T1 Capítulo 1 : Una promesa rota
El calor en la forja de "Eldoria" no era solo físico; era una presencia opresiva que se pegaba a la piel junto al hollín y el sudor. Kael, con apenas quince años, observaba las chispas saltar como estrellas moribundas cada vez que el martillo de su padre, Arthen, descendía sobre el metal incandescente. El aire olía a hierro quemado, carbón húmedo y a esa premonición amarga que solo traen las guerras de escala inimaginable . Eldoria, el Reino del Centro, se sentía como un hervidero de nerviosismo bajo un cielo que amenazaba con tormentas eléctricas, alimentadas por la cercanía del "Abismo Murmurante" al noreste .
— No me mires así, Kael —dijo Arthen sin detener su ritmo. El golpe del martillo marcaba el pulso de la habitación—. Alguien tiene que ir. Si no voy yo, vendrán por ti antes de que tus manos sepan siquiera cómo cerrar un puño de verdad.
Kael apretó los dientes, sintiendo una punzada de impotencia en el pecho. El reclutamiento obligatorio era una sentencia de la que pocos regresaban. Su padre, un hombre cuya honorabilidad se reflejaba en la rectitud de su espalda y la firmeza de su mirada, dejó caer el martillo y tomó una pieza de metal que había estado trabajando en secreto. Era una espada. No era la más letal, ni poseía los grabados rúnicos de las armas de los generales de Varynth, pero para Kael, emitía un brillo que desafiaba la penumbra del taller .
— Tómala —ordenó Arthen, extendiendo el arma hacia su hijo—. Llegará un momento en que honrarás mi legado, hijo mío, pero aún no es tu momento. Tienes una vida por delante que vivir.
Kael sintió el peso del acero frío contra sus palmas. Sus dedos temblaron ligeramente. El monólogo interno de Kael era un torbellino de miedo y admiración; quería gritar que lo acompañaría, que no le importaba el frente, pero la severidad amorosa de su padre era un muro infranqueable.
— Hazme un juramento, Kael —continuó Arthen, su voz volviéndose inusualmente suave mientras se preparaba para la partida—. Sé feliz hasta que tu momento llegue. Sé feliz incluso cuando yo ya no esté para recordártelo. Cumple tu promesa a tu madre y cuidala como yo lo hice con ambos.
Kael no pudo responder con palabras. Solo asintió mientras veía a su padre cruzar el umbral de la puerta, fundiéndose con la columna de civiles y soldados que marchaban hacia una guerra que ya se había tragado la esperanza de un siglo entero: el Siglo Vacío.
Semanas después, el cielo de Eldoria se volvió de un gris plomizo que parecía reflejar el estado anímico de sus habitantes. Kael pasaba los días cuidando a su madre y puliendo la espada que su padre le dejó, como si el brillo del metal pudiera invocar su regreso. El sonido de los cascos de los caballos sobre el empedrado anunció la llegada de los supervivientes. Kael corrió hacia la plaza principal, con el corazón martilleando contra sus costillas como un animal enjaulado.
El grupo de soldados que regresaba era una visión lamentable: armaduras rotas, rostros manchados de sangre seca y miradas perdidas que parecían seguir viendo los horrores del frente. Kael buscó frenéticamente la figura imponente de Arthen, pero solo encontró a un compañero de armas, un hombre con el brazo en cabestrillo y la mirada cargada de una compasión que Kael odió al instante.
— ¿Dónde está? —preguntó Kael, aunque la respuesta ya estaba escrita en el silencio del soldado.
— Tu padre... él no regresará, muchacho —susurró el veterano, bajando la cabeza—. Luchó con el honor de diez hombres. Sus últimas palabras... —el hombre hizo una pausa, tragando saliva—, fueron un deseo desesperado de verte. Imploró a la muerte que le diera solo cinco minutos. Solo cinco minutos para despedirse de ti, aunque fuera en el plano donde los muertos descansan.
El mundo alrededor de Kael se desdibujó. El sonido de la multitud, el viento frío que soplaba desde las montañas volcánicas y el murmullo lejano del Abismo se convirtieron en un zumbido estático en sus oídos . Sintió una presión insoportable en el pecho, un calor abrasador que no provenía de la forja, sino de lo más profundo de su ser. Fue la primera y última vez que Kael permitió que las lágrimas corrieran por sus mejillas; el dolor se petrificó en su alma, transformándose en una determinación fría y oscura.
"Cinco minutos", pensó Kael mientras apretaba los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. "No tuvo cinco minutos para decir adiós, pero yo tendré toda una vida para que el mundo no olvide su nombre".
En ese momento, sin que él lo supiera, algo en su torrente sanguíneo, una herencia genética de un linaje olvidado, comenzó a agitarse levemente, respondiendo a su agonía.
