Capítulo 1
INEVITABLE
La llamada de alerta activó el protocolo de respuesta de las unidades cercanas al perímetro del Instituto Nacional de Virología de la enorme ciudad. Una persona completamente cubierta con un traje de bioseguridad había abandonado el recinto tan rápido como pudo y luego de abordar su vehículo partió de allí a toda velocidad.
Una patrulla identificó el coche en cuestión y empezó a seguirle desde el kilómetro 7 de la vía perimetral. Desde un retén de la policía de tránsito cuyos oficiales fueron advertidos, hicieron señales al conductor para que se detuviera, pero este les ignoró al tiempo de acelerar su marcha.
Otras patrullas se unieron a la persecución, al igual que un helicóptero de un canal local cuyos periodistas interceptaron la señal de radio y decidieron no perderse de la primicia que prometía alimentar el rating de una jornada, hasta el momento aburridora.
Finalmente, una barricada puso término al desplazamiento del coche que no tuvo más remedio que detenerse a prudente distancia. Quien conducía se bajó del vehículo y de manera desesperada agitaba sus brazos y hacía señas a los policías para que no se acercaran.
Megáfono en mano, un oficial solicitó al sujeto que pusiera sus manos sobre el coche y conservara la calma. De nuevo ignoró la solicitud y de manera desesperada seguía haciendo señas con sus brazos, también gritaba, pero la protección sobre su cabeza distorsionaba el sonido, al tiempo que la ansiedad crecía.
Los oficiales sacaron sus armas y empezaron a acercarse, el helicóptero volaba cada vez más bajo. El conductor del vehículo se metió al coche a buscar papel y algo para escribir, encontró una hoja y un marcador grueso en la guantera. Al salir nuevamente del vehículo, uno de los oficiales gritó: “¡Está armado!”
Tres disparos impactaron la humanidad del conductor. Cuatro oficiales se acercaron al cuerpo tendido en el piso, uno de ellos le quitó la protección que llevaba sobre su cabeza, se trataba de una mujer.
— Quise advertirles que no se acercaran. Manipulé el virus más peligroso y me contaminé por accidente. Ahora su propagación será inevitable. —Dicho esto, murió.
Galiel Enoc