Bajo su Dominio

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Summary

El personaje transmigra como el villano de un libro y debe completar misiones para regresar a casa. Pero el héroe aparece para arruinarlo todo... aunque no exactamente de la forma que estaba escrita. ¿Te animas a leerla? ¡Hola! 😊 Esta es mi primera historia y estoy emocionada de compartirla. Me encantaría saber tu opinión❤️ ¡GRACIAS por darle oportunidad a una escritora nueva!

Genre
Erotica
Author
YeraFita
Status
Excerpt
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

¿POR QUÉ NO? —Susurró. Burlándose de mi tamaño

Su mano se metió bajo mi camisa sin aviso, caliente y posesiva. Los dedos llegaron directo a mi ombligo y empezó a trazar círculos, que me hicieron contraer el abdomen de golpe.

Intenté apartarlo, pero él me agarró la muñeca y la clavó contra la pared, encima de mi cabeza, inmovilizándome sin esfuerzo.

—No te muevas —ordenó con voz baja, pegando su cuerpo al mío. Sentí su erección gruesa, presionando contra mi muslo y la mía respondió completamente dura, goteando contra la tela de su pantalón.

—No deberíamos… —empecé, con voz temblorosa.

Pero sus dientes se hundieron en mi cuello, lo justo para abrir mi piel. Gemí y el mantuvo su boca ahí un segundo y empezó a lamer la marca, con la punta de su lengua antes de subir lentamente.

Su nariz rozó mi cara, hasta llegar al lóbulo de mi oreja.

Su lengua recorrió el borde, metiéndose un poco para lamer el interior con movimientos deliberados. Un escalofrío me bajó por la columna hasta el culo y mis rodillas flaquearon.

—¿Por qué no? —susurró contra mi oído—. Mira nada más… tu pequeña polla ya está lista.

Bajó la mano y abrió mi cremallera de un tirón. Mi verga saltó fuera y brillante de precum. La envolvió con toda su palma, apretando desde la base hasta la cabeza, subiendo y bajando, frotando el glande mojado con el pulgar, cada vez que llegaba arriba.

—Tan chiquita… tan blanca… —murmuró con una burla, que me hacía hervir la sangre—. Cabe perfectamente en mi mano. ¿De verdad es todo lo que tienes?

Aceleró y mis caderas querían empujar, pero él me tenía clavado contra la pared.

—¿Como te consideras hombre con una polla tan bonita? —preguntó, mordiéndome el lóbulo otra vez —. Pareces una princesita excitada, goteando en mi mano como si no pudieras evitarlo.

Su comentario me golpeó. Siempre había sido mi inseguridad y él lo sabía.

La vergüenza me quemó la cara, el pecho, el estómago, y al mismo tiempo mi polla dio un salto violento en su mano, traicionándome por completo.

Intenté forcejear, giré la muñeca, empujé con el hombro, quise ganar aunque fuera un centímetro de espacio. Pero mi respiración salió en jadeos qué solo lo excitaron más.

Soltó mi muñeca, pero solo para bajar la mano y darme una nalgada fuerte en mi glúteo derecho. El sonido rebotó en la habitación. El ardor me subió a la cara, haciéndome arquear la espalda.

Mi culo se contrajo y más precum se deslizó por sus dedos.

—No te resistas tanto, princesa —susurró contra mi oreja, volviendo a sujetarme la muñeca y clavándola en la pared—. Sabes que te encanta cuando te recuerdo lo pequeño y lindo qué eres.