PROLOGO
Registro incompleto
El nombre estaba mal escrito.
No era un error grave. Una letra de más. Una vocal omitida. Algo que nadie notaría si no estuviera buscando exactamente eso.
El funcionario dudó un segundo antes de continuar. Miró la pantalla. Miró al hombre frente a él.
—¿Está seguro de que así se llama? —preguntó.
El hombre asintió.
No parecía nervioso. No parecía culpable.
Parecía cansado.
El sistema aceptó el registro sin protestar. Lo hizo como siempre: sin cuestionar, sin memoria. Un pitido breve confirmó que la persona ahora existía.
Horas después, alguien murió con ese nombre.
Nadie reclamó el cuerpo.
Nadie corrigió el error.
El archivo quedó cerrado con una observación mínima:
Identidad verificada.
Años más tarde, cuando el patrón empezó a emerger, alguien entendería que todo comenzó ahí. No con un asesinato. No con una decisión consciente.
Sino con un nombre mal escrito.
Y una persona que nunca debió existir de esa forma.