0. Touch my body tender
Jungkook giró la llave con la delicadeza de un cirujano en una operación a corazón abierto. Un clic suave, apenas perceptible en el silencio del pasillo. Empujó la puerta con cuidado, sosteniéndola con la mano para que no golpeara al cerrarse, y se quedó un segundo ahí, quieto, escuchando. Nada. Sin música, sin videojuegos, sin la televisión que Taehyung dejaba encendida aunque no estuviera prestando atención. Eso, más que tranquilizarlo, le dejó una sensación extraña.
Entró despacio y se quitó los zapatos sin hacer ruido, dejándolos alineados en su lugar respectivo, y empezó a avanzar, poniendo todo de sí para mantener sus pisadas tan delicadas como las de un felino. Había algo extraño en la forma en la que se movía, más tenso de lo normal, como si supiera que estaba haciendo algo que no debería, aunque en teoría no hubiera nada malo en llegar tarde a su propia casa.
No es como que a Taehyung le haya molestado antes.
—¿Dónde estabas?
Claro que eso fue antes.
Esa voz grave lo congeló. No fue fuerte, ni siquiera particularmente agresiva, pero sonaba demasiado despierta para la hora que era. La idea de que Taehyung podía haber estado esperando por su regreso todo este tiempo, de repente se hizo tangible. No pudo moverse, el corazón le dio un golpe contra las costillas, un poco por el susto y otro poco por ese sentimiento de haber sido atrapado. Aunque realmente, ¿por qué se sentía así?
Apenas giró su cabeza pudo ver la puerta de la habitación de Taehyung entreabierta, dejando escapar una línea tenue de luz que no recordaba haber visto al entrar.
Taehyung apareció en el marco, el cabello desordenado, esa camiseta vieja sin mangas que dejaba a la vista sus brazos, y una expresión difícil de leer en la sombra. No parecía recién levantado, ni tenía rastro de sueño en su postura. Parecía… irritado.
—Hyung… Me asustaste —Jungkook atinó a decir, en un susurro apenas audible.
El mayor no comentó al respecto. En su lugar, se estiró lo suficiente para acortar la distancia sin darle tiempo a reaccionar, y su mano se cerró alrededor de la muñeca derecha de Jungkook con una firmeza que no era violenta, pero tampoco suave. Tiró de él hasta traerlo a su habitación y lo empujó hacia atrás, provocando que su espalda chocara contra la puerta que acababa de cerrar. El golpe resonó seco, y Taehyung se quedó ahí, demasiado cerca, bloqueando cualquier intento de escape.
—Te pregunté algo, Jungkook.
No gritó. Taehyung nunca le gritaba, ni siquiera cuando Jungkook accidentalmente rayó el costado de su moto o rompió uno de sus vinilos durante la mudanza. Pero Taehyung tampoco lo llamaba por su nombre.
—Salí —tragó saliva, sintiendo el calor del cuerpo ajeno tan cerca que casi le resultaba difícil pensar.
Taehyung inclinó apenas la cabeza, observándolo con una atención incómoda. Cuando eran más jóvenes, Jungkook creía que Taehyung tenía alguna clase de telepatía o don psíquico; el mayor podía adivinar justo lo que pasaba por su cabeza con tan solo una mirada, y aquello le sorprendía al mismo tiempo que le aterraba. A día de hoy, algunas veces lo sigue creyendo.
—¿Con quién?
La pregunta quedó flotando. Jungkook se sintió pequeño de repente, sus ojos detrás de los lentes asemejando los de un cordero a punto de ser llevado al matadero. Dos segundos de duda fueron suficientes para que el pelinegro sospechara, algo en la expresión de Taehyung se tensó, sutil pero evidente después de tantos años de conocerlo, en la forma en que su mandíbula se marcó un poco más, en cómo sus ojos se afilaron apenas.
—¿Con Daehyun?
El silencio respondió por él.
Taehyung soltó una risa breve, completamente carente de humor, y se inclinó un poco más, invadiendo todavía más su espacio personal, buscando ver de cerca cada reacción, cada microgesto.
—Claro —una afirmación tajante—. Qué raro —continuó, su voz más fría ahora, más controlada de una forma que resultaba peor—. Pensé que hoy tenías algo.
