfil.
-Lo recuerdo.
Dijo apenas en un susurro, y Goo se removió en su lugar, incómodo. Apretando las manos en el volante con los nudillos blancos por el fuerte agarre.
-Claro que lo recuerdas -murmuró casi para sí mismo.
No se atrevió a mirarlo, no hacía falta. Podía sentir su calor cerca, y su mirada penetrante le hacía estremecer la piel, como siempre había sido.
Como aquella última vez.
-Nunca olvido lo prometido.
Goo soltó una risa áspera, casi sin humor.
-Vaya... -ladeó apenas la cabeza-. Pensé que estabas a fingir que nunca pasó.
-No suelo fingir.
-No -admitió Goo-. Nunca lo has hecho.
El semáforo en rojo los obligó a detenerse. Goo apoyó la mano sobre la palanca de cambios, sin moverla. No sabía qué esperar. Estaba a la defensiva, como aquella vez que pelearon a muerte.
Y por supuesto, su mano fría sobre la palanca se tensó cuando otra más grande la cubió. Más áspera. Más cálido. Imposible ignorar.
Volteó su mirada hacia aquella mano para regresar a esos ojos tan brillantes que, a pesar de ser aterradores por su esclerótica negra, lo llenaban de una calidez peligrosa.
-Lo recuerdo. Recuerdo lo que dije -sus dedos tomaron con fuerza moderada los de Goo-. Pero no dije eso que dices. Dije que no iba a dejarlo a medias la próxima vez.
El cuerpo de Goo se erizó. Un calor familiar se expande por su cuerpo, haciéndole Arder las mejillas. Sonrió de lado, ladino.
-Entonces, ¿qué estamos esperando?
Goo giró el cuerpo en el asiento, lo suficiente para enfrentarlo de lleno. Su mano libre subió, cerrándose en la tela de la camisa de Gun.
Tiró de la prenda, llevando el cuerpo de Gun hacia él, a escasos centímetros de su boca. Sus ojos recorrieron las facciones más duras que antes, desde sus ojos más afilados hasta sus labios... más crueles.
Una vez que los había probado, no pudo parar. Se relamió los labios secos, volviendo su mirada a sus ojos de obsidiana.
-Tres años... -murmuró, rozando su boca con la otra-. No voy a esperar otros tres más.
Gun no se movió. Su respiración se aceleró y un suspiro quedito se le escapó. Eso fue suficiente para Goo. Tiró lo que faltaba de distancia y, sin más... lo besó.
Fue un beso brusco, duro. Un beso húmedo y profundo, donde la suavidad de sus labios contrastaba con la intensidad de su deseo. Su mano, anteriormente en la palanca, se entrelazó en el cabello de Gun, pegándolo más a su boca con firmeza. Como si la vida se le fuera en ello.
Gun le correspondió con la misma firmeza. Como si hubiera estado esperando eso. Como si siempre hubiera sido así. El sonido bajo del motor y sus respiraciones mezclándose en el aire cerrado del auto. Goo no aflojó. Al contrario, presionó más. Como si temiera que, si lo soltaba, todo desapareciera.
Sus dedos se tensaron en el cabello de Gun, inclinándolo lo justo para profundizar más, para acercarlo más, como si todavía no fuera suficiente.
Y Gun, como pocas veces lo había sido, respondió dócil al principio.
Su mano subió desde la muñeca de Goo hasta su antebrazo, firme, marcando el ritmo, deteniéndolo apenas.
Antes de subirse al regazo del rubio, un sonido fuerte los hizo sobresaltar. Un claxon largo, insistente.
Un gruñido bajo se escapó de la garganta de Goo. Se separó lo justo para que sus labios ya no se tocaran, pero mantuvo la mano firme en el cabello de Gun, como si no pudiera soltarlo.
Parpadeó, las luces rojas del semáforo borrosas ante sus ojos.
-Mierda -sopló la palabra, casi sin aliento.
Apoyó la frente contra la de Gun, y una risa corta, sin alegría, le tembló en el pecho.
-Siempre en el peor momento, ¿no?
Finalmente se apartó, acomodándose para metro primera y avanzar el auto en un tirón suave.
Ninguno de los dos habló; el silencio era llenado por sus respiraciones agitadas.
Su vista en la carretera era fija, respiraba con calma tratando de calmarse, cosa que terminó fallando por la mano de Gun en su muslo, cerca de su entrepierna.
