Prologue.
Las paredes blancas de la habitación eran demasiado molestas a mitad del día, recordándole la soledad que lo carcomía en el espacio tan grande. Él creía que debía tratar de recuperar el ritmo de su vida, así que un día aleatorio de invierno decidió retomar sus estudios el año próximo.
El invierno terminó, y él pensó que recibió otra época sin errar. Un logro que podría sonar absurdo. Tal vez lo era. Yoongi no estaba seguro de ello desde que el camino dejó de tener forma en el asfalto.
La universidad funcionó lo suficiente para ser una distracción viable. Por lo que tomarle la palabra a su progenitora en este punto de su vida no parecía una mala opción. Él estaba internamente agradecido por ello. Sin embargo, una tarde, Yoongi decidió tomar una ruta diferente a la habitual, con el afán de llegar a casa minutos antes de la cena.
Yoongi nunca había creído en las historias de terror y mucho menos en lugares malditos. Demasiado ocupado para creer en cuentos para niños.
Él debería tener miedo. La curiosidad es una parte del ser humano que, en muchas ocasiones, podría llevarlo a un desenlace sin reparo.
Yoongi estaba consciente, el sitio coloreado de una extraña paleta de colores excesivamente fosforescentes y locales abandonados, deberían ser motivo suficiente para retroceder. Algo no está bien. Él no estaba seguro de haber visto este lugar.
Girando sobre sus pies, Yoongi está dispuesto a no seguir avanzando. Él debería huir. Pero aquellos ojos verdes que lo miran con curiosidad terminan orillando a Yoongi a quedarse.
Yoongi no debió ir en busca de él. Su realidad se distorsiona, sintiéndose drogado. El hombre parece querer arrastrarlo a la locura, o quizás Yoongi siempre estuvo allí.