Protección Prohibida《Charlie Babe》 by Vanesa at Inkitt
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Protección prohibida《CharlieBabe》

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Summary

Cuando el peligro de un enemigo del pasado resurge, Charlie tomará decisiones extremas para salvaguardar a Babe, pero algunos lazos son imposibles de romper… incluso cuando se intenta por amor.

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

Babe se encontraba en el taller de X Hunter, el olor a aceite de motor y metal caliente impregnaba el aire, mezclado con las feromonas sutiles del equipo. En este mundo, donde Alfas, Omegas, Betas y los rarísimos Enigmas definían la cadena alimenticia, el taller era un refugio neutral: supresores de feromonas obligatorios en las paredes, pero nada podía ocultar del todo la tensión que flotaba entre ellos. Babe era un Alfa especial, uno de esos pocos cuya presencia no solo dominaba el espacio, sino que alteraba el aire mismo; su aroma era como gasolina pura y adrenalina, intenso, adictivo, capaz de hacer que cualquier Omega cercano se estremeciera sin querer.

Sentado en una de las mesas de estrategia, Babe cruzaba los brazos sobre el pecho, su chaqueta de piloto ajustada marcando los músculos tensos de sus hombros. Frente a él estaban Alan —su mejor amigo y jefe del equipo, un Alfa sólido y pragmático cuyo aroma a madera quemada siempre transmitía calma—, Dean y North. Sonic, desde la esquina, observaba con los labios apretados, su feromona Omega ligeramente ácida por la irritación.

—Sonic sigue sin estar de acuerdo en que Dean esté en el grupo.— murmuró North, encogiéndose de hombros mientras revisaba un mapa de la pista en la tablet.— pero lo aceptó de todas formas por el bien del equipo. Ya sabes cómo es.

Dean permanecía en silencio, su presencia como Beta era discreta, casi neutral, pero su mirada era afilada.

Babe soltó un suspiro corto, su feromona alfa especial se filtró un poco más fuerte por un segundo, haciendo que el aire se cargará.

—Yo solo respetaré lo que dice el tío. Confío en él.— dijo con voz firme, sin dejar espacio a discusión.

Alan asintió, poniéndose de pie y palmeando el hombro de Dean y North.

—Bien. Vamos a seguir entrenando. Dean, North, conmigo. Babe, descansa un rato. Te necesitamos enfocado para la próxima carrera.

Los tres se dirigieron al simulador del fondo del taller, dejando a Babe solo con el eco de sus pasos. Pero no estaba solo del todo. Jeff, el mecánico —el hermano menor no de sangre de Charlie, con su delgado cuerpo siempre cubierto de grasa y su aroma a metal limpio y algo dulce de omega pero contenido— estaba en la zona alta, tecleando en su laptop como si el mundo no existiera.

Babe entrecerró los ojos. Llevaba días notándolo. Jeff lo evitaba. Lo ignoraba. Y eso no era normal.

Se levantó con movimientos fluidos, sus botas resonando en el piso de concreto mientras subía las escaleras metálicas hacia la parte alta del taller, un pequeño loft con vista al taller principal. Jeff estaba sentado en el suelo, espalda contra la pared, dedos volando sobre el teclado. No levantó la vista.

Babe se recargó en el barandal de metal, los antebrazos flexionados, su cuerpo alto y ancho proyectando una sombra sobre el chico. Su feromona alfa especial se liberó un poco más, intencional, como una advertencia suave pero clara: no me mientas.

—Me has estado ignorando.— dijo Babe, voz baja y ronca, con ese tono que siempre usaba cuando olía una mentira.

Jeff ni siquiera levantó la mirada, tecleando más rápido.

—Por supuesto que no, Phi…Solo estoy haciendo mi trabajo.

Babe sonrió con frialdad, una sonrisa que no llegaba a sus ojos. El aroma de Jeff cambió ligeramente: un toque de ansiedad, dulce y metálico, traicionándolo.

—¿Qué me están ocultando tú y Charlie?— preguntó Babe directo, sin rodeos.

—Nada.

La voz de Jeff fue demasiado rápida.

Demasiado plana.

Babe se inclinó más sobre el barandal, sus músculos tensándose bajo la camiseta. Su feromona se volvió más densa, envolvente, como combustible a punto de arder.

—Jeff. No me mientas. Sabes que puedo olerlo. Tu aroma se pone…raro cuando ocultas algo.

Jeff suspiró profundamente. Cerró la laptop con un golpe seco y se levantó despacio, limpiándose las manos en el overol. Sus ojos se encontraron con los de Babe. Había resignación en ellos, pero también protección.

El aroma de Jeff se volvió más dulce, casi protector, aunque era él quien estaba a punto de soltar la bomba.

—Está bien…Phi, Charlie terminó contigo por la sauna como excusa.— dijo Jeff en voz baja, pero firme.— Pero no era la verdadera razón. Descubrió los planes de Tony hace unos días. Siguió a Willy del equipo rival y…lo vio todo. Quiere los poderes de Charlie. Quiere al Enigma. Mataría a quien sea con tal de obtenerlo. Willy es su espía, Phi. Tenías razón al desconfiar de él desde el principio.

Babe se quedó quieto, procesando. Su feromona explotó por un segundo: un olor fuerte, ardiente, lleno de rabia y algo más profundo, algo que olía a pérdida y a necesidad. El aire del loft se cargó tanto que hasta las luces parecieron parpadear.

Jeff continuó, sin detenerse ahora que había empezado.

—Y también escuchó que Tony se encargaría personalmente de ti. Por eso Charlie dejó X Hunter. No quería ponernos en peligro a ninguno. Ni a ti. Especialmente a ti. Es un Enigma, Phi…sus sentidos, su fuerza, su velocidad…superan a cualquier Alfa o Beta. Pero incluso él sabe que Tony no se detendrá. Por eso rompió contigo. Para protegerte. Para que Tony no te usara como carnada.

Babe se quedó en silencio absoluto. Su pecho subía y bajaba con respiraciones controladas, pero su aroma lo delataba todo: furia, dolor, feromonas alfa especiales girando como una tormenta. Se enderezó lentamente del barandal, los nudillos blancos de tanto apretar el metal.

—Iré a hablar con él.— dijo Babe, voz grave, casi un gruñido bajo. Su mirada era fuego puro.

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y bajó las escaleras con pasos decididos. El taller pareció vibrar con su presencia mientras cruzaba la puerta principal hacia su moto. Jeff se quedó arriba, mirando cómo se iba, el aroma a preocupación envolviéndolo como una manta pesada.

Con el rugido del motor de Babe perdiéndose en la distancia, rumbo al departamento donde Charlie se estaba quedando. El Enigma que había roto su corazón para salvarle la vida.

Babe aparcó la moto frente al edificio modesto donde Alan le había dicho que Charlie se escondía. Gracias a Jeff —que no pudo negarle nada a su novio cuando Alan lo presionó con esa mirada de Alfa preocupado— sabía exactamente el departamento: el último del pasillo, puerta 4B.

El olor a supresores de feromonas baratos se filtraba por debajo de la puerta, pero no era suficiente. Babe lo sabía. Empujó la puerta como si fuera suya —porque en su cabeza siempre lo había sido— y entró sin llamar.

El aroma lo golpeó de inmediato: verduras salteadas, ajo, jengibre y, debajo de todo, el olor de Charlie. Ese olor a Enigma puro, oscuro y eléctrico, como ozono después de una tormenta y madera antigua quemándose.

Babe inhaló profundo, y su propia feromona alfa especial se liberó sin control: gasolina, adrenalina y algo más salvaje, como metal caliente rozando piel.

Desde la cocina abierta, Charlie estaba de espaldas, camisa holgada remangada hasta los codos, músculos de la espalda tensos mientras cortaba verduras con movimientos precisos. No se giró.

—Llegas justo a tiempo, Jeff…Ayúdame con esto.— dijo Charlie, voz baja y relajada, como si el mundo no se estuviera derrumbando.

Babe cerró la puerta tras de sí con un clic suave.

—No soy Jeff.

Charlie se quedó congelado. El cuchillo se detuvo en el aire. Sus hombros se tensaron visiblemente. Y entonces lo olió. La feromona de Babe invadió el pequeño departamento como una ola de calor, espesa, dominante, cargada de rabia y deseo crudo. Charlie giró lentamente, ojos entrecerrados, y Babe vio cómo sus pupilas se dilataban un segundo antes de controlarse.

—¿Qué haces aquí, Babe?—.preguntó Charlie, voz baja pero firme, casi un gruñido controlado.— Tú y yo terminamos. Cada uno por su lado.

Babe soltó una risa corta, peligrosa, esa risa que siempre precedía a una tormenta. Se acercó dos pasos, botas resonando en el piso de ceramica.

—¿Terminar? Quien me terminó fuiste tú, no yo.— dijo Babe, voz ronca, casi un ronroneo amenazante.— Lo sé todo, Charlie. Eres un cabrón por mentirme. Tony con sus planes, Willy el espía…todo. Jeff me lo soltó. Y sé por qué me dejaste. Pero no voy a permitirlo.

Charlie no se movió de su sitio junto a la encimera. Su feromona de Enigma se elevó apenas, controlada, pero Babe la sintió: poderosa, abrumadora, como si el aire mismo se volviera más denso, más pesado. Charlie era la cima de la cadena y lo sabía.

—No me importa.— respondió Charlie, cortante.— Es por tu bien. Así que vete ya.

Babe suspiró, pero no retrocedió. Sus ojos brillaban con determinación.

—No lo haré. Seguiré a tu lado aunque no quieras. No le tengo miedo a la muerte, Charlie…Solo quiero luchar a tu lado.

Charlie apretó la mandíbula, nudillos blancos alrededor del mango del cuchillo.

—No te quiero a mi lado.

Babe se mordió el labio inferior, fuerte, conteniendo la rabia y el deseo que le quemaba la garganta. Rodeó la isla de la cocina con pasos lentos, deliberados, hasta quedar justo detrás de Charlie. Sin pedir permiso, deslizó los brazos alrededor de su cintura, pegando su pecho contra la espalda ancha del Enigma. Recargó la barbilla en el hombro de Charlie, nariz rozando el cuello donde el aroma era más fuerte.

—Por favor, mi amor…— susurró Babe, y sintió cómo el cuerpo de Charlie se estremecía entero al oír esas dos palabras. El “mi amor” cayó como un golpe directo, rompiendo algo en la coraza del Enigma.

Babe continuó, voz baja y cargada de feromonas:

—Solo quiero estar a tu lado, ¿sí?

Sus labios rozaron la piel del cuello de Charlie. Primero besos suaves, húmedos, luego sacó la lengua y lamió despacio, saboreando el gusto salado y esa electricidad que solo un Enigma tenía. Subió hasta la oreja, mordisqueando el lóbulo. Una de sus manos bajó con descaro por el abdomen firme, dedos buscando el borde del pantalón, deslizándose más abajo hasta palpar la entrepierna de Charlie, donde ya sentía el bulto endureciéndose bajo la tela.

Charlie soltó un gruñido bajo y detuvo la mano de Babe con la suya, dedos fuertes envolviéndola como una esposa de acero.

—Esto no funcionará, Babe.— advirtió, voz ronca, pero Babe sintió el pulso acelerado bajo sus dedos.

Babe arqueó una ceja, sonrisa ladeada y peligrosa. Con un movimiento rápido giró a Charlie para que quedaran frente a frente.

Intentó besarlo, pero Charlie apartó el rostro, ofreciéndole solo la mejilla.

—¿Por qué eres malo, cachorro?— preguntó Babe con voz seductora, casi un ronroneo que vibraba en el pecho de Charlie.— Solo quiero reconciliarme contigo…

Charlie gruñó, un sonido grave y profundo que hizo vibrar el aire. En un movimiento borroso —demasiado rápido incluso para un Alfa especial como Babe— lo levantó por la cintura y lo sentó de golpe sobre la encimera.

Se colocó entre sus piernas abiertas, una mano agarrando el cabello de Babe por la nuca y tirando con fuerza suficiente para inclinarle la cabeza. Devoró su boca sin piedad: lengua invadiendo, mordiendo el labio inferior, besándolo como si quisiera marcarlo, como si el nudo que aún no había formado ya estuviera latiendo en su ingle.

Babe jadeó agudamente contra su boca, un sonido agudo y necesitado, y le correspondió con gusto, manos clavándose en los hombros de Charlie, lengua enredándose con la suya, saboreando el gusto a Enigma puro. El beso se volvió húmedo, sucio, feromonas mezclados hasta que el aire olía solo a ellos dos: gasolina ardiente y tormenta eléctrica.

Babe intentó quitarle la camisa a Charlie, los dedos tirando del borde con urgencia, pero Charlie detuvo sus manos de nuevo, rompiendo el beso con un jadeo.

—No.— dijo, voz entrecortada pero firme.— Esto no está bien.

—Charlie…— protestó Babe, casi un gemido.

Charlie negó con la cabeza, respirando agitado, ojos oscuros fijos en los de Babe. Su feromona de Enigma se volvió más densa, controlándolo todo.

—Está mal, dije. Ve a sentarte. Ya terminaré con la comida para que comas.

