Concubina/Jenlisa g!p

Summary

Jennie es la concubina de la princesa, un título que debería significar privilegio pero que para ella es una condena silenciosa. Atrapada entre el deseo y la obligación, su corazón pertenece a una mujer que la mira con desdén en público pero con una ternura insoportable en la intimidad. Lisa, heredera al trono, está obligada a producir un heredero con su esposa, la duquesa Diana, mientras lucha por ocultar el amor que siente por la única mujer que ha amado desde la infancia, Jennie. Lisa g!p

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1: Baile

Una mueca se formaron en sus labios.


Sus dedos agarraban el borde de la cama mientras la mujer tiraba de los cordones de su corsé.


—El hombre al que se le ocurrió esta prenda diabólica debería ser demandado y encerrado_ se lamentó mientras soltaba un fuerte suspiro.


Su pequeño cuerpo se sacudía cuando su criada, Somi, volvía a tirar de los cordones.


—Mi señora, sirve para estrechar aún más su ya estrecha cintura. Estoy segura de que la princesa lo aprecia.


Rió suavemente, sabiendo que Jennie ponía los ojos en blanco.


Era bien sabido en toda la corte que la princesa y su concubina tenían una relación algo explosiva.


Con un tirón final, Somi ató los hilos del corsé y le dio a Jennie una palmadita en la espalda, ante lo cual ella dejó escapar el aliento que estaba conteniendo.


—Esta cosa será mi muerte, lo juro.


Se giró y se sentó lo mejor que pudo en el taburete al pie de la cama, agarró el abanico de encaje del cabecero, lo abrió y se abanicó la cara y el cuello, mientras Somi deslizaba un zapato de tacón en cada uno de sus pequeños pies.


Somi se puso de pie e inclinó la cabeza.


Jennie poseía una belleza natural, con su piel pálida de porcelana, sus sedosos cabellos castaños que se rizaban suavemente por sí mismos, y sus ojos felinos que te penetraban hasta lo más profundo del ser.


No era de extrañar que fuera la favorita de la princesa; de hecho, se rumoreaba que era la única concubina que tenía.


Somi le tendió las manos y movió los dedos.


—Arriba, mi señora.


Jennie bajó el abanico y agarró sus manos, poniéndose en pie, tambaleándose solo un poco por el mareo que a veces causaba el apretón del corsé.


La mujer agarró la enagua completa y se arrodilló ante ella, manteniéndola abierta para que pudiera entrar.


—¿Está emocionada por el baile de esta noche, mi señora?


Jennie agitó una mano mientras Somi ataba la enagua en su lugar.


—Me atrevo a decir que será como todos los demás.


Se pararía al lado de la princesa y entablaría una conversación inteligente.


Suspiró suavemente mientras levantaba los brazos, permitiendo que Somi deslizara el corpiño sobre su corsé.


Somi captó la mirada lejana en sus ojos y frunció el ceño.


—Mi señora, ¿por qué se atormenta tanto? Sabe que nunca podrá ser.


Jennie cerró los ojos antes de responder.


—Sí, lo sé.


[***]


Mientras caminaba por el largo pasillo, Jennie vio a la princesa esperando, de espaldas a ella.


Se detuvo un momento para contemplar la vista.


Lisa era incluso más alta que la mayoría de la nobleza de la corte. Observó cómo levantaba una mano y se frotaba la nuca.


Algo que había aprendido era que hacía eso cuando estaba nerviosa o irritada.


Sonrió para sí misma al pensar en las veces que sus dedos recorrieron los rebeldes cabellos rubios que enmarcaban su cabeza, las veces que sus uñas bien cuidadas se clavaban en la piel de sus anchos hombros, dejándolos enrojecidos.


Cerró los ojos y suspiró suavemente al pensar en sus brillantes y vivos ojos azules. Eran más hermosos que cualquiera que hubiera visto antes, y el color le recordaba al mar azul profundo.


Negó con la cabeza y continuó por el pasillo hacia su princesa.


Lisa estaba de pie junto a las puertas del gran salón de baile. Parecía como si siempre la estuviera esperando, y nadie debía hacer esperar a la princesa.


Estaba segura de que Jennie lo hacía solo para irritarla. Además, estaba convencida de que su madre la había elegido para ser su concubina como parte de un gran plan para hacerla sufrir por ser una niña tan precoz.


