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» One Shots « ; BLUE LOCK.

Summary

Todos los personajes de Blue lock pertenecen a Muneyuki Kaneshiro. Solo los ocs que vayan apareciendo en las historias me pertenece a mi. 𐙚⋆°。⋆♡ Es un AU: No sigue ningun canon al pie de la letra, no hay spoilers y las edades están modificadas a una temporalidad más cercana a la real (la nuestra), pero todos son mayores de edad, 20+ o +18. En su mayoría es contenido +18 - Consumo de alcohol. - insinuación de uso de drogas. - relaciones sexuales explícitas: * Sexo en exteriores. * Sexting. * Petting. * E-Sex. * Trios. -Infidelidades. - Amigos don derechos. - Casi algos. Y Más prácticas y Kinks.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Alexis Ness; "Chispa roja".

⚠️‼️Advertencias.

+18, Tensión sexual: amigos con beneficios, lenguaje fuerte y dinámicas de poder.

Pareja principal: Alexis Ness x Akane. 

Pareja secundaria: Michael Kaiser x Akane. 

Espero que lo disfrutes. Tqm,(⁠*⁠˘⁠︶⁠˘⁠*⁠)⁠.⁠。⁠*⁠♡


𐙚⋆°。⋆♡





Tu mejor amigo estaba organizando una fiesta, a la cual no podías faltar; aún cuando iba contra tus propias reglas. NADA DE FIESTAS QUE INVOLUCREN COMPAÑEROS DE LA UNIVERSIDAD.


- ¿Y si no voy?- le preguntaste desafiante.


- Voy a tu casa y te llevo de los cabellos. - te respondió mientras te miraba con los ojos entrecerrados, en su voz no había broma o ironía, él era capaz de hacerlo. - Tu decides, además te llevaré una sorpresa, te va a encantar.


- No me gustan las sorpresas, Michael. - imitas su gesto de manera burlona. - Tampoco me gusta que me amenaces.


- Por eso me encantas, Akane. - Te tomo del rostro obligándote a mirarlo a los ojos. - Pero es en serio, vas o te saco de tu casa de los cabellos.

𐙚⋆°。⋆♡


Llegó el día de la dichosa fiesta de Kaiser, de verdad no querías ir; el simple hecho de pensar en ver caras conocidas y tener que fingir "ser una chica buena" te agotaba.


» son las 10 Akane, si no llegas antes de las once iré por ti y no voy a ser cuidadoso. «

Michael te envío un mensaje amenazante, tenías dos opciones obedecer la orden o esperarlo para ver si era cierta su amenaza; te decidiste por la primera opción aún en contra de tu voluntad.

Te lavaste los dientes y la cara antes de maquillarte y peinarte, no sabías como tenías que vestir así que te fuiste a lo seguro, ropa casi militar que contestaba fieramente con el estilo elegante y sofisticado de Kaiser.


𐙚⋆°。⋆♡


Llegaste a la casa de Michel arrastrando los pies, cual niña pequeña que es obligada a ir al colegio un lunes por la mañana. Veías rostros conocidos, gente que te saludaba y tú sin reconocerles del todo. Fuiste por un trago - demasiado sofisticado para una fiesta universitaria- lo bebiste de una y buscaste directamente a Kaiser.


- Ya me estaba preparando para ir por ti, dos malditos minutos más. - Dijo Kaiser con una sonrisa depredadora al mirarte, una sonrisa que ya conocías y no te provocaba más que regresarle el gesto y mirarlo a los ojos; al rededor la gente que los miraba se sorprendía. Eras la única en toda la casa que se atrevía a mirarlo de esa forma. - Ya me estaba imaginando esos lindos cabellos rojos entre mis dedos, dijo en un tono filoso mientras se acercaba cual lobo casando a un ciervo. Te tomo distraída en un abrazo destructivo que ojos de los demás te marcaba como de su propiedad.


- Mmmmh ... - soltaste un gemido agonico al sentir el crujir de tus huesos en sus brazos, tal cual hojita seca. - Mierda, no me recibas así, duele pero se siente bien.


