Capítulo 1
El viento de Daegu en esa época del año todavía conservaba un rastro de humedad que hacía que el uniforme se le pegara a la piel, pero a él no le importaba. Nada le importaba realmente cuando caminaba hombro a hombro con Jungkook. Su mundo, a los trece años, tenía un radio de alcance muy corto. Terminaba exactamente donde terminaba la voz de su mejor amigo.
—Te apuesto lo que quieras a que no puedes saltar a ese escalón desde aquí —lo desafió Jungkook, con esa chispa que siempre encendía algo en el pecho del muchacho.
Taehyung dejó salir una carcajada, una que nació profunda y ruidosa, y sin pensarlo dos veces, se lanzó. Sus pies aterrizaron con un golpe sobre el concreto; el impacto vibró hasta sus rodillas. Se giró con una sonrisa cuadrada y triunfante, buscando la aprobación en los ojos redondos de su amigo.
—¿Viste eso? Soy prácticamente un atleta nacional —presumió, sacudiéndose el polvo de los pantalones.
Jungkook rodó los ojos, pero su sonrisa era suave, una de esas que Taehyung guardaba en su memoria como si fueran tesoros. Siguieron caminando hacia su casa, perdiéndose en una conversación sobre videojuegos y el equipo de fútbol, un universo privado donde Taehyung se sentía el protagonista. Para él, la vida era eso. El calor del sol de la tarde, el peso de su mochila a su espalda y la presencia constante de Jungkook a su lado.
Al llegar a la entrada de su casa, el olor al guiso que preparaba su hermano mayor ya flotaba en la sala, una señal de bienvenida que siempre lograba que el estómago de Taehyung rugiera. Pero al abrir la puerta, algo se sentía distinto. Había un murmullo constante, que venía del comedor.
—Ya llegamos —anunció Taehyung, dejando caer su mochila cerca del sofá.
—En la cocina, Tae —gritó Jin desde el fondo, entre el sonido de sartenes—. Lávate las manos, que Jungkook también se quede a comer.
Taehyung guio a Jungkook hacia la sala, pero se detuvo al ver la mesa del comedor. Namjoon, su otro hermano mayor, estaba sepultado bajo una montaña de libros de texto y libretas de espiral. Frente a él, ocupando la silla que usualmente quedaba vacía, había alguien nuevo.
—Ah, ya llegaron los enanos —dijo Namjoon sin levantar la vista de su libreta, aunque su tono era cariñoso—. Tae, él es Yoongi. Es mi compañero de clase. Vamos a estudiar aquí un rato.
El menor de los hermanos parpadeó, observando al intruso. Yoongi no se parecía en nada a los amigos de Namjoon. Era menudo, con una piel tan blanca que parecía casi porcelana bajo la luz del comedor. Llevaba unas gafas de montura negra que descansaban sobre el puente de su nariz, y sus ojos, pequeños y agudos como los de un gato, estaban sobre una hoja de papel.
—Hola —dijo Yoongi. Su voz era inesperadamente profunda, con un acento que sonaba más rasposo que el de ellos. Ni siquiera levantó la mano para saludar; simplemente hizo un pequeño gesto con la cabeza y volvió a su libreta.
—Hola, hyung —respondió Taehyung, algo desconcertado por la falta de entusiasmo del invitado. Jungkook saludó con una reverencia educada y ambos pasaron de largo hacia la cocina.
—¿Quién es ese? —susurró Jungkook una vez que estuvieron fuera del alcance de los oídos de los mayores.
—Un amigo de Nam-hyung, supongo —respondió Tae, encogiéndose de hombros mientras robaba un trozo de pepino de la tabla de picar de Seokjin—. Parece un poco aburrido, ¿no crees?
Seokjin, que estaba terminando de colocar los platos sobre la mesa, le dio un golpe en la mano a su hermano menor.
—No seas grosero. Yoongi es muy inteligente; está compitiendo con Namjoon por el primer lugar de la generación. Además, es un buen chico. Ayúdenme a llevar esto a la mesa. —Dijo Jin extendiéndole una jarra de agua.
