⊰⁠⊹ฺ。⁠*゚ノ⁠*⁠.⁠✧. KooxBam

Summary

KooXGran Danés

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

🐾 Único 🐾

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⚠️Koo, 18 años, 1.78⚠️

⚠️ Boypussy ⚠️

⚠️ Zoofilia ⚠️


Entre las piernas, en vez de lo que todos esperan, tengo un coñito apretado con labios carnosos y un clítoris grueso que se hincha y asoma como una pequeña verga rosada cuando estoy en celo. Nadie lo sabe. Nadie tiene que saberlo

Hoy fue un día de mierda. Fui al gym por la mañana, en mi  trabajo estuve de pie todo el día, clientes gritando, y por el estrés mi sudor pegado a la piel. Volví a casa con el bóxer empapado, no de sudor solo. De mis jugos. Todo el día pensando en Bam. En su olor, en su verga roja que sale sola cuando me ve desnudo, en cómo su nudo me estira hasta el límite y me deja temblando horas después.

Apenas entré, cerré la puerta con llave. El patio trasero está techado, es como una extensión del living: piso de cemento áspero, una luz amarilla tenue que proyecta sombras largas, olor a tierra húmeda, a pelo de perro y a orina vieja en las esquinas donde Bam marca territorio. El frío de la noche me cortó la piel, pero mi coño ya chorreaba. Abrí la puerta corrediza y lo llamé bajito:

—Bam… ven aquí, papi.

Él salió de su rincón oscuro. Un Gran Danés, café de tres años. Olfateó el aire y sus ojos se clavaron en mí. La cola se movió lenta, pesada. Su verga ya asomaba: punta roja puntiaguda, goteando presemen claro que brillaba bajo la luz amarilla. Olía fuerte: a perro mojado, a pelo que nunca termina de secarse del todo, a tierra removida con las patas, a macho puro.

Me quité la camiseta. Mis pectorales grandes quedaron libres, pezones duros por el frío y la excitación. Bajé los pantalones y el bóxer de un tirón. Mi coño estaba abierto, labios hinchados y brillantes, clítoris sobresaliendo como un botón rojo e inflamado. El olor de mis jugos se mezcló con el suyo al instante.

Bam se acercó. Hocico frío rozó mi muslo interno, subió despacio. Olfateó mi coño primero: inhalaciones profundas que me hicieron gemir. Luego lamió una vez, larga, desde el perineo hasta el clítoris. No fue una lamida. Fue un recorrido completo, áspero, caliente, abarcándolo todo. La lengua rugosa raspó mi botón sensible y sentí un escalofrío que me subió hasta la nuca.

—Joder… sí… lame… lame todo…

Se concentró en el clítoris. Lengua en círculos rápidos, succionando con la boca caliente. Cada pasada me hacía arquear la espalda contra la pared fría del patio. Mis pectorales rebotaban, pezones duros rozando el aire. Me corrí rápido, chorro caliente salpicándole el hocico. Bam lamió más fuerte, bebiendo, gruñendo de placer animal.

No paró. Bajó al ano, lengua metiéndose ahí también, abriéndome, humedeciéndome. Dolor y placer mezclado. Yo empujaba hacia atrás, ofreciéndole más.

Luego me puse de rodillas en el cemento áspero. El frío me mordió las rodillas, pero no importó. Bam estaba frente a mí, verga completamente fuera: más de 20 cm de roja brillante, venosa, gruesa, nudo ya hinchándose al final como una pelota. Olía a almizcle intenso, a presemen salado.

Abrí la boca y la metí. La punta caliente golpeó mi garganta. Chupé con hambre, lengua rodeando el nudo grueso, succionando la punta que goteaba chorros espesos. Sabor salado, fuerte y adictivo. Bam empujó suave, follándome la boca despacio. La saliva y el presemen me chorrearon por la barbilla, cayeron sobre mis pectorales grandes, resbalaron por los pezones duros.