Jungkook arrugó la nariz, confundido por un instante, hasta que recordó la fecha en la que estaban y aquello le cayó como un balde de agua fría. Taehyung había pasado las últimas tres semanas hablando de ello sin parar, a cada oportunidad que tenía, obsesionado con la reservación que había podido conseguir en este restaurante de carnes que tanto se hablaba en internet, porque según el mayor debían comer en el mejor lugar posible para celebrar su aniversario de amistad. ¿Cómo había podido olvidarlo?
Era hoy. Por primera vez en años, desde que eran adolescentes, Jungkook había olvidado el día que se volvieron mejores amigos.
Pero, ¿realmente lo había olvidado? Las fechas eran lo suyo, así como lo de Taehyung eran los planes espontáneos pero aún organizados a cierta medida. Por eso funcionaban bien. Entonces, quizás, esa era la razón por la que inconscientemente se había movido con tanta cautela, y aunque su mente consciente obvió bloqueó por completo que Jungkook estaba haciendo algo malo hacia Taehyung, la culpa provenía directamente de su corazón.
Sintió cómo el estómago se le hundía de golpe.
—Tae, yo—
—No fuiste.
No fue pregunta. Fue sentencia.
Jungkook abrió la boca, pero no había forma de decirlo sin que sonara mal, sin que sonara como exactamente lo que era.
—Siempre vas —añadió Taehyung, más bajo, cada palabra más marcada que la anterior, como si las hubiera repetido en su cabeza—. Jungkook, te esperé por tres horas.
Jungkook desvió la mirada, sintiendo que el contacto visual era demasiado para él. Todo lo que decía era verdad, y realmente no tenía otra excusa más que se dejó convencer por Daehyun de que se quedara un rato más con ella y olvidaran el resto del mundo. Ella tenía algo muy convincente, al igual que Taehyung. Y el hecho de compararlos hizo la situación un poco peor para su estado emocional.
Taehyung llevó el pulgar e índice a sostenerle el mentón, obligando a que sus ojos se encontraran una vez más.
—¿Dónde estabas?
Era una pregunta retórica, el mayor ya lo había dicho. Pero le estaba dando la oportunidad de salir limpio, de confesar con sus propias palabras lo que había hecho. Jungkook apretó los labios, incómodo, atrapado. Era una pobre presa que cayó voluntariamente en la boca del lobo.
—Se me pasó —balbuceó con pena, no era mentira, pero tampoco era la realidad completa.
Taehyung soltó otra risa, esta vez más amarga.
—¿Se te pasó?
Negó con la cabeza, había tan poca distancia entre ellos que sus respiraciones se mezclaban, tanto que Taehyung podía oler el brillo sabor durazno en sus labios y sabía que no era suyo, porque Jungkook prefería la frambuesa.
—Jungkook, tu calendario está coordinado por colores —Taehyung bufó, con esa mirada intimidante que tenía—. Recordaste hasta el recital de ballet de mis hermanas, ¿y esperas que me crea que simplemente “se te pasó”?
—No fue a propósito —lo fue, y eso le estaba matando.
—No, claro que no —replicó Taehyung al instante, sin darle espacio a hablar—. Solo estabas ocupado.
El silencio volvió a caer.
—Con ella.
Jungkook sintió algo apretarse en su pecho.
—Tae–
—¿Qué? —lo cortó, más rápido, más brusco—. ¿Te divertiste?
No era curiosidad. Taehyung lo miró fijo, buscando algo en su cara, algo que claramente no encontraba, y eso solo pareció irritarlo más.
—Una llamada habría estado bien —añadió—. “Hey, Tae, no podré ir a nuestra reservación porque estoy muy ocupado tratando de comerle la vagina a mi novia” —estaba siendo venenoso, con un tono de voz y una actitud que nunca antes había dirigido hacia Jungkook, se sentía más que celoso—. Ni siquiera me mandaste un mensaje
Jungkook no estaba haciendo eso, definitivamente no cuando el contacto sexual con la que era su casi novia aún le causaba ansiedad. Pero que Taehyung creyera que eso era lo que había pasado, eso fue lo que lo rompió.
Los ojos de Jungkook comunicaban demasiado, Taehyung no estaba seguro de que el menor estuviera consciente de ello, pero en ese preciso instante, fue como si Jungkook se sintiera culpable de todos y cada uno de los siete pecados capitales.
