Chapter 1 Figuras blancas
Una familia caminaba por el cementerio, la madre llevaba de la mano a su pequeño hijo de 3 años llamado Sergio, el niño no sabía bien qué era lo que pasaba, para él era fácil distraerse con las lápidas a su alrededor, ignorando la luna grande como un ojo vigilante, el silbido constante del viento que parecía llorar y el frío que abrazaba todo como un manto helado
Pasaba por el pasillo hasta una de las tumbas que recientemente había sido tapada y cubierta de flores, al lado de la lápida, vestido con un traje negro como todos los demás, estaba su padre, lo miraba con una sonrisa suave, como si no esperara atención de ningún tipo
Sergio, con su inocencia se emocionó, al fina su padre había salido del hospital y había ido con ellos, se soltó de la mano de su madre para correr a donde estaba él, hasta que sintió como ella lo sujetaba, parecía triste, el niño trataba de soltarse desesperado por no poder llegar
El hombre al lado de la lápida comenzó a llorar, extendió la mano tratando de calmar a su hijo desde donde estaba, una figura alta con ropas blancas se paró detrás de él, no se podía ver su rostro, solo sus manos casi traslúcidas
–¿papá?... no te vayas
Su padre logró susurrar “perdoname”, casi inaudible antes de tomar la mano de la figura blanca y caminar a donde fuera que lo llevara, Sergio comenzó a gritar, lloraba por que “alguien” se llevaba a su padre, su madre tardó mucho rato en lograr que se durmiera después del entierro de su padre
Varios días después, Sergio iba caminando al lado de su abuela paterna, quien le había comprado un caramelo que aún llevaba en la mano, de pronto ella se detuvo en un puesto, Sergio intentó abrir su caramelo cuando vió a un joven parado al otro lado de calle
Estaba descalzo, con una sudadera negra y pantalones de mezclilla desgastados, a su lado, ligeramente detrás estaba una figura blanca, la misma que había visto en el panteón llevarse a su padre, pero esta, lloraba
Sergio, con solo 3 años, tuvo miedo, esa figura también se llevaría a ese chico y no quería dejarla, se cruzó la calle tratando de acelerar, el joven seguía mirando la pared hasta que sintió claramente cómo alguien se abrazaba a su cintura, se quedó helado al bajar la mirada y ver a un niño aferrado a él
El color de le fué del rostro cuando escuchó que decía
–no te vayas con ella… por favor
El muchacho lloró,la verdad era dolorosa, se había dado cuenta, puso sus manos heladas sobre los hombros del pequeño cuando se dió cuenta que la abuela del niño cruzaba la calle con expresión de angustia, pero el niño no lo soltó, seguía con sus bracitos aferrados a él
El Chico se inclinó a levantar al niño, lo abrazó con suavidad, recordando a sus hermanos menores y sonrió, las lágrimas secándose en su cara hasta que la figura blanca desapareció, sonriendo, la mujer lo levantó y dijo para tratar de calmar las cosas
–lo siento… no lo vi alejarse
Él asintió, le restó importancia a todo eso, mientras la anciana se alejaba con el niño en brazos, se dió cuenta que el caramelo que llevaba el pequeño en la mano estaba ahora en su sudadera, como un regalo dulce
El muchacho se quedó en el lugar, con el caramelo del niño en la mano ¿que no se fuera con ella? ¿Quién era ella? ¿la muerte? ¿acaso realmente se había dado cuenta que planeaba quitarse la vida ese mismo día?, no podía responder, caminó de regreso a su casa donde no había nadie, había mandado su carta de despedida por mensaje a un grupo familiar
Cuando revisó los mensajes, estaban llenos de sus familiares, preguntando donde estaba, que no hiciera nada y que estaban cerca, se sentó a responder que estaba en su casa y 15 minutos después llegaron uno a uno sus hermanos, preocupados por él
Sergio pasó su infancia hablando de las figuras blancas, pero realmente nadie le creía, los psicólogos decían que podría ser esquizofrenia o que por ser pequeño querría llamar la atención, lo que llevó al niño a “admitir” que todo era imaginación suya
Desde entonces dejó de decir lo que veía, guardando las cosas para sí mismo, al cumplir 10 años, cada vez que dibujaba a las figuras blancas o algún espectro que solía ver, lo escondía o decía haberlo imaginado