—Mmm… sí… dame más…

Me corrí otra vez solo con su verga en la boca, sin tocarme. Chorros salieron de mi coño y cayeron al cemento.

Me puse en cuatro, culo gordo levantado, pecho contra el piso áspero. Separé las nalgas con las manos.

—Ahora… métemela… toda…

Bam saltó sobre mi espalda. Patas delanteras clavadas en mis costados musculosos, peso pesado aplastándome. La punta buscó mi coño y entró de un empujón lento pero implacable. Grité. Era gruesa, ardiente, me abría las paredes internas sin piedad. Embestidas lentas al principio, profundas, llegando al fondo. Cada golpe hacía que mis pectorales se sacudieran contra el cemento, pezones raspando el suelo frío.

Aceleró. El Chap-chap-chap húmedo llenaba el patio. El nudo golpeaba mi entrada, hinchándose más. Empujó fuerte y entró con un pop audible. Dolor intenso, lágrimas calientes en mis ojos, pero debajo algo más: placer que me hacía empujar hacia atrás.

El nudo se infló dentro, atrapándome. Presionaba todo: punto G, cervix, cada centímetro. Bam empezó a bombear corto y rápido, gruñendo en mi nuca. Chorros calientes empezaron: uno, dos, tres… no paraban. Sentía cada latido, cada chorro espeso golpeando mi interior, hinchando mi vientre ligeramente. La piel se tensó. Mi coño se contrajo alrededor del nudo, ordeñándolo, sacándole más.

Me corrí gritando, chorros míos saliendo alrededor del nudo, empapando sus bolas y el piso. Bam siguió soltando chorros interminables, calientes y espesos. Mi vientre se sentía lleno, rebalsando.

Pasaron minutos eternos. El nudo palpitaba dentro, uniéndonos. Bam giró sobre sí mismo, culo contra culo, para mantener la unión. Yo jadeaba, temblando, lágrimas y sudor mezclados, semen chorreando por mis muslos gordos.

Cuando el nudo bajó lo suficiente, salió con un sonido húmedo largo. Un río blanco y espeso cayó al cemento, humeante en el frío de la noche. Bam lamió mi coño abierto, limpiándome despacio, lengua suave ahora.

Me giré boca arriba en el piso. Bam se acercó, lamió mis pectorales pegajosos, mi cuello, mi cara. Yo lo abracé, sintiendo su peso, su calor, su olor.

No quiero hombres. No quiero citas. Quiero esto: este suelo áspero, este peso encima, este nudo que me reclama. Quiero ser su perra para siempre.

Bam lamió mi mejilla una última vez.

Sonreí, exhausto, voz rota:

—Mañana… después del gym… te voy a dejar montarme otra vez. Hasta que no pueda caminar.

Él gruñó bajito, satisfecho.

La noche era nuestra. Y el patio olía a nosotros.


A la mañana siguiente, el gym fue una tortura deliciosa. Pecho y hombros otra vez: banca pesada, aperturas con mancuernas, el sudor corría por mi espalda y se acumulaba entre mis pectorales, empapando la camiseta hasta que se pegaba a la piel y marcaba cada curva. Cada vez que me inclinaba o apretaba los músculos, sentía el roce del bóxer contra mi clítoris hinchado, ya sensible desde anoche. El olor a gimnasio, sudor, metal, goma de las pesas, se mezclaba con mi propio aroma: jugos que se filtraban despacio, empapando la tela. Volví a casa con las piernas temblando del esfuerzo, el coño latiendo como si tuviera vida propia, ansioso por Bam.

No me duché. Quería que oliera el día entero en mí: sudor salado, esfuerzo, excitación acumulada. Subí directo al cuarto. La cama king size con sábanas blancas de algodón áspero, ya arrugadas de anoche, olía todavía a nosotros: semen seco, miel floral vieja, almizcle de perro. La luz del mediodía entraba por la ventana entreabierta, cálida y dorada, iluminando las manchas en la tela.

