EL NACIMIENTO DE UN MONSTRUO

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Summary

En un reino donde la guerra dejó cicatrices imborrables, un niño fue marcado como culpable… y condenado por todos. Su nombre es Cehnt. Lo perdió todo: su padre, su hogar… y finalmente, a su madre. Pero el dolor no lo destruyó… lo transformó. Entre fuego, sangre y traición, nació un guerrero que ya no teme morir. Uo que no cree en la justicia… solo en la venganza. Ahora, con el reino tras su cabeza y su destino sellado, Cehnt emprende un camino sin retorno. Porque cuando un hombre ya no tiene nada que perder… se convierte en el mayor peligro de todos.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1


En un tiempo muy remoto, en una época donde el valor de la palabra y la honra del hombre eran invaluables —tan importantes que llegaban a pesar más que el mismísimo oro—, se narra la historia de un hombre que fue desechado, apartado y menospreciado.

Su vida comenzó en Maronia, un pequeño pueblo campesino donde solo existían dos familias pudientes, dueñas de grandes extensiones de tierra. En esas tierras trabajaban los padres del protagonista, cuyo nombre es CEHNT, quien desde muy niño aprendió lo que era el esfuerzo, el cansancio y el peso del sol sobre la espalda.

Sus manos, aunque pequeñas, ya conocían la tierra. Sus ojos, aunque inocentes, empezaban a entender el mundo.

A la edad de doce años, CEHNT ya ayudaba a sus padres como un hombre más. Fue en ese mismo año cuando conoció el verdadero rostro del horror.

La guerra.

Naciones vecinas habían entrado en conflicto, y como siempre, los más afectados eran aquellos que quedaban atrapados en medio. El pueblo de CEHNT, aislado y aparentemente olvidado por el mundo, creyó que jamás sería alcanzado por aquel caos.

Se equivocaron.

Una noche, el silencio fue roto por un estruendo profundo. No era un trueno… era el trote de cientos, quizá miles de caballos. La tierra vibraba bajo los pies, como si el mundo estuviera a punto de partirse en dos.

Los habitantes salieron de sus casas, confundidos, asustados… solo para descubrir la verdad:

La guerra había llegado.

Ambos ejércitos se preparaban para enfrentarse, y su pueblo estaba justo en medio.

El miedo no dio tiempo a pensar. CEHNT y sus padres tomaron lo poco que pudieron cargar: provisiones, agua, lo esencial para huir. Pero antes de que pudieran escapar, fueron interceptados por los guardias del reino, quienes reclutaban hombres a la fuerza.

El padre de CEHNT no dudó.

Sabía lo que debía hacer.

Para protegerlos, se entregó.

La madre y CEHNT, junto con otros habitantes, huyeron hacia el bosque en busca de refugio, mientras detrás de ellos comenzaba el infierno.

Cuando la batalla estalló, el aire se llenó de gritos, acero y muerte. Flechas surcaban el cielo como lluvia negra. Hombres corrían con furia, impulsados por el honor, el miedo… o simplemente por sobrevivir.

Algunos caían sin siquiera entender qué los había alcanzado. Otros gritaban, heridos, aferrándose a la vida. Y unos pocos, los más hábiles, esquivaban la muerte por segundos… solo para enfrentarla de nuevo.

Fue entonces cuando todo se detuvo.

Un hombre avanzó.

Su presencia era distinta. Su forma de moverse imponía respeto. Sin levantar la voz, sin necesidad de gritar, logró algo impensable:

Detener la batalla.

Desafió al más fuerte del bando enemigo.

No importaba si moría. Lo que buscaba era algo más grande: ser recordado.

Y alguien respondió al reto.

De entre las filas enemigas emergió una figura imposible. Un hombre gigantesco, cuya altura rozaba lo inhumano. Lo llamaban “el trol”.

El silencio cayó sobre el campo.

El gigante tensó su cuerpo. No retrocedió.

Sintió miedo… pero no dudó.

Desde lo alto de una colina, CEHNT observaba todo. Había escapado de su madre, guiado por una curiosidad más fuerte que el miedo. Bajó al pueblo y subió a una torre de vigilancia.

Desde allí… lo vio todo.

El primer golpe retumbó como un trueno.

Escudo contra escudo.

—¡BAM!

Luego el acero.

—¡CLAN!

—¡CLIL!

Las espadas chocaban con violencia, cada impacto era una promesa de muerte. El gigante atacó con brutalidad y logró aturdir al caballero con un golpe seco de escudo. Aprovechó la ventaja y lanzó un corte certero.

