Entre El Ego Y El Vacío

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Summary

Jake vive del orgullo. Lastimar no le pesa; le divierte. Herir es fácil cuando no sientes nada. Entre su ego y el vacío hay algo roto que nunca quiso enfrentar. Algo que no superó y que prefirió enterrar usando a los demás como distracción. Controlar, manipular y ver caer a otros se volvió costumbre. Pero el orgullo también se agota. Y cuando eso pasa, el vacío no perdona. Cuando deje de bastarle herir, Jake descubrirá que para sobrevivir no siempre alcanza con ser fuerte... y que quizá, esta vez, necesitará de alguien como aquellos a los que rompió.

Genre
Drama
Author
Dm
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Jake siempre había sido bueno en una sola cosa:

destruir sin sentir absolutamente nada.

No miedo.

No culpa.

No remordimiento.

Nada.

Mientras otros dudaban, se quebraban o se preguntaban si estaban yendo demasiado lejos, Jake no pensaba en eso. Nunca lo hizo. Para él, el daño no era un error: era una decisión. Una que tomaba con la cabeza fría y el orgullo bien puesto.

No buscaba amor.

No buscaba afecto.

No buscaba estabilidad.

Nada de eso le interesaba.

Lo único que lograba provocar algo —aunque fuera mínimo— era presenciar el instante exacto en el que alguien se rompía por su culpa. Cuando la voz se volvía insegura. Cuando las manos temblaban. Cuando la otra persona entendía, demasiado tarde, que había dicho o hecho algo mal… aunque no supiera qué.

Ahí, justo ahí, Jake sentía control.

No felicidad.

No satisfacción completa.

Pero sí poder.

Y eso era suficiente.

Desde que Janeth se fue, el mundo dejó de importarle emocionalmente. No fue una tragedia. No fue un colapso. Fue más bien un apagón. Algo se cerró dentro de él y nunca volvió a abrirse. Las personas perdieron profundidad. Se volvieron presas fáciles, distracciones temporales, formas de no pensar.

Así que Jake decidió algo simple:

si no podía sentir, al menos podía dominar.

Convirtió el dolor en ocio.

El vacío en rutina.

La crueldad en entretenimiento.

Manipular.

Confundir.

Lastimar con precisión.

Mover a la gente como piezas que reaccionaban exactamente como él quería.

Eso era lo más cercano al placer que conocía.

En la escuela caminaba con seguridad, siempre acompañado de Alex, Sebastián, Isaac y Theo. Ninguno conocía su pasado completo. Jake jamás hablaba de Janeth. Jamás hablaba de lo que perdió. No porque doliera… sino porque ya no significaba nada.

Con ellos no era el chico vacío.

Era el líder.

El que no gritaba y aun así imponía.

El que sonreía de lado y te hacía sentir observado, evaluado, juzgado.

Y ellos lo admiraban.

Porque Jake proyectaba algo peligroso: la sensación de que nada podía tocarlo.

A veces fumaba detrás de los edificios del campus. No por rebeldía. No por ansiedad. Lo hacía porque le gustaba la sensación de control: decidir cuándo inhalar, cuándo soltar, cuándo desaparecer entre el humo. Era un hábito frío, sin emoción, como casi todo en su vida.

Lo que realmente disfrutaba era observar.

Detectar inseguridades.

Identificar dependencias.

Elegir a quién romper y cómo.

Sabía quién lloraría primero.

Quién se haría pequeño.

Quién pediría disculpas sin entender por qué.

Y si podía hacerlo frente a otros, mejor. Sebastián e Isaac se reían. Alex a veces callaba más de la cuenta. Theo miraba con atención. Pero Jake no se cuestionaba nada. Solo jugaba.

No lo veía como bullying.

Ni como crueldad.

Para él era: pasar el tiempo.

ejercer control.

recordarse que aún tenía poder.

En casa, Jake seguía siendo el mismo. Dominaba los silencios, elegía cuándo hablar y cuándo desaparecer. La gente entraba y salía de su vida sin dejar marcas. No extrañaba. No necesitaba. No temía perder a nadie.

Las personas de su pasado —Estefanía, Ruby, Christian, Kaeed, Leonardo, Vanessa, Sofía, Matt— eran solo nombres sin peso. Todos habían sentido algo por él. Y Jake había disfrutado cómo dependían, cómo se confundían, cómo se quebraban cuando él se alejaba.

Nunca sintió culpa.

Pero todos tenían algo en común.

Ninguno fue Janeth.

Y por eso, ninguno importó.

Jake no huía del vacío.

Lo aceptaba.

Lo alimentaba.

No sentía miedo del futuro porque no esperaba nada de él. No temía perder, porque para él no había nada que conservar. Y mientras los demás se aferraban a sentir, Jake se aferraba a su orgullo.

Cada día, al caminar entre risas que nacían del dolor ajeno, al observar miradas bajas y silencios incómodos, Jake pensaba lo mismo:

Tal vez era mejor así.

Tal vez sentir era una debilidad.

Tal vez lastimar era lo único que sabía hacer bien.

Y por ahora,

eso le bastaba.