Llamé bajito desde la puerta del patio:

—Bam… ven aquí conmigo, papi.

Entró trotando, cola moviéndose pesada, pelo negro y fuego brillando bajo la luz. Olfateó el aire y sus ojos se clavaron en mí. Su verga ya asomaba, punta roja goteando presemen claro que dejaba un hilito brillante en el piso. Olía fuerte: pelo caliente, sudor canino, tierra húmeda, macho puro que me hizo mojarme al instante.

Me desnudé despacio. Camiseta por la cabeza, pectorales grandes liberados, pezones ya duros y rosados por el roce constante del día. Pantalones y bóxer al piso. Mi coño estaba abierto, labios hinchados y rojos, clítoris sobresaliendo rosado e inflamado, jugos chorreando por los muslos gordos. El olor de mis jugos se mezcló con el sudor del gym y el almizcle de Bam.

Me tiré en la cama boca arriba, piernas abiertas al máximo, tetitas gorditas subiendo y bajando con la respiración agitada. Bam subió de un salto, su peso haciendo crujir el colchón. Se posicionó sobre mi pecho, patas delanteras a los lados de mi cabeza, verga colgando pesada frente a mi cara.

—Primero… lame mis tetas… quiero sentir tu lengua en los pezones.

Bam bajó el hocico. Lengua áspera y caliente pasó por mi pectoral izquierdo primero: un lametazo largo y lento que cubrió toda la curva, raspando el pezón duro. Sentí cada papila como pequeñas agujas de placer, el calor húmedo envolviendo la areola, el roce áspero haciendo que el pezón se endureciera más, enviando chispas directas al clítoris. Gemí alto, agarrándome la tetita con una mano para apretarla hacia su boca. Pensé:

“Dios… esto es tan sucio… un perro lamiéndome las tetas como si fueran mías de verdad… y me pone tan caliente que duele”

.

Cambió al derecho. Lengua rodeando el pezón en círculos, succionando con la boca caliente. El sonido húmedo, succ-chup, llenaba el cuarto. Saliva caliente chorreaba por mis pectorales, resbalando hacia los costados. Mis pezones estaban rojos e hinchados, hipersensibles, cada lamida me hacía arquear la espalda y empujar las tetas hacia su hocico. Me corrí así, sin tocarme abajo: un orgasmo suave pero profundo, chorro pequeño saliendo de mi coño y empapando las sábanas debajo de mi culo gordo.

—Ahora… dame tu verga… quiero mi boca llena de tí.

Bam se movió hacia arriba. Su verga colgaba frente a mis labios, presemen goteando sobre mi barbilla. Abrí la boca y la metí profunda. El sabor explotó: salado fuerte, caliente, con ese gusto animal que me hace cerrar los ojos y gemir alrededor de él. La punta puntiaguda golpeó mi garganta, el tronco venoso rozando mi lengua, el nudo hinchándose al final presionando mis labios. Chupé con hambre: lengua plana recorriendo cada vena, succionando la punta que goteaba chorros espesos de presemen que se pegaban a mi paladar como miel caliente. Pensé: “

Esto es adictivo… el sabor de su verga, el calor, el grosor que me llena la boca… quiero que me folle la garganta hasta que me ahogue en su leche”.

Bajé y lamí el nudo grueso, rodeándolo con la lengua, sintiendo cómo palpitaba, cómo se hinchaba más bajo mi boca. Saliva y presemen me chorrearon por la barbilla, cayeron sobre mis tetitas pegajosas de saliva canina. Bam empujó suave, follándome la boca despacio al principio, luego más profundo. La punta golpeaba mi garganta, el nudo presionaba mis labios estirados. Gemí vibrando alrededor de él, mano libre frotando mi clítoris hinchado en círculos rápidos.