Se apartó con esfuerzo visible, dándole la espalda otra vez, manos temblando ligeramente mientras volvía a las verduras en la sartén. El aire seguía cargado, pesado, con el olor de la excitación interrumpida.

Babe cerró los ojos con fuerza, soltando un suspiro largo y frustrado. Se bajó de la encimera de un salto, ajustándose la ropa con un movimiento brusco, y fue a sentarse en la silla de la pequeña mesa del comedor. Allí se quedó, mirando la espalda de Charlie, el corazón latiendo con fuerza y la feromona aún flotando entre ellos como una promesa sin cumplir.

Babe se duchó rápido, el agua caliente llevándose el cansancio del día pero no la tensión que aún latía bajo su piel. Salió del baño envuelto solo en una toalla blanca alrededor de la cintura, el pelo mojado goteando sobre sus hombros anchos y su pecho marcado. Su piel blanca, completamente lisa y brillaba húmeda bajo la luz tenue del departamento. Charlie seguía sentado en el sofá, la computadora abierta sobre la mesita baja frente a él, dedos quietos ahora sobre el teclado.

Babe se acercó en silencio, secándose el cabello con una toalla más pequeña. Se dejó caer al lado de Charlie, rodeando su cintura con ambos brazos y recargando la barbilla en la espalda ancha del Enigma. Su feromona alfa especial se liberó suave, envolvente, como gasolina caliente mezclada con deseo puro.

—Ya terminé de ducharme.— murmuró Babe contra su espalda, voz baja y ronca.

Charlie no giró la cabeza, pero Babe sintió cómo su cuerpo se tensó apenas.

—El secador de pelo está en la habitación. Tómalo y seca tu cabello.

Babe sonrió contra la tela de la camisa de Charlie, voz más cariñosa, casi un ronroneo.

—Hazlo por mí…

Hubo un segundo de silencio. Charlie exhaló lento, sacó con cuidado las manos de Babe de su cintura y se levantó.

—Espera aquí.

Desapareció en la habitación. Babe sonrió con victoria pura, se inclinó hacia adelante y cerró la tapa de la computadora de Charlie con un clic suave. Cuando Charlie regresó con el secador en la mano, se sentó en el brazo del sofá, justo al lado de Babe.

Encendió el aparato y empezó a pasar el aire caliente por el cabello oscuro de Babe, dedos peinando los mechones con movimientos precisos y cuidadosos.

Babe cerró los ojos, complacido, y le iba indicando en voz baja:

—Más arriba…sí, ahí…ahora atrás…

Charlie obedecía en silencio, el zumbido del secador llenando el aire junto con el olor a shampoo y a sus feromonas mezcladas. Babe levantó la mirada, apuntó con un dedo a sus propios labios, pidiendo claramente un beso.

Charlie, en cambio, dirigió el chorro de aire caliente directamente a los labios de Babe, soplando fuerte. Babe soltó una risa divertida, genuina, incapaz de contenerla.

—Idiota…— murmuró, pero sus ojos brillaban.

Charlie siguió secando, concentrado. Babe se acercó más, deslizando las manos por el abdomen firme de Charlie por debajo de la camisa, sintiendo la piel caliente y lisa.

Empezó a dejar besos húmedos en el cuello del Enigma, lengua trazando la vena que latía ahí. Sus dedos subieron y bajaron, acariciando, presionando.

Atrajo más a Charlie, tirando de él hasta que el Enigma terminó sentado a su lado en el sofá. Babe capturó sus labios en un beso profundo, lento al principio, luego más hambriento. Charlie le correspondió, una mano sujetando la nuca de Babe. El secador cayó al suelo con un ruido sordo cuando Babe se lo quitó de las manos.

Sin romper el beso, Babe se deslizó del sofá y se arrodilló entre las piernas abiertas de Charlie, mirándolo desde abajo con ojos oscuros y llenos de deseo. Sus dedos hábiles desabrocharon el botón y bajaron la cremallera de los pantalones de Charlie. Sacó el miembro ya medio duro, grueso, pesado, venas marcadas sobre la piel blanca y completamente lisa.

Charlie lo observó con deseo crudo, feromona de Enigma explotando en el aire, densa y eléctrica.

—¿Tantas ganas tienes de chuparme la polla, mi amor?— preguntó con voz grave, dominante, una mano acariciando la mejilla de Babe.

Babe sonrió seductor, lamiendo lentamente la base hasta la punta, ojos fijos en los de Charlie.

—Siempre…Es mía después de todo.

Abrió la boca y lo tomó profundo de una sola vez, labios estirados alrededor de la grosura, lengua presionando la parte inferior mientras chupaba con hambre. Charlie gruñó bajo, dedos enredándose en el cabello aún húmedo de Babe, guiándolo con posesión pero sin forzar. Babe lo mamaba con devoción, cabeza subiendo y bajando, saliva brillando en el miembro que se endurecía por completo en su boca. Chupaba la cabeza, giraba la lengua alrededor, bajaba hasta que la nariz rozaba el abdomen de Charlie, tragando alrededor de él.

—Joder, Babe…así, mi amor.— murmuró Charlie, voz ronca y obscena, ojos entrecerrados de placer.— Mírate, tan hermoso arrodillado para mí, tragándote entero mi polla como si no pudieras vivir sin ella. Eres perfecto…tan caliente y húmedo para mí.

Babe gimió alrededor del miembro, vibraciones haciendo que Charlie apretara los dientes. Se inclinó hacia adelante, acariciando la espalda de Babe mientras este seguía mamándolo, luego capturó su boca en un beso sucio y lleno de saliva cuando Babe subió a respirar, mordiendo el labio inferior del Alfa. Babe correspondió con igual intensidad, besando, chupando y mordiendo la mandíbula y el cuello de Charlie, dejando marcas rojas que desaparecían rápido por la regeneración de Enigma.

Charlie lo dejó continuar, gruñendo obscenidades bajas y posesivas:

—Así, mi amor…chúpame más profundo, quiero sentir cómo me tragas hasta la garganta. Eres mío, Babe…solo mío para follarte la boca así.

Babe aceleró, mano acariciando lo que no entraba en su boca, ojos llorosos de esfuerzo pero llenos de placer. Charlie tensó los muslos, feromona explotando, y se corrió con un gruñido gutural, chorros calientes llenando la boca de Babe. Este tragó todo, lamiendo hasta dejarlo limpio, besando la punta sensible después.

Charlie no le dio tiempo a recuperarse. Lo agarró por la cintura con fuerza sobrenatural, lo levantó y lo sentó en el sofá de un solo movimiento. Le arrancó la toalla de la cintura, dejándolo completamente desnudo, piel blanca y lisa brillando. Babe se abrió de piernas para él sin vergüenza, rodillas flexionadas, pies plantados en el sofá, mostrando todo: polla dura, entrada rosada y ya húmeda por las feromonas. Sus ojos eran puro fuego seductor.

Los ojos de Charlie brillaron con orgullo y satisfacción salvaje ante esa invitación tan abierta y peligrosa.

—Joder, mírate…tan listo para mí.— gruñó, quitándose la ropa a tirones, quedando desnudo frente a Babe. Su cuerpo era puro músculo marcado, piel blanca y completamente lisa, polla aún dura y brillante por la saliva de Babe.

Se posicionó entre las piernas abiertas de Babe, una mano grande sujetando la cadera del Alfa, la otra guiando su miembro grueso contra la entrada. Sin más preámbulo, embistió con brutalidad, entrando de una sola estocada hasta el fondo. Babe arqueó la espalda con un grito agudo de placer y dolor mezclado, uñas clavándose en los hombros de Charlie.

—Charlie…¡joder!— jadeó Babe, voz rota.

Charlie no se detuvo. Empezó a follarlo con fuerza salvaje, las caderas chocando contra el culo de Babe con golpes secos y profundos, el sonido obsceno de piel contra piel llenando el departamento. Cada embestida era dura, posesiva, el nudo de Enigma empezaba a hincharse en la base.

—Así, mi amor…tómalo todo.— gruñó Charlie contra su boca, besándolo con violencia mientras lo penetraba sin piedad.— Siente cómo te lleno, cómo te estiro para mí. Eres mío para follarte así de duro…tan apretado y caliente alrededor de mi polla.

Babe gemía alto, piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie, respondiendo cada embestida con movimientos de cadera, besando y mordiendo el cuello y la boca del Enigma.

—Más fuerte, Charlie…no pares…quiero sentirte mañana.— suplicó Babe entre jadeos, feromonas explotando entre ellos.

Charlie lo agarró más fuerte, mordiendo su cuello mientras aceleraba, follándolo con brutalidad pura, el nudo presionando contra la entrada con cada golpe, prometiendo encerrarlos juntos pronto. El sofá crujía bajo ellos, el aire cargado solo de sus olores y gemidos.

La reconciliación era tan ruda como habían necesitado.

Después de la intensa reconciliación, ambos quedaron jadeando sobre el sofá, cuerpos sudorosos y pieles blancas, completamente lisas y brillando bajo la luz tenue del departamento. El nudo de Charlie aún los mantenía unidos, hinchado y palpitante dentro de Babe, enviando ondas de placer residual con cada pequeño movimiento. El aire estaba saturado de feromonas: la de Babe, ardiente como gasolina derramada y adrenalina pura; la de Charlie, eléctrica y abrumadora, como una tormenta que lo dominaba todo.

Charlie besó suavemente el cuello de Babe, mordiendo con cuidado la piel sensible mientras sus caderas se mecían despacio, prolongando el nudo.

—Mi amor…— murmuró Charlie contra su oreja, voz ronca y posesiva. —Te sientes tan perfecto alrededor de mi nudo…apretado, caliente, hecho solo para mí. Nadie más va a tenerte así nunca.

Babe soltó un gemido bajo, arqueando la espalda, piernas aún enredadas alrededor de la cintura del Enigma. Sus manos acariciaban la espalda ancha de Charlie, uñas trazando líneas rojas que desaparecían rápido por la regeneración superior del Enigma.

—Charlie…joder, se siente tan lleno…— jadeó Babe, voz quebrada por el placer.— Muévete un poco más…quiero sentirte profundo.

Charlie gruñó, obedeciendo con embestidas cortas y controladas dentro del nudo, frotando justo donde Babe más lo necesitaba. Besó su boca con hambre, lengua enredándose, chupando el labio inferior del Alfa antes de bajar a morder su mandíbula y cuello, dejando chupetones rojos que marcaban la piel blanca de Babe.

—Eres mío, Babe.— susurró Charlie, dominante, una mano sujetando la cadera del Alfa para mantenerlo en su lugar.— Mira cómo me tragas entero…cómo tu cuerpo acepta mi nudo como si estuviera esperando por esto. Tan bueno para mí, mi amor…tan jodidamente caliente y mojado por dentro.

Babe respondió besando el cuello de Charlie con devoción, chupando fuerte la piel justo debajo de la oreja, mordiendo la mandíbula afilada del Enigma mientras gemía contra su boca.

—Más…Charlie, dame más.— suplicó Babe, seductor y entregado, ojos oscuros brillando de deseo.— Quiero que me folles hasta que no pueda caminar…hasta que solo pueda olerte a ti.

El nudo empezó a bajar lentamente después de varios minutos, permitiendo que Charlie saliera con un sonido obsceno y húmedo.

Babe protestó con un gemido, pero Charlie no le dio tregua. Lo levantó del sofá como si no pesara nada — y lo llevó a la habitación, tirándolo sobre la cama con cuidado posesivo.

Charlie se colocó encima de nuevo, separando las piernas de Babe y posicionándose. Entró de una sola estocada brutal, profunda y sin piedad, haciendo que Babe gritara de placer, uñas clavándose en los hombros anchos del Enigma.

—¡Charlie! ¡Sí…así!—njadeó Babe, las caderas moviéndose para encontrar cada embestida.

Charlie follaba con ritmo duro y rápido, el sonido de piel contra piel resonando en la habitación junto con gemidos y gruñidos.

Cada golpe era profundo, el miembro grueso de Charlie estirando a Babe con cada entrada, golpeando ese punto sensible que hacía que el Alfa arqueara la espalda y gimiera alto.

—Joder, Babe…mírate, tan abierto para mí.— gruñó Charlie, voz obscena y cargada de deseo mientras besaba y mordía el cuello de Babe.— Tu culo me aprieta tan bien…como si no quisiera dejarme salir. Eres tan perfecto, mi amor…tan jodidamente mío para follarte duro como quieras.

Babe lo besaba con desesperación, la lengua invadiendo la boca de Charlie, chupando y mordiendo sus labios, su mandíbula, su cuello, dejando marcas que desaparecían casi al instante.

—Más fuerte…no te detengas.— suplicó Babe entre jadeos, piernas temblando alrededor de Charlie.— Quiero sentirte mañana…quiero que me marques por dentro.

Charlie aceleró, embistiendo con brutalidad salvaje, una mano bajando para acariciar la polla dura y goteante de Babe, masturbándolo al ritmo de sus estocadas. El nudo empezó a hincharse de nuevo, presionando contra la entrada con cada golpe.

—Voy a llenarte otra vez, mi amor.— prometió Charlie, dientes rozando la oreja de Babe.— Voy a correrme tan profundo que vas a sentir mi semen por días…y tú vas a correrte solo con mi polla dentro de ti.

