El Eco del desprecio
Nací rodeada de lujos, pero también de maltratos. En este mundo, la magia lo es todo; es la moneda, el estatus y el aire que respiramos. Mi familia, los Dimin, son la máxima representación de ese poder. Mi hermana Úrsula posee un 80% de capacidad mágica y mi hermano León un impresionante 90%.
Y luego estoy yo, Sabrina Dimin. Nací con apenas un 1%. Para mi familia, yo no era una hija; era la decepción.Aún conservo un recuerdo que me quema el pecho. Tenía solo seis años. Estaba en el jardín intentando impresionar a mi padre, el señor Damian Dimin. Con mucho esfuerzo, logré crear unas pequeñas gotas de agua que flotaban en el aire.
¡Papá, mira! Hice gotas de agua —exclamé con una sonrisa llena de esperanza.Mi padre ni siquiera me miró. Su rostro, enmarcado por su cabello negro y sus gélidos ojos azules, solo mostraba fastidio.—Permiso, Sabrina. Estoy ocupado para tus estupideces —respondió con voz cortante.Sin embargo, su expresión cambió por completo cuando vio a mis hermanos acercarse. Sus ojos brillaron con un orgullo que nunca conocería.—¡Hijos! Estoy tan orgulloso de ustedes —les dijo, abrazándolos—. Son la verdadera representación de la familia Dimin. ¡Vamos, los llevaré a jugar!Me quedé allí, sola, mirando cómo se alejaban. Mi madre, Lady Lia, observaba la escena en silencio. Ella tiene mis mismos ojos rojos, pero su cabello es rubio y su mirada siempre parece estar en otro lugar, lejos de mí. Así pasé toda mi infancia: siendo la sombra, la excluida, la "invisible" en un palacio lleno de luz.Doce años han pasado desde aquel día. Hoy el aire se siente diferente, aunque el trato sea el mismo.—Señorita Sabrina, feliz cumpleaños número diecisiete —dijo Estefani, la criada, entrando a mi habitación con una pequeña reverencia.—Muchas gracias, Estefani —respondí, forzando una sonrisa.Diecisiete años. En un mundo de magia, soy una anomalía, pero hoy algo se siente distinto en mi interior.
Hoy algo se siente diferente.
—¡Buenos días, señorita! —decían todos en los pasillos al verme pasar.
Todos me felicitaban, pero dentro de mi alma sabía que la mayoría era por lástima. El día en que nací fue un día de decepción y expectativas rotas.
—Buenos días —dije mientras entraba al comedor a desayunar.
—Lady Dimin, ¡feliz cumpleaños, Sabrina! —dijo mi madre, y luego mi padre y mis hermanos por igual.
—¡Muchas gracias! —dije fingiendo estar feliz mientras comíamos.
De pronto, mi padre, el señor Dimin, habló con voz firme:
—Ya tienes 17 años y eres una Dimin. Debes ir a la Escuela Real de Hechicería.
—¿Qué? —dije desconcertada—. Pero, padre...
—No hay "peros", Sabrina. Tengo apenas un 1% de magia, no califico.
—Con conexiones todo es posible —me interrumpió él—. No hay "peros", Sabrina. Tienes que tener relaciones para ser alguien en el futuro. Harás conexiones, te casarás y representarás a la familia Dimin. Punto final.
Sentí un nudo en la garganta, pero la rabia fue más fuerte.
—¡Mi hermana Úrsula tiene 18 años y no está obligada a nada! —exclamé enojada, levantándome bruscamente de la mesa.
—Ella sí tiene talento —dijo mi padre sin siquiera mirarme.
Esas palabras fueron como una bofetada en mi rostro. No dije nada más.
—Bien —respondí con un frío cortante.
Me retiré del comedor y entré a mi habitación, mi único lugar seguro.
No grité, no hice ruido, pero algo en mí se rompió para siempre.
Aprendí a callar, porque explicar lo que sentía dolía más que guardarlo.
No lloré esa noche, pero entendí que hay silencios que duelen más que las lágrimas.
Mientras me quedaba quieta en la oscuridad de mi cuarto, mi mente viajó a las lecciones de historia que tanto odiaba. Mis tutores siempre me repetían lo mismo: "Sabrina, este mundo no es para los débiles. Se rige por el poder puro de las Esencias Elementales".
Me enseñaron que existen cuatro grandes reinos, cada uno bendecido por una forma de magia elemental que define su cultura y su fuerza:
Los vastian (Familia Real): Controlan el Hielo Eterno, una magia de Agua tan fría que puede congelar hasta el tiempo y el alma.