Un par de días después de su cumpleaños, Sergio regresó con su madre al panteón, esta vez por el entierro de su abuela en un lugar mucho más viejo donde estaba el cuerpo del abuelo, esposo de la mujer, las lápidas desgastadas, escrituras invisibles por el tiempo, estética antigua e historias de pena y amor
Sergio miraba el entorno con los ojos tristes, hasta que algo le llamó la atención, era una figura grande, de tamaño real, un ángel de concreto o piedra arrodillado sobre una sola rodilla, los brazos abiertos con las palmas hacia arriba, el cabello largo detrás de su espalda, alas grandes y la mirada fija en el suelo sin aureola
Lo miró de abajo hacia arriba hasta que se encontró con la cara de esa figura, grandes gotas de agua caían de su cara como si llorara, “es lluvia” se decía una y otra vez para explicar lo que veía, pero era temporada de sequía, no había lluvia, mucho menos tan reciente
Sergio se aseguró que su madre estuviera ocupada para acercarse lentamente a la figura, respiraba con pesadez, cada paso era más difícil que el anterior, las gotas no dejaban de caer como si salieran directamente de la roca “humedad” “es una fuente decorativa” se repetía para tratar de calmarse, pero no parecía haber algo conectado a la figura
Frente a él, una placa de concreto con una cruz tallada y el nombre de un niño, “Víctor Soledad Cruz, Nacido el 9 de enero de 1866, fallecido el 3 de marzo de 1876, recuerdo de su familia”, se acercó un poco más para ver el rostro de la figura, tenía detalles muy claros, ojos mirando abajo, labios, cabello, parecía un chico de 20 años o menos
Con la mano temblorosa tocó una de las gotas que caían por la cara de la figura, un escalofrío le escaló por la espalda cuando sintió que la gota estaba cálida, como una lágrima, la vió caer de su mano al suelo sin poder creerlo
Con el cuerpo entero tenso como un arco miró de nuevo a la figura, que seguía soltando agua hasta que para su horror, esta levantó la mirada, ojos azules, humanos, enrojecidos por el llanto, Sergio se quedó paralizado, su madre tocó su hombro y él soltó un grito que asustó a todos
Su madre, al escuchar el grito de pánico de su hijo se acercó, pensando que podría ser algún ata que que confirmara la esquizofrenia o en el mejor de los casos que solo quería llamar la atención, lo sostuvo de los hombros preguntando qué había pasado
Sergio, sabiendo que no si decía la verdad solo sería un paso erróneo, respiró profundo antes de decir –yo… vi…vi una araña
Todos los familiares presentes en el lugar, sus abuelos maternos, 2 tíos y sus 3 primos se quedaron paralizados al escuchar que ese grito aterrador era por eso, uno de los primos, un chico de 15 años dijo sin rodeos
–Una araña… ¿en serio?... ¿gritaste así por eso?
Sergio comenzó a llorar, se abrazaba a su madre mientras decía –era enorme… se me acercó y casi me pica
La mujer levantó a su hijo con calma, tratando de calmarlo, pero él seguía viendo en dirección a la figura del ángel que sin que nadie pudiera verlo, el agua seguía cayendo de su cara
El tiempo pasó con calma, Sergio aprendió a no reaccionar a todo lo que veía, sabiendo identificar que significaba que una de las figuras blancas estuvieran cerca de alguien, en su cumpleaños número 13, antes de soplar la vela de su pastel, lo vió, la figura blanca detrás de sus tíos maternos, la hermana de su madre y su esposo
Tragó el nudo en su garganta y sopló la vela de su cumpleaños, toda la noche después de eso no pudo dormir, pensando hasta que escuchó el timbre del teléfono, su cuerpo se erizó, su corazón latiendo en sus oídos mientras sus padres se levantaban para responder
Sus tíos, habían muerto en un choque contra un tráiler, dejando como único sobreviviente a su hijo de 17 años, Erick quien estaba grave en el hospital, Sergio apretaba su sudadera con terror, sus nudillos blancos, esperando en la sala del hospital al lado de su madre, Se había acostumbrado a ver las figuras, pero nunca tantas juntas como en ese lugar