TERMINA DE COMER | 민상 MINSANG

Summary

QUEDA PROHIBIDA LA ADAPTACIÓN DE CUALQUIER HISTORIA BAJO MI AUTORIA, SIN MI CONSENTIMIENTO. |🪻| "Hay despedidas que no se dicen. Se quedan en mensajes sin responder, en platos que se enfrían... en silencios que llegan demasiado tarde. Yeosang aprendió que el amor no siempre termina cuando alguien se va. A veces se queda. A veces duele. Y a veces... alguien viene a buscarte cuando ya no queda nada." |🪻| Esta historia esta creada con el fin de entretener. Contenido: Muerte de personaje, angst, drama, no tiene final feliz. © Todos los derechos de autor, reservados.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Aún si no vuelves...

La primera vez que Yeosang notó el silencio, no le dio importancia.

Pensó que era normal.

Después de todo, llevaban años juntos. Las conversaciones ya no eran tan largas como antes, las risas no llenaban cada rincón del departamento, y los "te amo" se habían vuelto más suaves, casi automáticos... pero seguían ahí. ¿No?

Y eso debía significar algo.

Mingi estaba sentado frente a él aquella noche, moviendo distraídamente la comida en su plato. No lo miraba, no decía nada. Solo ese leve sonido metálico del cubierto chocando contra la cerámica.

Porque hay cosas que no terminan cuando se rompen. Se quedan. En los rincones, en los objetos, en la forma en que la luz entra por la ventana a cierta hora y en la manera en que el silencio pesa más cuando ya conociste su voz.

No sabía en qué momento llegaría, pero lo haría.


— ¿Tuviste un día pesado? — preguntó Yeosang con una sonrisa pequeña, intentando alcanzar algo que ya sentía lejos.

— Normal — respondió Mingi sin levantar la vista.


Normal...

Esa palabra empezó a doler más de lo que debía.

"Mingi siempre hablaba demasiado.

De todo, de nada.

De sueños que cambiaban cada semana y de canciones que repetía hasta el cansancio.

Yeosang lo escuchaba en silencio, como si cada palabra fuera algo que debía guardar. Como si, en algún momento, fuera necesario recordar todo."

Aunque no supo en qué momento las cosas cambiaron de golpe.

Se desgastaron, como una tela que se estira demasiado, por mucho tiempo. Como una canción que se reproduce tantas veces que deja de sentirse.

Yeosang lo intentó.

Por dios, lo intentó tanto.

Intentó hablar más, reír más, tocarlo más, besarlo. Intentó recordarle quiénes eran... pero cada intento parecía chocar contra una pared invisible que Mingi levantaba sin darse cuenta.

O tal vez si se daba cuenta, y no le importaba.

La pelea llegó un martes, no fue una pelea fuerte

No hubo gritos que rompieran paredes, ni palabras que pudieran señalarse como "el inicio del fin", no hubo nada especial en ese día. Ningún aniversario, no había tensión acumulada visible. Solo... explotó.


— ¿Podrías dejar de actuar como si todo estuviera bien? — dijo Mingi de repente, dejando el vaso con más fuerza de la necesaria.

Yeosang parpadeó, confundido.

— ¿De qué hablas?

— De esto. — hizo un gesto amplio con la mano—. De nosotros.

El corazón de Yeosang se encogió.


"Antes, Mingi no podía dejar de mirarlo.

Especialmente cuando no decía nada."


— Yo... intento que estemos bien.

— Ese es el problema — respondió Mingi, ahora mirándolo directamente—. Estás fingiendo.

— No estoy fingiendo — su voz tembló apenas.

— Sí lo estás. Sonríes todo el tiempo como si nada pasara, como si no sintiera que esto ya no es lo mismo.


Silencio.

Tan pesado, denso e irresistible.


— Claro que lo siento — susurró Yeosang—. Pero eso no significa que no podamos arreglarlo.

Mingi negó lentamente.

— No todo se arregla, Kang.

Ese fue el momento exacto en el que algo dentro de él se quebró.

— ¿Entonces qué quieres? — preguntó, la voz más baja de lo que pretendía —. ¿Rendirte?

Mingi dudó.

Pero ese pequeño segundo fue suficiente para Yeosang.

— Tal vez ya lo hice hace tiempo.


Las palabras no siempre gritan.

a veces se deslizan suave... y aun así destruyen todo.

Yeosang no recuerda exactamente en qué momento Mingi se fue.

Solo recuerda el sonido de la puerta cerrarse. Y el silencio, ese maldito silencio.


"— Prométeme que si algún día nos perdemos... vamos a encontrarnos otra vez.

— Eso suena a película.

— Prométemelo.

— ... te lo prometo."


Después de todo, las promesas son crueles cuando sobreviven a las personas que las hicieron.

Los días se volvieron borrosos.

El departamento era demasiado grande ahora. Demasiado vacío, demasiado lleno de recuerdos que se colaban en cada rincón; en el sofá donde se quedaban dormidos viendo películas, en la cocina donde Mingi solía abrazarlo por la espalda, en la cama que ahora parecía ajena.

Yeosang dejó de abrir las cortinas.

La luz le molestaba, la vida le molestaba.

Intentó llamarlo una vez. Solo una.

El celular sonó, y sonó... y sonó, hasta que dejo de hacerlo. No volvió a intentarlo.