—Lo siento —dijo, y sí lo sentía. Con todo el corazón.
Taehyung no respondió de inmediato. Su mirada bajó un instante, procesando algo que no quería procesar. Todo aquello iba más allá de una reservación de un restaurante; sus celos, sus desvelos, este sentimiento de molestia en su pecho cuando pensaba en la chica que le estaba robando a su—
Estaba más que jodido.
Cuando volvió a subir la mirada, ya no había rastro de esa burla habitual que le caracterizaba.
—No vuelvas a hacerlo —no fue una sugerencia. Más bien una promesa que necesitaba escuchar—. Dilo.
Jungkook volvió a fruncir el ceño. Taehyung nunca le ordenaba, Taehyung preguntaba y pedía con delicadeza, reafirmaba y proponía. Por lo que aquella autoridad que mostraba de repente, esa exigencia, además de provocarle cosquillas que le recorrieron toda la espina dorsal, le hicieron sentir un poco defensivo.
—No me digas qué hacer —trató de ganar un poco de compostura de vuelta, aunque era difícil considerando que aún estaba aprisionado entre los fuertes brazos del pelinegro.
—Jungkook.
Oh, su voz. ¿Cómo era un barítono capaz de hacerle temblar las rodillas? Es entonces que se dio cuenta que la falsa rebeldía que pretendía demostrar no funcionaría para nada, no cuando Taehyung le respiraba tan cerca y su corazón había comenzado a latir fuerte contra su pecho.
—Tae, dejame ir a dormir, por favor —pidió, cambiando el tema—. No es para tanto —murmuró Jungkook, y apenas terminó de decirlo, supo que había sido un error.
Algo poseyó a Taehyung en ese preciso momento.
Su mano se cerró en la camiseta de Jungkook, tirando de él con fuerza, eliminando cualquier distancia de golpe, y el beso llegó sin aviso, directo, cargado de todo lo que había estado conteniendo. No fue cuidadoso, fue brusco, urgente, con un filo de irritación que se sentía en la forma en que lo sujetaba, en cómo lo mantenía ahí, como si no quisiera darle la opción de apartarse. Jungkook se sobresaltó por la sorpresa, el aire escapándosele por la nariz en un segundo, pero no se alejó. No pudo.
No quiso.
Sus párpados se sintieron pesados y sus manos encontraron los hombros de Taehyung casi de inmediato, aferrándose a estos sin pensar, necesitaba sostenerse de algo, necesitaba esa mínima estabilidad mientras Taehyung colaba su lengua en su boca con una voracidad intoxicante.
El beso se profundizó rápido, sin transición, con respiraciones cortadas y movimientos que dejaron de ser cuidadosos para volverse más insistentes, más desordenados. Podía saborear el durazno y no había nada que le disgustara más, pero el mayor estaba dispuesto a reclamar esos labios como suyos, mordisquearlos y dejarlos brillando, adoloridos, hasta que lo único que Jungkook pudiese recordar es cómo se sentía ser devorado por su mejor amigo.
Taehyung bajó la mano hasta su cintura por debajo de la tela, la piel tersa sintiéndose cálida bajo su tacto, y jura que siempre ha tenido la curvatura perfecta para el tamaño de su palma. Lo sujeta con firmeza, marcando el ritmo sin suavizar nada, y Jungkook respondió sin darse cuenta, inclinándose más, acercándose más, como si buscara encajar en ese espacio que ya no existía. Se quitó los lentes apenas comenzaron a estorbarle, dejándolos caer en el suelo, siendo más descuidado que de costumbre.
—Mírate —murmuró Taehyung contra su boca—. Y dices que no es para tanto —Jungkook soltó una respiración temblorosa, sin poder responder, con la cabeza ligera y el pulso desacompasado, sintiendo cómo cada palabra le calaba más profundo de lo que debería—. Anda, dilo.
—Hyung, por favor —Jungkook suplicó.
No sabe por el qué, pero a este punto, solo quiere que Taehyung le de algo, lo que sea.
Taehyung sonrió, como el hijo de puta que podía ser algunas veces, y su rodilla se coló entre los muslos del menor, presionando el bulto que comenzó a crecer con solo un beso. Sus manos subieron, bajaron, sin quedarse quietas, tocando con una intención que ya no podía disfrazarse de nada, y Jungkook reaccionó torpe, agarrándose de él.
