Capítulo 1
El primer día de preparatoria siempre sonaba como algo importante… pero Mara nunca pensó que también sería el inicio de algo que cambiaría su vida.
—¿Lista? —preguntó Gely, cruzada de brazos, con esa sonrisa confiada que siempre tenía.
Mara asintió, aunque en realidad no lo estaba.
El patio de la escuela estaba lleno de estudiantes, risas nerviosas y grupos que ya parecían formados desde antes de empezar. Todo era demasiado ruidoso, demasiado rápido.
—Si te pierdes, te vendo —dijo Jesús con una sonrisa burlona.
—Ni sabe dónde está él —respondió Noé, soltando una risa.
Mara sonrió levemente. Estar con ellos hacía que todo fuera más fácil.
Hasta que lo vio.
No fue algo especial… o al menos eso intentó decirse.
Un chico apoyado contra la pared, rodeado de otros tres. Parecía tranquilo, casi indiferente a todo lo que pasaba a su alrededor.
Pero había algo en él.
Algo que hizo que Mara lo mirara un segundo más de lo normal.
—¿Qué ves? —preguntó Gely, inclinándose un poco hacia ella.
Mara apartó la mirada de inmediato.
—Nada.
Pero por alguna razón… sentía que ese “nada” no era del todo cierto.
El timbre sonó a lo lejos, un sonido agudo que atravesó el murmullo del patio y lo convirtió en movimiento.
—Bueno, ahora sí —dijo Gely—. A sobrevivir.
—Qué motivadora —murmuró Noé.
—Cállate y camina.
Entraron al edificio junto con el resto de estudiantes. Los pasillos eran largos, con casilleros a ambos lados y carteles pegados en las paredes que anunciaban clubes, actividades y reglas que nadie parecía estar leyendo.
Mara caminaba un poco detrás del grupo, observándolo todo.
Las voces.
Las risas.
Las miradas rápidas entre desconocidos que intentaban adivinar quién sería importante y quién no.
—Nuestro salón es el 1-A —dijo Jesús mirando su horario—. Por allá.
Gely tomó la delantera sin dudar.
—Síganme.
—¿Sabes a dónde vas? —preguntó Mara.
—No.
—Genial.
Aun así, llegaron.
El salón ya tenía a varios estudiantes dentro. Algunos estaban sentados en grupos, otros de pie, hablando como si ya se conocieran.
Mara sintió esa misma sensación otra vez.
Ese pequeño nudo en el pecho.
—Vamos a sentarnos juntas —dijo Gely, jalándola suavemente del brazo.
Eligieron unos asientos a la mitad del salón. Jesús y Noé se sentaron detrás de ellas.
—Perfecto —dijo Jesús—. Desde aquí podemos molestar sin que nos vean tanto.
—Siempre pensando en lo importante —respondió Gely.
Mara dejó su mochila sobre el pupitre y respiró hondo.
Todo estaba empezando de verdad.
Y entonces…
La puerta se abrió.
No fue necesario voltear de inmediato para saber que algo había cambiado en el ambiente.
Las voces bajaron un poco.
Algunas miradas se desviaron.
Y cuando Mara levantó la vista…
Ahí estaba.
El.
Entró junto a los mismos tres chicos que había visto antes. Uno de ellos iba hablando sin parar, otro se reía, y el tercero miraba el salón como evaluando a todos.
El, en cambio…
Solo caminaba.
Tranquilo.
Como si nada de eso le afectara.
Como si ese lugar ya no fuera nuevo para él.
Por un segundo —solo uno—, sus ojos recorrieron el salón.
Y pasaron por Mara.
No se detuvieron.
Pero tampoco fue una mirada vacía.
Fue suficiente para que Mara sintiera algo extraño.
Como si hubiera sido vista… aunque él siguiera caminando.
—Ahí va tu “nada” —susurró Gely.
—Gely…
—¿Qué? Yo solo digo.
Los chicos se sentaron en la parte trasera del salón.
Lejos.
Pero no lo suficiente.
—Ese grupo se ve problemático —dijo Noé en voz baja.
—Se ven divertidos —respondió Jesús.
—Eso es lo mismo.
Mara intentó concentrarse en otra cosa. Sacó una libreta, acomodó su pluma, fingió leer su horario otra vez.
Pero su mente…
seguía regresando a ese momento.
A esa mirada que no fue realmente una mirada.