Babe gritó cuando el placer lo golpeó, corriéndose con fuerza sobre su propio abdomen y el pecho de Charlie, cuerpo temblando entero. Charlie lo siguió segundos después, gruñendo guturalmente mientras el nudo se hinchaba por completo, encerrándolos otra vez, chorros calientes llenando a Babe hasta rebosar.

Se quedaron unidos, respirando agitados, Charlie besando suavemente los labios hinchados de Babe, manos acariciando su piel con ternura posesiva ahora que la brutalidad había dado paso a la calma.

—Te amo…— susurró Charlie contra su boca, feromonas calmándose pero aún envolviéndolos como una manta protectora.— Pero esto no cambia nada con Tony. No voy a dejarte arriesgarte.

Babe sonrió débilmente, aún conectado por el nudo, dedos enredados en el cabello de Charlie.

—Demasiado tarde, cachorro…ya estoy aquí. Y no me voy a ir.

Ellos así: enredados, exhaustos y aún unidos, el peligro de Tony acechando fuera del departamento, pero por esa noche, solo existían ellos dos y el olor de su reconciliación ruda y profunda.

Dos horas después de la intensa reconciliación, el departamento estaba en silencio. Charlie y Babe descansaban enredados en la cama, el nudo ya había bajado por completo, pero sus cuerpos seguían pegados por el sudor y las feromonas que aún flotaban pesadas en el aire. Charlie acariciaba distraídamente la espalda de Babe cuando su teléfono vibró sobre la mesita de noche.

Miró la pantalla: Alan.

Contestó de inmediato, poniéndose en alerta.

—¿Alan? ¿Qué pasó?

La voz de Alan sonó tensa al otro lado.

—Charlie…es Jeff. Tuvo un accidente. Sus poderes…ver el futuro lo está afectando fuerte. Lo llevamos al hospital. Está estable, pero…necesitamos que vengas.

Charlie se sentó de golpe en la cama. Babe abrió los ojos al instante, sintiendo la tensión en el cuerpo del Enigma.

—Vamos para allá ahora mismo.— dijo Charlie, ya levantándose y buscando su ropa.

Babe no preguntó. Se vistió rápido y ambos salieron del departamento rumbo al hospital.

Al llegar, encontraron a Jeff en una habitación privada, pálido pero consciente, conectado a monitores. Alan estaba a su lado, junto con North y Dean en la puerta. Jeff levantó la vista cuando entraron. Su aroma era débil, mezclado con medicamentos y agotamiento.

—Phi…— murmuró Jeff, voz cansada.— Empezó con momentos repetidos…como loops en mi cabeza. Luego todo se volvió borroso, como si tuviera un zumbido fuerte en los oídos que no se iba. No podía ver nada claro.

Charlie se acercó a la cama, su feromona de Enigma calmada pero protectora envolviendo la habitación.

—No te preocupes.— dijo con voz firme.— Con Chris en el laboratorio de Pete daremos con la poción de disolventes. Descansa.

Jeff asintió débilmente. Babe se quedó un poco atrás, observando.

Charlie le pidió a Babe en voz baja:

—Ve al departamento y espérame ahí. No quiero que estés expuesto más tiempo del necesario. Yo me encargo aquí.

Babe apretó la mandíbula pero obedeció, besando brevemente la mejilla de Charlie antes de salir.

Una vez que Babe se fue, Charlie se quedó a solas con Jeff por unos minutos. Miró las manos del chico y, por un segundo, sus ojos brillaron con la intención de usar su poder de absorción. Podía tomar los poderes de Jeff, aliviarle el dolor, cargar con esa carga él mismo. Extendió la mano lentamente.

Jeff abrió los ojos y lo miró directamente.

—No lo hagas.— dijo con voz suave pero clara.— Déjame a mí con mis problemas…Esto no tiene que ver contigo, Phi.

Charlie se detuvo. La imagen de Babe cruzó su mente: su Alfa especial, su pareja, el que acababa de recuperar. Bajó la mano.

—Está bien.— aceptó Charlie, asintiendo.— Descansa.

Se giró hacia Alan antes de salir.

—Cualquier cosa me avisas. Cuídate y cuídalo.

Alan asintió. Charlie salió del hospital lo más rápido posible y regresó al departamento.

Las luces estaban apagadas. Solo la lámpara junto al sofá estaba encendida, proyectando una luz cálida y suave. Babe estaba sentado allí, mirando hacia la ventana con la mirada perdida, feromonas alfa especiales contenidas pero teñidas de tristeza y cansancio.

Charlie se acercó en silencio y se sentó a su lado en el sofá.

—Ya estoy aquí…Jeff está bien. Se quedará una noche más y mañana podrá ir a casa con Alan.

Babe no lo miró. Su voz salió baja, casi inexpresiva.

—Es bueno escuchar eso.

Charlie suspiró, pasando una mano por su propio cabello.

—Quise tomar los poderes de Jeff…Pero no lo hice, por ti…Y además Jeff no quiso que los tomara. Me dijo que no era mi problema.

Babe siguió en silencio, mirando la oscuridad a través de la ventana.

Charlie lo observó un momento y preguntó:

—¿No dirás nada?

Babe finalmente habló, voz tranquila pero cargada de dolor:

—¿Acaso lo qué te diga cambia algo? Ni siquiera tomas en cuenta una opinión mía…Así que lo que diga o piense es irrelevante.

Charlie frunció el ceño.

—Lo hice por ti ¿no era eso lo qué querías?

Babe giró la cabeza y lo miró directamente, ojos llenos de una tristeza profunda.

—Exactamente, lo hiciste por mí y no por ti…También es tu vida, Charlie…Tu vida es importante.

Charlie soltó un “Babe” como regaño suave, pero Babe no discutió. Solo lo miró con esa tristeza que le atravesó el pecho al Enigma como una cuchillada. Luego Babe volvió la vista hacia la ventana.

Charlie suspiró profundamente y continuó:

—Sé que tienes razón. Voy a empezar a cuidarme más…A valorarme más…Sobre lo de Tony, lucharemos juntos con los chicos…Pero tú te quedas conmigo.

Babe asintió sin mirarlo, aceptando en silencio.

Después de unos segundos de silencio pesado, Charlie preguntó con voz más suave:

—¿En qué piensas, mi amor?

Babe dudó un momento antes de responder:

—En ese día de la sauna…

Charlie sintió cómo su cuerpo se tensaba al instante. Su feromona de Enigma se volvió más fría, más densa.

—¿Por qué mierda estás pensando en eso?— preguntó con voz fría, controlada pero cortante.

Babe tragó saliva, nervioso

—Tienes razón…es estúpido.

Pero Charlie notó el nerviosismo en su voz, el leve temblor, el dolor que Babe intentaba ocultar. Se inclinó un poco más cerca.

—¿Qué no me estás diciendo, Babe?

Babe se mordió el labio inferior con fuerza, dudando. Finalmente confesó en voz baja:

—Ese día que planeé seducir a Willy para sacarle información…Willy intentó abusar de mí.

El aire parecía desaparecer de la habitación.

Charlie sintió como si le hubieran golpeado el estómago. Su feromona explotó, oscura y peligrosa.

—¿Qué? ¿Qué carajos acabas de decir?— gruñó, voz baja pero llena de furia contenida.— ¿Por qué no me dijiste, Babe? Yo merecía saberlo…

Charlie observó el rostro de Babe: miedo, dolor profundo y un asco hacia sí mismo que le dolió como nada antes. Babe lo miró con ojos brillantes por lágrimas contenidas.

—¿Decirte? En ese momento lo único que quería era explicarte la situación…A pesar del miedo que sentí en ese momento, al verte mi miedo quedó en segundo plano y mi prioridad fuiste tú…Además tenía miedo que no me creyeras. Estabas muy furioso, Charlie…

Charlie negó con la cabeza lentamente, procesando.

—Merecía saberlo, Babe…Yo merecía saberlo.

Babe bajó la mirada, la voz quebrándose apenas.

—Lo siento…Siento haberte mentido…Siento no haberte dicho lo que estuvo a punto de pasarme.

Las lágrimas empezaron a deslizarse en silencio por las mejillas de Babe. No sollozaba fuerte, solo caían, silenciosas y dolorosas.

—Fue horrible, Charlie…Yo sentí sus manos en mi cuerpo…Por un momento me vi a mí mismo en ese sofá con Way queriendo hacer lo mismo…

Babe escondió su rostro entre sus manos, los hombros temblando ligeramente. Charlie no lo pensó dos veces: lo atrajo con fuerza contra su pecho, envolviéndolo con los brazos. Babe escondió el rostro en el cuello del Enigma, aferrándose a su camisa como si fuera lo único sólido en el mundo.

—Llora, mi amor…— susurró Charlie, voz ronca por la emoción, una mano acariciando su cabello con ternura.— Llora todo lo que quieras. Ya no estás más solo…No volveré a dejarte. Y esto no se va a quedar así…Willy, ese hijo de puta, va a pagar con su vida lo que intentó hacerte.

Babe se aferró más fuerte a Charlie, respirando su aroma a Enigma, dejando que las lágrimas mojaran su cuello. Charlie lo sostuvo en silencio, besando su coronilla, su feromona envolviéndolos como una barrera protectora contra el mundo.

Por esa noche, el peligro de Tony y los poderes inestables de Jeff quedaron en segundo plano. Solo existía Babe temblando entre sus brazos y la promesa silenciosa de Charlie de que nadie volvería a lastimarlo.

El día siguiente, el taller de X Hunter estaba más cargado de tensión que nunca. El olor a aceite, metal y feromonas controladas llenaba el aire. Charlie y Babe habían llegado temprano, junto con Alan, North, Dean y Sonic. Jeff aún estaba recuperándose en casa bajo el cuidado de Alan, así que el equipo se reunía sin él.

Estaban reunidos alrededor de la mesa grande en la zona de estrategia, mapas de la ciudad, fotos de Tony y Willy clavadas en el tablero, y varias notas sobre movimientos conocidos de la organización.

Charlie, con su presencia de Enigma dominando el espacio sin esfuerzo, señaló una foto de Tony.

—Sabemos que Tony esta vivo. Quiere mis poderes. Sabe que soy el único Enigma activo y cree que puede controlarme o drenarme. Su objetivo principal soy yo, pero ya dejó claro que se encargará personalmente de Babe. No podemos subestimarlo. Willy es su espía dentro del circuito. Tenemos que cortarle los recursos y eliminarlo a él también.

Babe, sentado a su lado, cruzó los brazos, su feromona alfa especial vibrando con rabia contenida.

—Propongo que empecemos por aislar a Willy. Si cortamos su comunicación con Tony, perdemos una fuente importante de información para ellos. Podemos usar las carreras como carnada, pero con mucho cuidado. No quiero que nadie más salga herido.

Alan asintió, trazando una ruta en el mapa.

—Podemos preparar una trampa en la próxima carrera clandestina. Hacer que Willy crea que tiene una oportunidad de acercarse a Babe o a Charlie, pero tener un equipo listo para interceptarlo. Al mismo tiempo, North y Dean pueden vigilar los laboratorios conocidos de Tony.

North intervino, señalando otra foto.

—Tony tiene aliados en las sombras. Si eliminamos a Willy primero, Tony quedará más expuesto. Pero hay que ser rápidos. No sabemos cuántos hombres tiene ahora.

Sonic, aún algo reticente con Dean, añadió:

—Sea cual sea el plan, tiene que ser limpio. No podemos permitir que esto se convierta en una guerra abierta que termine lastimando a civiles o al equipo.

Charlie miró a Babe un segundo antes de continuar:

—Mi poder de absorción puede ser útil si logramos acercarnos lo suficiente a Tony. Puedo drenar sus recursos o incluso parte de su fuerza si es necesario. Pero solo como último recurso. No quiero que nadie se exponga innecesariamente.

Discutieron durante horas: posibles emboscadas, vigilancia constante de Willy, infiltración sutil en los contactos de Tony, y la necesidad de mantener a Jeff protegido mientras se recuperaba. Babe insistía en participar activamente, Charlie en que se mantuviera cerca de él. Al final, acordaron empezar con la vigilancia intensiva de Willy y preparar la trampa para la próxima carrera.

Una semana después, el taller seguía siendo el centro de operaciones. Charlie había ido al laboratorio improvisado que tenían en la parte trasera para ver cómo avanzaba la poción de disolventes para eliminar los poderes. Babe lo acompañaba, pero desde esa mañana se sentía extraño: mareos intermitentes y náuseas que aparecían de repente.

Estaban en el laboratorio cuando Chris, el científico del equipo, entró con unos papeles en la mano. Notó de inmediato que Babe estaba apoyado contra la mesa, rostro pálido y sudor frío en la frente.

—Babe, ¿estás bien? Te ves…— Chris se acercó rápido cuando Babe se tambaleó, casi desmayándose. Lo sostuvo por el brazo a tiempo.

Babe respiró hondo, estabilizándose.

—Chris…estoy sospechando algo. Hazme unos análisis, por favor. Rápido y discreto.

Chris no preguntó más. Asintió y procedió a tomar una muestra de sangre. Mientras esperaba los resultados en el equipo portátil, el silencio era pesado. Babe se sentó en una silla, manos sobre las rodillas, intentando controlar las náuseas.