—Dilo —pidió una vez más.
Jungkook sintió que podía morir.
—No lo volveré a hacer —su voz salió en un hilo, Taehyung estaba jugueteando con sus pezones y él resultaba ser demasiado sensible en aquella zona. Así como en cualquier otra que el mayor se atreviera a tocar. Jungkook en realidad era sensible a Taehyung.
El resto dejó de ser claro.
En cuanto la boca de Taehyung volvió a consumir la suya, Jungkook perdió cualquier rastro de lucidez que le quedaba, y se derritió entre las manos expertas del pelinegro. Se dejó guiar, mover y manipular por aquellas manos, demasiado perdido en la sensación creciente en su vientre. Se sintió caer sobre el ajeno en la cama, sus piernas abrazando las caderas de Taehyung y sus pechos tan juntos que sus corazones latian al mismo ritmo desenfrenado, mientras las manos de Taehyung habían terminado descaradamente sosteniendo su trasero. Un gemido se coló entre los chasquidos de sus bocas, y la camisa de Jungkook fue la primera en terminar en el suelo.
Taehyung no se detuvo ahí; al contrario, pareció más hambriento de él, el tener acceso completo a la blanquecina tez del menor había empeorado las cosas. Lo giró con un movimiento medido, como si pesara menos que una pluma, y se acomodó entre sus muslos carnosos aún cubiertos por unos jeans que Taehyung comenzaba a odiar. Sus manos estaban a cada lado de la cabeza de Jungkook, sosteniendo su peso para no aplastarlo, no le daba la oportunidad a respirar, sediento de sus labios y de todo él, con una sensación de posesión, como si buscara vaciar el oasis para que nadie más fuese capaz de beber de este. Se sentía egoísta, se sentía territorial, y no podía importarle menos.
Su boca bajó por el cuello del menor, mordiendo apenas con sus incisivos, succionando sin tanta fuerza pero con la suficiente para robar jadeos que terminaban en su oído. Para ser alguien introvertido, demasiado salía de la boca de Jungkook cuando estaban así. Y Taehyung disfrutaba profundamente lo audible que lo llevaba a ser.
—Buen chico… —murmuró contra su piel, sin suavizar el tono, más como una afirmación que como un halago.
Jungkook lloriqueó de inmediato, un escalofrío recorriéndole de pies a cabeza, y sus dedos se aferraron con más fuerza a la espalda de Taehyung, esa simple frase le había arrebatado la poca cordura que le quedaba. No sabía en qué momento desarrolló aquella fijación, porqué reaccionaba así, no sabía por qué necesitaba escuchar eso otra vez, pero su cuerpo lo pedía antes de que su cabeza siquiera pudiera razonarlo.
Porque cuando Taehyung le decía que hacía algo bien y luego lo besaba en recompensa, sentía que podría llorar de placer.
Taehyung lo notó. Cambió el peso de su cuerpo a un antebrazo, mientras su ahora mano libre viajaba sin vergüenza por la extensión del pecho del menor. Bajó por su abdomen con una lentitud tortuosa y no le costó nada desabotonar los pantalones de Jungkook, colando su mano entre la mezclilla y la tela de la ropa interior, apretando el contorno de su miembro. Jungkook arqueó la espalda, perdiéndose por completo en la sensación, en la forma que Taehyung le hacía sentir demasiado rápido, demasiado intenso. Tan solo podía corresponder a los besos, dejándose sostener entre los brazos de alguien que sabía perfectamente cómo hacerle sentir vivo.
Los movimientos se volvieron más desordenados, desenfrenados, el calor de la habitación incrementa con cada segundo. Todo se redujo a sensaciones, a respiraciones, a la necesidad de contacto. Y poco a poco, algo cambió en la forma que Taehyung lo besaba. No se apartó enseguida, pero el ritmo bajó y comenzó a moverse con pesadez. Su respiración aún era irregular, pero ya no lo sentía tenso, esa motivación inicial con la que lo recibió se había disipado en el aire. Mientras tanto, se quedó ahí, encima de él con sus narices rozando y su mano aún dentro de sus pantalones.