Lisa era casi tan molesta como su casi esposa. En silencio, agradeció a Dios que la duquesa tuviera "mejores" cosas que hacer que asistir a un evento social con ella.


Un suave toque en su brazo la sacó de sus pensamientos.


Se giró para ver a la diablesa que tanto la irritaba.


—¿Cuántas veces te he dicho que nunca me hagas esperar?_ casi gruñó en su rostro mientras le daba un tirón del pequeño brazo.


Jennie se echó hacia atrás un poco y la miró directamente a los ojos.


Su corazón dio un vuelco momentáneamente cuando esos hermosos orbes de zafiro la cautivaron.


—Difícilmente es mi culpa que no te bañaras_ una pequeña sonrisa satisfecha curvó las comisuras de sus labios carnosos.


Lisa tiró del brazo con más fuerza. El cuerpo de Jennie cayó cerca de ella mientras se inclinaba y le susurraba al oído con dureza.


—Por eso, querida, pagarás caro cuando estemos solas_ arregló su postura y se volvió hacia las grandes puertas dobles del gran salón de baile.


Jennie levantó la barbilla y dibujó una pequeña sonrisa mientras deslizaba su brazo bajo el de la princesa.


Las puertas se abrieron a un mar de gente, y el Gran Maestre de Ceremonias golpeó el suelo con su bastón para llamar la atención.


—Su Alteza Real, la Princesa de Tailandia. La Princesa Lalisa Manobal.


El último pensamiento de Jennie, antes de que Lisa la escoltara a través de las puertas del gran salón de baile, fue: "Esta será una noche muy larga".


[***]


Jennie permaneció obediente al lado de la princesa durante la mayor parte de la noche.


Se abanicó con delicadeza mientras Lisa hablaba con un dignatario extranjero sobre el comercio y el Nuevo Mundo. Sabía que debía hacer un comentario informado y participar en la conversación, pero su corazón simplemente no estaba en eso.


Recordó su comentario sarcástico anterior.


Había salido de sus labios en un momento de rabia y dolor. Sí, se había sentido herida por el tono de voz y las acciones de Lisa.


Ella la confundía.


A veces, estaba segura de que simplemente la toleraba; otras veces, sobre todo cuando estaban solas, veía cierta suavidad en sus ojos.


Un suave toque en su brazo la sacó de sus propios pensamientos. Miró hacia arriba para ver a Lisa mirándola. Su rostro era de preocupación, pero cuando la miró a los ojos, pudo ver su irritación.


—¿Está todo bien?_ la pregunta sonó sincera para el observador casual.


Lisa pensó que era mejor simplemente jugar bien durante la noche, pero agregó un apretón firme a su brazo solo para hacerle saber que no estaba contenta.


Interiormente, Jennie hizo una mueca al sentir los fuertes dedos clavarse en su delicada piel, pero le sonrió y asintió con la cabeza antes de responder.


—Sí, Alteza. Solo me duele un poco la cabeza.


Los ojos azules reflejaban algo más que un poco de molestia.


—¿Quizás debería llevarte a la cama? No puedo tener a mi concubina en mala salud.


Jennie asintió mecánicamente cuando sintió que le ponía la mano en la parte baja de la espalda, guiándola hacia las grandes puertas de madera.


Sabía que, una vez que estuvieran en el pasillo, se desataría el infierno. Se reprendió a sí misma por perderse en sus propios pensamientos y no atender las necesidades de la princesa.


Después de todo, era su trabajo.


En el segundo en que atravesaron las puertas del salón de baile, Lisa la giró bruscamente para que la enfrentara, inclinándose hacia abajo con los labios a unos centímetros de los de ella.


—¿Qué es exactamente lo que te pasa últimamente?_ prácticamente había silbado la pregunta.


Jennie bajó los ojos sumisamente.


Estaba molesta, y no podía culparla.


Hubo un tiempo en el que no tuvo problemas para atender todas sus necesidades; sin embargo, algo había cambiado y ella simplemente no podía resolver lo que estaba sintiendo.Se había enamorado de Lisa y lo único que deseaba más que nada en este mundo era que ella la amara de vuelta.


Pero, ¿cómo podría?


Ella era simplemente su puta.












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