Capítulo 1
EL BLOQUEADOR DE SALOMÓN
Le contaba el abuelo a su pequeño nieto,
Una historia para algunos difícil de creer,
La de un niño con graves problemas en la piel,
Que escondiéndose del sol tuvo que crecer.
El nombre del pequeño era Salomón,
Creció muy solo en una amplia habitación,
Sus padres le dieron sana alimentación,
Y con una tablet, un celular y un computador,
Intentaron darle una buena educación.
Salomón recibió clases virtuales,
Aprendió a cantar, a leer y a escribir,
Operaciones matemáticas esenciales,
Incluso recibió lecciones de artes marciales.
Poco a poco el niño fue creciendo,
Creyó que el mundo real eran las pantallas,
Que los bosques eran diseños gráficos,
Y los mares y ríos, programas informáticos.
Sus amigos fueron diseñados por una aplicación,
Conoció seres de fantasía en las redes sociales,
Y por mucho que intentaron convencerle de que eran reales,
Pensó que se trataba de virus de computador majaderos,
Programados simplemente para ser embusteros.
Pero un buen día, sus padres, con un medicamento llegaron,
Lo frotaron sobre su cara, brazos, piernas y costado,
La amenaza de exponerse al sol había terminado,
Los peligrosos rayos UV fueron bloqueados.
Felizmente le dijeron que era hora de conocer el mundo.
— ¿Mundo? — Preguntó extrañado.
—Si el mundo es el lugar en el que he estado.
Pantallas, programas, luces, videos y pixeles,
Ese es el mundo que se me ha enseñado. —
Salomón y sus progenitores tardaron horas platicando,
Los padres explicando, el niño preguntando.
Y aunque algo en su interior le invitaba a seguir dudando,
Por vez primera salió a la calle con sus piernas temblando.
El niño se sorprendió al ver a otros jugando,
Escuchó gatos maullando, carros avanzando.
Por vez primera tocó las plantas, sintió una hormiga sobre su piel,
Olfateó el aroma de las rosas, degustó el sabor de la miel.
“¡El mundo es un lugar maravilloso”,
Expresó el pequeño, sorprendido y estupefacto.
“Pero no me puedo quedar con esto,
Tengo que comunicarlo en el acto.”
“¿A quiénes deseas compartir tu experiencia?” Preguntó mamá.
A aquellos que de esta realidad yacen escondidos,
Como pajarillos que no rompen las cáscaras de sus huevos,
Como inocentes condenados, encerrados como bandidos.
Salomón corrió a toda prisa,
Con ánimo decidido y sin cortapisa.
Era hora que todos conocieran la realidad,
Que lo recién vivido no era simple casualidad.
Llegó a los lugares donde niños enfermos de la piel vivían,
Escondidos del sol, con sus tablet y celulares coexistían,
Les habló de un nuevo mundo que de seguro les gustaría,
“La realidad no es mentira”, les decía e insistía.
Algunos niños pensaron que Salomón había enloquecido,
Otros decidieron simplemente ignorarlo,
Un pequeño grupo se burló de lo que dijo,
Pero otros optaron por escucharlo.
Déjenme demostrarlo para que aprecien y vean,
Existe un precioso mundo más allá de la puerta,
Traigo una crema que los rayos UV bloquean,
Serán inmunes, quedarán con la boca abierta.
Con aquel invento los niños su piel protegieron,
Por todo su cuerpo generosamente la esparcieron,
Sensación grasosa y refrescante sintieron,
Y finalmente al mundo exterior salieron.
Supieron lo que es el sol, la luna y las estrellas,
También que muy lejos existen galaxias muy bellas.
Aprendieron de historia y geografía, también de filosofía,
De vencer la ignorancia cultivando la sabiduría.
Llenos de entusiasmo y felicidad los niños regresaron,
A convencer a aquellos que a Salomón ignoraron,
Pero a pesar de las pruebas muchos no creyeron,
Los trataron de mentirosos y pésimos bromistas,
Con el tiempo y por su incredulidad persistente
Fueron conocidos luego como los negacionistas.
Salomón y sus amigos siguieron aprendiendo,
Bosques, montañas y océanos conociendo.
Bibliotecas visitando, museos recorriendo,
Y en pequeños sabios se fueron convirtiendo.
Galiel Enoc