Después de unos minutos, Chris miró la pantalla y parpadeó varias veces. Su expresión cambió.

—Babe…estás embarazado. De aproximadamente una semana.

Babe se quedó en completo silencio. Su feromona alfa especial fluctuó un segundo, mezcla de sorpresa, miedo y algo más profundo. No dijo nada, solo miró fijamente el suelo.

Chris carraspeó suavemente.

—Puedo llamar a Charlie si quieres…

Babe levantó la mirada y negó con la cabeza.

—No es necesario. Por el momento solo lo sabemos tú y yo. Es mejor así.

Chris asintió sin contradecirlo, guardando los resultados en un archivo seguro.

—Entendido. Si necesitas cualquier cosa…análisis adicionales, vitaminas o lo que sea, avísame. Estaré aquí.

Babe se quedó sentado un momento más, procesando la noticia en silencio, mientras afuera del laboratorio se oían las voces lejanas del equipo discutiendo estrategias contra Tony. Babe aún sentado en la silla del laboratorio, mano inconscientemente apoyada sobre su abdomen y la mente dando vueltas a mil por hora.

Unos días después, el departamento estaba en silencio por la tarde. Babe estaba solo en la sala de estar, vestido únicamente con una camisa oversized de Charlie que le llegaba a mitad del muslo, la tela blanca y suave rozando su piel. Su abdomen aún plano mostraba apenas un leve cambio que solo alguien muy atento notaría. Caminaba descalzo mientras hablaba por teléfono con Chris, voz baja y calmada.

—Sí, Chris…los chequeos están bien. El bebé tiene un latido fuerte. Las náuseas siguen, pero las vitaminas ayudan. No le digas nada a nadie todavía, ¿de acuerdo? Quiero hacerlo yo cuando sea el momento.

Colgó la llamada con un suspiro suave, dejando el teléfono sobre la mesa. Se sentía bien, en orden, aunque la noticia aún le pesaba en el pecho como una mezcla de miedo y una calidez extraña.

De pronto, la voz grave de Charlie sonó justo detrás de él, baja y controlada, pero cargada de algo peligroso.

—¿Cuándo pensabas decírmelo?

Babe se tensó entero. Giró sobre sus talones, corazón acelerado, y fingió confusión.

—¿Decirte qué? No entiendo.

Charlie estaba allí, apoyado contra el marco de la puerta, brazos cruzados. Sus ojos de Enigma recorrieron el cuerpo de Babe de arriba abajo con lentitud deliberada: la camisa abierta en el pecho, las piernas desnudas, y se detuvieron fijos en su estómago. El aroma de Charlie se volvió más denso al instante, eléctrico y posesivo, invadiendo toda la sala.

—Sobre el embarazo…Lo escuché ese mismo día, a pesar de que tratabas de no pensar en ello para que no te lea la mente. Esperé que me lo dijeras tú.

Babe suspiró, bajando la mirada un segundo antes de levantar el mentón.

—Tenía miedo…Solo quería protegerlo.

Charlie soltó una risa corta, irónica, sin humor.

—¿Incluso de mí, su padre?

Babe alzó el mentón con desafío, feromonas alfa especiales empezando a filtrarse, calientes y desafiantes.

—Porque eres un suicida, Charlie…Siempre intentas resolverlo todo a costa de tu vida… No quiero a mi hijo sin uno de sus padres.

Charlie se acercó con pasos lentos pero firmes hasta quedar justo frente a él, tan cerca que sus pechos casi se rozaban. Su voz bajó más, grave y seria.

—Esa no es solo tu decisión, es de ambos…No me dejes fuera de eso. También es mi hijo.

Babe apretó los labios.

—Ya sabes lo que yo siento cuando no me tomas en cuenta.

Charlie lo regañó con tono bajo y firme, ojos entrecerrados.

—No puedes decidirlo todo solo, Babe. Esto nos afecta a los dos.

Babe ni se inmutó. Dio un paso atrás, intentando irse hacia la habitación.

Charlie lo detuvo agarrándolo del brazo con fuerza controlada, pero sin lastimarlo.

—¿Acaso dije qué podías irte?

Babe sonrió con diversión pura, aunque el nerviosismo aún latía bajo su piel.

—No necesito tu permiso para ello.

Jadeó agudamente cuando Charlie lo atrajo de un tirón contra su cuerpo, pegándolo pecho con pecho. Una mano de Charlie sujetó su cintura con posesión, la otra subió a su nuca.

—Una de las cosas que más amo de ti es, sin duda, tu carácter…— murmuró Charlie contra su oreja, voz ronca y cargada de deseo.

Besó el cuello de Babe con hambre, labios calientes rozando la piel sensible.

—El puto orgullo y la felicidad que me da el saber que llevas a mi hijo dentro, mi amor…

Sin darle tiempo a responder, Charlie lo levantó con esa fuerza sobrenatural de Enigma, haciendo que Babe enredara las piernas alrededor de su cintura por instinto.

Lo llevó contra la pared más cercana con un golpe sordo pero controlado, la espalda de Babe chocando contra la superficie fría.

Charlie sacó su miembro ya duro y grueso de un movimiento rápido, caliente y palpitante, y lo llevó directo a la entrada de Babe, que ya estaba húmeda por las feromonas y el embarazo.

Embistió con una estocada brutal y profunda, entrando hasta el fondo de una sola vez.

Babe arqueó la espalda con un grito agudo de placer y sorpresa, uñas clavándose en los hombros de Charlie.

—Charlie… ¡mierda!— jadeó Babe, voz rota.

Charlie empezó a follarlo con violencia y rudeza, caderas chocando contra él sin piedad, cada embestida dura y posesiva, el nudo de Enigma hinchándose rápido en la base.

—Joder, mi amor…mírate, tan apretado y caliente para mí incluso con mi hijo dentro.— gruñó Charlie, voz obscena y dominante.— Sientes cómo te lleno entero…cómo tu cuerpo me toma todo como si estuviera hecho para esto. Tan perfecto, tan mío…

Bajó la cabeza y capturó la boca de Babe en un beso violento, lengua invadiendo, mordiendo el labio inferior mientras seguía embistiendo con fuerza salvaje. Luego bajó por el cuello, chupando y mordiendo la piel blanca y lisa, dejando marcas rojas. Llegó a los pezones de Babe, ya sensibles por el embarazo, y los chupó con hambre, la lengua girando alrededor de uno mientras pellizcaba el otro.

De pronto, un chorro tibio y dulce de leche salió del pezón derecho de Babe, directo a la boca de Charlie. Este se detuvo un segundo, ojos abriéndose con sorpresa…y luego brillaron con un fuego carmesí intenso, el lado Enigma tomando el control por completo. Su feromona explotó, oscura y eléctrica, más posesiva que nunca.

—Joder…— gruñó Charlie contra el pecho de Babe, voz más grave, casi animal.— Sale leche de ti…para nuestro hijo…y para mí.

Babe, al darse cuenta del cambio en su propio cuerpo y del brillo carmesí en los ojos de Charlie, intentó empujarlo por los hombros, nervioso.

—Charlie…espera…

Pero Charlie soltó un gruñido profundo y posesivo, sujetando las muñecas de Babe contra la pared con una sola mano mientras seguía follándolo con estocadas brutales y profundas.

—Esto es mío y de nuestro hijo…— dijo contra su piel, ojos carmesí fijos en los de Babe.— Así que seguiré tomando de ti mientras te follo, mi amor.

Chupó el pezón con más fuerza, tragando la leche dulce que salía con cada succión, el otro pezón goteando también mientras lo pellizcaba. Sus caderas no se detenían: embestidas violentas, rápidas, el nudo presionando y estirando la entrada de Babe con cada golpe, el sonido húmedo y obsceno de piel contra piel llenando la sala.

—Tan jodidamente bueno…— gruñó Charlie, mordiendo el otro pezón y succionando más leche, ojos carmesí brillando de locura posesiva.— Llevas a mi hijo y tu cuerpo me da esto…Eres mío para follarte así de duro, para beber de ti, para llenarte otra vez. Siente cómo mi nudo te abre…cómo te marcó por dentro mientras te follo.

Babe gemía alto, cuerpo temblando contra la pared, piernas apretadas alrededor de la cintura de Charlie, placer y posesión mezclados en un torbellino. Charlie lo follaba sin control, rudo y violento, chupando su pecho con avidez mientras el nudo se hinchaba por completo, encerrándolos juntos en un orgasmo que se acercaba brutal.

—Voy a correrme profundo, mi amor…— prometió Charlie contra su boca, besándolo con violencia mientras succionaba más leche de sus pezones.— Y tú vas a correrte conmigo, sintiendo todo lo que te doy.

Babe jadeando contra la pared, Charlie dominándolo por completo, nudo hinchado y ojos carmesí brillando de pura posesión mientras seguía bebiendo de él y follándolo con rudeza salvaje.

Charlie seguía embistiendo con fuerza brutal contra la pared, el nudo completamente hinchado y encerrándolos juntos, palpitando dentro de Babe mientras succionaba con avidez de sus pezones. La leche dulce y tibia salía en chorros pequeños con cada succión fuerte de su boca, y Charlie tragaba sin parar, ojos carmesí brillando con un fuego posesivo que hacía que todo su cuerpo vibrara con energía de Enigma.

—Joder, mi amor…— gruñó contra el pecho de Babe, voz ronca y distorsionada por el instinto.— Tu leche es tan dulce…sale solo para mí y para nuestro hijo. Siente cómo te bebo mientras mi nudo te llena hasta el fondo…tan apretado, tan caliente, tan perfecto.

Babe jadeaba entrecortado, espalda pegada a la pared, piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie. Sus manos estaban sujetas por encima de su cabeza con una sola mano del Enigma, el otro brazo rodeando su cintura para mantenerlo en su lugar. Cada embestida corta y profunda del nudo enviaba ondas de placer intenso que lo hacían gemir alto, feromonas alfa especiales explotando en el aire, mezclados con el aroma eléctrico y tormentoso de Charlie.

—Charlie…ah…demasiado…— gimió Babe, cabeza echada hacia atrás, cuello expuesto.

Charlie soltó un pezón con un sonido húmedo y se lanzó al otro, chupando más fuerte, tragando la leche que goteaba mientras su lengua giraba alrededor de la areola sensible.

Mordió suavemente la piel blanca y lisa, luego lamió para calmarla antes de succionar de nuevo.

—No es demasiado…es mío.— dijo con posesión cruda, ojos carmesí fijos en los de Babe.— Todo esto es mío. Tu cuerpo cambiando por nuestro hijo, tu leche saliendo para alimentarnos…y este culo apretado tragándose mi nudo como si nunca quisiera soltarme. Eres tan jodidamente hermoso así, mi amor…tan lleno de mí.

Babe arqueó la espalda cuando Charlie aceleró las embestidas cortas dentro del nudo, frotando justo contra ese punto sensible que lo hacía ver estrellas. El placer era casi abrumador, mezclado con la sensibilidad nueva de su cuerpo por el embarazo.

—Charlie…voy a…— advirtió Babe con voz rota, cuerpo temblando.

—Hazlo.— ordenó Charlie, voz grave y dominante.— Córrete para mí, mi amor. Quiero sentir cómo te corres alrededor de mi nudo mientras bebo de ti.

Chupó el pezón izquierdo con fuerza renovada, tragando más leche, y Babe se corrió con un grito agudo, polla dura soltando chorros calientes entre sus cuerpos, abdomen contrayéndose alrededor del nudo. Charlie gruñó satisfecho, ojos carmesí brillando más intenso, y se dejó ir también, chorros espesos y calientes llenando a Babe aún más profundo, el nudo palpitando y sellando todo dentro.

Se quedaron unidos contra la pared varios minutos, respirando agitados. Charlie soltó las muñecas de Babe y lo sostuvo con ambos brazos, besando su cuello con más ternura ahora, aunque aún posesivo. Bajó la cabeza y lamió suavemente los pezones, limpiando los restos de leche, ojos volviendo poco a poco a su color normal.

—Tan bueno…— murmuró contra su piel.— Tan mío.

Finalmente el nudo bajó lo suficiente para que Charlie pudiera salir con cuidado. Tomó a Babe en brazos como si no pesara nada y lo llevó al sofá, sentándose con él en su regazo, aún desnudo y con la camisa de Charlie abierta y arrugada.

Babe apoyó la frente contra el hombro de Charlie, respirando su aroma, aún temblando ligeramente por el orgasmo intenso.

Charlie acarició su espalda con una mano, la otra descansando protectora sobre el abdomen todavía plano de Babe.

—No vuelvas a ocultarme algo así.— dijo en voz baja, pero firme.— Somos un equipo, mi amor. Tú, yo y nuestro hijo. Voy a cuidarlos a los dos…aunque tenga que ser más protector de ahora en adelante.

Babe levantó la vista, aún con esa chispa desafiante en los ojos, pero también con una suavidad nueva.

—Más cuidadoso…¿eso significa qué no vas a intentar absorber poderes peligrosos o enfrentarte solo a Tony?

Charlie sonrió de lado, besando su frente.

—Significa que voy a pensar mejor las cosas. Pero no te prometo que no vaya a protegerlos con todo lo que tengo.