Su abrazo no se relajo, al contrario sus brazos se tenzaban sobre ti, mientras comenzó a besarte detrás de la oreja, cada movimiento húmedo te hacía estremecer, podías escuchar sus jadeos un poco desesperados. Sin pensarlo subiste una pierna a su cadera, él te detuvo soteniendote por la parte exterior de tu muslo, casi agarrando tu nalga, mientras comenzó un camino húmedo hacia tus labios pero abruptamente se detuvo justo en tu mandíbula, bajando la temperatura completamente.


- Aún no es tiempo, Reina. - te dio una nalgadita, bajo con cuidado tu pierna, notando cómo temblaban aún en sus brazos. - Mejor vamos por tu sorpresa.- Dijo mientras te separaba debiliberdamente de su cuerpo.


Te dejo temblando, con ganas de más, pero así eran sus interacciones de "amigos con beneficios", irónicamente para ti rara la vez había un beneficio real, pero eso en el fondo era lo que te mantenías pegada a él, la falta de compromiso de ambos, su pasivo-agresividad y tú intensidad eran la fórmula perfecta para que eso funcionará; todo lo mejor de la amistad y una relación de sexo-afectiva, sin compromiso pero con más responsabilidad afectiva de lo que parecía.


Para él no eras una simple chica más que se dejaría abusar, eras su igual; le convenía más tenerte como ese tipo tan peculiar de amiga, que intentar algo 'serio' y que ambos terminen mandándose al carajo de una manera muy violenta.- Una pequeña chispa les bastaba para incendiar todo el lugar-. Sus egos no chocaban, se complementaban y eso los hacía explotar en cada encuentro que tenían.


Te llevó arrastrando entre la gente hasta una esquina, donde había un par de chicos que tú no conocías. Entre ellos había uno que miraba a Kaiser de una manera particular, llamo tu atención notar la intensidad de sus ojos magenta, era indescriptible, no llegaba a haber una tensión sexual entre ambos pero si un sentimiento de búsqueda ansiosa y desesperada, que ni por equivocación se posaba en ti.


Seguías pensando en ¿cuál sería tu regalo?, - cerca no habían bolsas, cajas o algo que te diera una pista - y en ¿por qué 'el emperador' te acercaría con urgencia a un chico como el que tenías en frente?; no tenía sentido alguno.


Y no, no era que aquí chico fuera desagradable a tu vista, al contrario las puntas moradas de su cabello y esa leve sonrisa que apenas podías ver te causaron un choque eléctrico, aún sin mirarte a los ojos. Al menos antes Kaiser mostraba una vulnerabilidad que asustaba y nunca antes habías visto en un chico, hasta se veía más pequeño de lo que en realidad es.


- Mirala, Ness, no te va a golpear. - Kaiser te toma de la cintura y te empuja levemente hacia aquel chico que aún es un desconocido para ti, mientras le ordena con firmeza que te miré; tu das pasitos tímidos intentando no invadir el espacio personal de aquel ser que parece de gelatina; suave y tembloroso.



Te quedaste ahí, estática, sintiendo cómo el peso de las plataformas te mantenía anclada al suelo mientras la mirada magenta de Ness finalmente se enfocaba en ti. Era como si el aire se volviera más pesado; un hombre tan insignificante como él estaba a nada de volverte igual de boba y temblorosa que él con tan solo una mirada torpe e infantil.


Le sonreíste levemente, Kaiser te soltó de la cintura y se puso justo a lado de los dos, observandolos, pero a ti observaba casi con ojo clínico; estaba viendo a una Akane completamente nueva, una chica que a pesar de su altura y presencia imponente se está dejando vulnerar por tan solo una mirada de alguien que nunca en su vida había recibido tal atención. Los demás chicos desparecieron, dejándolos solos a los tres, esa esquina no era tan obscura como el resto del lugar, una luz bajita y tibia iluminaba el rostro pálido de Alexis Ness, ese chico que rogaba y se arrastraba por la atención de Kaiser, esa que tú posees de sobra, aunque no lo parecía a simple vista.