El contacto, aunque mínimo, envió una corriente eléctrica a través de Goo.
Tres años de fantasías frustradas convergían en ese momento, en ese espacio reducido que olía a acondicionador de aire y deseo contenido.
-Hay un lugar a cinco kilómetros de aquí -dijo Goo, su voz ya no tan firme-. Desierto.
-No llegaremos tan lejos -respondió Gun, su mano subiendo lentamente por el muslo de Goo hasta encontrar ya erecto bajo la tela del pantalón-. Aparca ahora.
Goo obedeció, desviándose hacia un arcén de tierra que apenas era visible en la oscuridad. El motor se apagó con un chasquido, dejándolos en un silencio pesado, solo roto por sus respiraciones.
No hubo más preámbulos. Gun se lanzó sobre él, encontrando su boca con una ferocidad que asustaba.
Era un beso de desesperación, de tres años de fantasías convertidas en una necesidad física.
Las manos de Goo respondieron con la misma urgencia, tirando de la camisa de Gun hasta que los botones cedieron con un sonido sordo.
Mientras Gun se inclinaba sobre él, besando su pecho y descendiendo con sus manos por su estómago, la mente de Goo, por un instante, traicionó el presente.
De repente, no estaba en el coche, sino en otro cuarto cerrado.
El olor a lejía. La promesa susurrada contra su piel.
"La próxima vez que te tenga, no habrá puertas que nos paren. No habrá guardias. No habrá nada."
El recuerdo del golpe en la puerta y la voz del guardia lo golpeado con la fuerza de un latigazo.
Gun detuvo su descenso, sintiendo cómo el cuerpo de Goo se tensaba bajo él. Levantó la vista, sus ojos oscuros buscándolo en la penumbra.
-No es nada -susurró Goo, la voz rota-. Solo grabé aquella vez.
La expresión de Gun se endureció; toda la diversión anterior desapareció para ser reemplazada por algo mucho más oscuro y resuelto.
No respondió con palabras. Simplemente bajó la cabeza y su boca lo envolvió por completo, sin ninguna duda, sin ninguna vacilación.
El calor de la boca de Gun era abrumador, húmedo y firme. Cada movimiento era deliberado, como si estuviera marcando territorio, reclamando lo que había esperado durante años.
Goo se arqueó contra el asiento, los dedos enterrados en el pelo oscuro de Gun, sin poder contener los gemidos que escapaban de su garganta.
No hablaron más; dejaron que sus acciones hablaran por sí solas. Se tomó el tiempo de explorar sus bocas, con sus dientes y lenguas en una pelea de dominio y por la calidez, aunque en el cuerpo de ambos había de sobra.
Sus manos recorrieron el cuerpo del otro debajo de la ropa, explorando cada límite. Goo llamativamente en medio del beso al escuchar un gemido bajo de Gun al bajar su mano a la parte trasera de este.
Sin embargo, quería escuchar más, así que, apretando con fuerza el culo de Gun, frotó las caderas contra las de él, sacando un quejido del cuerpo encima de él. Sintiéndose satisfecho, volvió a restregar sus entrepiernas, y Gun gimió una vez más, apretando sus hombros.
-Jo... Joder, Goo -jadeó contra su boca, perdido en sus respiraciones agitadas y en esos labios rojos por el beso brusco que había pronunciado su nombre.
Rendido. Tomó a Gun con fuerza de la nuca, atrayéndolo a su cara y, tras ello, le mordió el labio inferior con rudeza para después empujarlo hacia su boca.
Entre gemidos ahogados y respiraciones agitadas, cerraron sus ojos con fuerza, sintiendo todo con detalle: la forma en que los dedos de Gun se encajaban en sus hombros y sus propias manos acariciaron desde su trasero hasta colarse debajo de su camisa y rozar su espalda desnuda. Se separaron por la falta de aire, dejando un rastro de saliva cálido que colgó de sus labios por un segundo.
Con prisa, el moreno desabrochó la camisa del rubio. Y una vez quitada la prenda, recorrió con sus labios la piel de su cuello y mordió ahí, como si quisiera devorarlo, consumirlo hasta que no pudiera más.
Y lo hizo, una vez tras otra. Su cuello, sus hombros, hasta marcar con sus dientes su pecho, donde se detuvo en uno de sus pezones, lamiendo y mordiendo con detalle. Después, respirando de forma impaciente, se urgio hacia el lado del asiento del auto, buscando a tientas algo. Y cuando lo encontró, Goo soltó un grito por el repentino movimiento del asiento, que se hizo para atrás.