Me corrí otra vez, chorros saliendo de mi coño y empapando las sábanas. Bam gruñó y empujó más fuerte. El nudo entró en mi boca completa con un pop húmedo. Se infló enorme, atrapándome: presionando mi lengua, mis mejillas, mi garganta. Bam bombeó corto y rápido, gruñendo profundo. Chorros calientes empezaron: presemen espeso primero, luego semen abundante y caliente. Uno, dos, tres… no paraban. Llenaban mi boca, garganta, se escapaban por las comisuras, chorreaban por mi barbilla, cuello, tetitas. Tragué lo que pude, el resto me inundaba la cara, pegajoso, caliente, salado y animal. El sabor era abrumador, espeso, adictivo.

Estuvimos así casi quince minutos. El nudo hinchado dentro de mi boca, palpitando, soltando los últimos chorros hasta que mi garganta estaba llena, mi vientre ligeramente hinchado de tanto tragar. Bam jadeaba sobre mí, hocico lamiéndome la frente.

Cuando el nudo bajó lo suficiente, salió con un sonido húmedo y largo. Un río de semen blanco y espeso cayó sobre mi cara, labios y pectorales. Bam bajó y lamió mi boca abierta, barbilla pegajosa, pezones duros, coño hinchado.

Me puse de lado en la cama, una pierna levantada alta apoyada en su lomo, culo gordo abierto. Bam se acomodó detrás, patas delanteras abrazándome la cintura.

—Métemela… en el coño… pero esta vez de lado, quiero sentirte profundo.

La punta caliente rozó mi entrada. Empujó lento. Entró centímetro a centímetro, gruesa, ardiente, abriéndome las paredes internas. Sentí cada vena rozando mi punto G, el calor quemándome desde dentro. Embestidas profundas, lentas al principio, cada golpe hacía que mis tetitas rebotaran contra su pecho peludo, pezones raspando su pelo áspero. Aceleró. El sonido chap-chap húmedo llenaba el cuarto. El nudo golpeaba mi entrada. Empujó fuerte y entró con un pop. Se infló dentro, atrapándome, presionando todo. Bam bombeó corto y rápido, gruñendo en mi nuca.

Chorros calientes empezaron: espesos, abundantes, golpeando mi cervix. Sentía cada latido, cada chorro hinchando mi vientre. Mi coño se contrajo alrededor del nudo, ordeñándolo. Me corrí gritando, chorros míos saliendo alrededor, empapando las sábanas y su pelo.

Estuvimos anudados casi media hora. La cama crujía con nuestros jadeos. Bam giró un poco para quedar culo contra culo, pero en posición de lado: su peso aplastándome, pata delantera sobre mi cadera, hocico lamiéndome el cuello. Yo temblaba, semen chorreando por mis muslos gordos cada vez que se movía. El nudo palpitaba dentro, soltando los últimos chorros hasta que sentí mi coño lleno, rebalsando.

Cuando bajó, salió con un sonido largo y húmedo. Un río blanco cayó sobre las sábanas. Bam lamió todo: coño abierto y rojo, muslos pegajosos, tetitas cubiertas de saliva y semen.

Me quedé tirado de lado, exhausto. Cuerpo temblando, coño ardiendo pero satisfecho, boca con sabor a presemen, tetitas pegajosas, culo marcado con huellas de patas. La cama olía a nosotros: sudor del gym, semen espeso, miel vieja, sexo animal puro.

Bam se acurrucó detrás de mí, su hocico en mi cuello y su peso cálido sobre mi espalda haciéndome sonreír.

Me quedé tirado de lado en la cama, el cuerpo todavía temblando por dentro, como si cada nervio estuviera encendido. El semen de Bam seguía saliendo lento de mi coño, caliente y espeso, bajando por mi culo gordo y formando un charco pegajoso bajo mis nalgas que empapaba las sábanas ya arrugadas y manchadas. El olor era tan fuerte que lo respiraba con cada inhalación: salado-animal de su leche, dulce almizclado de mis jugos, sudor del gym que todavía pegaba en mi piel, y el pelo caliente de Bam impregnado en todo. Mis tetitas subían y bajaban pesadas, pezones rojos e hinchados por sus lamidas anteriores, tan sensibles que el simple roce de la sábana me hacía gemir bajito. El clítoris latía visible entre mis piernas abiertas, hinchado y rosado, todavía palpitando con los ecos del último orgasmo.