- Este es tu regalo Akane, úsalo como mejor te convenga...- le susurra al oído sin tocarla. - A veces es algo torpe, igual que tú, pero sé que eres mejor que esto. - Kaiser se refiere a tu pena, le parece irónico que tú cuerpo reaccione así ante Alexis, ya que él aún así lo cree incapaz de estar con alguien como tú.


. ⋆。‧˚ʚ Alexis no era tu regalo, más bien tú eras un regalo para él y Kaiser ni siquiera se había dado cuenta. ɞ˚‧。⋆


Michael te dio el último empujoncito hacia Alexis. Tu frente choco con el rostro de Ness, lo último que escuchaste de Kaiser fue una risa estruendosa antes de irse lentamente y dejarlos parados como idiotas a ambos; tu instinto fue agarrar el rostro de aquel chico al que habías golpeado sin querer. Su reacción te desconcertó más que el propio golpe, cerró los ojos y alejo su rostro de tus manos a una velocidad increíble, como perrito asustado.


- Espera... No te voy a hacer daño.- dices en un suspiro casi febril mientras bajas tus manos y vuelves a tomar una distancia prudente frente a él. - ¿P-por qué? - murmuras más para ti que para él.


Él regresa la mirada hacia ti, pero ya no hacia tu rostro sino hacia tus zapatos, esas plataformas que ya por si solas son imponentes. - Perdóname, no quise lastimarte. - Se disculpa del golpe que tú le diste a causa de Kaiser...


- P-pero tu... A mí... No me golpeaste; quien debería disculparse soy yo. - la frase 'quien debería disculparse soy yo' hizo que el chico subiera su mirada a tus ojos con incredulidad, como si hubiera visto un fantasma.


- ¿Estás jugando? - él se sentía como un animal enjaulado aún con la puerta abierta. - ¿Por qué me tratas así? No deberías, si Kaiser se entera...

Tu nerviosismo se convirtió en confusión, si bien antes habías intimidado a algunos chicos tan solo con una mirada está vez era distinto, el ni siquiera se atrevía a verte más allá de unos segundos solo para quejarse de que lo tratas bien. Era una dulce ironía que te mantenías cerca de él, no querías cambiarlo, querías comprenderlo y probablemente no lo lograrias, no al menos en una noche.


- Auch... - levantaste un pie fingiendo dolor. - Estás porquerías ya me están lastimando. - Te referirte a tus zapatos, los cuales no lastimaban, acabas de llegar ni siquiera habías cambiando mucho o bailado algo como para que dolieran tus pies, pero la mirada de el hace unos segundos a tus pies te hizo pensar. - ¡Mmmh...! - gemiste mientras te detenían de su pecho quitándote una zapato a la vez, la ironía aumentaba al dejar ver tus calcetitas verdes con caritas de Kerokero Keroppi y corazones morados. - Hola, ¿Cómo te llamas?. - le preguntas aún con tu mano sobre su pecho, sintiendo de a poco como su pulso aumentaba gradualmente, así mismo sentías como el calor que recordé tu cuerpo para anunciar tu sonrojo llegaba de golpe. Kaiser ni siquiera se tomó el tiempo de presentarlos bien, así que esos 12 cm menos eran un comienzo desde cero.


El reaccionó sorprendido abre tu gemido, tomando tu cadera y pateando tus zapatos a un lado. Sus miradas se cruzaron, con esa diferencia de estaturas y la posición en la que te tenía en sus brazos tus ojos ya no se veían desafiantes, por fin alguien podía notar en brillo en tus iris morados y esa súplica implícita en esa mirada de ciervo que te caracteriza. Tu mano quedó atrapada entre el pecho de ambos, ahora podías sentir como sus pulsos poco a poco se coordinaban en una sintonía de ansiedad y algo más que no se puede explicar con palabras mortales.


- ¿Keroppi? - preguntó a la nada.