Y eso la frustraba un poco.
—¿Por qué me importa? —pensó.
No tenía sentido.
Ni siquiera lo conocía.
Ni siquiera sabía su nombre.
Y aun así…
Había algo.
Algo que no podía ignorar.
El profesor entró unos minutos después, comenzando con las presentaciones generales. Reglas, horarios, expectativas.
Todo lo típico.
Pero para Mara, las palabras se sentían lejanas.
Porque, aunque intentaba convencerse de lo contrario…
Ese día no sería un día cualquiera.
Y ese chico…
no sería solo otro compañero más.
—Bien, chicos —dijo el profesor, dejando su portafolio sobre el escritorio—. Vamos a empezar con algo sencillo. Quiero que cada uno se presente. Nombre, algo que le guste… lo básico.
Un murmullo recorrió el salón.
Mara sintió cómo su estómago se apretaba.
—No… —susurró casi sin voz.
—Sí —respondió Gely con una sonrisa divertida—. Te tocó.
—No quiero.
—Nadie quiere.
Jesús se inclinó hacia adelante desde su asiento.
—Di que te gusta dormir y ya.
—O comer —añadió Noé—. Eso siempre funciona.
Mara dejó escapar una pequeña risa nerviosa.
—Empiezo yo —dijo una chica al frente, levantándose con seguridad.
Las presentaciones comenzaron a fluir. Nombres, gustos, risas ocasionales.
Pero cada vez que alguien terminaba…
Mara sentía que su turno estaba más cerca.
Demasiado cerca.
—Tranquila —murmuró Gely—. Solo habla.
—Eso es lo que me preocupa.
El profesor miró su lista.
—Mara.
El mundo se sintió… silencioso.
Por un segundo, nadie habló.
Mara sintió todas las miradas encima.
Sus manos se tensaron ligeramente mientras se levantaba.
—Yo…
Su voz salió más baja de lo que esperaba.
Se aclaró la garganta.
—Soy Mara.
Bien. Iba bien.
—Me gusta leer… y…
Se quedó en blanco.
Literalmente en blanco.
—Y…
Su mente no respondía.
Podía sentir el calor en sus mejillas.
Algunas risas suaves empezaron a escucharse.
No burlonas… pero suficientes.
—Y… me gusta…
—Respirar —susurró Jesús desde atrás.
Noé soltó una risa ahogada.
Mara no pudo evitar sonreír un poco.
—Y me gusta dibujar —terminó finalmente.
Silencio breve.
—Gracias, Mara —dijo el profesor.
Se sentó de inmediato.
—Sobreviviste —murmuró Gely.
—Casi no —respondió Mara.
Pero entonces…
—Fernando.
El nombre se sintió distinto.
Como si el aire cambiara otra vez.
Mara levantó la vista sin pensarlo.
Él se levantó.
Sin prisa.
Sin nervios.
Como si estar de pie frente a todos no significara nada.
—Fernando —dijo, con voz tranquila.
No agregó nada más de inmediato.
Algunos esperaron.
—Me gusta el fútbol… y ya.
Se sentó.
Así de simple.
Algunas chicas rieron suavemente.
—Eso fue todo —susurró Noé—. Yo también quiero hacer eso.
Pero Mara no estaba escuchando eso.
Estaba mirando a Fernando.
Y entonces…
Pasó.
Por primera vez desde que entró al salón…
Él la miró directamente.
No fue un accidente.
No fue de pasada.
Fue directo.
Y por un segundo que se sintió demasiado largo…
sus miradas se quedaron ahí.
Mara dejó de respirar.
No sabía por qué.
No sabía qué significaba.
Pero su corazón empezó a latir más rápido.
Y justo cuando estaba a punto de apartar la mirada…
Él sonrió.
Muy levemente.
Como si hubiera notado algo.
Como si entendiera algo que ella no.
Y luego miró hacia otro lado.
Como si nada.
—…ok —murmuró Mara, apenas audible.
—¿Qué fue eso? —preguntó Gely de inmediato.
—Nada.
Pero esta vez…
ni siquiera ella se creyó.
Porque algo acababa de pasar.
Algo pequeño.
Casi invisible para todos.
Pero no para ella.
Y eso…
la dejó completamente desordenada por dentro.
El resto de la clase pasó más rápido de lo que Mara esperaba.
O tal vez no.
Tal vez fue solo que su mente estaba en otro lugar.