La comida fue una experiencia extraña para Taehyung. Normalmente, él y Jungkook eran el centro de atención, contando anécdotas divertidas del colegio, pero hoy el espacio estaba compartido con los mayores. Namjoon y Yoongi hablaban en un código que no terminaba de descifrar. Hablaban de exámenes de ingreso y de profesores que él aún no conocía.
Taehyung observaba a Yoongi de reojo mientras masticaba. El chico nuevo apenas hablaba a menos que fuera necesario, y cuando lo hacía, sus comentarios solían ser un poco sarcásticos, los cuales hacían que Jin se carcajeara y Namjoon se rascara la nuca, derrotado.
—Si sigues usando esa fórmula para el despeje, Namjoon, vas a tardar tres vidas en terminar el ejercicio —dijo Yoongi, dejando los palillos de lado—. Es álgebra, no física cuántica.
—Bueno, no todos tenemos tu cerebro de robot, Yoongi-ah —respondió Namjoon, aunque no parecía molesto.
Taehyung, sintiéndose un poco desplazado, se giró hacia Jungkook y empezó a hablarle en voz alta sobre un nuevo truco que había aprendido en un juego de cartas, buscando recuperar el control de la charla. Jungkook le seguía la corriente, riendo, y por un momento, olvidó que había alguien más en la mesa.
Mientras Taehyung hacía una mueca exagerada para hacer reír a Jungkook. Movió la mirada hacia la derecha y se encontró con los ojos de Yoongi. El mayor no lo miraba con molestia, pero tampoco con la diversión que él esperaba de los demás. Fue apenas un segundo. Yoongi parpadeó, desvió la vista hacia su plato y siguió comiendo en silencio, pero se quedó con una sensación de calor repentino en las mejillas.
—¿Te pasa algo, Tae? —preguntó Jungkook, notando su breve pausa.
—Nada, solo que el guiso está muy caliente —mintió, tomando un sorbo de agua.
Al terminar la comida, Seokjin se encargó de levantar los platos, mientras que Namjoon y Yoongi regresaron a sus libros. Taehyung se arrastró con Jungkook hasta la alfombra de la sala para jugar. Intentó concentrarse en la pantalla, pero el silencio del comedor le resultaba ruidoso. De vez en cuando, giraba la cabeza para ver a su hermano y su amigo. Namjoon se veía estresado, pasándose las manos por el cabello, pero Yoongi se mantenía tranquilo. Había algo en la forma en que sostenía el bolígrafo que seguía sin encajar con la idea de los amigos de su hermano que tenía en la cabeza.
Cuando Jungkook tuvo que irse, la casa se sintió repentinamente demasiado grande. Taehyung se quedó de pie en la entrada, despidiendo a su amigo con la mano hasta que desapareció por la calle. Al cerrar la puerta, se encontró con que Seokjin se había unido a ellos con una taza de té, charlando animadamente con Yoongi. El chico escuchaba a Jin con atención, asintiendo de vez en cuando y permitiendo que una pequeña curva apareciera en la comisura de sus labios.
—Es un buen chico, ¿verdad? —le dijo Jin a Taehyung más tarde, cuando Yoongi y Namjoon se encerraron en la habitación de este último para seguir estudiando—. Me gusta que Namjoon tenga a alguien tan centrado cerca.
Taehyung se encogió de hombros, tirándose en el sofá.
—Es un poco raro, hyung. Casi no habla. Y me miró extraño durante la cena.
Jin le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Solo es reservado. No todos son tan ruidosos como tú y Jungkook. Deberías intentar ser amable con él; va a venir seguido.
Taehyung hundió la cara en un cojín. Seguido. La idea de tener a ese chico en su casa todos los días no le parecía precisamente el mejor plan del mundo. Pero mientras cerraba los ojos, la imagen de Yoongi con esa voz grave que contrastaba con su apariencia pequeña se quedó flotando en su mente.








