Capitulo 1: bienvenidos a Maytown
Afuera, los truenos partían el cielo como si quisieran abrir Maytown en dos. La lluvia golpeaba las ventanas con furia, pero dentro de la habitación solo había calor, risas y una película que casi nadie estaba mirando.
El cuarto era amplio pero parecía pequeño con seis adolescentes desperdigados por todas partes: cama, sillones, alfombra y hasta un puff que ya había perdido la lucha contra el uso.
De todos ellos, solo tres realmente estaban siguiendo la película de superhéroes.
Ethan, tirado boca abajo en el piso, tenía los ojos brillando como un niño. Si Taylor no estuviera ahí, probablemente estaría pegado a la pantalla, suspirando con cada escena romántica y saltando con cada explosión.
A un costado, Ryan y Taylor estaban divididos entre ver la película y reírse suavemente de las reacciones de Ethan. Taylor rodaba los ojos cada vez que él se sonrojaba, pero Ryan no estaba mucho mejor: estaba recostado en el regazo de Jessica, completamente entregado a las caricias que ella le hacía en el cabello… y que a veces bajaban a su cuello. Cada vez que eso pasaba, Ryan se tensaba y se volvía rojo como un tomate, cosa que, por supuesto, encantaba a Jessica.
En la cama, lejos del caos emocional del resto, Emma y Emily estaban más interesadas en terminar el pie de manzana que había hecho Ethan que en la película misma. Entre bocado y bocado pasaban páginas de un libro compartido, murmurando teorías y riéndose bajito.
Jessica, mientras tanto, disfrutaba de todo el espectáculo:
—de la película, aunque jamás lo admitiría;
—de Ryan derritiéndose con cada caricia;
—y de cómo Taylor empujaba con el pie a Ethan cada vez que él gritaba emocionado.
Afuera, la tormenta seguía rugiendo.
Adentro, era otra noche típica en Maytown.
La película terminó y Ethan, con los ojos todavía brillando, ya estaba buscando otra entre los DVDs.
—¿Otra? —se quejó Taylor, aunque igual se acomodó mejor en el sillón.
—Sí, sí, una más —respondió Ethan con una sonrisa tímida.
Jessica seguía jugando con el cabello de Ryan, quien ya estaba a punto de quedarse dormido en su regazo. Emma y Emily terminaban el último pedacito del pie de manzana de Ethan mientras discutían en voz baja qué libro empezar después.
Ethan encontró una película, pero antes de apretar “play”, la TV cambió sola al noticiero, como si se hubiera activado por la tormenta.
La voz del presentador irrumpió sin aviso:
“Última hora: se ha encontrado otro cuerpo. Las autoridades aún no tienen pistas concretas. No hay relación entre las víctimas y no se descarta que se trate del mismo asesino responsable de los últimos incidentes.”
El grupo se quedó en silencio.
Los truenos retumbaron detrás de la ventana.
Emily tragó saliva sin entender por qué esa noticia le helaba la sangre más que las otras.
Taylor fue la primera en romper la tensión con un suspiro cansado.
—Otro más… Qué loco está todo últimamente.
Nadie dijo nada más.
Ethan apagó la tele.
Y, aunque intentaron volver a elegir una película, el ambiente ya no era el mismo.
Así terminó la noche: seis amigos, una tormenta, y la sensación —todavía suave, apenas perceptible— de que algo muy malo estaba por empezar.