PRÓLOGO
Amarlo nunca fue el problema.
El problema era mirarlo demasiado tiempo.Acercarme más de lo permitido.Querer tomar su mano frente a un mundo que podía destruirnos con una sola sospecha.
Porque nadie entiende lo que no ve.Y lo nuestro siempre existió en silencio: en miradas robadas, en roces que quemaban, en palabras que jamás podían decirse en voz alta.
Lo amé en secreto.Lo amé con miedo.Lo amé sabiendo que, si alguien descubría la verdad, todo podía romperse.
Pero hay algo peligroso en amar tanto a una persona.
Llega un momento en que esconderlo duele más que perderlo.
Y cuando ese momento llegó, ya era demasiado tarde para detener lo que sentíamos.