- ¿Te llamas Keroppi? - le preguntaste en un tono de broma sueve entre una risa que se le contagio en seguida, mientras tú mano libre y la aprisionada buscaban salida para abrazarlo y aprovechar la cercanía.


- No, me llamo Alexis... Ness. - agachó su rostro a la altura del tuyo, su aliento dulce y cálido invadía tu espacio personal. - ¿Y tú como te llamas?


- ¿Mi nombre? - aunque parecía broma, por un momento Ness te hizo hasta olvidar tu nombre con tan solo sostenerte la mirada. - Akane Terazono, ¿Creo?


- ¿Crees?- Sus labios rozaron los tuyos. - Ya veo que no solo tus calcetas son lindas en ti. - la sensación húmeda y tibia te invadió por completo, el mago convierto un leve roce en un beso majestuoso, ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar; ninguno de los dos exigía el dominio, sus labios estaban perfectamente sincronizados, así como el latido de sus corazones, que irónicamente habían encontrado calma bajo una situación que para cualquier otro ser pudo haber sido incómoda.


Aunque no parecía el dominio lo tenías tu, habías ganado haciendo que la reacción de Alexis fuera más activa, el simple hecho de que la tomará de la cintura sin pedir permiso ya era una victoria, sin embargo la naturaleza sumisa de Alexis ahí estaba, en ese beso se reflejaba a la perfección; no buscaba solo su placer intentaba encontrar el punto perfecto para que ambos lo disfrutarán. Él no te conocía así que era un juego de azar peligroso, así como lanzar dagas a una rueda en movimiento, pero estaba dispuesto a tomar el riesgo por primera vez en su vida.


Alexis se separa apenas unos milímetros, lo justo para que sus labios sigan rozando los tuyos al hablar. Su respiración es errática, una mezcla de euforia y el miedo residual de quien acaba de cometer un sacrilegio hermoso.


- Akane... -repite tu nombre, y esta vez suena a un descubrimiento-. No sabía que se podía sentir así. Como si el mundo dejara de lastimarme.- Si Michael vuelve... -hace una pausa, y por primera vez, hay una chispa de rebeldía en sus ojos magenta-. Si él vuelve, no te voy a dejar ir con él.


No respondes con palabras, en su lugar aprietas el abrazo y te entierras tu rostro en su pecho por unos segundos, Si él es un mago, tú eres el hechizo que lo ha cautivado.


Él suelta con una mano tu cadera para buscar elevar tu rostro para poder besarte de nuevo, el segundo beso ya no es un "juego de azar", es una declaración. Alexis suelta un suspiro entrecortado contra su boca, perdiendo el poco equilibrio que le quedaba; su mano que permanece en tu cadera se hunde con desesperación, dándose cuenta de que ella no solo lo acepta, sino que lo desea. Ness ya no es un regalo entregado por Kaiser, es un hombre que está eligiendo a su propia Reina.


Rompes el beso lentamente, manteniendo tu frente apoyada contra la de él. Ves el brillo empañado en los ojos de Alexis y sabe que, si se quedan ahí, Kaiser volverá para romper esta burbuja con una burla cruel. Aún así tu ego y la necesidad de proteger a Alexis te mantuvo en la fiesta, cazando el momento perfecto para destronar a Kaiser en su propia fiesta.


Te agachas recoges tus botas de plataforma con una mano y, con la otra, entrelaza sus dedos con los de él.

Ver a la imponente Akane caminando descalza en sus calcetines de Keroppi hacia un sillón resulta dulce e inesperado. En cuanto te sientas Alexis se pone de rodillas ante ti para ponerte de nuevo las botas, le acaricias el cabello mientras lo hace pero no para marcarlo como tuyo, sino en señal de agradecimiento, nunca nadie había tenido un gesto tan amable contigo. En cuanto se levantó te dio un beso en la mejilla y te levantó cargandote levemente.


- Vamos, hay que divertirnos. - Dijo mientras te sacudía levemente, con más fuerza de la que imaginabas. - Nunca antes había tenido ganas de hacerlo.