A los dieciséis años, Kael ya no era el niño que lloraba en la plaza. La necesidad de cumplir la promesa hecha a su madre —ganar dinero y asegurar su bienestar— lo empujó a buscar cualquier trabajo en una Eldoria que lo miraba con indiferencia y discriminación. No era por su aspecto, sino por esa aura extraña que comenzaba a emanar de él, una inquietud que los médicos no podían explicar y que los pastores atribuían a influencias divinas o espíritus del pasado,nadie lo sabía que exactitud.
— No necesitamos manos inexpertas aquí, chico —le gritó un comerciante de la Ruta Salina, empujándolo fuera de su puesto—. Vete a molestar a otra parte.
Kael se levantó del suelo, limpiando el polvo de su ropa sin decir una palabra. Su tenacidad era implacable. Fue en uno de estos días de rechazo sistemático cuando conoció a "Aerin".
El chico, de su misma edad, estaba sentado sobre una caja de madera, observando la escena con una sonrisa sarcástica y masticando una manzana con total despreocupación.
— Sabes, tienes una forma muy poco eficiente de pedir empleo —dijo Aerin, saltando de su asiento. Su vestimenta estaba llena de bolsillos y colgantes extraños, herramientas que nadie sabía de dónde sacaba—. Soy Aerin. Buscador de cosas que valen la pena, coleccionista de información y, ocasionalmente, el único tipo con sentido común en este reino de piedra.
— No busco amigos, Aerin —respondió Kael con voz seca, intentando seguir su camino.
— Oh, no te ofrezco amistad, eso es demasiado caro —replicó Aerin con carisma, caminando a su lado—. Te ofrezco una oportunidad. Sé de un lugar en los muelles que necesita a alguien que no haga preguntas y que tenga la fuerza suficiente para mover cajas que pesan más que un buey de Varynth.
Aerin fue el único que no lo trató con la indiferencia común. Aunque su personalidad era sarcástica y parecía no tomarse nada en serio, sus ojos revelaban que sabía mucho más de lo que decía. Kael aceptó la guía de Aerin, logrando finalmente el empleo que necesitaba para comprar las medicinas que su madre requería desesperadamente. Sin embargo, el destino en Aethrya rara vez es clemente con los que tienen un legado que cumplir.
La victoria de haber conseguido el dinero suficiente llegó con el sabor amargo de la ironía. Kael regresó a su hogar con una bolsa de monedas que pesaba en su cinturón, un símbolo de su esfuerzo y de la esperanza de salvar lo único que le quedaba. Pero al cruzar el umbral, el olor a enfermedad y soledad que siempre había impregnado la casa había sido reemplazado por un silencio absoluto, un frío que calaba hasta los huesos.
Su madre yacía en la cama, su rostro sereno pero carente de vida. La enfermedad incurable de la época, consumida por la melancolía de la pérdida de Arthen, finalmente le había arrebatado el último aliento. Kael dejó caer la bolsa de monedas al suelo; el sonido del metal chocando contra la madera resonó como una burla cruel. Había llegado tarde.
En ese instante, el dolor no fue solo una emoción. Fue un detonante. Kael sintió que su sistema nervioso entraba en combustión. La presión sanguínea subió a niveles peligrosos y una temperatura irreal comenzó a emanar de su pecho. Rayos de un color violeta oscuro, mezclados con venas que se tornaban negras bajo su piel, comenzaron a manifestarse brevemente alrededor de sus brazos. Era esa influencia de la que todo cambió pero Kael lo bautizo como "Galaxy Impact", la fuerza de entropía pura que habitaba en él, despertando por primera vez ante la devastación absoluta de su mundo.
"Todo se ha ido", pensó Kael, sintiendo cómo el poder amenazaba con desintegrar la resistencia de su propio cuerpo. La angustia permaneció durante días, una sombra constante que amenazaba con consumirlo hasta que el recuerdo del juramento a su padre volvió a su mente: "Honrarás mi legado".
Kael se puso en pie entre las ruinas de su vida familiar. Ya no buscaría solo sobrevivir o ser feliz de la manera convencional. El mundo le había arrebatado todo, y ahora él usaría ese vacío como su mayor arma. Se preparó para dejar Eldoria, sin saber que su despertar había sido sentido en las profundidades del "Abismo Murmurante" y que hombres como "Mael Varkun" ya estaban empezando a seguir su rastro. El viaje para convertirse en el Héroe Imparable acababa de comenzar, marcado por la sangre y el acero de un pasado que se negaba a morir.
Estreno del próximo capítulo (24 de marzo a horas 7 p.m).
Dato que nunca pude explicar en el resumen, la obra tendrá 51 capitulos por temporada en total 408 capítulos lo que nos ofrece 8 temporadas comopuesto por 51 capitulos,prometo en mejorar un poco la calidad, aunque tengo amigos qe también estan en ayuda de esta obra,en total unos 5 o 6 para crear o dar ideas para escribir los capítulos, lo que si prometo es subir los capítulos 1 por día a horas entre las 7 p.m,así que estaré activo pero aveces puede que me retrase un poco y envié entre la 8 o 10.
Gracias 👋