-¿Qué carajos...?
Empezó a decir, pero se detuvo al contemplar a la persona sentada en su regazo.
Parecía casi etéreo: la luz tenue que se colaba por los cristales empañados dibujaba su cuerpo y mostraba la curva de su cintura y los músculos más definidos, que no había notado que habían crecido. La imagen le robó el aliento, haciendo que su miembro palpitara debajo de sus vaqueros con el roce de los de él al bajar.
El rostro contrario estaba sonrojado y respiraba entrecortadamente como él. Gun movió sus caderas contra las suyas, sacando un gemido alto de los dos.
Goo volvió sus manos a las caderas contrarias para moverlas a su gusto, pero no esperaba el jalón brusco de sus pantalones junto con el bóxer. El botón salió disparado en alguna parte del auto, y la mano de Gun se coló debajo de su bóxer, acariciando su miembro un poco.
-Joder... Está muy mojado.
Goo arqueó la espalda apenas, sus manos se apretaron en las caderas de Gun con un gruñido ahogado. La mano de Gun era caliente, moviéndose con una precisión que lo volvía loco.
-Para... O harás que me corra -jadeó, cerrando los ojos.
Gun se detuvo abruptamente, mirándolo fijamente con sus ojos, que brillaban en la oscuridad con una intensidad que lo hizo estremecer.
-Ya tuviste suficiente control esta noche -dijo Gun, su voz baja y ronca-. Ahora es mi turno.
Goo frunció el ceño, confundido.
-¿De qué estás hablando?
Gun no respondió; en cambio, terminó por desnudarlo, lento. Tomándose el tiempo de acariciar la piel expuesta, cuando terminó de quitarle el bóxer se detuvo en seco.
- ¿Qué es esto? -preguntó Gun, su voz sin su tono anterior juguetón, ahora cargada de sorpresa y algo más que Goo no podía identificar.
Goo intentó cerrar las piernas y cubrirse con las manos; Una ola de calor de vergüenza recorrió su cuerpo. Mierda, se había olvidado por completo.
-Nada -dijo Goo, su voz más alta de lo que pretendía-. Es nada, déjame.
Pero Gun no se movió. Su mano permaneció firme, impidiéndole cerrar las piernas.
Allí estaba. A pesar de la escasa luz, se podía notar la base negra del tapón anal, sobresaliendo ligeramente: un testigo silencioso de las noches solitarias de Goo, de sus fantasías, de su preparación para este momento.
-¿Por eso estabas impaciente? ¿Mmm? -dijo Gun, su voz ahora peligrosamente quieta. Sus ojos se fijaron en el objeto, luego en la cara de Goo, ruborizada y evasiva-. Te dije que me esperaras.
-No sé de qué hablas -mintió Goo, intentando apartar la mirada.
Gun se inclinó sobre él, hasta la curvatura de su hombro, dejando una mordida que le hizo arquear la espalda y un gritito agudo salir de sus labios. Su mano se movió entonces, no para retirarlo, sino para tocarlo. Su dedo índice rozó la base del tapón, presionando suavemente. Goo ahogó un gemido, su cuerpo traicionándolo instantáneamente.
-¿Te preparabas para mí? -insistió Gun, su otra mano subiendo para tomar el mentón de Goo, obligándolo a mirarlo-. ¿Te metías esto y pensabas en mí?
-Sí -confesó Goo, la palabra apenas un suspiro, derrotado.
La sonrisa de Gun fue lenta, depredadora. No se burlaba, no exactamente. Era más bien una expresión de posesión, de satisfacción.
-Buena respuesta -dijo Gun, y entonces giró el tapón lentamente.
Goo arqueó la espalda con un grito ahogado, sus manos fueron a la espalda de Gun. El movimiento era tortuoso, diseñado para llevarlo al límite sin dejarlo cruzarlo.
- ¿Quieres que lo saque? -preguntó Gun, su voz baja y seductora-. ¿O prefieres que te joda con él puesto?
-Tú -jadeó Goo, finalmente mirándolo a los ojos, toda la vergüenza reemplazada por el deseo puro-. Solo tú.
La sonrisa de Gun se ensanchó. Sin decir palabra, sacó el tapón de un tirón, arrancándole un jadeo a Goo. Lo mordió una última vez.
