The Echo Of Those Who Do Not Forget. JJK-KTJ

Summary

Capitán de la Guardia de élite. Récord de capturas impecable. El perro perfecto de un sistema que aplasta a los suyos. Los Omegas le escupen cuando pasa. Los Alfas le temen. Jungkook no era ningún santo, sus manos estaban manchadas de sangre de los suyos y de quienes no lo eran. Era un traidor para muchos, pero un héroe para los pocos que había ayudado a salir de las prensiones de aquel despreciable Jardín. ¿Será que logrará conseguir su cometido?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Tres Años Antes.



El Jardín de Seúl nunca olía a flores.

Completamente irónico, considerando que era un Jardín.

Jungkook lo aprendió desde el primer momento que puso un pie en ese lugar. Ahora, acostado en la cama, con las rodillas pegadas al pecho y los ojos fijos en la mancha de humedad del techo, lo recordaba con una claridad que le revolvía el estómago.

La nariz le picaba de vez en cuando. Los guardias rociaban los pasillos a cada hora con un perfume empalagoso, tan artificial que parecía burlarse de ellos. Un intento desesperado de ocultar lo que realmente habitaba el Jardín.

Miedo.

Ese olor insoportable que se pegaba a los pulmones cada noche, que se filtraba por las rendijas de las puertas, que no se iba ni con el perfume más caro.

Había algo más. Algo que le costó poco tiempo reconocer.

Desesperanza.

“No te duermes.”

La voz de Yoongi llegó desde la litera de arriba, sacándolo de sus pensamientos.

No era una pregunta. Yoongi nunca preguntaba cosas obvias. Después de más de quince años compartiendo la misma celda, la misma habitación, la misma vida entera, sabía leerlo mejor que nadie. Sabía cuándo fingía dormir. Sabía cuándo su silencio era descanso y cuándo era otra cosa.

“No puedo.” respondió Jungkook, y su voz salió más pequeña de lo que quería.

Oyó el crujido de la litera, el roce de las sábanas, y luego sintió un peso conocido en su colchón. Cuando se giró, Yoongi ya estaba a su lado, ocupando la mitad de su estrecho espacio con la misma naturalidad con la que lo había hecho todos esos años.

“¿Es por lo de mañana?”

Jungkook no respondió. No hacía falta.

Mañana. La palabra sonaba a sentencia. Mañana iban a separarlos. Mañana él sería parte de la Guardia de Hierro, ese programa que convertía a los Omegas en perros de caza.

Y Yoongi...

“No voy a dejar que te lleven.”

La rabia le quemó el pecho. Caliente. Amarga. La misma que llevaba años reprimiendo porque en el Jardín cualquier emoción que no fuera sumisión era castigada.

“No voy a dejar...”

“Jungkook.”

La mano de Yoongi encontró la suya en la oscuridad. La sujetó con suavidad, pero la apretó con una firmeza que conocía bien. La misma que lo había anclado tantas veces cuando el mundo se desmoronaba.

“Escúchame bien.”

Esa voz. Jungkook la había aprendido a respetar desde que tenía uso de memoria. La misma que lo calmaba cuando las inspecciones llegaban y él se escondía en los baños, pidiéndole a la diosa luna que no lo encontraran.

“Vas a ir a la Guardia.” dijo Yoongi, pausado, como si cada palabra fuera un ladrillo en un muro. “Vas a hacer todo lo que te digan, vas a ser el mejor de todos ahí. El más fuerte. El que ni el Alfa élite más jodido pueda doblegar.”

Hizo una pausa, Jungkook sintió sus dedos apretar los suyos.

“Porque eres así, Jungkook. Eres de hierro.”

La garganta le ardió.

“No quiero ser de hierro.” susurró, y odió cómo se le quebraba la voz. “Quiero quedarme contigo.”

“Y te vas a quedar.”

Jungkook levantó la cabeza, confundido, buscando su rostro en la penumbra.

Yoongi le sonrió. No era la sonrisa que usaba con los guardias para que lo dejaran en paz. No era la que usaba con otros Omegas para calmarlos. Era otra, más sincera, más triste, más real.

“No te voy a dejar.” Afirmó. “No importa dónde me lleven. No importa lo que pase, voy a volver. Y tú vas a estar ahí para encontrarme.”

“¿Cómo lo sabes?”

“Porque te lo prometo.”

Jungkook apretó los dientes, las promesas en el Jardín no valían nada. Eran papel mojado en un mundo de Alfas.

Pero Yoongi siempre había sido diferente.

“Prométemelo otra vez.” pidió, la voz ronca por el llanto contenido.

“Te voy a encontrar, Jungkookie.” respondió Yoongi, y esta vez su voz era un susurro tan bajo que solo él pudo escucharlo. “Donde sea que estés, cuando sea que sea. Te voy a encontrar.”

“Y yo a ti.” Jungkook sintió la promesa grabarse en sus huesos, algo que ningún supresor ni Alfa podría arrancarle. “Siempre. Siempre te voy a encontrar.”

Yoongi apoyó la frente contra la suya con una sonrisa. En la oscuridad de esa celda, el Jardín les había quitado todo, pero ese momento era solo de ellos.

“Cuando vuelvas a verme.” dijo Yoongi, separándose lo suficiente para mirarlo a los ojos, “No voy a ser el mismo, tú tampoco vas a ser el mismo. Pero vamos a reconocernos.”

“¿Por qué?”

La luz de la luna que se filtraba por la pequeña ventana apenas alcanzaba a iluminar su rostro, pero Jungkook lo vio sonreír.

“Porque los que amamos en la oscuridad.” dijo Yoongi, bajito. “siempre volvemos a encontrarnos.”

No durmieron esa noche.

Hablaron hasta que el cielo empezó a clarear, ese cielo gris que Jungkook veía cada mañana a través de la ventana. Hablaron de cosas pequeñas. Del día que se conocieron. De la primera vez que Yoongi lo hizo reír después de semanas de silencio. De las estrellas que nunca podían ver, pero que Yoongi decía que estaban ahí, aunque la luz de la ciudad las ocultara.

Cuando los guardias vinieron a buscarlo a media tarde, Jungkook no lloró.

Yoongi le había enseñado que los Omegas no lloran donde puedan verlos. No donde un Alfa pueda alimentar su ego con sus lágrimas.

Se puso de pie. Se puso el uniforme que le habían dejado en la puerta. Y antes de salir, se volvió a mirar a Yoongi una última vez.

Yoongi estaba en medio de la celda, con los brazos cruzados y la cabeza alta. El corazón se le hundía en el pecho al ver a Jungkook alejarse, pero su postura no se quebró. Había cosas que no había terminado de decirle. Cosas que no había terminado de enseñarle.

Pero muy dentro de sí, sabía que iba a estar bien.

“Te voy a encontrar.” dijo Jungkook. Tenía los ojos rojos, pero ni una sola lágrima había caído.

Yoongi sonrió, aunque la voz le salió más ronca de lo que quería.

“Lo sé.”

Esa sonrisa fue lo último que Jungkook vio antes de que la puerta se cerrara.

Después, solo quedó el eco de sus pasos en el pasillo.

Y una promesa grabada en los huesos.

Te voy a encontrar.

Siempre.