Pero no era un error.

Era una trampa.

El caballero, Zamber, sabía que no podía vencer a distancia. Necesitaba acercarse. Arriesgó todo por un solo momento… y lo consiguió.

Se lanzó sobre su enemigo con la ferocidad de un depredador. El gigante intentó liberarse, pero Zamber se aferró a él como un animal que sabe que, si suelta, muere.

Engañó su mirada.

Simuló un ataque a la cabeza… y en el último instante desvió la espada hacia la pierna.

El gigante perdió estabilidad.

El segundo corte fue más cruel.

Los tendones de su brazo cedieron.

El miedo apareció en los ojos del gigante. Por primera vez, entendió la verdad: no era el cazador.

Era la presa.

Zamber no dudó.

Su espada atravesó el corazón.

El silencio regresó… pesado, absoluto.

Y entonces, una voz rompió todo.

—¡SIIIIIIIIII, GANÓ EL CABALLERO!

Era CEHNT.

Desde la torre, gritaba con emoción, sin entender del todo lo que acababa de presenciar.

Pero la guerra no había terminado.

El caos regresó.

Zamber, herido y agotado, apenas podía mantenerse en pie. Sabía que no resistiría otro enfrentamiento. Así que corrió hacia la iglesia y se encerró.

CEHNT, impulsado por algo que ni él comprendía, bajó de la torre y corrió tras él. La puerta estaba cerrada, pero encontró otra forma de entrar.

Mientras tanto, su padre luchaba.

Cuando llegó a la torre y no vio a su hijo, sintió un alivio breve… seguido de una nueva preocupación. No tuvo tiempo de pensar. Un enemigo lo atacó.

Las espadas chocaron.

Pero él no peleó como caballero.

Peleó como campesino.

Tomó una herramienta de trabajo… y con un golpe brutal acabó con la vida de su oponente.

Cuando todo terminó, el pueblo ya no era el mismo.

Ruinas.

Silencio.

Muerte.

Dentro de la iglesia, CEHNT encontró a Zamber. Herido, debilitado… humano.

Se ofreció a ayudarlo.

El caballero dudó.

Pero el niño insistió.

—Sé curar… mi padre me enseñó con los animales.

Zamber lo miró por un momento… y aceptó.

—No hay mucha diferencia —murmuró.

CEHNT limpió la herida con cuidado. Sus manos temblaban, pero no se detuvo.

—Es profunda… —advirtió—. No puedo curarte del todo, pero esto te ayudará a seguir.

Cuando la guerra terminó, el padre de CEHNT decidió abandonar las armas.

Solo quería volver con su familia.

Pero el reino no lo vio así.

Lo llamaron desertor.

Y alguien debía juzgarlo.

Zamber.

Cuando el caballero salió de la iglesia, fue llamado.

—Hemos encontrado a un traidor.

Él no dudó.

—Llévenme.

Sin saberlo, CEHNT caminaba a su lado.

Al llegar… el mundo del niño se rompió.

Era su padre.

Intentó acercarse, abrirse paso… pero no llegó a tiempo.

La espada cayó.

Y con ella… todo.

El silencio que siguió fue distinto.

Más frío.

Más vacío.

Cuando por fin llegó hasta el cuerpo, levantó la mirada y encontró a Zamber.

Y en sus ojos… ya no había inocencia.

Solo odio.

—YO TE AYUDÉ… —su voz temblaba, pero no de miedo—. Y AHORA ME ARREPIENTO.

Nadie habló.

—MATASTE A MI PADRE… EL QUE PELEÓ JUNTO A TI.

Sus palabras no eran de un niño.

Eran de algo que acababa de romperse.

—MÁTAME AHORA… —continuó—. PORQUE DESDE HOY LE DARÉ LA ESPALDA A LA CORONA Y AL REINO…

Hizo una pausa.

Y entonces lo dejó claro.

—Y HAN GANADO UN ENEMIGO MORTAL.

Nadie lo tomó en serio.

Grave error.

Los días pasaron. La guerra terminó. El pueblo regresó… o lo que quedaba de él.

La madre, desesperada, buscó a su hijo entre los restos… hasta que lo encontró.

Ahí estaba.

De pie.

En silencio.

Junto al cuerpo de su padre.

Ella cayó de rodillas, rota por dentro, aliviada de verlo con vida.

Pero no entendía.

No podía.

Porque aunque su hijo seguía ahí…

El niño ya no existía.

Ese día, la guerra no solo destruyó un pueblo.

Creó algo más.

Algo que crecería en silencio…

esperando.