Se incorporó y, estando en medio de sus piernas, contempló al hombre tembloroso, jadeante y con la mirada vidriosa.
Gun jadeó, se quitó los pantalones junto con la ropa interior. No importaba estar desnudo en un auto, en medio de la carretera y donde sea que estuvieran ahora. Nada de eso importaba, no cuando tenía a Goo tan entregado a él después de tanto.
Volvió a tomar sus labios, comiéndoselos por completo, y comenzó a frotarse en medio de sus piernas. Sus respiraciones se tornaron pesadas y la humedad de sus miembros comenzó a mezclarse tras cada roce.
Cansado de seguir jugando, tomó su miembro para posicionarlo en la abertura de su entrada preparada. Goo gimió por la invasión a su cuerpo, centímetro a centímetro, hasta que la pelvis de Gun chocó contra sus nalgas, quedando completamente dentro. Una oleada de euforia le llenó el pecho.
Por fin, después de tanto tiempo, por fin tenía a Gun para él.
Gun dejó de besarlo para contemplar sus reacciones; se acomodó lo mejor que pudo para abrir más las piernas del rubio hasta donde el reducido espacio lo dejó.
Cada movimiento dentro de su cuerpo lo embriagaba de placer, deseando cada vez más de Gun.
Gun se movía cada vez más brusco, respirando de forma pesada y cerrando los ojos. Jadeaba porque, a pesar de estar previamente preparado, seguía estrecho; lo presionaba de tal forma que cada choque eléctrico del placer se le subía a la cabeza. Y Goo, perdido en sus expresiones, gemía ruidosamente, tratando de controlar su voz. Temía que alguien los escuchara y los interrumpiera de nuevo.
Se fue todo al diablo cuando, con un movimiento, Gun rozó algo al fondo de su cuerpo, haciendo gritar hacia el techo y temblar de placer.
-Más... -pidió casi gritando, mirándolo a través de su visión borrosa, producto de las lágrimas.
-¿Mmm? -Gun entreabrió los ojos para mirar a la criatura llorosa y suplicante.
-Más... mierda -repitió, sumamente ido, y esa hermosa expresión hizo que algo dentro de Gun se rompiera.
-Pídelo otra vez -sentenció, y un golpe en su pecho fue lo que recibió en respuesta. Se detuvo un momento para tomar a Goo del cuello, sin lastimarlo-. Si no lo pides, no te lo daré.
Goo no cedió y, en cambio, movió un poco su cadera, arrancándole un gruñido a Gun y un gemido pequeño a él.
-Jo... Jódete...
Sonrió a pesar de la frustración de no tener a Gun moviéndose, sonrisa que se esfumó por una fuerte embestida. Gun llegó a más fondo de su cuerpo con fuerza y después salió lentamente para volver a entrar con la misma fuerza y profundidad.
-¿Cómo se dice?
-M... Más... por... por favor.
Gun, satisfecho, continuó dándole duro, haciendo que el rubio se aferrara al cojín del asiento, temblando.
Continuaron así, embargados del placer y la cercanía, se acariciaban el uno al otro. Sus cuerpos se movían en sintonía hasta que el cosquilleo en sus vientres se intensificaba, dando aviso de su inevitable orgasmo.
-Me voy a... correr, Gun.
El de piel tatuada llevó su mano al húmedo pene del rubio, comenzando a acariciarlo con precisión. Apretando los ojos, Goo salpicó la mano de su amante y parte de su vientre. Gun, complacido por el líquido blanco en su mano, aceleró sus embestidas con fuerza, moviendo el auto con sus movimientos bruscos.
Gruñó, inclinándose para besarlo mientras sentía su espeso líquido salir y pintar las paredes de Goo de blanco.
Gun se permitió dejarse caer encima de Goo, jadeante entre sus piernas. No dijeron nada; ambos trataron de calmar sus respiraciones en silencio, con el peso de lo que pasaría a continuación.
El silencio no era denso ni incómodo. Era diferente. Era el silencio de la satisfacción, del agotamiento, de una verdad que ya no necesitaba palabras. El peso de Gun sobre él no era una carga, sino un ancla. Por primera vez en cinco años, Goo se sentía completo.
Pasaron minutos que parecieron horas. Goo movió una mano, lentamente, y la posó sobre la espalda sudorosa de Gun. Sintió, las marcas que él no había hecho pero que ahora sentía como propias.
