Capítulo 1
“El viaje”
...
El viaje a Eikur no estaba en sus planes.
Las disputas por impuestos y los constantes reportes de inestabilidad obligaron al Conde Ragnar Velkhor a intervenir personalmente. El camino hacia aquel pueblo no era sencillo: una ruta cubierta por una niebla densa, casi antinatural, que parecía envolverlo todo en un silencio inquietante. Incluso para alguien como él, acostumbrado al peligro, sentía en ese lugar una sensación extraña... un pavor inexplicable que se adhería a la piel.
Y sin embargo, Eikur prosperaba.
Oculto bajo aquella atmósfera opresiva, el pueblo resguardaba tierras fértiles, minas de diamantes y oro, y cultivos de algodón considerados entre los mejores del continente. Una riqueza que contrastaba con la tensión que se respiraba en sus calles.
Ragnar Velkhor llegó con la misma seriedad impenetrable que lo caracterizaba.
No alquiló. Nunca lo hacía.
Adquirió una residencia sin dudarlo, contrató sirvientes locales y se instaló casi de inmediato, como si aquel territorio le perteneciera desde antes de pisarlo. Durante los primeros días, mantuvo un perfil bajo, ocultando su identidad bajo la fachada de un comerciante adinerado. Observaba, escuchaba, analizaba.
Durante esos días que estuvo con bajo perfil, se dedico a comprar joyas, telas finas, vestidos elaborados con los mejores materiales que el pueblo podía ofrecer. Cada adquisición tenía un propósito claro: su prometida, Isolde D”Argent . Aunque la distancia entre ellos se hacía cada vez más evidente, no era motivo para no comprarle regalos lujosos que mostraban lo mucho que la adoraba.
Fue solo después de varios días, cuando consideró que había reunido suficiente información, que dejó de ocultarse.Había inconsistencias. Cifras que no coincidían. Rutas comerciales alteradas. Y un gobernador que parecía demasiado cómodo en medio del desorden .
Fue entonces cuando decidió dejar de observar.
Aquella mañana, el conde volvió a ser quien realmente era.
Vestido de negro, con detalles que reflejaban autoridad y linaje, Ragnar abandonó su residencia montado a caballo, escoltado por uno de sus vasallos. Su presencia no necesitaba ser anunciada; se imponía por sí sola. Las miradas lo seguían, algunas curiosas, otras inquietas.
Cuando llegó a la residencia del gobernador, los guardias solo se quedaron atónitos, apartándose sin cuestionar su paso.
Apenas cruzó el umbral, la opulencia lo golpeó de frente.No era una riqueza elegante, sino excesiva, casi vulgar.
El vasallo que lo acompañaba, descendió del caballo y abrió la enorme puerta sin encontrar resistencia. Apenas Ragnar cruzó el umbral, el contraste lo golpeó de inmediato. Un aroma dulce y pesado invadio sus sentidos,irritándole la nariz.... era jazmín. El aroma no evocaba nobleza, sino decadencia... un perfume propio de placeres comprados y habitaciones cerradas.
Los sirvientes se alteraron ante su presencia. Se movian con prisa, como ratas huyendo de una amenaza invisible. Ragnar observó la escena con un desprecio casi disimulado, no mencionó palabra solo avanzó. Sus pasos eran firmes, silenciosos, cargados de una autoridad que no necesitaba imponerse con palabras, mientras se dirigía directamente al cubículo del gobernador.
Al abrir la puerta, la escena habló por sí sola.
El gobernador no estaba solo, una mujer de la vida galante descansaba sobre sus piernas descompuesta en una postura indecorosa con el vestido cayendo mas de lo permitido, dejando al descubierto parte de su pecho . El aroma a jazmín era mas intenso ahí, casi sofocante.
El silencio se volvio casi sofocante, el gobernador palideció de inmediato
—M-mi lord... yo...
Su voz tembló mientras, torpemente, apartaba a la mujer, casi empujándola al suelo en su desesperación por recomponerse.La mujer confundida por aquella reacción y temerosa del hombre que se encontraba al frente suyo, opto por recoger su vestido y marcharse.
Ragnar no dijo nada al incio, pero su mirada fria y cortante llena de un desprecio que no necesitaba elevarse para imponerse.Observó la escena como si fuera algo indigno incluso de su atención.
—Las cifras no coinciden —dijo finalmente sin rodeos.
-Mi señor conde...- con la voz firme, aunque el ligero temblor en sus manos traicionaban su confianza.- Le ruego que mida sus acciones, como usted mismo sabe ese territorio ha sido prospero con mi administración-
Ragnar lo escuchó... en silencio. mientras que el peso del silencio comenzo a aplastar la sala.
El gobernador garraspeó un poco -Las decisiones que he tomado ... han sido necesarias, sabe ustes que aqui no gobiernan las leyes...sino la realidad-.
-Mi señor conde..yo-
Ragnar en el silencio, solo hizo un pequeño movimiento, lento y preciso. El sonido de la espalda al salid de su funda rompió el aire como una sentencia.
-¿Realidad?-murmuró Ragnar.
-La realidad- inclino apenas la cabeza, sin apartar la mirada- es que estas robando a tu propia gente-
El gobernador abrió los labios, pero no salió sonido alguno.
—No repita lo que no puede sostener —habló Ragnar, con una calma que resultaba más peligrosa que cualquier ira.- Y peor aun creíste que nadie vendria a exigirte cuentas-
—Da gracias... —su voz descendió aún más—de que aún estoy preguntando... y no ejecutando.
El gobernador palideció.
Y finalmente, habló con la verdad.Había desviado recursos, manipulación de impuestos, cobros desmedidos , evacion fiscal encubierta y finalmente tráfico de personas.
El aire se volvio denso, nadie se movio y Ragnar no apató la mirada.
-Lo arreglarás- dijo finalmente, mientras bajaba la espada.-Tendrás una semana-
El gobernador parpadeo confundido.
-Pero mi señor-
-Una semana- volvió a repetir Ragnar- Cada moneda desviada, cada acuerdo y cada hombre desaparecido... todo tiene que quedar limpio.
Retrocedió lentamente, con una calma que helaba la sangre .- O volveré y entonces tu cabeza será el trofeo en mi estudio.-
Con un simple movimiento de su mano, el vasallo que lo acompañaba avanzó. paso firme, seco y decidio. El gobernador en su ignoracia, sin entender lo que ocurriría después habló con cautela.
-Mi señor conde, yo podria otorgarle...-
Ragnar no lo miró- si intenta huir - dijo, ya de espalda- o comprar tu lealtad...mátalo.
El vasallo inclinó la cabeza.- como ordene,mi señor- Desenvainó un cuchillo fino,tomó la mano del gobernador y sin vacilar le cortó el dedo meñique.
Un grito ahogado sacudio la sala, no fue escandaloso pero si suficiente. El gobernador cayó de rodillas, sujetándose la mano, la respiración hecha pedazos, mientras la sangre marcaba el suelo.
Ragnar no se detuvo.
—Eso —dijo con frialdad absoluta——es para que recuerdes que esta vez... hablo en serio.
Y siguió caminando.Sin mirar atrás.