EL HIJO DE NADIE

Summary

Cuando lo pierdes todo -el control, el campeonato, tu identidad-, solo queda una pregunta: ¿Quién eres... cuando ya no eres la sombra de nadie? Dominik siempre fue "el hijo de alguien", fue entrenado para cumplir, observado para no fallar... pero nunca libre para ser, pero... una caída lo cambia todo. Lo que comienza como una reconstrucción, pronto se convierte en un descenso, el poder. el ego, el dolor y una versión de sí mismo que no sabe si quiere detener. Esta no es una historia de lucha libre, es una historia de identidad y de lo que pasa... cuando dejas de pedir permiso para existir.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

CAPÍTULO 1: LA SOMBRA

Prólogo - Nota del autor

Esta es una obra de ficción, aunque aquí se utilizan nombres, personajes y algunos elementos inspirados en la lucha libre profesional, los acontecimientos, diálogos y situaciones presentados en esta historia son producto de la imaginación del autor y no representan hechos reales.

Esta obra no pretende retratar la vida personal, privada ni profesional de ninguna de las personas mencionadas, la historia nace desde la admiración al mundo de la lucha libre y a las narrativas (kayfabe) que, durante años, han construido personajes, rivalidades y emociones dentro y fuera del cuadrilátero.

Se reconoce y respeta profundamente la trayectoria de Rey Mysterio y Dominik Mysterio, quienes han sido una fuente de inspiración para esta obra.

Cualquier similitud con eventos reales fuera del ámbito del espectáculo es mera coincidencia.Este relato no busca reflejar la realidad, sino explorar una historia de identidad, conflicto y transformación desde una perspectiva completamente ficticia.

CAPÍTULO 1: LA SOMBRA

Monday Night Raw, la arena estaba llena, había luces, gritos y cámaras por todas lados... el evento principal se acercaba y fue entonces cuando sonó “Booyaka 619” seguido de pirotecnia y humo... la gente explotó y de entre la niebla salieron dos figuras: Rey Mysterio y Dominik Mysterio.

Dominik contemplaba a los fans, los gritos no eran para él, en realidad nunca lo eran -¡Rey!, ¡Rey!, ¡Rey!- el chico intentaba caminar pero sentía que no avanzaba, había escalofríos en todo su cuerpo y presión en el pecho, el pasillo se sentía eterno, las manos se extendían pero no lo buscaban a él -Tú papá es mi héroe, amo a tu papá, qué difícil la tienes, deberías usar su máscara- esos gritos sonaban bien, pero la intención no, cada palabra era peso para Dominik.

Por fin subió al ring y entonces lo vio, era Seth Rollins, más grande, más sólido, más seguro, se podría describir como una bestia, mientras veía a su rival, Dominik calentaba pero el verdadero combate no estaba enfrente, estaba en su cabeza y de hecho ya había empezado.

- La leyenda continúa – la voz del anunciador retumbó en la arena – El hijo de la leyenda – otra vez más peso en sus hombros, Dominik no escuchó los aplausos ni los gritos, su mente solo se enfocaba en la frase “el hijo de...” siempre que lo entrevistaban o anunciaban, y tal parecía que aunque había decidido no portar máscara para forjar su propio camino, la sombra de su padre jamás lo dejaría en paz.

En la esquina Rey sonreía y saludaba, se veía seguro, señalaba a Seth como si ya estuviera ganado el combate, como si todo fuera fácil, Rey se acercó, le dio la bendición a su hijo, chocaron cabezas, era la imagen perfecta para la televisión, ¡Padre e hijo!, lo que todos vieron fue orgullo, lo que nadie escuchó fue el susurro de Rey a Dominik -No la vayas a cagar-.

Sonó la campana, Dominik respiró hondo, apretó las manos y fue por Seth Rollins pero al sentir el primer contacto dudó, solo un segundo fue suficiente para que Rollins lo mandara a las cuerdas, le aplicara un poderoso castigo y se escuchara por toda la arena un impacto seco, el publicó gritó emocionado, llevaban semanas esperando el combate, Dominik desde la lona vio a un costado del cuadrilátero, a un Rey Mysterio sin sonrisa, con los brazos cruzados, un Rey Mysterio que no estaba esperando a su hijo... estaba esperando un resultado.

Dominik se levantó rápido, pero ya no estaba ahí, intentó una llave que no funcionó, miró otra vez afuera del ring, Rey hizo un gesto con la cabeza -Hazlo bien- se dijo así mismo mentalmente mientras intentaba avanzar, pero ya no estaba peleando, solo estaba intentando no fallar.

Seth Rollins al notar que Dominik no estaba concentrado, aplicó una llave, lo llevó al suelo y ejerció presión, Dominik como pudo logró zafarse y bajó del ring, respiró agitado pensando como iba a reaccionar, el sudor, la falta de aire, su espalda adolorida hacían que todo diera vueltas, acomodó parte de su indumentaria, intentó recostarse en el suelo pero su padre llegó dándole palmadas en la espalda para que subiera nuevamente, parecía apoyo, pero en realidad era más presión.

No fue suficiente tiempo para recuperar el aire, no fue suficiente tiempo para tratar de reorganizar su estrategia y se notaba, aquel combate que duró cerca de 8 minutos fue un caos, cada movimiento que Dominik intentaba aplicar llegaba tarde, cada decisión llegaba con duda y cada duda le costaba.