Los Dalton: Señores de la Llama Carmesí, un Fuego implacable que no se apaga con agua y que consume la energía mágica a su alrededor y fundadores de la academia de hechicería y magia más grande de todos los tiempos.
Los Leyker: Maestros de la Tempestad Voraz, el Aire que domina los vientos de tormenta y la electricidad del rayo.
Los Lincon: Protectores de la Roca Profunda, la Tierra que puede moldear montañas, crear metales preciosos y resistir cualquier ataque.
Estas son las cuatro Familias Celestiales. Luego estamos nosotros, los Nobles. Los Dimin somos nobles de alto rango, con siglos de historia, pero no poseemos una Esencia Elemental pura. Por eso mi 1% de magia es una "deshonra" para mi padre no tengo el poder para competir con los Celestiales.
Y mucho más abajo, están los nobles de clase media, baja y, por último, los plebeyos.
¿Qué lugar tengo yo en este mundo de prodigios? Ninguno. Soy solo una Anomalía.
Unos días después, mi criada entró a mi habitación. Era la única persona que siempre estaba ahí para mí, la única que me veía como a una persona y no como a un error.
—¡Lady Sabrina! ¿Qué pasó?
—preguntó preocupada mi criada Claudia al ver mi expresión.
A pesar de todo, mi habitación era mi lugar acogedor y ella siempre me consolaba. No pude decirle nada, simplemente la abracé y dejé que su calor me calmara.
Mientras tanto, mi padre había llegado a la Academia de Hechicería Dalton.
—Es un placer recibirlo, señor Dimin. ¿A qué se debe su visita? —preguntó el Director Dalton en su despacho.
—Seré claro y breve —respondió mi padre con su habitual frialdad—. Quiero que mi hija menor ingrese lo más pronto posible a la Academia.
El Director Dalton revisó unos papeles y frunció el ceño.
—Con un 1% de magia es un caso especial y difícil, señor Dimin. La Academia Dalton es un lugar para prodigios. No debería enviarla aquí, sino a una academia normal.
—No. Me gustaría que estuviera aquí porque es una Dimin —sentenció mi padre.
—Okey, entiendo. Pero, ¿está consciente de que su hija no tiene suficientes capacidades y que los otros estudiantes la verán como una "Anomalía"? —preguntó el director, usando esa palabra que yo tanto odiaba.
—Sí, estoy consciente —respondió él sin dudar, como si yo fuera solo un objeto más en su plan.
Meses después: El ingreso
Hoy es mi ingreso a la Academia. Estoy ansiosa... y aterrada. ¿Cómo estará una chica sin magia en una escuela llena de prodigios y Celestiales?
—Hoy será la fiesta de ingreso —dijo Úrsula, mi hermana mayor—. ¡Papá! Iré de compras con Leo compraremos ropa para la fiesta
—Llévense a Sabrina —ordenó mi padre de repente.
Úrsula se quedó callada, un poco sorprendida por la petición de su padre, pero terminó asintiendo con indiferencia.
La Fiesta de Bienvenida
El salón de actos de la Academia Dalton estaba a reventar. El Director Dalton subió al estrado.
—¡Es un placer recibirlos a todos! La Academia de Magia y Hechicería Dalton abre sus puertas y le da la bienvenida a los de nuevo ingreso.
El salón estaba lleno de nobles de todas las clases. En cuanto entré, sentí todas las miradas sobre mí. Me miraban como a un "bicho raro".
—¿Qué hace aquí Sabrina Dimin? ¡Jajaja! Lo que hacen las conexiones... No tiene magia y entró a una escuela de élite —cuchicheaban entre la multitud.
Pero no me importa. Aprendí a callar.
Mientras mis hermanos eran el centro de atención y mis padres presumían a sus hijos "con talento", yo me mantuve en las sombras. De pronto, un grito rompió el murmullo:
—¡Atención! ¡El Rey y la Familia Real han llegado!
Todos en el salón callaron al instante y bajaron la cabeza en una reverencia. Toda la atención se centró en el Rey y los Príncipes.
Ahí estaba él.
El Príncipe Mayor: Arlod Vastian.
Tiene 19 años, el cabello plateado y unos ojos azules tan claros que parecen hielo. Me quedé sorprendida e impresionada. Su apariencia es imponente, como si el mundo le perteneciera.
Pero no solo es imponente por su apariencia. En el momento en que entró, sentí una presión en el aire, como si la Tempestad Voraz de su familia estuviera a punto de desatarse.