LOS BENDECIDOS DE LA MUERTE

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Summary

En un mundo en guerra, los reinos luchan por sobrevivir mientras las decisiones de unos pocos condenan a miles. Takei lidera batallas donde cada victoria tiene un precio. Sho, marcado por una bendición oscura, camina entre la vida y la muerte. Y Riu, decidido a probar su valor, descubre que la guerra no es como la imaginaba. Entre alianzas, traiciones y poder, una verdad comienza a surgir: algunos no sobreviven a la guerra… y otros dejan de pertenecer a la vida.

Genre
Fantasy
Author
Alan
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1


Sho caminaba por el patio del palacio, su capa ondeando con el viento frío de la mañana. El suelo estaba húmedo por el rocío, y los soldados que patrullaban la entrada lo miraban con respeto, como siempre. Sin embargo, él apenas notaba sus miradas; su mente estaba en otro lugar, en un lugar donde la libertad era suya y no un mandato del trono.

—Sho —la voz de la reina Aris cortó el silencio, firme y fría—. Necesito hablar contigo.

Sho se detuvo. Sus pasos resonaron contra la piedra, y giró lentamente hacia la figura de la reina. La luz del sol de la mañana iluminaba su armadura dorada, sus ojos fijos en los de él.

—¿Qué desea su majestad? —preguntó, tratando de mantener la calma.

Ella no respondió de inmediato. Caminó varios pasos, dejando atrás el sonido del viento y el murmurar de los guardias. Sus ojos estudiaban a Sho con precisión, como quien examina un tablero de ajedrez antes de mover una pieza.

—Sho, pronto habrá un matrimonio —dijo finalmente—. Tú te casarás.

Sho frunció el ceño. La palabra resonó en su mente, pesada, absurda. Un matrimonio. Obligatorio. No una elección, no un deseo propio.

—¿Con quién? —murmuró, sin comprender del todo la rapidez con la que la reina dictaba su vida.

—No importa —la respuesta fue firme, sin titubeos—. He elegido por ti. Es hora de que asumas tu posición, Sho. Como general, como protector y ahora… como esposo.

Sho bajó la mirada hacia sus manos, apretando los puños contra la cota de malla de su armadura. Cada fibra de su cuerpo deseaba rebelarse, gritar, escapar. Pero sabía que no podía. No contra la reina. No contra la voz que mantenía al reino unido, la que había protegido a su pueblo, la que… le había salvado la vida.

—Entiendo —dijo finalmente, con voz baja—. Cumpliré con su orden.

La reina asintió, casi con un dejo de satisfacción, y giró para marcharse. Sus pasos resonaron en la piedra mientras se alejaba, dejando a Sho solo con sus pensamientos. La brisa rozó su capa, y por un instante, sintió el peso de la corona en sus hombros. Un peso que no pedía, pero que debía cargar.

Sho respiró hondo. Cerró los ojos por un momento y dejó que la brisa fría lo envolviera. Se preguntó cómo sería la mujer con la que debía casarse, qué pensaría, si la conocía siquiera. Pero no había respuestas. Solo órdenes. Solo deber. Solo… el comienzo de algo que aún no comprendía.

El eco de sus pasos en el patio lo acompañó mientras regresaba al interior del palacio, al lugar donde su vida había dejado de ser completamente suya. Y, mientras cruzaba los pasillos, una sensación extraña se instaló en su pecho: no miedo, no deseo, sino la certeza de que nada sería como antes.