Babe suspiró, pero se acurrucó más contra él, dejando que Charlie lo envolviera con sus brazos.

Los días siguientes pasaron en una mezcla de tensión por los planes contra Tony y una intimidad más profunda entre ellos. Charlie se volvía más protector, siempre cerca de Babe, su feromona de Enigma envolviéndolo como una barrera constante. Babe, por su parte, empezaba a aceptar que ya no estaba solo en esto.

Una tarde, mientras revisaban mapas en el taller con el equipo, Babe sintió una náusea ligera y Charlie lo notó al instante. Lo llevó a un rincón más privado, mano en su cintura.

—¿Estás bien?— preguntó en voz baja, ojos preocupados.

Babe asintió.

—Solo es el embarazo…Chris dijo que es normal en esta etapa.

Charlie besó su sien.

—Vamos a casa después de esto. Descansas.

La noticia del embarazo aún era solo entre ellos (y Chris), pero la forma en que Charlie miraba a Babe ahora —con orgullo, posesión y una ternura feroz— era imposible de ocultar del todo para quienes los conocían bien.

El día terminaba con ellos en el sofá del departamento esa misma noche, Babe sentado entre las piernas de Charlie, espalda contra su pecho, mientras Charlie acariciaba suavemente su abdomen con ambas manos, murmurando palabras bajas y protectoras contra su oído, el peligro de Tony aún acechando pero, por el momento, solo existían ellos tres.

Una semana después, la noche de la operación contra Tony finalmente llegó.

El equipo —Charlie, Alan, Jeff, Sonic, North y Dean— ejecutó el plan con precisión militar.

Habían pasado días afinando cada detalle: vigilancia constante de Willy, interrupción de las comunicaciones de la organización, y una emboscada coordinada en uno de los almacenes que Tony usaba como base principal.

Charlie se encargó personalmente de Willy.

Cuando el espía intentó huir al ver que todo se derrumbaba, Charlie lo alcanzó en cuestión de segundos gracias a su velocidad superior de Enigma. No hubo palabras largas.

Solo un enfrentamiento rápido y letal. Willy cayó sin poder dar la alarma, y con él se cortó el último lazo importante que unía a Tony con el mundo exterior.

El resto del equipo se ocupó de Tony y sus hombres. Entre la fuerza combinada de Alan, la inteligencia de Jeff (que, aunque aún inestable, pudo anticipar varios movimientos clave), y el apoyo táctico de Sonic, North y Dean, la organización fue desmantelada de una vez por todas. Tony intentó resistir hasta el final, pero terminó neutralizado. La amenaza que había pendido sobre ellos durante tanto tiempo desapareció esa misma noche.

Babe no participó en la misión. Tanto Chris como Charlie se lo habían prohibido tajantemente. Con el embarazo de una semana y media, su cuerpo se había vuelto más sensible y débil: mareos más frecuentes, náuseas constantes y una fatiga que lo dejaba exhausto con poco esfuerzo. Aunque al principio protestó, Babe terminó aceptando.

En ese momento, la vida de su hijo y la suya propia importaban más que cualquier otra cosa.

—Quédate en el apartamento y descansa.— le había dicho Charlie esa tarde, besando su frente con ternura posesiva.— Volveré pronto. Te lo prometo.

Babe había asentido, mano apoyada inconscientemente sobre su abdomen aún plano.

—Está bien…Cuídate. Vuelve entero.

Ahora, una hora después de que la operación terminará, Charlie entró al departamento en silencio. El lugar estaba oscuro y tranquilo. Se quitó la ropa manchada de la misión, se dio una ducha rápida para borrar el olor a adrenalina, sangre y pólvora, y se puso solo un pantalón de chándal gris oscuro que colgaba bajo en sus caderas. Su torso permanecía desnudo, brillando ligeramente por la humedad.

Caminó descalzo hasta la habitación. La luz de la luna entraba por la ventana entreabierta, iluminando la figura de Babe dormido en la cama grande. Estaba acurrucado de lado, vestido solo con una camiseta holgada de Charlie y ropa interior, el cabello revuelto sobre la almohada.

Charlie sonrió con suavidad, una sonrisa rara en él, llena de ternura y alivio. Se acostó con cuidado a su lado, intentando no despertarlo.

Apenas se acomodó, Babe, aún dormido, se movió instintivamente hacia él. Se acercó más, escondiendo el rostro en el cuello de Charlie, respirando profundo su aroma fresco de Enigma. Subió una pierna sobre la cintura de Charlie, enredándose a él como si incluso en sueños necesitará estar lo más cerca posible.

Charlie soltó una risa baja, tierna y divertida, vibrando suavemente en su pecho.

—Mírate…— murmuró con voz baja y cariñosa, una mano acariciando la espalda de Babe por debajo de la camiseta.— Tan mimoso cuando duermes. Me encanta esta versión tuya, mi amor. Tan cariñoso, tan pegado a mí…como si no pudieras estar ni un segundo separado.

Babe hizo un sonido suave en sueños, frotando la nariz contra el cuello de Charlie, inhalando más de su aroma. Su pierna subió un poco más sobre la cintura del Enigma, pegando sus cuerpos. Charlie rió otra vez, bajito, pasando los dedos por el cabello de Babe con ternura.

—Eres imposible…— susurró, besando la coronilla de Babe.— Hace unas horas estaba terminando con la peor amenaza que teníamos, y ahora estoy aquí contigo, con nuestro hijo creciendo dentro de ti. No sabes lo feliz que me hace verte así de tranquilo.

Charlie siguió acariciando su espalda con movimientos lentos y calmantes, la otra mano descansando protectora sobre el abdomen de Babe, justo donde su hijo estaba empezando a formarse.

—Descansa, mi amor.— continuó en voz muy baja, labios rozando la frente de Babe.— Ya todo terminó. Tony ya no es un problema. Willy pagó por lo que intentó hacerte. Ahora solo somos nosotros tres. Voy a cuidarte mejor que nunca. A ti y a nuestro pequeño.

Babe, aún dormido, se apretó más contra él, soltando un suspiro contento. Charlie sonrió de nuevo, esa sonrisa suave y llena de amor que solo Babe podía sacarle, y cerró los ojos, rodeándolo con ambos brazos, protegiéndolo incluso mientras dormía.

El departamento estaba en paz. La misión había sido un éxito total. La amenaza había desaparecido. Y por primera vez en mucho tiempo, Charlie sentía que podía respirar tranquilo, con Babe pegado a su cuerpo, cálido y seguro entre sus brazos.

Los dos enredados en la cama, Charlie velando el sueño de Babe y su hijo nonato, el futuro abriéndose frente a ellos más limpio y esperanzador que nunca.

Un mes después, la vida en el departamento había adquirido un ritmo más calmado y dulce, aunque aún marcado por los cambios del embarazo. Babe ya tenía casi dos meses de gestación. Su abdomen mostraba una ligera curva suave y redonda que se notaba claramente cuando no llevaba ropa holgada.

Sus pezones seguían más sensibles y, en ocasiones, producían pequeñas gotas de leche cuando se excitaba o cuando Charlie los estimulaba demasiado. Las náuseas habían disminuido, pero los antojos habían llegado con fuerza.

Esa tarde, Charlie estaba cumpliendo uno de los antojos más recientes de Babe: mango verde con chamoy y tajín, acompañado de helado de vainilla. Había salido especialmente a buscar los mangos más ácidos que encontró en el mercado y los preparó en la cocina mientras Babe lo observaba desde el sofá, con una sonrisa perezosa.

—Aquí tienes, mi amor.— dijo Charlie, acercando un plato grande con trozos de mango bien sazonados y una bola de helado derritiéndose ligeramente encima.— Extra ácido, como pediste. Si quieres más chamoy, solo dímelo.

Babe tomó el plato con ojos brillantes y probó un bocado. Soltó un gemido de satisfacción pura, recostándose mejor contra los cojines.

—Está perfecto…Gracias, cachorro. Últimamente todo lo que preparas me sabe mejor que nunca.

Charlie se sentó a su lado, una mano descansando con cariño sobre la curva suave del abdomen de Babe, acariciándolo en círculos lentos.

—Todo va bien con el bebé.— murmuró con voz suave, orgullo evidente en su tono.— Chris me envió los últimos resultados esta mañana. El latido es fuerte, está creciendo perfecto. Solo tienes que seguir descansando y comiendo lo que te antoje.

Babe sonrió, llevando otra cucharada a su boca.

—Me alegra oír eso. A veces todavía me da miedo…pero saber que estás aquí ayudando con todo hace que sea más fácil.

Charlie besó su sien con ternura.

—Siempre voy a estar aquí para los dos.

Además de los antojos, algo importante había cambiado en las últimas semanas. Chris y su equipo habían logrado perfeccionar la poción de disolventes. Tanto Jeff como Charlie la habían tomado hacía dos semanas.

Jeff ya no tenía la carga de ver el futuro; sus visiones habían desaparecido por completo, dejándolo más tranquilo y estable. Charlie, por su parte, había perdido sus poderes más peligrosos y volátiles: la absorción, la lectura de mentes y la capacidad de detener el tiempo. Solo conservaba los poderes originales de Enigma. Era más que suficiente para proteger a su familia, pero ya no representaba el mismo riesgo de autodestrucción.

Esa misma noche, el equipo se reunió en el taller de X Hunter para festejar. Habían preparado comida, bebidas sin alcohol para Babe, y un pequeño pastel. Alan, Jeff (ya recuperado y sonriente), Sonic, North y Dean estaban allí, el ambiente ligero y lleno de risas por primera vez en mucho tiempo.

Alan levantó su vaso hacia Charlie y Babe.

—Por Charlie y Jeff, que ya están libres de esa carga pesada. Y por Babe y el pequeño que viene en camino. ¡Salud!

Jeff sonrió con timidez, chocando su vaso con el de Charlie.

—Gracias, Phi. De verdad…ya me siento más yo mismo. Sin esas visiones constantes, puedo dormir tranquilo.

Charlie rodeó los hombros de Babe con un brazo, besando su mejilla.

—Fue la mejor decisión. Ahora puedo enfocarme en lo que realmente importa: mi familia y el equipo.

Babe se recostó contra Charlie, una mano sobre su propio abdomen.

—Estoy feliz por ti…y por Jeff. Ya no tienes que cargar con tanto. Podemos vivir más tranquilos.

Sonic bromeó desde su asiento:

—Ahora Charlie solo es un Enigma normal… aunque sigue siendo el más rápido y fuerte de todos. No te confíes, Babe, que igual te carga como si nada.

Todos rieron. North y Dean también levantaron sus vasos, el ambiente cálido y familiar.

Charlie miró a Babe con ojos llenos de amor.

—Gracias a todos por estar aquí. Hace un mes pensábamos que todo podía terminar mal…y ahora estamos celebrando esto. No podría pedir más.

Babe levantó su vaso de jugo y chocó suavemente con el de Charlie.

—Por nosotros. Por nuestro hijo. Y por poder vivir sin tanto miedo.

La fiesta continuó entre risas, anécdotas de carreras y planes futuros más tranquilos.

Charlie no se separaba mucho de Babe, siempre atento si necesitaba algo, llevándole agua, ajustándole una manta ligera sobre las piernas o simplemente acariciando su abdomen con disimulo.

Cuando regresaron al departamento ya entrada la noche, Babe estaba cansado pero contento. Charlie lo ayudó a quitarse la ropa cómoda y lo metió en la cama. Se acostó detrás de él, abrazándolo por detrás, una mano descansando protectora sobre la curva de su vientre.

—Descansa, mi amor.— susurró Charlie contra su nuca, besándola con ternura.— Hoy fue un buen día. Mañana te haré más mangos si quieres.

Babe sonrió, entrelazando sus dedos con los de Charlie sobre su abdomen.

—Te amo…Gracias por cuidar de nosotros dos.

Charlie apretó el abrazo suavemente.

—Y yo a ti. Duerme tranquilo. Los tres estamos a salvo ahora.

Ellos enredados bajo las sábanas, Charlie velando el sueño de Babe y su hijo, el futuro más calmado y lleno de esperanza que nunca antes. El peligro había quedado atrás, y solo quedaba construir una vida juntos.

Cinco meses después, el vientre de Babe ya era prominentemente redondo y firme. Con siete meses de embarazo, su cuerpo había cambiado notablemente: la curva de su abdomen era suave y redonda, la piel blanca y lisa se tensaba sobre ella, y sus pechos se habían vuelto más llenos y sensibles, produciendo leche con mayor frecuencia.

Caminaba con una mano apoyada en la parte baja de la espalda, pero sus ojos brillaban con una mezcla de cansancio y anticipación constante.

Ese día, estaban en el laboratorio privado que Chris había preparado especialmente para ellos. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la pantalla del ecógrafo.

Babe estaba recostado en la camilla, camisa levantada, abdomen expuesto y brillante por el gel. Charlie estaba sentado a su lado, sosteniendo su mano con fuerza, su feromona de Enigma envolviendo la habitación con calidez protectora.

Chris movía el transductor con cuidado sobre el vientre de Babe, sonriendo mientras observaba la pantalla.