Usando su astucia y quizá, apiadándose del muchacho, Rollins hizo una señal que volvió loco al público - ¡AVADA KEDAVRA! – gritó la afición, sabían que había llegado el impacto final, Rollins dio una patada brusca a la cara de Dominik que lo noqueó momentáneamente, y rapidamente se abalanzó sobre él para que llegará el conteo – ¡1, 2, 3! – la campana sonó, el combate había terminado.

Dominik empezó a reaccionar después de tremendo impacto, pero solo escuchaba un zumbido, cuando al fin desapareció aquel sonido, solo quedó silencio interno, la derrota no dolia en el cuerpo, dolió en el pecho, dolía ahí porque sabía lo que seguía, porque eso reafirbama sus dudas, sus inseguridades, el no sentirse digno ante su padre, decidió quedarse en la lona mirando las luces sin parpadear hasta que una sombra cubrió su vista, era Rey, le extendió la mano, Dominik lo miró, y aunque dudó por un segundo aceptó el apoyo de su padre para levantarse y una vez que Dominik estaba más tranquilo, bajó del ring.

- ¿Qué pasó? - Preguntó Rey, Dominik no respondió – Te dije que no pensaras tanto, tienes que confiar más, no puedes fallar en un momento así – Esa frase le pegó a Dominik, más fuerte que la patada que acababa de recibir, pero el solo asintió, no porque entendiera, sino porque así funcionaba todo, era una forma de evitar problemas pues “Rey siempre tenía la razón”.

Aquella noche, llegó a su camerino, no se cambió, solo agarró sus cosas, se puso una hoodie de los San Diego Padres y salió al estacionamiento a esperar a que su papá terminará de despedirse de su afición y de sus compañeros de trabajo.

El trayecto a casa fue en silencio, solo se escuchaba el ruido del motor, la radio estaba apagada, Rey manejaba, Dominik miraba por la ventana – Mañana repetimos – dijo Rey con un tono serio y seco – y lo vamos a hacer hasta que te salga bien, no es sugerencia, es una orden – el chico dejó caer su cabeza hacia atrás y miró al techo del carro en señal de fastidio - Si – respondió Dominik usando solo una palabra, siempre era una palabra para evitar los sermones, para evitar esas dagas verbales que Rey sabía utilizar a la perfección.

El carro se detuvo, Dominik miró por la ventana y vio la casa, estaba iluminada, demasiado tranquila, como si no pasará nada, descendió del vehículo y se apresuró a llegar, abrió la puerta y entró a casa un poco antes que su padre -¿Cómo les fue? – preguntó su madre desde la cocina, su voz era suave, demasiado suave, como si tuviera miedo de romper algo.

-Perdió- respondió Rey, sin detenerse – Bueno...no pasa nada – dijo ella – a la próxima... - no terminó la frase, no hacía falta, nunca la terminaba, Dominik dejó su maleta en el sillón y fue a la cocina por un poco de agua - ¿Comes algo? – preguntó ella cuando lo vio entrar tratando de animarlo – No mamá, gracias – respondió aquel joven de 23 años – Deberías, un campeón siempre debe comer bien – insistió su madre con una sonrisa – Te dije que no tengo hambre – hubo un silencio incómodo cuando Rey se detuvo en la puerta de la cocina – Pero claro que no tienes hambre – dijo – se nota en como haces las cosas – Dominik apretó la mandíbula mientras abría la botella de agua que había tomado del refrigerador – Rey cariño, por favor no empieces – murmuró su madre - ¿No empiece qué Angie? – respondió Rey - ¿a decir la verdad? Tu hijo tiene talento ¡Pero no lo usa! ¡Es un flojo! – Dominik bajó la mirada – Mi amor, no es el momento, vamos a cenar – insistió ella, en voz baja, pero nunca era momento, nunca era el lugar, nunca era nada.

- El problema es que piensas demasiado – continuó Rey – y en este negocio eso te mata – el silencio permaneció unos segundos mientras Rey sacaba una cerveza del refrigerador – Ya déjalo descansar – dijo ella pero Rey soltó una risa seca - ¿Descansar de qué? – Esa frase pesó más que cualquier golpe en el ring, Dominik vio con enojo a su padre – Ya estuvo ¿no? – primera vez que hablaba con fuerza, los dos lo miraron pero nadie dijo nada, porque nadie sabía qué decir, de momento una voz dulce y juguetona interrumpió el tenso momento – Papá ¿cómo te fue hoy? ¡Que gusto verte! – era Aalyah la hermana menor de Dominik.

Al ver que su hermana llegó, Dominik aprovechó el momento y se fue, subió las escaleras paso a paso, sin correr, sin hacer ruido, arrastrando los pies, como siempre lo hacía, finalmente entró a su cuarto, cerró la puerta y ahí sí el silencio cambió, se sentó en la orilla de la cama, respiró y entonces... las voces – No lo haces bien, solo eres su sombra, nunca vas a ser suficiente, no eres el hijo favorito – se cubrió la cara con una almohada y apretó fuerte, como si eso pudiera apagar la culpa, el remordimiento, pero no había ningún cambio, y las voces, ellas nunca se apagaban.

Quitó la almohada de su cara, y miró al techo, sin lágrimas, sin gritos, solo vacío y en medio de ese vacío una sensación pequeña, nueva, incómoda, era como una grieta, como algo que ya no quería seguir igual pero también como algo que corría peligro de romperse.