Jungkook seguía tratando de recuperar el aliento que le había robado, el pecho subiendo y bajando con notoriedad, aún sosteniéndose a la camiseta del mayor, arrugándola entre sus dedos. Tenía la mirada cristalizada, los labios hinchados y el cuerpo sensible a pesar de que apenas y habían hecho algo. Por un segundo pensó que Taehyung se movería, que diría algo sarcástico y rompería el momento con su clásica actitud desinteresada.
Pero no lo hizo.
Por lo contrario, llevó su mano a tomar una de las de Jungkook, entrelazándolas sin apartar la mirada de la ajena, y las apoyó al lado de su cabeza. Jungkook volteó a ver la unión de sus dedos por un momento, antes de regresar a encontrar los ojos profundos y cafés de Taehyung aún clavados en él.
—Koo —su voz salió baja, algo ronca incluso. El apodo que le hacía sentir cálido estaba de vuelta y aquello alivió al menor.
—¿Mhmm…? —estaba aturdido, no entendía porqué habían parado.
—No hagas eso otra vez.
Jungkook parpadeó, confundido. Le tomó un segundo reconocer la petición.
—¿Qué cosa…?
Taehyung se relamió los labios, buscando las palabras correctas.
—Desaparecer.
Jungkook sintió cómo algo se tensó en su pecho, y de repente un pequeño nudo se formó en su garganta.
—Fue solo una vez, hyung —murmuró, aunque ya no sonaba convencido de que fuese algo tan simple—. No volverá a ocurrir, lo prometo.
Taehyung negó apenas con la cabeza, acercándose un poco más, lo justo para que sus frentes casi se tocaran.
—Sabes que no hablo de eso.
Y ahí ya no hubo duda.
Jungkook sintió el peso, la forma en que esas palabras arrastraban algo más grande, algo que no habían dicho pero que estaba ahí igual. Taehyung bajó la voz aún más.
—No desaparezcas así.
No fue una orden, pero tampoco fue algo a la ligera. Taehyung era sincero acerca de muchas cosas, incluso esas con las que no debería, y por ello siempre terminaba metiéndose en problemas. Pero cuando se trataba de sus sentimientos hacia Jungkook, había jurado guardar el secreto como una tumba por el bien de su amistad. Claro que, aquello le estaba robando la sanidad lo suficiente como para que esa tumba se convirtiera en la suya.
Jungkook lo miró, sin saber muy bien qué responder, sintiendo cómo esa intensidad volvía a instalarse entre los dos, pero de una forma completamente distinta a la de antes. Una que le daba miedo. Pero que, de manera contradictoria, le hacía sentir una especie de ilusión que no podía describir, o explicar.
—No iba a… —empezó, pero se quedó corto.
El agarre de sus manos se estrechó un poco más a su costado.
—Dilo.
El silencio que siguió fue corto, pero se sintió eterno, como si fuese contado con un reloj de arena. Jungkook respiró hondo, bajando la mirada un instante a los labios del mayor, pensando como de ellos podían provenir besos tan dulces, como declaraciones tan confusas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de robarle el raciocinio con toqueteos? ¿Por qué?
Cuando las palabras se volvieron muy ruidosas en su mente, volvió a subir la mirada, encontrándose con esos ojos que no se apartaban, que no le daban espacio para esquivar. Y se preguntó si Taehyung siempre había tenido la capacidad de consumirlo con una simple mirada, y no se había dado cuenta hasta que lo que sea que ahora tenían entre ellos se volvió más grande de lo que podían controlar.
—Me voy a quedar, hyung.
La frase salió en un susurro, pero clara. Taehyung no dijo nada, solo lo miró, como si necesitara más que eso.
Jungkook lo entendió.
—Contigo.
Y eso cambió todo.
Algo en la expresión de Taehyung se relajó apenas, casi imperceptible, y sus cejas se curvaron casi dándole un aire aliviado. Se inclinó un poco más, cerrando la poca distancia que quedaba entre ellos, y esta vez el beso que dejó sobre sus labios fue delicado, lento, que buscaba saborear con paciencia más que devorar sin reserva. Como si, por primera vez en toda la noche, pudiese detenerse a sentir por completo, como si no estuviera intentando ganarle a alguien.
¿Cómo habían llegado a ese punto?