—Bien…veamos. El bebé está en una buena posición hoy. Corazón fuerte, como siempre. ¿Están listos para saber el sexo?

Babe apretó la mano de Charlie, nervioso pero emocionado.

—Listos.

Charlie besó los nudillos de Babe sin apartar la vista de la pantalla.

—Adelante, Chris.

Chris movió el aparato con precisión y sonrió ampliamente.

—Es una niña. Una nena preciosa y saludable.

El silencio duró solo un segundo antes de que la habitación se llenará de emoción. Babe soltó una risa entrecortada, lágrimas de felicidad brillando en sus ojos. Charlie se inclinó inmediatamente sobre él, besando su frente, sus mejillas y finalmente sus labios con ternura profunda.

—Una niña…— susurró Charlie, voz ronca por la emoción, mano libre acariciando el vientre redondo de Babe con devoción.— Vamos a tener una hija, mi amor.

Babe asintió, una lágrima escapando por su mejilla mientras sonreía.

—Una nena…Joder, Charlie, vamos a ser papás de una niña. Estoy tan feliz…

Chris les dio unos minutos a solas, apagando el equipo y saliendo discretamente de la habitación con una sonrisa, no sin antes darle como siempre los tips para que Babe se siga cuidando.

Una vez solos, Babe se incorporó un poco con ayuda de Charlie. Ambos se quedaron mirando la pantalla congelada donde se veía claramente la silueta de su hija. El aire se llenó de una paz profunda, sus feromonas mezclados: la ardiente y especial de Babe con la eléctrica y protectora de Charlie.

Casi al mismo tiempo, en perfecta sincronía, ambos hablaron:

—Se llamará Malee.

Se miraron con sorpresa absoluta. Luego estallaron en risas suaves y llenas de cariño.

Charlie apoyó su frente contra la de Babe, aún riendo bajito.

—¿Lo dijiste al mismo tiempo qué yo?— preguntó Charlie, divertido y maravillado.

Babe asintió, limpiándose una lágrima de risa con el dorso de la mano.

—Sí…justo al mismo tiempo. Malee…suena perfecto. Nuestra pequeña Malee.

Charlie tomó el rostro de Babe entre sus manos cálidas, mirándolo a los ojos con tanto amor que Babe sintió que el pecho le dolía de felicidad.

—Es increíble lo conectados que estamos…Desde el primer día, mi amor. Y ahora hasta elegimos el nombre de nuestra hija al mismo tiempo. Malee…significa “flor” ¿verdad? Nuestra pequeña flor.

Babe sonrió, cubriendo las manos de Charlie con las suyas.

—Sí…y le queda perfecto. Va a ser fuerte como tú, terca como yo, y va a tener tus ojos…o los míos. No importa. Solo sé que la vamos a amar con todo.

Charlie besó sus labios con suavidad, luego bajó la cabeza y besó el vientre redondo de Babe con reverencia, hablando directamente contra la piel tensa.

—Malee… papá y papi te están esperando, princesa. Ya eres muy querida aquí afuera. Vamos a cuidarte siempre.

Babe pasó los dedos por el cabello de Charlie, observándolo con ternura.

—Te ves tan feliz…Me encanta verte así.

Charlie levantó la vista, ojos brillantes.

—Soy feliz. Muy feliz. Hace un año pensábamos que todo podía terminar en tragedia…y ahora estamos aquí, esperando a nuestra hija. Tú, yo y Malee. Todo lo que perdí en poderes no vale nada comparado con esto.

Babe lo atrajo hacia arriba para besarlo de nuevo, más profundo esta vez, lleno de gratitud y amor.

—Malee va a tener el mejor padre del mundo. Un Enigma que la va a proteger con su velocidad, su fuerza y su enorme corazón.

Charlie rió bajito contra sus labios.

—Y va a tener al Alfa más valiente y terco. Vamos a formar un buen equipo los tres.

Se quedaron un rato más en el laboratorio, Charlie ayudando a Babe a limpiarse el gel del abdomen y a bajar de la camilla con cuidado. Antes de salir, Charlie rodeó la cintura de Babe desde atrás, manos abiertas sobre el vientre redondo, barbilla apoyada en su hombro.

—Malee…— repitió Charlie en voz baja, sonriendo.— Nuestra nena.

Babe cubrió las manos de Charlie con las suyas, entrelazando los dedos.

—Malee. Perfecto.

Salieron del laboratorio tomados de la mano, el futuro pintándose más brillante y lleno de vida que nunca. La pequeña Malee ya tenía nombre, y sus padres ya la amaban con una fuerza que nada en el mundo podría romper.

Charlie y Babe caminaron juntos hacia el coche, hablando en voz baja sobre posibles colores para la habitación de Malee y riendo cada vez que recordaban cómo habían dicho su nombre al mismo tiempo.

Días después del nacimiento de Malee por cesárea, el departamento estaba envuelto en una paz tranquila y cálida. Malee había llegado al mundo sana, fuerte y con un llanto potente que hizo que tanto Charlie como Babe llorarán de emoción en la sala de partos. Ahora, ya en casa, todo parecía más suave, más lento, más lleno de amor.

Esa tarde, los chicos del equipo (Alan, Jeff, Sonic, North y Dean) habían venido a visitarlos por primera vez desde el nacimiento. Trajeron regalos, comida y muchas felicitaciones. Se quedaron un par de horas, haciendo bromas suaves y admirando a la pequeña Malee, pero pronto se despidieron para darles espacio a la nueva familia.

Ahora solo quedaban ellos tres.

Babe estaba sentado en el sofá de la sala, con la espalda bien apoyada en cojines.

Llevaba una camiseta holgada de Charlie, levantada hasta el pecho. Malee estaba en sus brazos, mamando con avidez de su pezón izquierdo. Los sonidos suaves y húmedos de succión llenaban el silencio cómodo de la habitación. La pequeña tenía los ojos entrecerrados, una manita diminuta apoyada en el pecho de Babe mientras bebía.

Charlie estaba sentado frente a ellos, en el sillón individual, con los codos sobre las rodillas y la barbilla apoyada en las manos.

No apartaba la mirada. Sus ojos oscuros recorrían con devoción la imagen frente a él: su Alfa especial amamantando a su hija. La feromona de Enigma que emanaba de él era cálida, protectora y profundamente posesiva.

Babe levantó la vista y notó cómo Charlie lo observaba fijamente. Sonrió con una ceja arqueada.

—¿Tengo algo en la cara, cachorro? No has parado de mirarme desde que los chicos se fueron.

Charlie sonrió lentamente, una sonrisa cargada de orgullo y posesión pura. Sus ojos bajaron un segundo al pecho de Babe, donde Malee seguía mamando con gusto, antes de volver a su rostro.

—Solo que el embarazo te sentó de maravilla…— respondió con voz grave y ronca.— Si antes ya eras una belleza, ahora lo eres más. Te ves…jodidamente perfecto así, mi amor. Con nuestra hija en brazos, alimentándola con tu cuerpo. Me vuelve loco de la mejor manera.

Babe se sonrojó intensamente. El rojo subió por sus mejillas y cuello, contrastando con su piel blanca. Bajó la mirada un momento, avergonzado pero claramente complacido.

—Idiota…— murmuró, aunque la comisura de sus labios se curvó hacia arriba.

Charlie soltó una risa baja y divertida, sin apartar los ojos de él.

Malee soltó el pezón izquierdo con un pequeño sonido húmedo y Babe la cambió rápidamente al derecho. Apenas acomodó a la bebé, Charlie volvió a fijar la mirada en sus pechos, ahora más llenos y pesados por la leche, los pezones oscuros y brillantes por la saliva de Malee.

Babe lo pilló de inmediato y entrecerró los ojos.

—Deja de mirarme el pecho con esos ojos de hambre, Charlie.

Charlie se mordió el labio inferior, sin ninguna vergüenza. Sus ojos brillaron con deseo descarado.

—Nunca…— contestó con voz baja y seductora.— Te miraré como yo quiera. Si necesitas ayuda…yo con gusto me entretengo chupando tus pezones, mi amor. Sé lo sensibles que están ahora. Puedo aliviarte cuando Malee termine…o incluso mientras duerme.

Babe soltó un bufido, aunque sus orejas seguían rojas. Agarró una almohada del sofá y se la lanzó con fuerza.

—¡Pervertido!

Charlie atrapó la almohada con facilidad gracias a sus reflejos de Enigma y se echó a reír, una risa profunda y genuina que llenó la habitación. Dejó la almohada a un lado y se levantó del sillón, acercándose al sofá con pasos lentos y seguros.

Se sentó con cuidado junto a Babe, pasando un brazo por detrás de sus hombros y atrayéndolo suavemente contra su costado.

Miró hacia abajo, observando cómo Malee seguía mamando tranquila del pecho derecho de Babe, los deditos moviéndose ligeramente.

—Soy un pervertido…— admitió Charlie en voz baja, besando la sien de Babe.— Pero solo contigo. Verte así, con nuestra hija en brazos, con el cuerpo cambiado por ella…me llena de algo que no puedo explicar. Orgullo. Deseo. Amor. Todo al mismo tiempo.

Babe suspiró, recostando la cabeza contra el hombro de Charlie. Su voz salió más suave ahora.

—Eres imposible…Pero me gusta que me mires así. Aunque me hagas sonrojar como un idiota.

Charlie sonrió y bajó la cabeza para besar el hombro descubierto de Babe.

—Malee tiene mucha suerte.— murmuró contra su piel.— Tiene al mejor papá del mundo. Y yo…tengo al Alfa más hermoso y fuerte que existe. El que me dio una hija preciosa.

Malee soltó el pezón con un pequeño suspiro de satisfacción y Babe la levantó con cuidado, apoyándola contra su hombro para que eructara. Charlie extendió una mano y acarició la espalda diminuta de su hija con dos dedos, con una delicadeza que contrastaba con su fuerza sobrehumana.

—Te amo.— dijo Charlie de pronto, mirando a Babe directamente a los ojos.— A ti y a ella. Más de lo que nunca imaginé que podía amar a alguien.

Babe sonrió, suave y cansado, pero lleno de felicidad.

—Y nosotros te amamos a ti, cachorro.

Charlie se inclinó y besó los labios de Babe con ternura, luego besó la cabecita de Malee, que ya empezaba a quedarse dormida contra el pecho de su padre.

Los tres se quedaron así, enredados en el sofá: Babe amamantando y luego acunando a su hija, Charlie rodeándolos con sus brazos, mirando a su pequeña familia con esa mezcla de amor posesivo y profunda gratitud.

El sonido suave de la respiración de Malee, el aroma cálido de feromonas familiares envolviéndolos, y Charlie y Babe compartiendo una mirada silenciosa que lo decía todo: habían llegado hasta aquí, juntos, y ahora tenían todo lo que necesitaban.

Meses después, la rutina en casa se había vuelto dulce y caótica al mismo tiempo. Malee ya tenía casi seis meses, dormía mejor por las noches, Babe y Charlie habían aprendido a moverse en sincronía perfecta como padres. Esa noche, Babe acababa de alimentar a la bebé en su habitación. Charlie la había mecido hasta que se quedó profundamente dormida, la arropó con cuidado y encendió el monitor de bebé antes de salir, cerrando la puerta con suavidad.

Todo estaba en orden. La casa en silencio, solo el leve zumbido del aire acondicionado.

Charlie caminó por el pasillo hacia la sala y se detuvo en seco al oír un quejido bajo y frustrado. Allí estaba Babe, de espaldas a él, solo con una camisa holgada de algodón que apenas le cubría los muslos. Tenía una mano dentro de la camiseta, tocándose los pezones con desesperación. La tela estaba mojada en dos puntos oscuros: la leche no paraba de salir, goteando por sus dedos y corriendo por su piel.

Charlie sonrió lentamente, esa sonrisa posesiva que siempre aparecía cuando veía a Babe así.

—¿Todo bien, mi amor?— preguntó con voz grave y divertida.

Babe se sobresaltó tanto que casi dio un salto. Sacó la mano de golpe y se acomodó la camisa hacia abajo con rapidez, pero no logró ocultar las manchas húmedas ni el rubor que le subió hasta las orejas.

—S-sí, todo bien, cachorro…— contestó nervioso, sin girarse del todo.— Iré a acostarme ahora.

Intentó pasar por su lado, pero Charlie fue más rápido. Una mano fuerte se cerró en su cintura, deteniéndolo en seco.

—¿Qué estabas haciendo, mi amor?— preguntó Charlie, voz baja y ronca, inclinándose para hablarle al oído.

Babe tragó saliva y mintió, mirando hacia otro lado.

—Nada…solo pensé que me había entrado un bicho.

Charlie soltó una risa oscura y divertida.

—Sí, el bicho producía leche por lo visto.

Babe se sonrojó hasta las puntas de las orejas. Intentó soltarse, pero Charlie lo atrajo con más fuerza contra su pecho, pegándolo a su cuerpo.

—No…déjame irme.— protestó Babe, aunque su voz ya sonaba más débil.

Charlie bajó un poco la camisa por el hombro de Babe, dejando al descubierto la piel blanca y sensible. Besó el hueco de su cuello con lentitud, lengua rozando la vena que latía rápido.

—¿Quieres qué te ayude, mi amor?— susurró contra su piel, aliento caliente.— Porque a mí me encantaría chuparte los pezones mientras te follo.