Bam no se movió mucho. Seguía detrás de mí, hocico apoyado en mi cuello, peso aplastándome contra el colchón, su verga todavía medio salida rozando mi muslo interno, goteando los últimos restos de presemen que se mezclaban con mis jugos. Sentía su aliento caliente y húmedo en mi oreja, el latido fuerte de su corazón contra mi espalda. Pensé:

“No ha terminado… y yo tampoco quiero que termine. Quiero sentirlo otra vez… quiero que me use hasta que no quede nada de mí”.

—Otra vez… —susurré, voz rota y ronca, casi suplicando—. Quiero tu lengua… y luego quiero montarte.

Bam levantó la cabeza, ojos negros clavados en los míos. Gruñó bajito, un sonido profundo que vibró en mi pecho y me hizo mojarme más. Se movió despacio, hocico bajando por mi cuello, lamiendo el sudor salado que corría entre mis pectorales. Su lengua áspera pasó por el valle entre mis tetas, recogiendo el sabor salado del día, el rastro de su propia saliva de antes. Cada lamida era lenta, pesada, raspando la piel sensible, haciendo que mis pezones se endurecieran más. Gemí alto cuando succionó uno: boca caliente envolviendo el pezón, lengua rodeándolo en círculos rápidos, tirando suave. El placer era eléctrico, directo al clítoris que latía visible entre mis piernas. Pensé: “

Dios… me está mamando las tetas como si fueran reales… y me hace sentir tan puta, tan suya… quiero que no pare nunca”.

Cambió al otro pezón. Succinó con más fuerza, dientes rozando apenas la areola hinchada. Sentí cada tirón como si me jalara el alma: el pezón se endurecía más, el dolor-placer subía por mi columna y explotaba en mi coño. Mis jugos chorreaban sin parar, el sonido húmedo de mis labios rozándose cada vez que movía las caderas. El colchón ya estaba empapado debajo de mí, el olor a sexo crudo llenando la habitación.

—Ahora… quiero tu verga en mi boca mientras me lames.

Me giré boca arriba, abrí las piernas al máximo. Bam se movió con agilidad, patas delanteras a los lados de mi cabeza, su verga colgando pesada frente a mis labios. Al mismo tiempo, su hocico se hundió entre mis piernas.

Abrí la boca y la metí profunda. El sabor explotó otra vez: salado fuerte, caliente, con ese gusto animal que me hace cerrar los ojos y gemir alrededor de él. La punta puntiaguda golpeó mi garganta, el tronco venoso rozando mi lengua, el nudo hinchándose al final presionando mis labios. Chupé con hambre: lengua plana recorriendo cada vena, succionando la punta que goteaba chorros espesos de presemen que se pegaban a mi paladar como miel caliente.

“Esto es adictivo… el grosor que me llena la boca, el calor, el sabor de su leche… quiero que me folle la garganta hasta que me ahogue en él.”

Eso es lo único en lo que puedo pensar ahora.

Al mismo tiempo, Bam lamió mi coño: lengua larga y áspera pasando por toda la raja, desde el ano hasta el clítoris hinchado. Sentí cada papila raspando mis labios gruesos, el calor húmedo envolviendo mi botón sensible. Succinó el clítoris con la boca caliente, metiendo la lengua dentro y follándome con ella. El sonido húmedo, se mezclaba con mis succiones y gemidos ahogados. Mis jugos corrían por su hocico, goteaban sobre mi barbilla mientras chupaba. Agarré mis tetitas gorditas, pellizqué los pezones duros mientras él lamía más rápido, lengua rodeando el clítoris en círculos rápidos, succionando fuerte.

