El susurro del destino, libro 1 El susurro

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Summary

En el antiguo bosque de Broceliande, donde las leyendas sobre Merlín y la magia aún sobreviven entre los árboles, una profecía olvidada lleva siglos esperando cumplirse. Cuando Alana y Manu viajan a Francia para contemplar un eclipse, lo que debía ser una escapada romántica se convierte en el inicio de algo mucho más grande de lo que jamás imaginaron. Aquella noche, bajo un cielo oscurecido por la luna, una fuerza antigua despierta. Siglos atrás, un poderoso aquelarre selló una profecía que hablaba del nacimiento del Krul, un ser destinado a alterar el equilibrio del mundo. Ahora esa profecía parece haber comenzado a cumplirse. Mientras una misteriosa orden vigila desde las sombras y la bruja Morgan recibe la misión de encontrar al niño antes de que nazca, Alana comienza a notar que algo extraordinario está ocurriendo dentro de ella. Algo que no debería existir. Algo que nadie puede controlar. Pero cuando finalmente llega el momento del nacimiento... ocurre algo imposible. Algo que nadie había previsto. Y que podría cambiar el destino del mundo para siempre Capítulo nuevos cada lunes

Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prologo


Broceliande ( Francia )— hace más de dos siglos

La noche había caído sobre el bosque de Broceliande como un manto de sombras.

Los robles antiguos se alzaban hacia el cielo negro, retorcidos por el tiempo, como si intentaran

escapar de algo que había ocurrido mucho antes de que el mundo recordara sus nombres.

El viento susurraba entre las ramas.

Un susurro antiguo.

Un lenguaje que solo las brujas sabían escuchar.

En el corazón del bosque, una gruta se abría entre las raíces gigantes de los árboles.

Dentro, el aire era frío.

Antiguo.

Y estaba cargado de magia.


Decenas de velas negras iluminaban la estancia.

Sus llamas temblaban como si el propio bosque respirara alrededor de ellas.

En el centro de la gruta había un círculo de piedra tallado siglos atrás.

Sobre él descansaba un cuenco de obsidiana lleno de agua oscura.

A su alrededor, varias brujas del aquelarre permanecían en silencio.

Sus capas negras apenas se movían.

Nadie hablaba.

Esperaban.

Frente al cuenco se encontraba la Suprema.

Una mujer alta, de rostro marcado por el tiempo y los secretos.

Sus ojos observaban el agua inmóvil.

—Esta noche lo veremos —dijo finalmente.

Su voz resonó en la gruta.

Grave.

Antigua.

—El destino no puede ocultarse para siempre.

Una de las brujas dio un paso adelante.

—¿Estás segura de que debemos hacerlo?

La Suprema no apartó la mirada del cuenco.

—No lo hacemos por curiosidad.

Pausa.

—Lo hacemos por supervivencia.

El silencio volvió a llenar la gruta.

Entonces la mujer extendió las manos sobre el agua.

Sus dedos temblaron ligeramente.

—Sanguis vocat sanguinem...

La llama de las velas se inclinó hacia el centro del círculo.

El aire se volvió más pesado.

—Umbra vocat originem...

El agua del cuenco comenzó a vibrar.

Primero lentamente.

Luego cada vez más rápido.

Las brujas contuvieron la respiración.

—Ostende mihi futurum.

El agua se volvió negra.

Más negra que la noche.

Y entonces...

la visión apareció.

Un eclipse.

La luna devorando al sol.

La oscuridad cayendo sobre el mundo.

Las brujas retrocedieron un paso.

El agua siguió mostrando imágenes.

Fuego.

Sombras.

Ciudades ardiendo.

Y en medio de todo...

unos ojos.

Oscuros como un abismo.

La voz de la Suprema apenas fue un susurro.

—El Krul...

El agua volvió a agitarse.

La visión cambió.

Un bosque.

Una tormenta.

Un nacimiento.

Un niño.

La Suprema se inclinó ligeramente sobre el cuenco.

Las imágenes se volvían cada vez más claras.

Un recién nacido.

En brazos de alguien que no lograba distinguir.

Intentó ver su rostro.

Intentó ver sus ojos.

Pero la visión comenzó a distorsionarse.

Sombras.

Relámpagos.

El reflejo del agua tembló violentamente.

—No...

El eclipse volvió a aparecer.

La luna devorando al sol.

El niño levantó ligeramente la cabeza.

Pero sus ojos...

seguían ocultos en la sombra.

El cuenco estalló.

El agua salpicó el suelo de piedra.

Las velas se apagaron al mismo tiempo.

La gruta quedó en completa oscuridad.

Durante varios segundos nadie habló.

Hasta que una de las brujas susurró con miedo:

—¿Qué has visto?

La Suprema permanecía inmóvil.

Su mirada perdida en el vacío.

—He visto el nacimiento.

Silencio.

—¿El del Krul?

La mujer tardó unos segundos en responder.

—He visto...

Respiró lentamente.

—...el principio.

El viento atravesó el bosque.

Las ramas de los robles crujieron como si el propio Broceliande hubiera escuchado la profecía.

La Suprema cerró los ojos.

—Cuando la luna devore al sol...

Abrió los ojos lentamente.

—El heredero de la magia será creado.

Las brujas intercambiaron miradas inquietas.

—¿Y el Krul?

La mujer miró el cuenco roto.

—El Krul llegará.

Pausa.

—Pero esta noche hemos visto algo más.

El viento volvió a sacudir el bosque.

Y muy por encima de las copas de los árboles...

un cuervo levantó el vuelo.