Capítulo 1
VASECTOMÍA
Para muchos el veredicto fue una clara prueba de que hay que confiar en la justicia, para otros fue la corroboración de que dicha justicia es una mierda.
Todo empezó cuando el señor Aguilar se presentó confiado a la hora que previamente había sido citado para llevar a cabo la vasectomía que desde hace tiempo deseaba practicarse para quitarse de encima la preocupación de generar un embarazo indeseado, pero muy a pesar de su deseo, abandonó la sala de cirugía sin sus genitales, luego que por error le practicaron una reasignación de género.
El doctor Rengifo pudo demostrar en los largos meses en que se desarrolló su defensa ante los tribunales de la ciudad que había leído el historial médico del paciente tal como lo exige el protocolo de su gremio profesional, que había procedido como correspondía en virtud de lo que decía el documento clínico y que la palabra “vasectomía” no figuraba en ninguna parte de la historia clínica del paciente.
La meticulosa investigación llevada a cabo arrojó que la causa del terrible error se debió a una falla no intencional en el ingreso de la información del paciente en la base de datos de la prestigiosa institución médica que, de todas formas, debería pagar una cuantiosa indemnización al afectado, pero cuyo monto decidido por el juez, irritó sobremanera al señor… Bueno, a la señora Aguilar.
Como siempre sucede en los casos que causan alboroto mediático, luego que pasa la efervescencia propicia para elevar los niveles de rating, poco a poco las masas se van olvidando de dichos sucesos, especialmente tras la llegada de otros más exóticos, folclóricos, dramáticos, inverosímiles y curiosos.
Solo un elemento que permaneció celosamente escondido pudo haber cambiado la rítmica del sonado proceso legal.
En su aplicación de mensajería, el doctor Rengifo leía de vez en cuando el pequeño texto que envió a su mejor amigo luego de finalizar la cirugía al señor… Bueno, a la señora Aguilar.
“Amigo, ¿recuerdas al hijo de puta que abusó de tu hija? Ten la plena certeza que, de hoy en adelante, jamás podrá abusar de mujer alguna.”
GALIEL ENOC