Babe quiso empujarlo, pero Charlie no se movió ni un centímetro.

—No, no es necesario…déjame irme.

El jadeo agudo que soltó Babe cuando Charlie bajó la cabeza y cerró los labios directamente sobre uno de sus pezones fue suficiente respuesta. Charlie chupó fuerte, tragando la leche dulce que brotó de inmediato, y Babe chilló bajito, manos agarrando los hombros del Enigma.

—No, cariño, no puedes…Dios, Charlie…

Charlie gruñó de placer contra su pecho, ojos brillantes de deseo y posesión. Sin esfuerzo, lo levantó por la cintura. Babe enredó las piernas alrededor de él por instinto. Charlie lo llevó contra la pared del pasillo con un golpe controlado, la espalda de Babe chocando contra la superficie fría.

—Joder…— murmuró Charlie, subiendo una mano por el muslo desnudo de Babe. Sus dedos rozaron la entrada y se detuvieron.— ¿No llevas ropa interior?

Babe respiraba agitado, mejillas rojas.

—S-sí…me sentía más cómodo…Últimamente todo me molesta después del embarazo.

Charlie gruñó, celos y rabia posesiva brillando en sus ojos.

—¿Saliste así para recibir al repartidor de comidas, Babe?

Babe intentó responder, pero Charlie ya había metido dos dedos gruesos y largos directamente en su entrada, sin aviso, empujando con fuerza hasta el fondo. Babe arqueó la espalda contra la pared con un gemido ahogado.

—Charlie…¡ah!

Charlie movió los dedos con rudeza, curvándolos y follándolo con ellos sin piedad, el sonido húmedo y obsceno llenando el pasillo.

—No vuelvas a hacer eso.— gruñó contra su cuello, mordiendo la piel mientras sus dedos entraban y salían rápido y profundo.— Hay bastardos que no pierden el tiempo en mirar cosas que no deben. Esta entrada es mía. Este cuerpo es mío. Solo yo puedo verte así.

Babe jadeaba, uñas clavadas en los hombros de Charlie, caderas moviéndose involuntariamente contra los dedos que lo abrían sin descanso.

—Charlie…más despacio…joder…

—Ni loco.— contestó Charlie, celoso y dominante, metiendo un tercer dedo de golpe, estirándolo con fuerza.— ¿Creíste qué podías andar por la casa medio desnudo y que yo no me iba a poner como loco? Mira cómo te mojas solo con mis dedos…tan apretado todavía, mi amor. Tan mío.

Sus dedos se movían con velocidad brutal, golpeando justo ese punto que hacía que Babe temblara entero. La leche seguía saliendo de sus pezones, mojando la camisa y el pecho de Charlie mientras este seguía follándolo con los dedos sin piedad.

—Dime que entiendes.— ordenó Charlie, voz ronca y posesiva, mordiendo el lóbulo de su oreja.— Dime que esta entrada solo la toco yo.

Babe gimió alto, cabeza echada hacia atrás contra la pared, cuerpo temblando.

—Sí…solo tú…joder, Charlie…solo tú…

Charlie sonrió contra su cuello, satisfecho y hambriento, sin dejar de mover los dedos con fuerza dentro de él, curvándolos y abriéndolo una y otra vez.

—Buen chico…Ahora vas a correrte solo con mis dedos, mi amor. Y después te voy a follar de verdad contra hasta que no puedas ni caminar.

Babe jadeando y temblando contra la pared, Charlie dominándolo por completo, dedos moviéndose sin parar dentro de él, celos y posesión envolviéndolos junto con sus feromonas mezcladas.

Charlie no dio tregua.

Sus tres dedos seguían moviéndose con fuerza brutal dentro de Babe, entrando y saliendo con un ritmo castigador, curvándose en cada embestida para golpear justo ese punto sensible que hacía que las piernas de Babe temblarán alrededor de su cintura. El sonido húmedo y obsceno de sus dedos follándolo llenaba el pasillo, mezclado con los jadeos entrecortados de Babe y los gruñidos bajos y posesivos de Charlie.

—Joder, mírate…— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo la piel blanca con fuerza suficiente para dejar una marca roja.— Tan mojado y abierto solo con mis dedos. ¿Te excita qué me ponga celoso, mi amor? ¿Te gusta qué te recuerde que este culo es solo mío?

Babe arqueó la espalda contra la pared, las uñas clavándose en los hombros anchos de Charlie. Su camisa estaba completamente empapada de leche en el pecho, los pezones duros y goteando sin control.

—Charlie…ah…más despacio…por favor…— gimió, voz rota, aunque sus caderas se movían hacia abajo buscando más profundidad.

Charlie soltó una risa oscura y aceleró el movimiento de sus dedos, follándolo con más rudeza.

—Ni hablar. Vas a correrte así, solo con mis dedos, como la belleza seductora que eres cuando te trato así.— Metió los dedos hasta el fondo y los movió en círculos rápidos y fuertes.— Esta entrada tan caliente y apretada…goteando para mí. ¿Crees qué voy a permitir que alguien más te vea así? ¿Medio desnudo, con leche saliendo de tus pechos y tu culo listo para ser follado?

Babe soltó un grito ahogado cuando Charlie curvó los dedos con precisión, golpeando su próstata sin piedad una y otra vez. Su polla, dura y goteante, rozaba contra el abdomen de Charlie con cada movimiento.

—Charlie…voy a…¡joder!

—Hazlo.— ordenó Charlie, voz grave y dominante, ojos oscuros brillando con celos y deseo.— Córrete en mis dedos, mi amor. Muéstrame cuánto te gusta que te reclame.

Babe se corrió con un gemido agudo y largo, cuerpo convulsionando contra la pared. Su entrada apretó los dedos de Charlie con fuerza mientras chorros calientes salían de su polla, manchando la camisa de ambos. La leche siguió brotando de sus pezones, mojando aún más la tela.

Charlie no sacó los dedos inmediatamente.

Los movió más lento, prolongando el orgasmo, follándolo con suavidad ahora mientras Babe temblaba y jadeaba intentando recuperar el aliento.

—Buen chico…— murmuró Charlie, besando su cuello sudoroso.— Tan perfecto cuando te corres para mí.

Finalmente retiró los dedos con un sonido húmedo y llevó a Babe hasta el sofá de la sala sin esfuerzo. Lo sentó en el borde y se arrodilló entre sus piernas abiertas. Sin decir una palabra, bajó la cabeza y cerró la boca alrededor de uno de los pezones aún goteantes de Babe.

Chupó con hambre, tragando la leche dulce y tibia que salía con cada succión fuerte. Babe gimió, una mano enredándose en el cabello de Charlie.

—Charlie…ya…estoy sensible…

Charlie levantó la vista solo un segundo, ojos oscuros y posesivos.

—Nunca es suficiente.— dijo antes de pasar al otro pezón, chupando con la misma avidez, una mano acariciando el interior del muslo de Babe mientras la otra sujetaba su cintura.

Después de beber hasta que la leche dejó de salir con tanta fuerza, Charlie se levantó, se bajó el pantalón lo suficiente para liberar su miembro grueso y duro, y se posicionó entre las piernas de Babe.

—Ahora sí.— gruñó, frotando la cabeza de su polla contra la entrada aún abierta y mojada.— Voy a follarte hasta que entiendas que no puedes andar por la casa así. Este cuerpo, estos pezones, este culo…todo es mío.

Empujó de una sola estocada profunda y brutal, enterrándose hasta el fondo. Babe echó la cabeza hacia atrás con un grito de placer, piernas envolviendo la cintura de Charlie otra vez.

—Charlie…¡sí!

Charlie empezó a embestir con fuerza salvaje, las caderas chocando contra el culo de Babe con golpes secos y profundos, una mano sujetando su cadera y la otra subiendo para pellizcar y tirar de uno de sus pezones sensibles.

—Dilo.— exigió mientras lo follaba sin piedad.— Dime que eres mío.

—Soy tuyo…— jadeó Babe, voz quebrada por cada embestida.— Solo tuyo…jjoder, Charlie…más fuerte…

Charlie sonrió con satisfacción posesiva y aceleró, follándolo contra el sofá con rudeza, mordiendo su cuello y chupando sus pezones entre embestida y embestida, reclamándolo por completo.

La noche apenas empezaba.

Charlie no se detuvo.

Sus embestidas eran brutales, profundas y sin piedad. Cada vez que sus caderas chocaban contra el culo de Babe, el sonido húmedo y carnoso resonaba en la sala junto con los gemidos entrecortados del Alfa. El sofá crujía bajo ellos mientras Charlie lo follaba con fuerza salvaje, sujetando sus caderas con ambas manos para mantenerlo exactamente donde quería.

—Joder, Babe…— gruñó contra su cuello, mordiendo la piel sensible.— Tan apretado todavía…incluso después de correrte en mis dedos. Este culo me traga entero como si estuviera hecho para mí.

Babe tenía la cabeza echada hacia atrás, boca abierta en un gemido constante, piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie.

Su camisa estaba completamente arrugada y mojada de leche y sudor, los pezones rojos e hinchados por las succiones anteriores.

—Charlie…ah…demasiado profundo…— jadeó, uñas clavándose en la espalda ancha del Enigma.

Charlie soltó una risa baja y oscura, acelerando el ritmo. Sacó casi todo su miembro grueso solo para volver a entrar de golpe, golpeando la próstata de Babe con cada estocada.

—¿Demasiado?— preguntó con voz ronca, celosa y dominante.— No te quejabas cuando saliste medio desnudo a abrirle la puerta al repartidor. Ahora vas a tomar todo lo que te dé. Este cuerpo es mío. Estos pechos llenos de leche son mías. Este culo caliente y mojado es mío.

Bajó la cabeza y capturó uno de los pezones de Babe entre sus labios, chupando con fuerza. La leche brotó inmediatamente, dulce y tibia, y Charlie tragó con avidez mientras seguía follándolo sin descanso. Babe soltó un grito agudo, arqueando la espalda, una mano enredándose en el cabello oscuro de Charlie.

—Charlie…¡Dios! No…estoy demasiado sensible…ah…

Charlie mordió suavemente el pezón antes de pasar al otro, succionando con más hambre, bebiendo mientras sus caderas no dejaban de moverse. El nudo en la base de su polla empezaba a hincharse, presionando contra la entrada de Babe con cada embestida.

—Nunca es suficiente.— gruñó contra su pecho, la lengua lamiendo la leche que se escapaba.— Quiero beber hasta la última gota mientras te lleno. Quiero que sientas mi nudo hinchándose dentro de ti…que sepas que nadie más va a tocarte nunca.

Babe temblaba entero, lágrimas de placer escapando por las comisuras de sus ojos. Su polla, dura otra vez, rozaba contra su propio abdomen con cada golpe.

—Charlie…voy a correrme otra vez…por favor…

Charlie levantó la cabeza, ojos oscuros brillando con posesión pura. Agarró la mandíbula de Babe con una mano y lo obligó a mirarlo.

—Mírame.— ordenó.— Quiero verte la cara cuando te corras con mi polla dentro.

Aceleró las embestidas, follándolo con violencia, el nudo ya hinchado presionando y estirando la entrada de Babe. Con la otra mano pellizcó y tiró de uno de sus pezones, haciendo que más leche saliera.

Babe se corrió con un grito roto, cuerpo convulsionando, entrada apretando el nudo de Charlie como un puño. Chorros calientes salpicaron entre sus cuerpos. Charlie gruñó guturalmente y empujó una última vez, enterrando el nudo completamente dentro de él. El orgasmo lo golpeó con fuerza, chorros espesos y calientes llenando a Babe hasta rebosar, el nudo sellándolos juntos.

Se quedaron unidos, jadeando pesadamente.

Charlie apoyó la frente contra la de Babe, respirando su aroma mezclado con leche y sexo.

—Eres mío…— susurró contra sus labios, voz aún ronca pero más suave ahora.— Solo mío, mi amor. No vuelvas a salir así. Me vuelves loco.

Babe, aún temblando por los orgasmos, soltó una risa débil y agotada.

—Pervertido celoso…— murmuró, besando la mandíbula de Charlie.— Pero sí…soy tuyo.

Charlie sonrió con satisfacción, besando sus labios con ternura posesiva mientras el nudo los mantenía conectados. Una mano bajó para acariciar con cuidado el abdomen de Babe, ahora más suave después del embarazo, y la otra limpió una lágrima de placer de su mejilla.

—Te amo.— dijo Charlie en voz baja.— A ti y a todo lo que tu cuerpo me da.

Babe cerró los ojos, exhausto pero feliz, rodeando el cuello de Charlie con los brazos.

—Y yo a ti, cachorro…aunque seas un maldito posesivo.

Se quedaron así un rato más, unidos por el nudo, besándose lentamente mientras la respiración de ambos se calmaba. En el monitor de bebé se oía la respiración tranquila de Malee, recordándoles que su pequeña familia estaba completa y a salvo.

Charlie besó la frente de Babe con devoción.

—Descansa, mi amor. Cuando el nudo baje te llevo a la cama…y mañana te voy a cuidar mejor.