Porque, aunque el profesor seguía hablando, explicando reglas y señalando cosas en el pizarrón…
Mara no podía dejar de pensar en ese momento.
En esa mirada.
En esa sonrisa pequeña.
—Te quedaste ida —susurró Gely, dándole un pequeño golpe con el codo.
—No es cierto.
—Sí es cierto.
—Cállate.
Gely sonrió.
—Te gusta.
—¡No!
El “no” salió demasiado rápido.
Demasiado fuerte.
Jesús y Noé voltearon al mismo tiempo.
—¿Qué no? —preguntó Noé.
—Nada —respondió Mara, bajando la mirada.
—Ajá… —dijo Jesús.
—Déjenla —intervino Gely—. Está viviendo su desarrollo de personaje.
—¿Qué? —dijo Mara.
—Nada.
El timbre finalmente sonó.
Un sonido que, esta vez, se sintió como un descanso.
—¡Al fin! —dijo Noé, estirándose—. Pensé que nunca iba a terminar.
—Eso dices siempre —respondió Jesús.
—Porque siempre es cierto.
Los alumnos comenzaron a levantarse, tomando sus mochilas, hablando entre ellos.
El salón volvió a llenarse de ruido.
Mara guardó sus cosas con calma, intentando no pensar demasiado.
Intentando actuar normal.
Pero su corazón…
no estaba cooperando.
—¿Salimos? —preguntó Gely.
—Sí.
Se levantaron.
Y entonces pasó.
No fue planeado.
No fue especial.
Pero fue suficiente.
Cuando Mara dio un paso hacia el pasillo…
chocó ligeramente con alguien.
—Perdón —dijo de inmediato.
—No pasa nada —respondió una voz.
No era él.
Era uno de sus amigos.
El que hablaba más.
El que se reía en el patio.
—Eres Mara, ¿no? —dijo, con una sonrisa fácil.
Mara parpadeó.
—Sí…
—Soy Gus.
Señaló hacia atrás con el pulgar.
—Ellos son Víctor, Francisco… y Fernando.
Mara sintió algo en el estómago al escuchar su nombre otra vez.
Pero no miró de inmediato.
No quería que fuera obvio.
—Hola —dijo suavemente.
—Oye, te pusiste nerviosa allá adelante —comentó Gus, sin mala intención—. Pero estuvo bien.
—Gracias… creo.
Gus rió.
—Tranquila, todos estábamos igual el primer día.
—No todos —dijo otra voz.
Más tranquila.
Más firme.
Mara levantó la mirada.
Francisco.
—Algunos solo hablan menos —añadió, con media sonrisa.
Mara no supo si eso la hacía sentir mejor o peor.
—Sí, bueno… —murmuró.
—¿Te gusta dibujar de verdad? —preguntó Francisco.
—Sí.
—Está chido.
Un silencio corto.
No incómodo.
Pero nuevo.
Diferente.
—Bueno, nos vemos —dijo Gus, dando un paso hacia atrás—. Nos toca en el siguiente salón.
—Sí… nos vemos.
Se fueron.
Y por un segundo…
Mara se quedó quieta.
—¿QUÉ FUE ESO? —susurró Gely, apenas se alejaron.
—No sé.
—Te hablaron.
—Ya sé.
—Ellos.
—Ya sé.
Jesús sonrió.
—Oficialmente, ya eres interesante.
—Cállate.
Pero no sonaba molesta.
Sonaba… confundida.
—¿Y Fernando? —preguntó Noé—. ¿Dijo algo?
Mara dudó.
—No.
Pero no era del todo cierto.
Porque aunque no había hablado…
Mara podía jurar que, justo antes de irse…
él la había mirado otra vez.
Y esa vez…
no había sido casualidad.
Salieron al pasillo.
El ruido, las voces, el movimiento… todo volvió.
Pero algo había cambiado.
Algo pequeño.
Casi imperceptible.
Pero suficiente.
Mara no lo entendía aún.
No sabía qué significaba.
Pero sí sabía algo.
Ese día…
no iba a terminar en su mente.
Y esa historia…
apenas estaba comenzando.
Estoy super emocionada, por publicar mi primera, historia, espero que les guste mucho, tengo que confesar que siempre me a gustado escribir y por primera vez me anime a publicarla……..
Espero que se encuentren muy bien y que sean muy felices, les deseo lo mejor.
Att: Fairy💕