Bailaron pegaditos, cuerpo a cuerpo; disfrutando de cada roce que al inicio eran topes. Parecía que ninguno de los dos sabía que estaban haciendo; aunque la realidad era otra en cuanto coordinaron sus movimientos era un deleite verlos difrutar al máximo de cada interacción.


Al ir por una bebida después del estruendoso baile se encontraron con Kaiser, él en sus brazos tenía a una chica que visualmente era todo lo contrario a ti; bajita, elegante y muy femenina... Alexis entro en crisis, era obvio que no sabía cómo era tu relación con "el emperador", así que reaccionó como su naturaleza manda, intentando bloquear tu vista e intentando distraerte. Tu solo lo abrazas mientras por encima de su hombro veías a Kaiser retorcerse de celos aún con esa mujer preciosa que lo acompañaba. Estaba rompiendo uno de sus acuerdos mutuos, 'nada de celos ni escenas innecesarias'.


Kaiser soltó a la chica con la que estaba haciéndola a un lado tal cual un objeto usado que ya no tenía importancia para arrebatarte de Alexis y llevarte lejos de él.


Alexis solo los vio partir, ni despegó la mirada de ambos para intervenir justo cuando fuera necesario sin hacer una escena.


- ¿Te estás divirtiendo mientras te burlas de mi? - te pregunto mientras te tomaba del la muñeca, era una agarre lo suficientemente fuerte como para doler pero no al punto de doblegarte. - ¿crees que es gracioso que abraces así a mi mascota?


- No le vuelvas a llamar así. - Sacudiste tu muñeca con tal fuerza que obligarte a Michael a soltarte. - Y no, no es tuyo y tampoco es mío; deja de ver a las personas como objetos. - lo miras directamente a esos ojos azules que en algún momento te hipnotizaban, pero ahora solo te causan ganas de golpearlo. - Nuestra amistad termino, dijimos que nada de celo, además esto fue idea tuya.


Oportunamente Alexis se acercó a ustedes, se paró detrás de ti y poco a poco te abrazó hasta que puso su rostro encima de tu hombro, mirando directamente a Kaiser. Su abrazo era cálido y protector, no buscaba demostrarle nada a Kaiser; solo quería ser tu sostén, algo propio de él pero sin llegar a ser invasivo para ti.

Kaiser repartió miradas entre ustedes dos, a Ness lo miró con odio, ya no con lástima ni compasión, le había robado - mejor dicho el mismo le había cedido- a su joya más preciada a la única mujer que valía la pena mantener a su lado bajo cualquier circunstancia; a ti por primera vez te miraba con súplica, era una mirada que destrozaba toda su fechada narcisista, el solo había encendido la pólvora y no estaba aguantando la explosión.


Alexis te giro hacia él, haciéndote recargarte ahora tu en su hombro y dándole la espalda a Michael; el no quería que siguieras mirando la decadencia de alguien a quien ambos le tenían respeto. No disfrutaba de ver a su antiguo amo así, pero si necesitaba quedarse con un recuerdo gráfico de ese momento, porque solo así reconocería que ya no es más el juguete anti-estrés de Kaiser. Y que ahora tú eras la persona que siempre necesito; la que le recordaría que no debe rebajarse ante nadie, que el merece cariño, amor y reconocimiento por quién es y no por lo que ruega.

Dejaron las bebidas completas, salieron de esa fiesta que casi desde el inicio se sentía ajena y distante para ambos.


Alexis te acompaño hasta la puerta de tu casa, antes de irse te tomo del rostro y te dio un beso de despedida, que sabía dulce y a una promesa de que lo que habían sentido los dos no solo había sido un truco de magia o un hechizo de amor que solo duraría esa noche; sino de algo que podía durar un poquito menos que una eternidad.


Entre la sinfonía de besos, humedad y jadeos suaves ambos se decían lo bien que se la habían pasado, lo mucho que necesitaban vivir algo real después de tanta intermitencia. Se separaron a penas para recuperar el aliento y pudiste ver que...


En su mirada habías encendido una chispa roja que sería imposible de apagar.



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