La depresión no llegó como una tormenta, llegó como una niebla. Silenciosa y constante. Se metió en sus huesos, en su pecho, en su respiración. Le robó el hambre primero, después el sueño, las ganas de levantarse y luego... todo.

Pasaron semanas, tal vez meses.

Yeosang dejó de contar.

Una noche, sin saber por qué, decidió cocinar.

No tenía hambre, pero algo en él... quería intentar. Como si aún quedara una parte de sí mismo que no quería rendirse del todo.

Preparó algo sencillo. Arroz. Algo caliente, algo que antes solía compartir con Mingi.

Se sentó en la mesa. El mismo lugar, la misma silla... el mismo silencio.

Tomó el primer bocado. Le supo a nada.

El segundo. Peor.

El tercero... el tercero no llegó.

Porque entonces sintió algo.

No fue un ruido, tampoco fue un movimiento... fue una presencia.

Yeosang miró de reojo a su izquierda, y ahí estaba. Sentado a lado de él.

No era lo que esperaba no llevaba túnica negra, ni una guadaña. No daba miedo, era tranquilo. Demasiado tranquilo.


— Termina de comer... — dijo la figura con una voz suave, casi amable —. Es hora de irnos.


El mundo no se detuvo. No hubo música dramática, no hubo gritos. Solo ese momento, suspendido e irreal.

Yeosang regresó la vista a su plato. Luego a su mano, el tenedor temblaba ligeramente entre sus dedos.

Una lágrima cayó, silenciosa. Pero directa.

Se quedó así unos segundos, tal vez minutos, no lo sabía. No importaba.

Entonces, sin girar completamente la cabeza, lo miró de reojo.


— ... ¿puedo... puedo decir algo?

La figura inclinó ligeramente la cabeza.

— Puedes.

Yeosang tragó saliva. Sus labios temblaron.

— Déjame hablar con él.

Silencio... pero no incómodo, no era pesado. solo era comprensivo.

— No puedo traerlo de vuelta — respondió la figura.

— Lo sé — su voz se rompió —. No quiero eso.

Otra lágrima. Y otra.

— Solo... quiero decirle algo. Aunque no conteste.

La figura lo observó en silencio, luego asintió.

— Tienes tiempo.


Yeosang cerró los ojos. Respiró, sacó su celular y marcó ese número después de mucho tiempo, los tonos sonaban. Una vez.

Otra

Otra

.... buzón de voz.

— Mingi...

Su nombre dolió más de lo que esperaba.

— Lo siento. — su voz se quebró —. Siento no haber podido salvarnos.

Sus palabras salían torpes, desordenadas, pero reales.

— Siento haber fingido que todo estaba bien... solo que... tenía miedo. — rio suavemente entre lágrimas —. Tenía miedo de perderte, que preferí mentirme a mí mismo.

Su mano apretó el cubierto.

— Pero tú ya te habías ido ¿verdad? — silencio, su respiración se volvió inestable. — Aun así... — susurró —. Te amé, siempre lo hice, incluso cuando dejaste de mirarme igual, o cuando ya no me elegías... Incluso cuando te fuiste... te sigo amando.

Sus hombros temblaron.

— No te culpo.

No era mentira, dolía, pero no era mentira.

— Solo... — hizo una pausa larga —. Me hubiera gustado que te quedaras un poco más.


El silencio volvió. Pero esta vez no estaba vació.

Estaba lleno de lo que nunca dijo.

Yeosang abrió los ojos lentamente, miró su plato. La comida estaba fría, estaba intacta. Y entonces colgó.


La figura lo observó unos segundos.

— ¿Listo?

Yeosang no respondió de inmediato. Miró alrededor, el departamento, los recuerdos, el eco de lo que quedaba.

Y asintió.

— Sí.


Se levantó lentamente, sus piernas se sentían ligeras, demasiado ligeras. Antes de irse, miró por última vez la mesa. Dos sillas, siempre dos.

Pero ya no dolía igual.


La figura se puso de pie junto a él.

— Vamos.

Yeosang dio un paso, luego otro, y entonces... Se detuvo.

— Oye...

La figura lo miró, y Yeosang dudó.

— ¿Crees que... — su voz fue apenas un susurro — Olvídalo.

No terminó la frase. No hacía falta.

La figura sonrió suavemente.

— Tal vez.


Y por primera vez en mucho tiempo... Yeosang sonrió, yéndose.

La mesa quedó en silenció, el plato sin terminar... el eco de un amor que algún día existió,

Y que ya no tenía a dónde volver.



[Carta - nunca enviada]

Mingi.

Hoy intenté no pensar en tí.

Dure exactamente tres minutos. Luego vi tu taza en la cocina y recordé cómo te quejabas de que el café siempre estaba muy caliente... aunque eras tú quien lo hacía así.

Es curioso cómo alguien puede seguir viviendo en un lugar incluso cuando ya no lo es.

Supongo que tu sigues aquí, o tal vez soy yo quien no sabe irse.

K. Yeosang.


[Carta - nunca enviada]

Mingi... ¿en qué momento dejaste de elegirme?

No me refiero a irte.

Eso fue después.

Me refiero a antes... cuando aún estabas aquí, pero ya no conmigo.

Creo que ese fue el verdadero final.

Yeosang.


[Carta - incompleta]

Min...

Hoy hice arroz, como el que nos gustaba.

No sabía si iba a poder... pero quería intentarlo, de nuevo.

Quería sentir que aún...