-No te vayas otra vez-murmuró Goo, su voz ronca por los gritos y el sexo. No era una orden, ni una súplica. Era un hecho.
Gun levantó la cabeza lo suficiente para mirarlo. En la penumbra del coche, sus ojos negros ya no parecían aterradores. Solo parecían cansados. Y vivos.
-No tengo a dónde ir -respondió Gun, y en su voz no había amargura, solo una calma que Goo nunca le había escuchado.
Se separaron con lentitud -una operación difícil en el reducido espacio del coche- Se vistieron en silencio, sin prisa, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Cada vez que sus roces se encontraban, no había sobresaltos, solo una familiaridad reconfortante.
Goo encendió el motor. El coche cobró vida con un suave murmullo. No preguntó hacia dónde iban. Simplemente condujo, de vuelta a la carretera, hacia la ciudad que los esperaba.
-¿Qué pasa ahora? -preguntó Gun, finalmente, rompiendo el silencio. Miraba por la ventanilla, las luces de la ciudad dibujando reflejos en su perfil.
Goo apretó el volante, considerando la pregunta. Podía decir muchas cosas. Podía hablar de venganza, de recuperar el tiempo perdido, de empezar de nuevo. Pero ninguna de esas palabras parecía suficiente.
-Ahora -dijo Goo, sin apartar la vista de la carretera-. Ahora dejamos de esperar.
Gun no respondió de inmediato. Goo lo sintió moverse, y luego una mano se posó sobre su muslo, sobre la tela del pantalón. No era un gesto de deseo esta vez. Era una posesión tranquila. Una afirmación.
-El lugar donde me quedaba ya no existe -dijo Gun, como si continuara una conversación anterior-. Y el departamento que tenía lo perdí cuando me arrestaron.
-Tenemos el mío -respondió Goo, su voz firme-. Es más grande. Y tiene cama.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Gun, una sonrisa genuina que Goo no había visto en cinco años. Una sonrisa que transformó su rostro, borrando la dureza y revelando al chico que Goo había conocido antes de que todo se fuera al carajo.
-¿Una cama? -preguntó Gun, su voz llena de un humor que Goo había echado de menos-. ¿Y qué pensaste que íbamos a hacer en ella?
Goo sonrió, sintiendo por primera vez en años que el peso en su pecho se había aligerado.
-Todo lo que no pudimos hacer en una sala de visitas -respondió-. Y todo lo que no pudimos hacer en un coche.
Gun apretó su mano ligeramente.
-Suena bien -dijo-. Suena como un comienzo.
-No es un comienzo -corrigió Goo, girando hacia su calle-. Es una continuación. Simplemente... nos tomamos un atajo.
Gun rió, un sonido bajo y genuino que llenó el coche. Y Goo supo, con una certeza que no había sentido en cinco años, que esta vez, no habría más silencios entre ellos. O al menos, no silencios vacíos.

𝑉𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑒𝑛𝑔𝑎𝑛̃𝑒 𝑎𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜?
𝐽𝑢𝑎𝑠𝑗𝑢𝑎𝑠𝑗𝑢𝑎𝑠.
𝐿𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒𝑎 𝑚𝑢𝑦 𝑙𝑎𝑟𝑔𝑜, 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒́𝑛 𝑝𝑜𝑟 𝑝𝑜𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒𝑠 𝑓𝑎𝑙𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑜𝑟𝑡𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎 𝑜 𝑠𝑖 𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑑𝑎𝑐𝑡𝑎𝑑𝑜.
𝐼𝑏𝑎 𝑎 𝑝𝑢𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎𝑟𝑙𝑜 𝑒𝑛 𝐺𝑜𝑜 𝑥 𝐴𝑙𝑙 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑚𝑒 𝑔𝑢𝑠𝑡𝑜́ 𝑚𝑎́𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑖𝑛𝑑𝑒𝑝𝑒𝑛𝑑𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑦 𝑚𝑎́𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑎' 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑢𝑚𝑖𝑟 𝑚𝑖𝑠 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑠𝑎𝑠 ℎ𝑎𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑖𝑏𝑢𝑗𝑎𝑟 𝑗𝑠ℎ𝑠ℎ𝑑.
𝐸𝑛 𝑓𝑖𝑛, 𝑔𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑒𝑒𝑟 ♡
ᥫ᭡𝓜ℊ❁