Me corrí primero: chorro caliente salpicándole el hocico, temblando entero. Él siguió lamiendo, bebiendo todo, gruñendo contra mi carne sensible. Yo seguí chupando: bajé y lamí el nudo grueso, rodeándolo con la lengua, sintiendo cómo se hinchaba más bajo mi boca. Saliva y presemen me chorrearon por la barbilla, cayeron sobre mis tetitas pegajosas. Bam empujó más fuerte, follándome la boca despacio al principio, luego más profundo. La punta golpeaba mi garganta, el nudo presionaba mis labios estirados.

Empujó una vez más y el nudo entró en mi boca completa con un pop húmedo. Se infló enorme, atrapándome: presionando mi lengua, mis mejillas, mi garganta. Bam bombeó corto y rápido, gruñendo profundo. Chorros calientes empezaron: presemen espeso primero, luego semen abundante y caliente. Uno, dos, tres… no paraban. Llenaban mi boca, garganta, se escapaban por las comisuras, chorreaban por mi barbilla, cuello, tetitas. Tragué lo que pude, el resto me inundaba la cara, pegajoso, caliente, salado-animal. El sabor era abrumador y adicivo.

Estuvimos así casi quince minutos. El nudo hinchado dentro de mi boca, palpitando, soltando los últimos chorros hasta que mi garganta estaba llena, mi vientre ligeramente hinchado de tanto tragar. Bam jadeaba sobre mí, hocico lamiéndome la frente.

Cuando el nudo bajó lo suficiente, salió con un sonido húmedo y largo. Un río de semen blanco y espeso cayó sobre mi cara, labios, tetitas. Bam bajó y lamió todo: mi boca abierta, barbilla pegajosa, pezones duros, coño hinchado.

Me puse de rodillas en la cama, temblando. Quería una posición nueva. Me senté sobre él: Bam boca arriba, yo encima, piernas abiertas a los lados de su cuerpo. Culo gordo apoyado en su vientre, coño rozando su verga dura. Agarré su verga con las dos manos y la guié a mi entrada.

—Ahora… voy a cabalgarte… quiero sentirte profundo mientras te monto.

Bajé despacio. La punta entró, luego el tronco grueso me abrió, estirándome. Gemí largo cuando llegué al fondo. Empecé a moverme: arriba y abajo, lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el nudo golpeando mi entrada con cada bajada. Mis tetitas rebotaban pesadas, pezones duros rozando su pelo áspero. Bam empujaba hacia arriba, embistiendo desde abajo, gruñendo. El sonido húmedo de mi coño tragando su verga, mis gemidos, sus gruñidos bajos.

Aceleré. El sonido era totalmente obsceno, el nudo golpeando más fuerte. Empujé hacia abajo con fuerza y entró con un pop. Se infló dentro, atrapándome. Bam bombeó desde abajo, yo cabalgaba corto y rápido, sintiendo el nudo presionando mi punto G, mi cervix. Chorros calientes empezaron: espesos, abundantes, golpeando profundo. Sentía cada latido, cada chorro hinchando mi vientre. Mi coño se contrajo alrededor del nudo, ordeñándolo. Me corrí gritando, chorros míos saliendo alrededor, empapando su pelo y las sábanas.

Estuvimos anudados así casi treinta minutos. Yo encima, temblando, semen chorreando por mis muslos gordos. Bam gruñendo bajo mi peso, lamiéndome las tetitas mientras yo jadeaba.

Cuando bajó, salí con un sonido húmedo. Un río blanco cayó sobre su vientre. Bam lamió mi coño abierto, mi culo, mis tetitas, limpiándome despacio.

Caí a su lado, exhausto. Mi cuerpo temblando y mi coño ardiendo pero satisfecho, boca con sabor a semen, tetitas pegajosas y mi culo marcado con huellas de patas.

”Nunca voy a poder parar”

Fue lo último que pasó por mi cabeza antes de quedarme completamente dormido.