Babe solo sonrió contra su cuello, demasiado cansado para contestar, pero claramente contento de estar exactamente donde estaba: envuelto en los brazos de su Enigma, lleno de él y completamente reclamado.

Los dos enredados en el sofá, el nudo aún manteniéndolos unidos, y el aroma de sus feromonas mezcladas llenando el aire con una mezcla de sexo, leche y amor posesivo.

Al día siguiente, la mañana transcurrió tranquila y llena de luz suave que entraba por las cortinas del departamento. El ambiente era cálido y doméstico, exactamente como ambos necesitaban después de la intensidad de la noche anterior.

Charlie estaba en la cocina preparando el desayuno mientras Babe alimentaba a Malee en el sofá. La pequeña, de casi seis meses, mamaba con gusto, sus manitas diminutas apoyadas en el pecho de Babe. Charlie se acercó con dos platos de fruta cortada y yogurt, se sentó al lado de ellos y sonrió al ver la escena.

—Mis dos amores.— dijo con voz suave, inclinándose para besar primero la coronilla de Malee y luego los labios de Babe.— ¿Cómo amaneció mi princesa hoy?

Babe sonrió, cansado pero feliz.

—Bien. Durmió casi toda la noche. Solo se despertó una vez para comer. Creo que está creciendo demasiado rápido.

Malee soltó el pezón con un pequeño sonido satisfecho y Babe la levantó para que eructara. Charlie extendió los brazos y Babe se la pasó con cuidado. El Enigma acunó a su hija contra su pecho ancho, meciéndola suavemente mientras hablaba con Babe sobre tonterías del día: qué comprar en el supermercado, si debían llevar a Malee al parque más tarde, y cómo Jeff había enviado un mensaje diciendo que quería visitarlos pronto.

Malee soltó una risita gorgoteante cuando Charlie hizo una cara graciosa, y ambos padres rieron con ella. Babe se inclinó y besó la mejilla de su hija, luego la de Charlie.

—Eres tan bueno con ella…— murmuró Babe, acariciando el brazo de Charlie.— Me encanta verte así.

—Ustedes dos me hacen querer ser mejor cada día.— respondió Charlie, besando la frente de Malee.

Después de un rato jugando y charlando entre risas, Malee empezó a bostezar. Charlie la llevó a su habitación, la cambió, la arropó y encendió el monitor. Cuando regresó a la sala, Babe ya estaba sentado en el sofá esperándolo.

Charlie se dejó caer en el centro del sofá y palmeó sus muslos.

—Ven aquí, mi amor.

Babe arqueó una ceja pero obedeció, sentándose a horcajadas sobre Charlie, rodillas a cada lado de sus caderas. Sus manos subieron automáticamente para acariciar el cabello oscuro del Enigma con cariño, peinando los mechones con los dedos.

—¿De qué quieres hablar hoy?— preguntó Babe en voz baja, sonriendo.

Charlie rodeó su cintura con los brazos, atrayéndolo más cerca.

—De lo afortunado que soy…de lo mucho que te amo…de lo hermoso que te ves ahora mismo.

Babe soltó una risa suave, pero el sonido se cortó en un suspiro tembloroso cuando Charlie bajó lo suficiente la camisa holgada que llevaba Babe, dejando al descubierto uno de sus pezones ya sensible e hinchado. Sin darle tiempo a protestar, Charlie inclinó la cabeza y cerró la boca alrededor de él, chupando con lentitud y profundidad.

Babe jadeó, dedos apretándose en el cabello de Charlie.

—Charlie…Dios…¿Acaso no te cansas?

Charlie levantó la vista solo un segundo, ojos oscuros llenos de deseo y amor, sin soltar el pezón. Chupó más fuerte, tragando la leche tibia y dulce que brotó inmediatamente, y luego respondió con voz ronca contra su piel:

—De ti nunca. Eres mi maldita obsesión, mi amor.

Babe intentó alejarse un poco, avergonzado, pero Charlie gruñó bajo y posesivo, una mano sujetando su cintura con firmeza para mantenerlo en su lugar.

—No te muevas.— ordenó contra el pecho de Babe, la lengua girando alrededor del pezón antes de chupar otra vez.

—Charlie…es demasiado…— protestó Babe, voz entrecortada, mejillas ardiendo.— Me da vergüenza…

Charlie soltó el pezón con un sonido húmedo y levantó la mirada, una sonrisa divertida y posesiva en los labios. La leche brillaba ligeramente en su boca.

—¿Vergüenza?— repitió, riendo bajito.— Que te chupe los pezones es normal, mi amor. Es tu cuerpo cuidando a nuestra hija…y yo solo estoy ayudando a aliviarte. Además…me vuelve loco lo dulce que sabe tu leche ahora.

Volvió a bajar la cabeza y capturó el otro pezón, chupando con más hambre esta vez. Babe soltó un gemido suave, el cuerpo temblando sobre el regazo de Charlie. Sus caderas se movieron involuntariamente, rozando contra la erección que ya crecía bajo el pantalón de chándal del Enigma.

—Charlie…ah…no es justo…— jadeó Babe, aunque sus dedos seguían enredados en el cabello de Charlie, sosteniéndolo contra su pecho en lugar de apartarlo.

Charlie chupó más fuerte, una mano subiendo por la espalda de Babe bajo la camisa mientras la otra bajaba hasta su culo, apretando una nalga con posesión.

—Déjame disfrutar, mi amor.— murmuró entre succiones, voz vibrando contra la piel sensible.— Déjame beber de ti mientras estás sentado encima de mí…tan caliente, tan lleno de leche para mí. Eres tan jodidamente perfecto así.

Babe mordió su labio inferior, intentando contener los gemidos, pero otro suspiro tembloroso escapó cuando Charlie alternó entre un pezón y el otro, chupando con devoción lenta y profunda, tragando cada gota que salía.

—Eres un pervertido…— susurró Babe, aunque su tono estaba lleno de cariño y deseo.

—Tu pervertido.— corrigió Charlie, mordiendo suavemente el pezón antes de lamerlo para calmarlo.— Y no pienso parar hasta que te hayas corrido solo con esto…o hasta que me pidas que te folle aquí mismo en el sofá.

Babe soltó una risa entrecortada y avergonzada, escondiendo el rostro en el cuello de Charlie mientras este seguía chupando con hambre tranquila, manos acariciando su cuerpo con ternura posesiva.

El monitor de bebé seguía en silencio. Malee dormía profundamente su siesta.

Y por el momento, solo existían ellos dos en esa intimidad doméstica y cargada de deseo: Babe a horcajadas sobre Charlie, camisa bajada, pezones siendo atendidos con devoción obsesiva, y el sonido suave de succiones y gemidos bajos llenando la sala.

Después de ese momento intenso en el sofá, donde Charlie había saciado su obsesión con el pecho de Babe y lo había follado hasta dejarlo temblando y lleno de su nudo, ambos se tomaron unos minutos para recuperar el aliento. Babe, aún sonrojado y con la respiración agitada, se levantó con las piernas inestables mientras Charlie lo observaba con esa sonrisa satisfecha que tanto lo irritaba y excitaba al mismo tiempo.

Babe se dio una ducha y se puso ropa para salir, fue a la habitación de Malee. La pequeña seguía dormida plácidamente en su cuna. Con mucho cuidado la levantó, la cambió y la vistió con un trajecito ligero y cómodo para el parque. Preparó la pañalera con todo lo necesario: pañales, toallitas, un biberón extra, protector solar y una manta ligera.

Cuando ya tenía todo listo y Malee en sus brazos, Babe sintió la presencia de Charlie detrás de él. Se giró y allí estaba, apoyado en el marco de la puerta, mirándolo con esa expresión que tanto le molestaba: diversión, orgullo y una satisfacción profunda y posesiva.

Babe entrecerró los ojos.

—Eres un demonio, Charlie.— protestó, voz baja para no despertar a la bebé.

Charlie soltó una risa baja y ronca, cruzando los brazos sobre el pecho.

—¿Qué? A mí me gustó chuparte y follarte. No oí quejas tuyas…Al contrario, me pedías más. “Charlie, más fuerte… no pares…”— imitó su voz entre gemidos con una sonrisa traviesa.

Babe enrojeció hasta las orejas. Golpeó el brazo de Charlie con la mano libre, aunque sin fuerza real.

—¡Cállate, idiota!— regañó en voz baja pero firme.— No digas esas cosas delante de mi hija.

Charlie se acercó con pasos lentos, rodeó la cintura de Babe con un brazo sin apretar demasiado para no molestar a Malee, y lo atrajo contra su cuerpo con cuidado.

—Nuestra hija.— corrigió con voz grave y posesiva, mirándolo directamente a los ojos.— Al igual que tú eres mío, mi amor. Además, solo dije verdades.

Babe bufó, aunque el rubor no desaparecía de sus mejillas.

—Contigo no se puede…

Charlie tomó suavemente la barbilla de Babe con dos dedos, inclinó su rostro hacia arriba y lo besó con cariño profundo y amoroso. Fue un beso lento, suave, lleno de ternura, sin la urgencia de antes. Sus labios se movieron con devoción contra los de Babe, saboreándolo con calma.

Cuando se separaron, Charlie apoyó su frente contra la de él y susurró:

—Te encanta que sea así, mi amor.

Babe suspiró, derrotado pero sonriendo apenas.

—Vamos al parque antes de que te dé otra idea loca.

Charlie rió bajito y tomó la pañalera con una mano, mientras Babe cargaba a Malee.

Salieron juntos del departamento, caminando hacia el parque cercano bajo el sol de la tarde.

El parque estaba bonito y tranquilo.

Encontraron un lugar sombreado bajo un árbol grande. Charlie extendió la manta en el césped y Babe sentó a Malee con cuidado entre los dos. La pequeña estaba despierta y curiosa, mirando todo con sus ojitos grandes, soltando gorgoteos y risitas cuando Charlie hacía caras graciosas o movía un sonajero frente a ella.

Babe se recostó un poco hacia atrás, apoyado en los codos, observando la escena con una sonrisa suave.

—Nunca pensé que esto sería posible…— murmuró.— Tú, yo, ella…después de todo lo que pasamos.

Charlie se inclinó y besó su hombro.

—Pues aquí estamos. Y no cambiaría nada.

Malee gateó un poco sobre la manta y Babe la ayudó, sosteniéndola cuando intentaba levantarse. Charlie sacó su teléfono y tomó varias fotos de los tres juntos: Babe besando la mejilla de Malee, Charlie sosteniendo a su hija en alto mientras ella reía, y una selfie donde los tres aparecían sonriendo.

En un momento, Malee se cansó y se acurrucó contra el pecho de Babe, empezando a cerrar los ojitos. Charlie se acercó más y rodeó los hombros de Babe con un brazo, atrayéndolos a ambos contra su costado.

—Te ves hermoso así, mi amor.— susurró Charlie contra su cabello.— Con nuestra hija en brazos…con esa cara de papá cansado pero feliz. Me dan ganas de llevarlos a casa y repetir lo de hace rato.

Babe le dio un codazo suave en las costillas, riendo bajito para no despertar a Malee.

—Eres incorregible. Acabamos de salir de casa y ya estás pensando en eso.

Charlie besó su sien, sonrisa orgullosa.

—Siempre pienso en eso cuando te miro. Pero por ahora…solo quiero disfrutar de este momento. Los tres juntos. Sin prisa. Sin peligro. Solo nosotros.

Babe apoyó la cabeza en el hombro de Charlie, observando cómo Malee dormía plácidamente contra su pecho.

—Malee…nuestra pequeña flor.— dijo en voz baja.— Gracias por darme esto, Charlie. Por luchar conmigo. Por quedarte.

Charlie apretó el abrazo con ternura.

—Gracias a ti por confiar en mí otra vez…y por darme la familia que nunca supe que necesitaba tanto.

Se quedaron allí un rato más, en silencio cómodo, disfrutando del sol, del viento suave y de la risa ocasional de otros niños en la distancia. Charlie acariciaba la espalda de Babe con movimientos lentos mientras Babe sostenía a su hija dormida.

Era un día simple, doméstico y perfecto. Un momento de paz que ambos habían ganado después de tanto tiempo de tormenta.

Los tres bajo el árbol: Malee durmiendo tranquila en los brazos de Babe, Charlie abrazando a su familia con esa protección silenciosa de Enigma, y Babe sonriendo con una felicidad tranquila que le llenaba el pecho.

¡FIN!

Dedicado a @patricia19898 la idea que me habías pedido, espero te guste….Gracias por el apoyo de siempre….

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Heartwarming

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Shocking

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Good Writing

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Good Writing

Compelling Plot

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Compelling Plot

Great Character

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Strong Dialog

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Strong Dialog

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Me gustó bastante 🫶🏻

4 months
1
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Amé (como siempre todo lo que escribes) creo que iré a ver de nuevo el capítulo donde Babe llega al depto de Charlie 🤭😍

4 months
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me encanta, que charlie se posesivo con Babe y a la vez Babe se igual son el uno para el otro en todos los multiversos. Este charlie esta otro nivel con la lechita de mami 🤣🤣 lo volvere a leer 🤫🤤.
amo tus historias ojala puedas hacer una que Babe o Pavel sea maestro y Pooh o Charlie estudiante es su fantasia de pavel 😊

4 months
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